
Dice la Real Academia Española que una de las acepciones de «destino» es «encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal». Hasta ahí todo bien. La mayoría, unos por convicción, otros por pereza, lo asumimos y no estamos dispuestos a luchar contra eso. «Que venga lo que tenga que venir». Pero incluso adoptando esta postura conformista, siempre podemos poner algo de nuestra parte para que el destino no nos trate de forma cruel. Vamos a repasar en estas líneas cómo la falta de sentido común, unida a la fatalidad, desencadenó la tragedia, provocando la muerte de algunos músicos célebres. Quizá dándole una pensada antes de llevar a cabo su última acción hubieran conseguido hacerle un simple guiño al destino, como cantara Bob Dylan. Y quizá no.
Cuidado con esa bombilla, Claude
Claude François fue el primer cantante galo en actuar en el Royal Albert Hall. Fue en enero de 1978 ante seis mil personas, la mayoría fans enloquecidas. Para poder llegar a conseguir este hito, Claude Antoine Marie François, alias CloClo, el chico de cara angelical y alma torturada, se había convertido en el segundo cantante francés de los sesenta y setenta, por detrás de su eterno rival Johnny Halliday, a quien detestaba. El momento clave en su carrera llega en 1967 cuando el compositor Jacques Revaux consigue que François grabe una canción suya, titulada «For You», después de ser rechazada por cantantes como Petula Clark y Dalida. Pero a este no le convence ni el tono lúgubre de la canción ni su cadencia, y reforma melodía y letra, convirtiéndola en «Comme D’habitude» («Como de costumbre»), un canto al amor fosilizado. A finales de ese maravilloso año, Paul Anka, de vacaciones en París, vio a François interpretándola en televisión. Ni corto ni perezoso, como se suele decir, compró los derechos de la canción, le cambió la letra y la convirtió en una agridulce reivindicación. El 30 de diciembre de 1968, Frank Sinatra grababa «My Way» en una sola toma, y en marzo de 1969 se convertía en un clásico inmortal, y Françoise se aseguraba cobrar royalties de por vida, aunque esta se truncase solo nueve años después.
El 11 de marzo de 1978, pasadas las tres de la tarde, Claude François estaba relajado en la bañera de su magnífico apartamento de París. En el plató de la cadena televisiva SFP le esperaban sus Clodettes, junto a Sylvie Vartan y el presentador de Rendez-vous du dimanche para grabar una actuación. François advirtió que la bombilla que iluminaba la estancia comenzaba a parpadear. Molesto, y desprovisto temporalmente de sentido común, intentó fijarla, aún en la bañera, cuando recibió la descarga fatal que recorrió su menudo cuerpo. Aunque los servicios de emergencia llegaron con presteza, no pudieron hacer nada por salvar su vida. A las 16 horas los informativos anunciaban la muerte de Claude François. No había cumplido aún los cuarenta.
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Buenísimo artículo. Lo más impactante, lo de Isadora Duncan ¡Qué fatalidad!
Para curioso curioso lo de Claude François, que actuó en el Royal Albert Hall en junio de 1978 y el 11 de marzo de 1978… se murió.
Bien visto, yo también iba a ponerlo aquí jeje
Buen artículo como siempre.
Ha habido muertes aún más sórdidas. David Carradine pereciendo por asfixia erótica autoinflingida. Vaya final para «Kung Fu». Y, todavía peor, Farrah Fawcett, «sex symbol» absoluto de mediados de los 70s, muerta a consecuencia de un cáncer anal. Vaya final para el fenómeno sociológico «Jill Monroe».
No entiendo su comentario.
No encuentro el video de Stiv Bator en youtube