Eduardo Hernández Pérez: «Debemos ser generosos en la difusión del conocimiento, pero humildes porque apenas sabemos nada»

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Eduardo Hernández Pérez

La Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca tiene como espacios principales patrimoniales una regia sala abovedada con estanterías de pino natural en dos niveles y una pequeña cámara tras la fachada plateresca del edificio. En ellas se encuentran los dos mil setecientos noventa y cinco manuscritos de los siglos XI al XX, los cuatrocientos ochenta y siete incunables y una gran parte de las cerca de sesenta mil obras impresas desde el siglo XVI hasta 1830 que se custodian en este centro de investigación.

Nos proponemos hacer un recorrido histórico por tan magna biblioteca de la mano de Eduardo Hernández Pérez (Salamanca, 1969), bibliotecario con casi tres décadas de experiencia como «guardián de los libros». Amante de la fotografía y de los viajes, le encanta todo lo que tiene que ver con la historia, desde manuscritos a curiosidades del latín. Eduardo estudió Biblioteconomía, realizó oposiciones y tras un año en Ávila recaló en la biblioteca histórica de la universidad. Uno de sus miedos como bibliotecario es que se coloque mal un libro y se le dé por desaparecido, pero es consciente de lo importante que es permitir el acceso a una biblioteca histórica. Guardan una curiosa colección de piezas que los lectores se han ido dejando dentro de los ejemplares a lo largo de cientos de años, como el preservativo hecho de tripas de cerdo que apareció dentro de un ejemplar, nos enfocamos en disfrutar de su sentido del humor y sus detalladas explicaciones sobre cómo mantener vivos e inmortales ciento cuarenta mil libros.

¿Dónde nos encontramos?

Estamos en el espacio que va a destinar la Universidad de Salamanca para la biblioteca. Es el tercer espacio que va a tener la universidad. La Universidad de Salamanca se funda en el año 1218. Hasta el siglo XV no se empieza a construir el edificio donde nos encontramos. En una primera fase solo se construye la parte inferior del claustro y la única zona que si estaba recrecida en altura es la zona de la capilla, que a finales del siglo XV comparte espacio con la primera biblioteca de la universidad. Esa primera biblioteca es conocida por el «Cielo de Salamanca» por el fresco pintado por Fernando Gallego para decorar el techo. A comienzos del siglo XVI, se construye el espacio donde estamos ahora mismo. Por defectos en la edificación parte de la bóveda se hunde a mediados del siglo XVII y se reconstruye entre 1749 y 1752. El espacio arquitectónico es diseñado por Andrea García de Quiñones y el diseño del mueble lo realiza Manuel Larra Churriguera

En cuanto a los fondos bibliográficos históricos que tenemos, están distribuidos en tres colecciones importantes. Por un lado, tenemos libros impresos, más de sesenta mil volúmenes que datan de entre los siglos XVI y XVIII. Aquí en esta sala, hay cerca de cuarenta mil. Y luego tenemos un depósito que comunica esta sala con la sala de investigadores que tenemos al otro lado del claustro. La sala de investigadores es fundamental para nosotros porque es la finalidad principal de esta biblioteca. Todos los que trabajamos aquí tenemos como principal tarea conservar y preparar los libros de la mejor forma posible para que puedan ser consultados por los investigadores, tanto en formato físico como versiones digitalizadas. Con la digitalización conseguimos tres fines: tenemos un archivo de seguridad de las obras que tenemos, aumentamos la difusión —desde cualquier punto del mundo se va a poder consultar muchas de las obras— y, por supuesto, preservamos los originales evitando que se tengan que manipular. 

Eduardo Hernández Pérez

¿Os han robado alguna página?

A lo largo de la historia de la biblioteca ha habido robos y tomamos todas las medidas posibles para intentar garantizar la seguridad de los libros. También es importante la preservación de los ejemplares. No siempre se va a necesitar un original. Un investigador o, por ejemplo, estudiantes de primero de carrera, no necesitan para nada la consulta de originales. Tenemos la copia más completa que se conserva del Libro de buen amor. Imaginad que los estudiantes de la Facultad de Filología que lo tienen que leer vinieran a hacerlo con el original. Sería inviable. Además, sería contraproducente para el propio alumno, porque primero tendría que adquirir conocimientos para poder interpretar el libro. Es mucho mejor una edición moderna que no ese ejemplar, por mucho que nos guste a todos. 

¿Tenéis aquí un propio sistema de digitalización o lo tenéis externalizado a empresas?

