
Michel Tournier sostiene que un mito es, simplemente, una historia tradicional conocida por todos. Independientemente de que sus raíces se hayan diluido con el tiempo, el concepto perdura y se engarza a la cultura popular, convirtiéndose en una creencia histórica —o cuasi histórica— que incorpora o simboliza alguno de los valores más elementales de la sociedad. Por eso nos son tan queridos ya que, de manera consciente o no, nos ayudan a explicarnos el mundo en el que vivimos y, también, nuestras propias pasiones y comportamiento. Por ello somos acechados una y otra vez por los mismos conceptos.
Nihil novi sub sole. No hay nada nuevo bajo el sol. No tengo nada que decir que no hayas oído. Todo lo que piense ha sido y será pensado una y mil veces más. No, no viviré nada que no haya sido vivido ya. Y Florence Welch lo sabe, así que no se resiste.
La artista británica, que debutó en 2009 al frente de la banda Florence and The Machine con su primer EP, Lungs —al que han seguido Ceremonials,2011; How Big, How Blue, How Beautiful, 2015 y High As Hope, 2018— , ha aprovechado los marcos creativos existentes, impuestos por nuestro sistema cultural occidental, para aproximarse a los conceptos que pueblan el imaginario colectivo desde su propio prisma, creando así una miscelánea de mitologías, paganas y bíblicas, a ritmo de pop.

Esto queda patente desde la estética prerrafaelita de la propia Welch; la palidez, los vestidos vaporosos en tonos pastel y el cabello largo y tintado color cobre, que recuerda a las representaciones románticas de Lilith y Ofelia por parte de numerosos pintores victorianos; destacando, entre otras, la Ofelia de John Everett Millais y la Lady Lilith de Dante Gabriel Rosetti. O, incluso, la archiconocida figura de la dama de Shalott; obra perteneciente al pintor John William Waterhouse, que gustaba de representar temáticas de corte medievalista fantástico.
Así, fusionando música con potentes imágenes, la artista construye su propio universo visual con el que explora los límites del inmutable contexto onírico europeo.
De toda su discografía, conectada entre sí como una suerte de uróboros, es especialmente interesante la serie compilada en el cortometraje The Odyssey (La Odisea), dirigido por Vincent Haycock, que cuenta con nueve canciones-capítulo, cuya narración se desvela como un acto de catarsis y autodescubrimiento mediante un viaje emocional por la vida sentimental de la protagonista, con ecos del homérico poema, a través de los mitos genéricos universales que definen nuestras sociedades.
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Un ladrillo muy currado. Más interesante que la propia Florencia, una duermeovejas de cuidado.
¡Gran artículo! :)
Con el Odissey Florence ha creado una gran obra, profunda y significativa, que bien podría ser un referente de la música pop actual. El capítulo 5, Queen of Peace, es de largo mi favorito. Lo había visto varias veces porque me llama mucho la atención lo que Florence ha hecho aquí. Se aleja de esa idea de contextualizar la mitología occidental bailando por California (como tantísimas otras cantantes están haciendo empezando, por ejemplo, por Lana del Rey) y se centra en un historia más concreta y más auténtica; la historia de un conflicto, un amor y una tragedia en el seno de esa pequeña comunidad escocesa. Me gustaría mucho saber por qué Florence ha escogido este escenario tan genuino… Aunque la explicación del artículo me parece muy bien, intuyo que hay algo más profundo y personal en esta elección. Creo que Queen of Peace es el corte que más tristeza y autenticidad transmite. Es una auténtica maravilla.
Gran artículo!
Pedante si, pero jodidamente maravilloso. He dicho.