El abecedario de C. Tangana (y II)

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c. tangana
C. Tangana en el videoclip de «Nominao». Imagen: AGZ.

(Viene de la primera parte)

M) Mujeres. ¿Demasiadas? C. Tangana ha tenido una relación conflictiva con el feminismo. En los dos últimos años el papel de la mujer en su discurso ha evolucionado. Ahora hay más empatía y un acercamiento menos tóxico, en el que la caricatura heteropatriarcal que había dibujado (de nuevo, ¿en qué medida era una caricatura? ¿No se nos conoce por nuestros actos, Bruce?) queda rebajada. Por decir, ha dicho de todo. A veces chorradas destinadas a agitar el avispero. Una periodista le preguntó en 2017 si se consideraba machista o feminista y él soltó que era transexual. Y se quedó tranquilo, impasible el ademán. La entrevista, lógicamente, se volvió incómoda y poco fluida. Si su fin era fomentar una discusión pública sobre género, ¿están sus medios justificados? Considérelo y ya nos dice.

Artísticamente, Tangana gravita alrededor de la enorme esfera del deseo. Por un lado, el deseo es el motor de su historia; por el otro la lógica del capital es producir constantemente apetitos, aspiraciones y ambiciones. Irremediablemente, su celebración del goce de los cuerpos está adscrita a ese marco. Echemos un vistazo a «Booty», donde colabora con Becky G. Es una de sus canciones más exitosas en términos de visualizaciones: desde su lanzamiento en 2018 suma más de doscientos millones de reproducciones en YouTube. El tema es un producto próximo al reguetón (no canónico, desde luego) con Becky G sublimando el culo, que deja de ser (solo) una parte del cuerpo. ¿Aporta Tangana, con este tema, algo nuevo o específicamente meritorio a la retahíla de canciones del estilo? No. Otro de sus grandes hits es «Mala mujer», estrenado hace cuatro años. Lo habrá escuchado, seguro. «Me han dejado cicatrices por todo mi cuerpo sus uñas de gel». ¿Sí? En esta ocasión, Tangana es un hombre despechado que ha sido abandonado. Acusa a la abstracta y pérfida mujer que lo ha hecho de «ladrona» por haberse llevado su corazón, su orgullo, su pasta, su paz, su vida. Y de haberle llevado a la ruina. No son solo recriminaciones, es construcción: la de la identidad de este hombre, que queda definido a partir de lo que echa en cara. De este modo, tomando unas ideas de la historiadora del arte alemana Sigrid Schade, podemos argüir que la mujer (ausente, inaudible) opera como superficie y «plano de proyección». Solo es un folio en el que se rotula el relato masculino. Como objeto, la mujer es mirada, contada y representada. Porta el significado de forma pasiva. 

Hay canciones mucho peores y otras en las que la virilidad de Tangana no es tan ramplona, en las que la exaltación torna casi en burla. En «Viene y va» (con Natti Natasha) y «Picaflor» (con Lao Ra), el personaje que interpreta queda simbólicamente derrotado por ambas mujeres. «Viene y va» recrea una atmósfera años cincuenta con su respectivo club, sus respectivos trajes y sus respectivos cigarros humeantes, donde el madrileño es un boxeador que pierde por dinero. Al final, muerde la lona y es Natasha la que aparece contando billetes. En «Picaflor», alegoría de una relación insana que alcanza cotas de violencia, Tangana se pone en la piel de un tipo agresivo y mentiroso que se dedica a «cazar» mujeres. Lao Ra termina disparándole. También merece un vistazo «Guille asesino». El videoclip, con notable carga sexual, es un inventario de grabados y obras de arte que exhiben la actitud dominante del hombre sobre la mujer. «Nos han hecho así», viene a decir Álvarez, «existe un corpus artístico que ha legitimado el machismo». No descubre América. 

Quizá su canción más interesante en este sentido sea «Nunca estoy», donde homenajea a Rosario Flores y Alejandro Sanz. Aquí toma conscientemente la voz de una mujer, hablando desde un yo femenino dolido por las ausencias de su pareja (masculina). Desde esta posición, Tangana visibiliza el daño emocional que puede provocar en una relación la falta de comunicación (aun cuando la tecnología debería facilitarla, pero acaba creando dependencia) o, directamente, de cuidados. «Y otra vez soy una imbécil esperando a su hombre», lamenta. Vayamos a lo más reciente. En El Madrileño no hay nada parecido a «follando con otra que es igual, ojalá te mueras, ¡puta!» (que era lo que cantaba en «Sangre»). Tampoco hay, en los vídeos de su último disco, mujeres tan cosificadas como en el de «Yelo». Sí es cierto que en «Tú me dejaste de querer», una de las joyas del álbum, la intervención de La Húngara es reducida y que ella es la única mujer con la  que colabora, la única en catorce temas. ¿Está eso mal, bien o da exactamente igual? Usted sabrá.