Tenemos por un lado equipos propios para poder hacer digitalizaciones, pero luego formamos parte de proyectos, que sobre todo tienen que ver con el Ministerio de Cultura, que lo que hacen es externalizar el proceso a algunas empresas. Hay de los dos tipos. 

¿Google ya ha pasado por aquí?

Varias empresas se han interesado, pero al final no ha fructificado en ningún proyecto. Aparte de la digitalización, otra de las cosas que hacemos es prestar libros a instituciones que van a montar exposiciones. Pues nosotros tenemos que ser los que pongamos las condiciones. Ha habido alguna ocasión en la que hemos llegado a decir que en determinadas condiciones no salía el libro. Nosotros tenemos una responsabilidad. Para salida de libros fuera de la biblioteca, tienen que tener el permiso y la firma del rector de la universidad y del Ministerio o de la Junta de Castilla y León. Para la salida de libros fuera de territorio español, también tiene que recabarse el permiso estatal de exportación. Estamos hablando de un material que para todos tiene gran valor. Por lo tanto, tenemos que movernos en ese difícil equilibrio entre difusión y preservación. 

¿Cuándo nos quedaremos sin estos libros? ¿Cuánto duran?

Sabemos que el pergamino se conserva mejor que el papel porque aguanta un porcentaje de humedad mucho más alto, ya que no es tan poroso como el papel. Depende mucho de la calidad del soporte físico; tenemos libros del siglo XVI, XVII, XV XIV que están en buenas condiciones, y hay otros como con papel de periódico de calidad muy baja y que son mucho más difíciles de preservar. Por lo tanto, para nosotros es muy importante la digitalización. Depende de muchas circunstancias, pero sobre todo la principal es la calidad de los materiales con los que se hacen. 

¿Cuántas bibliotecas como esta hay en España y en el mundo?

En el mundo muchas; en España hay varias. Las dos con mayor fondo bibliográfico son la Biblioteca Nacional y la Biblioteca de El Escorial. Y luego las universitarias serían las que irían en segundo lugar. Está la Complutense, que tiene más fondo bibliográfico que nosotros, la Universidad de Barcelona también, la Universidad de Valencia y cuantitativamente estaremos equiparados a la de la Universidad de Sevilla. Nuestra biblioteca, además de un gran fondo, tiene una gran historia. Cuando se funda la universidad en el siglo XIII, en 1254, se le dan los primeros estatutos. Ahí aparece una figura que es la del estacionario, que es una especie de librero que trabaja para la universidad. Casi se está fundando una figura algo parecida a lo que hoy llamaríamos un bibliotecario. No hay una biblioteca al uso como la que conocemos hoy en día, pero ya hay un primer paso. Por lo tanto, desde ese primer momento hasta nuestros días, es la biblioteca de carácter público de más larga duración de España.

Eduardo Hernández Pérez

Hablas del estacionario, del bibliotecario. A mí me ha resultado muy curioso, preparando estos días la visita, cuantos famosos he encontrado que han sido bibliotecarios, y que pocos bibliotecarios famosos. 

Es cierto. De todas formas, si quieres hacerte famoso, lo más raro es dedicarte al mundo de la biblioteca. Yo creo que hay otros trabajos más adecuados para ese objetivo. Ser bibliotecario es absolutamente vocacional. Yo empecé a estudiar Biblioteconomía y me sorprendía que hubiera algún compañero al que no le gustaba leer. Y me sorprendía mucho porque para ser bibliotecario tienes que partir de la pasión por el libro. Y luego viene todo lo demás, todo seguido. Nunca pensé, ni en el mejor de mis sueños, en llevar como llevo veinticinco años trabajando aquí. Este es mi paraíso particular, no espero hacerme rico trabajando en la biblioteca (risas).

Sois guardianes del conocimiento. Ahora que se está hablando tanto de los hechos alternativos, y que la gente utiliza la historia de tantas maneras, sois los que preserváis esa realidad.

Claro. Es fundamental la conservación, y además que lleguen hasta nosotros esta cantidad de libros es casi un milagro. No podemos dar por hecho que ya se sabe todo lo que conservan los libros, porque nos podemos encontrar sorpresas bastante interesantes. Para cualquier tipo de investigación, no solo de la rama humanística, sino de cualquier tipo, creo que lo primero que hay que hacer es dar un paso atrás para luego avanzar. Es muy importante echar un vistazo a lo que hay hecho. No todos los conocimientos que se tenían han llegado hasta nosotros. Por ejemplo, un arquitecto de nuestros días es difícil que llegue a hacer una acústica de un teatro tal como lo hacían los romanos. O construir con los medios que tenían los romanos. Es durante la alta Edad Media cuando, de forma inconsciente, se decide qué libros pasan a la historia y cuales se quedan en el camino. Hablamos de porcentajes muy altos de conocimientos que no han llegado hasta nuestros días.

