Arte y Letras Libros Literatura

Si no tiene libros, no te lo tires

Libros
Marinlyn Monroe y Arthur Miller, 1956. Fotografía: Corbis.

Glenn Gould convirtiendo las notas de Bach en un zumbido de avispas que le quema el paladar. Su cuerpo encerrado sobre el teclado en una curva imposible. Los ojos de los espectadores atrapados en su burbuja. 

La exclamación de Cecil B. DeMille: «Thank God for Hedy Lamarr». El director que olvida las voluptuosas curvas de la estrella deslumbrado por la montaña rusa de sus neuronas de inventora.

El amor que no se atreve a decir su nombre del efebo Bosie por el genio de Wilde. 

Fernande Oliver enamorada de Picasso. Eva Gouel enamorada de Picasso. Gaby Depreye enamorada de Picasso. Olga Koklova enamorada de Picasso. Marie-Thérèse Walter enamorada de Picasso. Dora Maar loca por Picasso. Fraçoise Gillot enamorada de Picasso a la orilla el mar. Genevieve Laporte enamorada de Picasso. Jaqueline Rocque enamorada de Picasso, testigo de su final. 

Roxana leyendo, sin saberlo, las cartas de Cyrano de Bergerac. Roxana amando, sin saberlo, el genio de Cyrano de Bergerac. 

¿Qué hay detrás de esos ojos rasgados? ¿Qué talento inabarcable encierra ese cuerpo menudo? ¿Por qué no ha dicho nada más cuando le ha dado la tarjeta? Una palabra solitaria como un francotirador: breathe. Una palabra mecanografiada que toca a John Lennon. Acabará enredando sus rodillas desnudas sobre el pecho silencioso de aquella mujer. 

La hija de Truffaut y Fanny Ardant. 

«Me seducen las mentes. Me seduce la inteligencia. Me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer. Conocer. Poseer. Dominar. Admirar. La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes» (Eusebio Poncela, Martin (Hache), 1997, Adolfo Aristarain). 

¿Bill y Hillary? ¿Hillary y Bill?

Bergman enamorada de Rosellini. Rosellini enamorada de Lynch. Confirmación de que la fascinación por la inteligencia es una cuestión genética. 

Steve Jobs pasea su cuerpo huesudo por el escenario. En la mano lleva el último teléfono universal. Te va a hacer sentir el más moderno y el más desfasado tan solo dos meses después. Entre su audiencia planetaria alguien acaba de caer rendido a sus pies. 

A los pies de sus neuronas. 

La mujer que sabe lo que se escondía bajo el pañuelo de Foster Wallace. Bajo su pelo húmedo. En la cabeza que terminó colgada en su casa de California. La mujer que se enamoró del bicho incansable que terminaría devorándole a él. «Uno no va al quiropráctico si piensa suicidarse», dijo Karen Green. Y se marchó tranquila al centro a preparar una exposición. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

9 comentarios

  1. La frase del título es, obviamente, para mujeres.
    Los hombres, por desgracia, no podemos ser tan exigentes, so pena no f—r casi nada, excepto en el caso de auténticos campeones, o de hombres que no hagan otra cosa en todo el día que buscar mujeres.
    Y esto me lleva a una cuestión que siempre me ha intrigado: la supuesta mayor necesidad masculina de sexo, ¿ tiene causas biológicas o culturales, o una mezcla de ambas ? ¿ Ein ?

    • Lo difícil hoy en día no es f……, lo difícil es hacer el amor. No sé en otras épocas, pero ahora es complicado, y supongo que para ambos sexos.

      Excelente artículo, por cierto.

    • ahora sí, luchino, ahora las mujeres pueden permitirse ser inteligentes sin que se lo echen en cara, sin que las manden a fregar. así que tú no te comerás ni un rosco, pobrecito. en cuanto intenten mantener una conversación contigo…

  2. No te preocupes, no dejaré que te vayas sin mí, dijo André Gorz a Dorine.

  3. Nos gustan los hombres inteligentes… ¿es inteligente un hombre que no lee?

  4. Todas estas tonterías sobre la inteligencia se desmontan al instante, con la primera aparición de Mark Rutland (Sean Connery) en «Marnie la ladrona». En ese preciso instante, todas las mujeres presentes en el cine o en el salón de su casa que no sean lesbianas o asexuales, licuan su vagina en «fondue» antes de que se den cuenta de lo que está pasando. Y esto es lo que hay.

  5. Eso de que la inteligencia es lo más seductor de una persona es algo que suscribo totalmente. Soy hombre y heterosexual. Parece bastante obvio. A mí también me gustan las chicas que leen. Y por supuesto el sentido del humor, que a fin de cuentas es una manifestación de la inteligencia también.

  6. Pingback: Sapiosexual | Sé valiente, sé tú

  7. Agustín Serrano Serrano

    No hay más férrea dictadura que la de los matices. No hay mayor verdad que…para juntar poros con alguien, basta el más mínimo detalle que atraiga y fusione a ambos participantes.

    Una vez jugué un par de encuentros con dos personas: en el primero, con la primera, lo di todo. Todo lo que sé. Exposición de mi gran biblioteca incluida. Toda mi estrategia puesta al servicio de un solo objetivo, ganar su alma y su cuerrrrpo. Su corazón. Toda mi energía. La más extrema de una incondicional entrega. Y perdí por goleada: “me encanta tu conversación y perder la tarde viendo tus libros”. Y no me tocó ni la chaqueta.

    En el segundo, henchido de rencor por mi derrota anterior, no moví ni un dedo. No es que jugué mal, es que ni jugué. Y ni hablé de lectura, dedicándome a dejar pasar el tiempo no ya sin expectativas de victoria, sino lleno de aburrimiento: “deja de pasarte el balón y de marear, si esto lo tienes ganado incluso antes de empezar”. Y gané. Y en grande me lo pasé.

    Sin criticar el artículo, que me ha gustado mucho, me pregunto cómo se atraían y se amaban los antiguos antes de la palabra escrita y de cualquier tipo de filosofía…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*