Arte y Letras Historia

¿Por qué cayó el imperio de los zares?

Zar
Zar Nicolas II. Fotografía: Rue des Archives. Cordon Press

La revolución empezó al salir de misa. Era domingo, 9 de enero de 1905. Las familias obreras se habían congregado en las iglesias para rezar. Al acabar, marcharían en dirección al centro de la ciudad, al Palacio de Invierno, donde se encontraba su vínculo terrenal con Dios: el zar. El padre Gapón encabezó la procesión. Los obreros llevaban cruces e iconos. Cantaban himnos religiosos en las calles heladas de San Petersburgo, donde todavía quedaba nieve de la noche anterior. El padre Gapón les había prometido que el zar escucharía sus penurias y los ayudaría. Tenía la obligación divina de cumplir las demandas de su pueblo. Por eso marchaban hacia el Palacio de Invierno: para que Nicolás II oyera directamente las voces de sus súbditos, que le suplicaban que arreglase su miseria.

Algunos de ellos temían estar caminando hacia la muerte. Mientras sujetaban sus cruces y gritaban sus plegarias, doce mil miembros de las tropas del zar estaban preparados para impedir que esa masa obrera llegara hasta la residencia de los Románov. El Gobierno había avisado de que detendría esa manifestación con los métodos que hiciera falta. Pero Gapón gritaba que los policías y los soldados no se atreverían a detenerlos. Que era mejor morir por sus demandas que seguir viviendo como lo habían hecho hasta ahora. Y la gente respondía levantando las manos y haciendo la señal de la cruz con sus dedos.

En primera línea iban las mujeres y los niños, vestidos con su mejor ropa de los domingos. Los soldados no se atreverían a disparar a una manifestación pacífica. El zar no lo permitiría, repetía Gapón, cargado con una gran cruz. Enfrente del Arco del Triunfo de Narva, todavía lejos del Palacio de Invierno, un regimiento de infantería se colocó delante de las masas dirigida por el clérigo. Dispararon al cielo una vez. La gente se asustó, pero continuó avanzando. Ametrallaron el aire una segunda vez. Las cruces e iconos siguieron caminando en dirección al zar. Entonces el ejército apuntó y disparó.

La gente empezó a caer y a gritar, a correr desesperadamente. Presos del pánico, los soldados dispararon sin parar contra la turba de mujeres, niños y obreros que chillaban ante ellos. Cuarenta personas murieron en los primeros disparos. El Padre Gapón cayó derribado, sin heridas, observando la desesperación de su alrededor. El zar había disparado a su pueblo. Dios no estaba con ellos. Dios no estaba con nadie. El padre Gapón se levantó, entre fusiles que tronaban. Rodeado de sangre y gritos, repetía las mismas palabras sin cesar: «Ya no hay Dios. Ya no hay zar».

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11 comentarios

  1. «El sistema campesino era comunal, sí, pero básicamente por utilidad en términos de cosecha y supervivencia, no por unos valores de convivencia más elevados.»

    ¿Hay algún sistema social y económico que no lo sea en términos de «cosecha» y supervivencia?
    ¿En los sistemas «sanos» hay unos valores de conciencia elevados que sostienen el entramado?

    Por favor…

    Y así unas cuantas perlas.

  2. Jorge Aparicio García

    Políticamente correcto con base en el pensamiento dominante actual; en parte coincido con las críticas de Máximo.
    La ecuanimidad es muy difícil, y hablo por mi.
    El revisionismo histórico lo hacemos todos, consciente o inconscientemente y sólo consigo mitigarlo estudiando las fuentes, de un lado y del otro. Y atendiendo a los hechos en lo posible.
    A la espera de algún artículo suyo sobre China y Asia, donde espero aprender mucho.
    Agradecido por el buen rato en cualquier caso.
    Saludos cordiales

  3. Rómulo Miño Rojas

    Las similitudes entre la Revolucion Rusa y la Revolucion Francesa son evidentes, en ambos casos un pueblo desesperado por su miseria y la indiferencia de los monarcas. La experiencia y legado de la francesa hizo mella en todas las casas reinantes de Europa pero con más de 100 años de distancia, no fueron consideradas en Rusia, los resultados fueron similares a los de la revolución francesa, pero de la mano de una ideología perversa que aprovechó el caos reinante para sus propósitos totalitarios, que sumieron a Rusia en una dictadura tanto o más cruel que la zarista y que extendería por todo el mundo con diferentes resultados e intensidades, en algunos casos hasta la actualidad, además de la intención permanente de implantar dicho régimen dictatorial en varios países, como podemos apreciar en Chile y otras naciones, que aún así no han aprendido nada.

    • Hay riesgo real de implantar el comunismo soviético en Chile, según entiendo de lo expuesto.
      Por favor, avísennos cuando esto ocurra y, si es posible, infórmennos ya de dónde se encuentra la cabeza de dicho movimiento revolucionario para tener claro el enemigo a combatir.

  4. Caundo llegué a » El príncipe Lvov —líder del zemstvo de Tula en 1980— lo expresó así:» dejé de leer…

  5. A ver si somos mas constructivos con las críticas. Leemos en esta web artículos muy por encima de la mediocridad reinante en la red y nos ponemos en tono erudito y pedante. Un respeto a los autores.

    • Ayton Rodrigues

      Cuando se trata de Historia especialmente, siempre hay un chévere más erudito- y pedante- que viene a romper la huevada en hora matutina. Hágale, vos sabe más que nadie, tenga la medalla y andate. Le fue divino el masaje al ego, pero la autoestima está en la llanura abisal compadre.

    • Tono erudito y pedante. Ahí le has dado. Los ofendiditos que dejan de leer ( buenísimos artículos, y gratis,oiga!) por una errata.. Cuánto articulista frustrado.

  6. Por favor, señores. No nos olvidemos de lo principal: los sufrimientos inimaginables de un pueblo que nadie quisiera para el suyo. De esta tragedia creo que lo único que podemos rescatar es que, agotados los delirios revolucionarios, liberales o conservadores, se presenta una era en la cual será difícil demostrar a los poderosos de turno, que los gobiernos populares que buscan solo justicia social tienen que ser ser derrocados o fagocitados. Si aceptamos la lucha en democracia sin testas caldas, y con el respaldo de los desastres que han dejado teorías inhumanas, voraces e insensibles se podría cambiar el paradigma político que ha imperado hasta ahora: solo los poderosos mandan.

  7. Pingback: Manuel Quiroga, una especie de mirlo - Jot Down Cultural Magazine

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