¿Tenéis libros que nadie ha leído, estudiado o investigado?

Sí, al menos nuestro ejemplar. Podemos tener libros de los que hay más ejemplares en el mundo. Pero, por ejemplo, un libro que no esté desbarbado o un libro que no está abierto, eso quiere decir que no ha sido consultado por nadie. 

¿Tenéis un registro de quienes consultan los libros?

Claro, tenemos una constancia documental de qué persona ha consultado determinados libros. Y luego al revés, ese libro por cuántas personas ha sido consultado. Pero esto es muy reciente, prácticamente desde finales del siglo XX.

¿La actividad investigadora es mucho más fuerte ahora que hace cincuenta años?

El problema que tienen hoy en día los investigadores que también son profesores es que se les exige tener currículum hecho con publicaciones rápidas, y eso una biblioteca no lo hace. Una biblioteca de estas características es para hacer investigaciones que pueden durar dos o tres años para luego hacer un libro en condiciones. Y ahora mismo, los currículums de los profesores tienen que engordar rápidamente con publicaciones que son de menor fuste.

¿No pueden perder aquí tres años investigando?

Exacto. Es el sistema en contra de este tipo de investigación.

Eduardo Hernández Pérez

Y gente que no sea del ámbito universitario, ¿puede acceder a estos libros? Estoy pensando, por ejemplo, en buscadores de tesoros en barcos hundidos.

Para eso es más efectivo buscar en archivos que en bibliotecas. Nosotros, junto con la biblioteca histórica, tenemos el archivo de la universidad. Compartimos espacio. En el archivo de la universidad está toda la documentación generada por la universidad en el ejercicio de su actividad. Por lo tanto, tenemos libros de matrículas desde el siglo XVI, tenemos libros de claustro desde finales del siglo XV. Toda esa información es muy relevante para ese estudio; desde luego el tipo de investigador casi siempre va a ser académico. De la calle nos vienen a consultar mucho los periódicos. Porque eso es un tipo de investigación más ligera. O para completar investigaciones que pueden ser importantes e históricas, pues viene muy bien.

Si viene un escritor, ¿tiene las puertas abiertas? 

Desde luego, para conseguir la autorización tendría  que enviar una carta de presentación en la que justifique su petición y diga qué obras quiere consultar el fondo bibliográfico. Hay gente que pregunta para buscar el rigor. Cualquier aspecto histórico está sujeto a que una investigación posterior nos eche abajo todo lo que hemos estado contando previamente. Es algo que es que es así. Entonces, lo que tenemos que ser siempre es muy humildes. Ser generosos en cuanto al aporte y la difusión del conocimiento, pero muy humildes en cuanto a que prácticamente no sabemos nada. Una de las cosas que me suele suceder es que me dicen que da la impresión de que «lo sabes todo». Y digo: pues sé un uno por ciento. Bueno, un uno por ciento sería mucho, probablemente. Puedo dar una imagen de saber cuándo realmente me hago más preguntas que las respuestas que me puedo dar.

Hablando de los porcentajes de desaparición, entiendo que son con respecto a la cantidad de libros que se hacían en la época. ¿Cuántas unidades son bestseller en el siglo XIV?

Claro. Con los manuscritos no podemos hablar así. Con los manuscritos tienes que hablar por unidades. Hace poco leí un libro en el que hablaba de la transmisión textual a lo largo de la historia y enumeraba tres obras fundamentales: Los elementos de Euclides, El Almagesto de Ptolomeo y El corpus de Galeno. Pues Los elementos es prácticamente un bestseller. Se puede decir que es la obra de la que, después de la Biblia, se han hecho más ediciones en la historia. Estamos hablando de muchísimos y hoy en día podemos conservar en el mundo decenas de ejemplares, no creo que mucho más.

¿Lees en libro electrónico?

Por supuesto. No soy pionero, no fui corriendo a comprar el primer libro electrónico que apareció. Pero desde luego, el libro electrónico es fantástico por muchos motivos. Hay que hablar de las ventajas y también de las desventajas. Las ventajas son la portabilidad y el almacenamiento. Cuando haces un viaje con libros físicos tienes que decidir claramente qué libros te llevas y cuáles descartas. En cambio, con un libro electrónico, puedes llevar toda tu biblioteca digital. En cuanto a las desventajas, una de las cosas que se ha comprobado es que perdemos la memoria de lo leído. No tenemos la misma fijación en la memoria que con el libro en papel. En un libro en papel hasta te haces el mapa del libro. Sabes en qué parte has leído determinado fragmento. En cambio, en un libro electrónico todas las páginas son idénticas. Los que tenemos pasión por los libros a veces ni siquiera nos damos cuenta de qué editorial es el libro. Si tienes que leer algo muy importante, no lo lees en el ordenador ni lo lees en un dispositivo. Te lo imprimes y te lo lees. Eso lo hacemos todos. 