Metámonos en harina. La efervescencia en España del movimiento feminista durante los últimos años ha posibilitado que ciertos comportamientos que eran antes socialmente aceptables hayan dejado de serlo. Consiguientemente, algunas actuaciones de hombres que antes no habrían tenido contestación ahora la tienen. En tanto que hay avances, hay cambios. Circunscribiéndonos al terreno artístico, el asunto se vuelve espinoso cuando son las instituciones públicas las que asumen una posición moral y deciden qué es válido y qué no. Así sucedió en verano de 2019, cuando el Ayuntamiento de Bilbao canceló su actuación en las fiestas locales alegando «letras machistas». Muchos políticos (también de izquierdas, como Clara Serra o Pablo Iglesias) criticaron este veto, anotando que este tipo de feminismo punitivo puede chocar con la libertad de expresión. Aún censurado, Tangana sacó partido de la polémica porque volvió a ocupar el centro del debate. ¿Y ahora qué? Ahora, como miles y miles de hombres, interioriza otro discurso. En esta coyuntura en la que las diatribas sobre nuevas masculinidades brotan como setas (las nuevas de siempre según Antonio J. Rodríguez), Tangana protesta porque los chicos sean educados para ser gallos («y que un cobarde es un gallina»), pone algún huevo en la cesta de la diversidad y reflexiona sobre cambiar.

N) «Nada». No la nada filosófica de raíz existencialista, ni tampoco la de Carmen Laforet. «Nada» es una canción de Tangana que funcionó como un puñetazo. Más concretamente, como un bofetón: es la crónica de su enfrentamiento con el Nega, rapero de Los Chikos del Maíz, quizá el grupo de rap reivindicativo (o social, o político, lo que usted quiera) más importante de España. Rap de letristas culturetas, corrosivos y comunistas. Bien, la historia es la siguiente: Los Chikos del Maíz se burlaron de Tangana a través de un videoclip en el que aparecía un tipo con un jersey a hombros que sostenía una cuerda enganchada a un cocodrilo hinchable, de esos que sirven para hacer el tonto en la playa o en la piscina. ¿Cocodrilo? ¿Capta la referencia? Efectivamente, ha acertado: el objetivo era ridiculizar «Alligators». A Álvarez, claro, le molestó. Bastante. Su respuesta fue «Nada», integrada en su mixtape 10/15. El tema es una narración de los hechos acaecidos: según su versión, el rapero valenciano (Nega es de Paiporta) había tratado de excusarse diciendo que la idea para el vídeo no había sido suya. Con todo y con eso, Álvarez fue a verle a la salida de un concierto y, abandonado de lleno el plano de las ideas, le soltó un bofetón. En lo respectivo a las acusaciones, Tangana recurrió en «Nada» a argumentos pueriles, expresando que Nega «grita la revolución en alto pero cobra entrada», dando a entender que un artista comunista no puede vivir de su música. Ah, también le llamó «puta de Pablo Iglesias».

Aquello sucedió hace mil años, en octubre de 2015, un par de meses antes de que Podemos entrase al Congreso con sesenta y nueve escaños (contando las coaliciones territoriales). A continuación vino una larga espera, como de expectación ante el avance del balón en Oliver y Benji, y finalmente en mayo de 2016 llegó la respuesta de Nega. No ocupó un tema entero, sino el trozo final de «Los pollos hermanos», un hit en el que el rapero criticaba a Tangana por sus fans, por haber estudiado en un colegio «de curas» y por haber tomado bases de Drake para 10/15. Lo de las bases no es rebatible, Tangana se las tangó al rapero americano, y lo del colegio católico es algo que Álvarez nunca ha ocultado. El centro en cuestión es el San Viator, una escuela concertada situada en Plaza Elíptica. Prosigamos. La nota cómica de este lance la puso Pablo Iglesias con un tuit escrito ese mismo 12 de mayo en el que enlazaba la canción y le espetaba a Tangana «disculpa man, somos más de Common que de Drake». Puede imaginarse las chanzas. Y aún quedaba la traca final. Tangana había sido extremadamente previsor y lo tenía atado y bien atado: ya había grabado una respuesta a la respuesta y la tenía en la recámara para cuando Nega respondiese. La sacó al momento. Se titula «Los Chikos de Madriz» y en el videoclip aparece él mismo comiendo palomitas en Plaza Castilla. Y eso es todo, amigos. Fin. Esto es lo que sucedió y así se lo hemos contado. Más allá de los ganadores o perdedores que siempre se tienden a buscar, el beef en cuestión (beef es la palabra que se usa en la jerga para designar un enfrentamiento, una peleílla, una provocación de un artista a otro por la vía musical) fue muy sonado y fructífero para el público. Entre los efectos, cabe mencionar que generó una lectura errónea en clave derecha-izquierda a partir de la cual Tangana estaría ideológicamente enfrentado a todo lo que representaba Podemos. 

