
Una sensación predomina desde septiembre al repasar la prensa, y es que no acaba de pasar nada. El mundo parece detenido por el COVID-19 y su evolución, pero en realidad son las grandes decisiones las que están aplazadas. En la Unión Europea por ver cómo se concretan las ayudas y préstamos aprobados, en Estados Unidos por la campaña electoral que se decidirá el 3 de noviembre, en España por ver si la coalición es capaz de sacar adelante unos nuevos presupuestos. Además de una espera tensa internacional, aguardando saber las cifras reales del derrumbe económico provocado por la pandemia. Pero lejos de estar detenida, la actualidad nos ha empezado a anunciar un cambio de paradigma que consolida tendencias anunciadas desde tiempo atrás.
Analizando el experimento Madrid
Ojalá sea cierto que Suecia acertó con su estrategia, muy discutida en marzo, de no hacer nada. Se negaron a confinar, tuvieron numerosos muertos y un hundimiento económico análogo al de países vecinos, pero hoy cuentan con una de las cifras de contagio menores del mundo. Digo ojalá porque la región central de España está casi a la cabeza de la infección mundial, solo superada por Estados Unidos. Hace mucho que rebasamos la zona de peligro establecida por la OMS, estos gráficos del profesor Daniel Ruiz Aguilera hablan por sí mismos.

Y cómo están reaccionando los tres colectivos más afectados, sanitarios, profesorado y padres. Hay una huelga en marcha del profesorado, comenzó hace una semana convocada por CNT-AIT, aunque el establecimiento de servicios mínimos ha impedido seguirla al 95 % de los profesionales. Otra convocatoria, esta vez de todos los sindicatos, ha sido anunciada para los próximos 22 y 23 de septiembre. Pero de un modo otro el profesorado está al pie del cañón en los centros y sin apoyo cuando se produce un contagio, porque sanidad de la Comunidad Autónoma de Madrid está saturada. En su ausencia, miles de padres se enteran y organizan por los grupos de WhatsApp. Aquí el caso de Manuel Bartual, análogo al de tantos otros en la región.
La atención primaria madrileña está en colapso y por tanto es incapaz de seguir los contagios y las cuarentenas como establece el protocolo de la Consejería de Sanidad. Las UCI de los hospitales avisan de que muy pronto no podrán acoger más enfermos y urgencias está al borde de las saturación. La carga de trabajo es enorme, no hay refuerzos, y la solución en los hospitales madrileños es doblar turnos, es decir, hacer dieciséis horas en lugar de ocho, lo que ya está provocando la rebelión de unos sanitarios agotados.
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Qué mal Ayuso y qué mal Trump. Qué novedad