Eduardo Hernández Pérez

Enséñanos algunos de los libros que tenéis aquí.

Este libro es de 1059. Este es el Liber canticorum et horarum. Es un libro de cántico de misa, para seguir el rito mozárabe. Ese rito que se deja de utilizar a finales del siglo XI porque desde Roma obligan a España a utilizar el rito romano para unificar a toda la cristiandad. Es una obra que un primer momento deja de tener vigencia y valor. Lo curioso es que, principalmente en la alta Edad Media, si había una obra que dejaba de tener valor por sí misma el material sobre el que estaba escrito lo seguía teniendo. Lo que hacían era borrar el texto, y escribir una obra que les pareciera más interesante. El famoso palimpsesto. Hoy en día se podrían ver textos que hay debajo porque aunque se haya retirado la tinta, lo que no se pierde son los surcos que han dejado al escribir con la pluma. Se mantiene ese surco y con luz ultravioleta se puede llegar a ver texto anterior. En este caso se ha conservado, sobre todo, para la persona para la que se hace el libro. Porque esta persona no tenía ningún problema en conseguir otra obra de lo que fuera. En este caso, está escrito sobre pergamino. Os mencionaba antes el material, vosotros me diréis el estado de conservación del libro. 

Estupendo. Está perfectamente.

Este es el que va a cumplir en 2059 sus primeros mil años.

¿Es el más antiguo que tenéis?

Era el libro más antiguo hasta hace dos o tres años. 

¿Ha aparecido uno nuevo de repente?

Por eso decimos siempre, con todo lo que contamos, que hay que ser humilde y no ir por la vida pensando que lo sabes todo. El libro ahora mismo más antiguo es un libro escrito en griego y no estaba perfectamente datado. No es fácil la datación de los manuscritos, en algunas ocasiones nos quedamos con fechas aproximadas: principios de siglo, mediados, etc. El libro lo teníamos, pero pensábamos que era el siglo XI. Y las últimas investigaciones han determinado que el libro es del siglo X. 

¿Para la datación se lleva el libro a algún sitio a hacer pruebas?

En algunas ocasiones. Sobre todo nos suele pasar con cuestiones biológicas. Algún bichito que no tenemos controlado y decimos bueno, vamos a comprobar de cuándo es. En el departamento de biología nos han echado una mano en alguna ocasión. En general, las condiciones en las que se encuentran los libros son más o menos adecuadas, pero eso no quiere decir que no haya un bichillo que haya venido con el libro de su lugar anterior donde se encontraba. En general, las condiciones no son perfectas porque nunca lo van a ser, pero más o menos adecuadas.

¿Hacéis una revisión al azar?

No. Es una revisión constante y es una limpieza. Para hacer una limpieza, lo que hacemos es limpiar página por página. No eso de lo que hacemos en casa de pasar por encima…

¿De los ciento cuarenta mil?

De todos. Esto es constante. Es importante la limpieza de los libros, porque si dejas que cubra el polvo crea una especie de microclima que sería peligroso para él. Puedes tener unas condiciones generales para la biblioteca que son muy buenas, pero si dejas esa acumulación de polvo sería peligroso. En cuanto al pergamino, fijaos, aquí se ve claramente la parte interna de la piel respecto a la parte externa. Esta es la parte carnosa, más blanca. Y esta es la parte pilosa, que es más amarillenta. Y siempre coindicen; dos amarillas confrontadas, dos blancas, dos amarillas. Esto se llama la ley de Gregory, y es una norma muy interesante porque con ella podemos saber si el libro está completo o no. Si fallara esa norma, sabríamos que se le ha arrancado en alguna ocasión una de sus páginas. La letra que tiene no es la habitual en los libros que tenemos, porque este es un libro que tiene que ver con la alta Edad Media más que con la baja. En la baja Edad Media la letra habitual va a ser la gótica y, en este caso, es letra visigótica en transición a carolina o románica, por eso tiene caracteres más redondeados. Si os dais cuenta y pensáis en la letra gótica, siempre son letras más afiladas. En este caso sería más regordeta.

Los colores se conservan perfectamente de las letras capitulares. Es latín, supongo, ¿no?

Está en latín, por supuesto, y una de las cosas interesantes, es que al final de libro —hemos dicho que era Liber Canticorum— hay una notación musical, que no es la notación como la que conocemos hoy en día porque todavía no se había inventado el pentagrama, está in campo aperto y hay una línea que determina si sube o baja el tono.

Eduardo Hernández Pérez

¿Esas corcheas?

Son neumas. Es una especie de aspiración. Hay un esfuerzo diastemático por hacer entender esta notación, pero no es nada sencillo. Esto es un poquito anterior al gregoriano. Hoy en día está muy de moda la trazabilidad de los productos, pues nosotros también ponemos mucho empeño en investigar la trazabilidad del libro: por qué manos ha pasado, cómo ha llegado hasta nosotros. Eso es una de las cosas a las que dedicamos tiempo. Intentamos saber un poco más sobre cómo llega ese libro hasta aquí. 

Los manuscritos casi nunca van a tener una portada. Lo que tienen es un íncipit que es donde comienza el texto. En esta «D» inicial hay un rectángulo en verde. Dentro aparece el nombre de la persona para la que se hizo el libro: la reina doña Sancha, esposa de Fernando I y reyes de León. El libro lo heredó su hija doña Urraca. Como contaba antes, este libro, es de liturgia mozárabe, que se deja de utilizar a finales del siglo; pues hay un convento en Valladolid en el que se mantenía esa liturgia y lo tuvieron allí. Después aparece en la Biblioteca del Colegio de Cuenca, en la Universidad de Salamanca, más tarde ha estado en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid y en 1954 vuelve aquí a Salamanca. Por lo tanto, del libro, casi más antiguo, conocemos bastante más pasos que de otros. Porque hay otros que prácticamente podemos no saber nada de cómo han llegado hasta nosotros. ¿Qué os parece este primero?

Maravilloso. 

Os muestro ahora este otro que es un absoluto espectáculo. Tiene una encuadernación de la época; una encuadernación renacentista española y es piel sobre madera. Y la obra que tenemos aquí pues tampoco está mal. Lo que estáis viendo son las traducciones que hace Alonso de Cartagena de algunas de las obras de Séneca. Traduce del latín al castellano, por lo tanto esto está en castellano del siglo XV. Cosa muy interesante porque esto es un ejemplar de lujo. Los ejemplares de lujo, hasta el siglo XV, solo se hacían para obras latinas y obras griegas. Las lenguas vernáculas como el español, italiano, inglés o alemán, no tenían obras de esa categoría. Se puede ver que el encabezamiento que aparece en la parte superior está escrito con oro. Esto es ya bastante menos usual. 

En este libro aparece un juego de metalenguaje. En una de las páginas aparece la persona que encarga el ejemplar, arrodillado, presentando un libro ante la Virgen; ese libro es este libro. El libro dentro del libro. Fijaos en las orias con motivos vegetales, entrelazados, aparece también algún animal, y a mí lo que me tiene maravillado desde hace tiempo es cómo crea la profundidad con el punto de fuga más o menos a la altura de la cara de la Virgen. Y luego la ventana con ese caminito. Me parece fascinante. Y más allá del lujo, a mí me interesa siempre mucho una simple página austera como en este caso. Fijaos en la estructura de la página. La elegancia, el margen que dejan. Un margen de cortesía que eso es un signo de distinción. Se hace por elegancia, no se hace para hacer anotaciones. Esa es una consecuencia del margen, no es la razón de ser. La razón de ser es la elegancia, la distinción. Hay ocasiones en los que los márgenes son funcionales como veremos en el siguiente manuscrito. Pero en este caso, simplemente a todos nos parece mucho más elegante una página con su margen correspondiente. También podemos encontrar algo parecido a un enlace. Fijaos en esas manos con un dedo extendido. No está realizado por el copista, es del lector. Marca el comienzo del párrafo a la izquierda, y a la derecha el final del párrafo que le interesa. En vez de subrayar, de poner «ojo, importante».

¿Es un sello o es caligráfico?

Es caligráfico. Las manecillas son diferentes, no son iguales. Es todo hecho a mano y luego hay otro simbolito que lo estáis viendo en azul y en dorado Ese simbolito, que en codicología se llama calderón, es el que utilizamos hoy en día en cualquier procesador de texto cuando le das a «enter», es el fin parágrafo y sirve para indicar que ahí tendría que haber una pausa mayor que el punto y seguido. ¿Por qué no quieren saltar a la siguiente línea? Porque para ellos significa afear la página. Dejar un renglón a la mitad sería afear la página. Entonces quieren que se vea esa mancha de escritura que os mostraba antes, una mancha uniforme como estamos viendo sin esos renglones a la mitad que, para ellos en su mundo estético de esa época, es mucho peor. El intercalado entre azul y dorado simplemente es estético. No tiene ninguna función uno respecto al otro.

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¿Utilizan guiones cuando la palabra llega al final o ajustan la palabra como si fuera un justificado?

No, saltan dejando la palabra a medias, pero sin poner el guion.

¿El pergamino se cose o se pega?

Se cose. Se doblan formando cuadernillos. Primero tienen que ordenar esos cuadernillos, porque hay una cosa que no se si os habéis fijado. Eso se llama reclamo. Y eso le indica la última palabra del último cuadernillo y la primera del siguiente. 

¿Cuánto podría costar en tiempo y dinero un ejemplar como este?

Es un objeto de lujo que no estaba al alcance de cualquier persona. En aquella época, los profesores de la universidad rara vez tenían algún libro en propiedad, y eso que era su herramienta de trabajo. Por eso es tan importante la imprenta, cuando aparece democratiza el mundo de la lectura haciendo que los libros lleguen a más gente. Debido a la dificultad de escribir un libro a mano es imprescindible la figura del estacionario, pues este disponía de una serie de copias que en lugar de vender las alquilaba. A veces, lo hacían en forma de fascículos que se llamaban pecias; lo del fascículo de hoy en día no es una novedad respecto al siglo XIII. Los estudiantes y los profesores copiaban los textos y luego se devolvían el original al estacionario. El rigor lo tiene el estacionario con su copia y las copias que hacían los alumnos y los profesores podían no ajustarse al original. Es algo parecido a lo que sucede hoy con los apuntes de los alumnos. 

¿Existían libros similares a los bestsellers?

Por supuesto, por ejemplo, el Dioscórides. Es una obra de plantas medicinales. Se trata de una de las obras más reproducidas durante la Edad Media por razones obvias. Cualquier institución que se preciara tenía que tener una copia del Dioscórides. Es una obra fundamental, son más de seiscientas plantas, aparecen animales y aparecen minerales. Hay muchas sustancias para uso médico. Dioscórides era un médico militar, un médico castrense que vivió en la época de Nerón. Acompañaba a las legiones y, a medida que estas conquistaban territorios para Roma, él lo que hacía era conquistar plantas para uso médico. Yo me lo imagino siempre, en la Galia, preguntando por Panoramix (risas).

Está escrito en griego.

Eso es porque Dioscórides es de origen griego y escribe en su lengua materna. Os voy a mostrar una planta y vosotros me decís qué planta es.

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¿El Demogorgon de Stranger Things?

Y el del El Laberinto del Fauno y Harry Potter. Es la mandrágora, una planta con raíz antropomórfica. Porque no solo describe plantas medicinales, hay un capítulo final dedicado a los venenos. Uno de los principios activos de la mandrágora es la escopolamina. Por lo tanto, estamos hablando de una planta bastante peligrosa. Es muy conocida literariamente y en películas. Por ejemplo, Juana de Arco parece ser que se la condena porque portaba mandrágora y se le acusó de brujería, hay un grupo de música que todos conocemos que se llamaba Mandrágora… Es una planta muy interesante.

¿Cuál es el libro más importante?

Si me preguntan por el libro más importante que hay en la biblioteca, me niego a responder. Sin embargo, puedo decir cuál es el libro que más me gusta mostrar. Se trata del Humani corporis fabrica, de Andrés Vesalio. Esta es la primera obra en la que de una forma sistemática aparecen las disecciones de cadáveres humanos que hasta entonces no se habían producido, toda la anatomía que se conocía era la de Galeno. El corpus de Galeno se basaba sobre todo en disecciones que hacía en cerdos, monos, en perros… Con esta obra hay un cambio de paradigma y se va a iniciar el estado moderno de la medicina. Esta es la primera edición de 1543 y, aparte de ser médico, Vesalio era profesor de medicina de la Universidad de Padua. 

Las imágenes son xilografías, grabados en madera; la madera normalmente suele dar un aspecto más tosco ,a diferencia de la calcografía con grabados en cobre, que tiene un acabado mucho más fino. Pero con la madera se llegan a hacer trabajos como el que estamos viendo. Por un lado está el aporte de conocimiento del propio Vesalio, y por otro se ayuda en un artista de la época, Stefan Van Carcar, que es quien trabaja la parte estética. No solo es importante el conocimiento, si no como lo muestras. Hoy en día pasa con los científicos, es tan importante saber hacer bien tu trabajo como saberlo mostrar. 

¿De qué año es el libro?

Del año 1543. De esta obra hay muchos ejemplares. Nosotros ya lo tenemos digitalizado, y en breve estará disponible de forma libre y gratuita, como todas nuestras digitalizaciones.

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¿Está hecho con tipos móviles?

Claro. Eso es. Son tipos móviles. Os voy a mostrar un libro que considero que es un monumento a la imprenta; se trata de la Biblia poliglota complutense. Es un proyecto de Cisneros cuando crea la Universidad de Alcalá de Henares. Cisneros reúne a una serie de profesores de diferentes idiomas para hacer lo que viene a ser el original del que proceden todas las versiones de la Biblia. Es decir, versiones arameas, versiones hebreas, versiones griegas, latinas, de diferentes tipos. Manda llamar a un impresor de origen francés que está trabajando en Navarra y Logroño, que es Arnao Guillén de Brocar, para hacer seis volúmenes: los cuatro primeros son para el Antiguo Testamento, el quinto es para el Nuevo Testamento en griego y el sexto para diccionarios, vocabularios…

¡Qué maravilla por favor! ¡Qué preciosidad!

Os cuento la estructura de la página. Esto que aparece en el centro es la versión vulgata de san Jerónimo, la traducción del griego, hebreo y arameo al latín, que es la versión que luego en el Concilio de Trento en el siglo XVI la Iglesia toma como texto canónico obligatorio. Esta maquetada con la Vulgata en el centro, exterior para hebrea, e interior para la griega de los Setenta con un interlineado latino. Y por debajo, versión aramea con su correspondiente traducción al latín.  

Primero tienen que hacer los tipos y luego pensad en el cajista, el componedor que va a hacer cada uno de los reglones. ¿Sabía todos los idiomas el cajista? Y si no sabía, ¿tenía alrededor todos los que sabían los idiomas para decirle ese sí, ese no? Es una auténtica barbaridad. Además cada idioma ocupa un espacio diferente. Fijaos en el arameo, que se escribe de derecha a izquierda. Termina ahí y luego ponen una cadeneta para completar el renglón y para que el renglón no queda a la mitad. 

Una vida dedicado a ello.

Pues eso se imprime entre 1514 y 1517. Hasta 1520/21 el papa no va a permitir la publicación. Y además se cuenta que en el 1517, cuando acaba de imprimir el último libro, el hijo de Arnao Guillén de Brocar (no sé si es historia o leyenda) es el encargado de ir al palacio del arzobispo de Cisneros para entregarle el último ejemplar. Por lo tanto, Cisneros si vio impresa la obra, pero no la vio publicada porque murió ese mismo año.

Eduardo Hernández Pérez

¿Cuál fue la tirada?

Creo que fue en torno a seiscientos ejemplares. En muy poco tiempo la obra se agotó y descatalogó. Y por eso Plantino, a finales del siglo XVI, hace la Biblia poliglota regia, que edita Arias Montano.

¿Es cierto que hay obras como la de fray Luis de León que han sobrevivido gracias a la censura?

Sí, es una paradoja porque parece que la censura lo que hace es acabar con los libros. En este caso lo que hizo fue salvar ese libro. Esta obra tiene firmada cada una de las páginas porque pasó por la censura previa. La censura previa no era la Inquisición, si no que era el Consejo de Castilla el que se encargaba de hacerla. La revisión se hacía presentando el manuscrito, lo cotejaban, y si no había ningún obstáculo lo que hacían era firmar al final para que no se pudiera añadir nada nuevo. Y se volvía a llevar a la imprenta. Se cotejaba lo que habían impreso con lo que se había permitido en el original, y mientras estaban haciendo eso, lo que se hacía era imprimir el primer cuadernillo. Es en el que aparece la portada, la introducción… Y por eso es por lo que históricamente, como una tradición, tiene una enumeración diferente a la del cuerpo del libro. ¿Os dais cuenta cómo la introducción del primer cuadernillo suele tener una enumeración en romano y no en arábigo? Bueno, pues es por esa razón. Para no solapar numeraciones. Mientras el libro estaba sufriendo este proceso burocrático, el convento de los agustinos, donde había vivido fray Luis, sufrió un incendio y con él se destruyó  toda la biblioteca. Y el libro al estar fuera se salvó.

Y aquí tenemos un libro con una censura diferente, ¿no?

Esa firma que aparece ahí es del censor por el que pasó la obra. En este caso en 1640, en Salamanca, y el que firma la censura tiene el gracioso nombre de Francisco Cachupín. Así es como nos llaman en México a los españoles; cachupines. Y que no lo hacen con ninguna buena intención. Bueno, pues el señor Cachupín no realizaba ningún trabajo intelectual. Él simplemente se tiene que atener a lo que le marca el índice de libros prohibidos. En el índice aparecen autores prohibidos, obras prohibidas, y partes de obras que se tienen que censurar. Los dos primeros casos que conocemos todos (autor y obra censurada) conducen el libro a la hoguera, a veces acompañado del autor, otras veces iba en el mismo lote el impresor. Si no daban con el autor lo quemaban en efigie. Si había muerto, sacaban los restos y los quemaban. Este sería el tercer caso. El de la expurgación. Quiere decir que no toda la obra merece ser censurada, sino todo aquello que ponga en riesgo las bases doctrinales de la Iglesia. Por ejemplo, la obra de Copérnico no será censurada porque es muy difícil de entender, el propio Copérnico quiso que fuera así de oscura. Sin embargo a Galileo lo va a condenar por su esfuerzo pedagógico. Entonces tachan con tinta, y luego superponen un papel encima para impedir que se pueda leer. Eso es el antecedente del típex. 

¿Es un libro impreso que se censura a posteriori?

Eso es. Por eso es por lo que interviene ya la Inquisición. De hecho, esto se imprime en 1583 y se censura en 1640. Tú busca todos los ejemplares que han impreso. Es que es muy difícil dar con ellos. La censura, en muchos casos, tenía que ver con el miedo que producía a la gente. Entonces lo hacían casi de forma voluntaria, casi no hacía falta buscar los ejemplares. Y en una institución como la Universidad de Salamanca, que quiere estar a bien con las normas, va a comisionar a una persona para que haga esta intervención. 

Eduardo Hernández Pérez

¿Existe sin censurar este libro?

Este libro existe sin censurar en zona protestante, estamos hablando de zona católica. Estamos hablando de un libro que se imprime en Lyon, en Francia, por lo tanto se reparte por toda Europa. La censura de la Inquisición, de la Iglesia católica frente a las iglesias protestantes, son complementarias, lo que permite una lo censuran las otras… jugaban a eso. De hecho, a Copérnico durante todo el siglo XVI se le permitió la lectura aquí en la Universidad de Salamanca. ¿Por qué? Entre otras razones porque uno de los primeros que va a estar enfrentado a la obra de Copérnico es un tal Lutero, así que… ¿tú estás en contra? Pues entonces yo lo permito. Lo que pasa que no sabían dónde se estaban metiendo. 

¿Dónde tenéis los incunables y los manuscritos?

En una sala más pequeña anexa a la sala general. Está justo detrás de la fachada rica que se construyó en el siglo XVI. El mueble es del siglo XVII, las pinturas son de Martín de Cervera, para nosotros muy importantes porque nos habla mucho de la vida cotidiana de la universidad, de las costumbres que tenían, la vida académica, o de pequeños detalles. 

Dentro se guarda también el arca de las cinco llaves, que era donde guardaba la universidad el dinero. Se tenían que reunir cinco personas y cada una de esas personas tenía una llave: eran el rector, el maestrescuela, dos profesores eméritos y un miembro del claustro de diputados, cada uno con su llave para poder abrir el arca que contenía tanto dinero como documentos importantes: bulas papales y otras reales. La universidad ejercía también como una especie de montepío. Si algún profesor se quería pagar o costear la edición de un libro, si un estudiante se quería graduar y no tenía dinero, lo que hacía era pedírselo a la universidad y a cambio tenía que dejar algo. Ese aval podía ser ropa de seda, candelabros de plata… lo que fuese para conseguir que la universidad le prestara ese dinero. Los grados en la Universidad de Salamanca eran muy caros. Ahora se guarda una torá de 33,3 metros en un rollo de pergamino. Para los judíos, este es un formato que se va a seguir utilizando en las sinagogas. No para el estudio, sino para la liturgia. 

Ahora se entiende por qué la memorizaban. Es dificilísimo trabajar con ella.

Esa es la razón. Porque todo aquello que facilita la lectura te aleja de la memorización. En un formato de rollo, como este, memorizas para no tener que volver sobre él. Como para dejar una página a la mitad para el día siguiente… 

¿Tenéis las cinco llaves ahí, no?

Tenemos las cinco llaves, pero no sabemos si valen o no. No lo tengo muy claro. No lo he probado nunca ni lo pienso probar. Solo de pensar que se cierra el arca y luego no se puede abrir… me dan los siete males.

Eduardo Hernández Pérez

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7 Comentarios

  1. Gran entrevista al Sr. Eduardo “guardián de los libros” Hernández. Las bibliotecas y los libros son tesoros que tenemos que conservar.

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