Ñ) (contiene la Ñ) Maña. Lo que hay que tener para que, «sin cantar ni afinar» (sic.), le escuche «toda España».

O) Operación Triunfo. Tangana no tiene la voz de Rosa (ni de Amaia) ni la cadera elástica de Bisbal ni el repertorio de perfumes de Bustamante, pero también ha dado la nota en el programa. Eso sí, como invitado. Acudió en noviembre de 2018 para interpretar en directo «Un veneno». Nuestro hombre apareció con un traje blanco con chaqueta torera, el pecho henchido, unas gafas poligoneras que podrían cuadrar en la cara de Pitbull y un whisky en la mano. Escogió este atavío para una cita importante: su primera aparición en televisión. Pues llegó, cantó y se piró. No dio las gracias ni las buenas noches. ¿Mala educación? ¿Cinismo? ¿Sacrificar el respeto en aras de la viralización?  Sí, desde luego, pero aquello fue además pura performance. No queremos decir que la dimensión performativa sea el pretexto para comportarse como un cabronazo, pero es cierto que el artista, por habitar el campo que habita, queda eximido de algunas responsabilidades. Por supuesto, la performance de Tangana no tiene que ver con Marina Abramovic ni con Esther Ferrer, sino con la escenificación pura y dura y con la sociedad del espectáculo de Debord. Esa noche, en OT, Tangana performó ser una puta estrella (¡porque entonces no lo era!) con la sublimación de la actitud chulesca. Además, OT era un escenario inmejorable. Como hemos dicho, la canción interpretada fue «Un veneno», con el Niño de Elche a la guitarra. Musicalmente, el tema opera como antesala de El Madrileño. En él escuchamos la siguiente confesión: «Es un veneno cruel y violento / que estáis alimentado / que va a hacer que me mate / mientras todos seguís ahí mirando». Vamos, que nos hace responsables. A usted, que anda perdiendo el tiempo leyendo esto, también. La canción está escrita en primera persona, pero en ese contexto cabe una interpretación a modo de crítica al individualismo que promueven la industria musical en general y el formato de Operación Triunfo en particular. Ya sabe, competición, sobrexposición de chavales jóvenes y toda la pesca. 

P) Pan’s and Company. La cadena de comida rápida en la que Tangana estuvo trabajando durante un tiempo. También lo hizo en un call center. Ya ve, empleos precarios, como los de tantos y tantos jóvenes. Álvarez, que ha hecho bandera de buscarse las castañas, ha relatado en alguna entrevista que se independizó a los dieciocho. Hay un trecho notable del Pan’s al icónico Lhardy, templo del cocido inaugurado en 1839 en el que grabó «Comerte entera». Pero el madrileño no es un apologeta de los locales de postín. No tenemos mucha información sobre sus preferencias gastronómicas, pero nos atrevemos a decir que, en este sentido, abraza los placeres cotidianos, concretados en el puchero humeante de «Muriendo de envidia». Como Julio Iglesias, era feliz con caviar y champán y ahora lo es también «con un vino y un trozo de pan». 

Q) Quirante (Cristian). A efectos musicales, el Robin de Tangana, el yang con el que se ensambla su yin, su escudero fiel, su Gabrielle (no la cantante, sino la socia de Xena, la princesa guerrera), el perejil de todas sus salsas. Todo eso y más. Sería injusto definirle solo por su alianza con Álvarez: tiene un recorrido autónomo interesantísimo. También ha trabajado con Amaia o Lola Indigo. Quirante es Alizzz, un artista barcelonés versátil y talentoso que maneja ingredientes sonoros como un chef Michelin y que ha producido algunas de las mejores canciones de Tangana: «Para Repartir», con esas graves notas de piano iniciales, «Pa’ llamar tu atención» (una pócima de samba y trap a base de percusión tropical), «Pronto llegará» (una inyección de ritmo donde colabora en el sampleo de «El día de mi suerte», del puertorriqueño Héctor Lavoe) o «Bien duro». También ha estado en la producción de El Madrileño, posibilitando que lo de antes suene actual. En «Todo me sabe a poco» le tenemos guisándoselo y comiéndoselo. 

R) Rosalía. De Rosalía Vila Tobella está todo dicho. Solo apuntaremos que antes de asombrar al mundo con su talento, antes de arrasar en las plataformas, antes de ganar siete premios Grammy Latino y un Grammy (a secas) precedido por una nominación histórica, antes de hacer música con J. Balvin, Ozuna o Bad Bunny y antes de codearse con el clan Kardashian, la artista catalana colaboró con Tangana en dos canciones. Era verano de 2016 y la vida aún no iba del todo en serio. Los sencillos en cuestión son «Antes de morirme» (noventa y nueve millones de visualizaciones en YouTube) y «Llámame más tarde», temas frescos, pegadizos, ‘buenrolleros’ y juveniles enmarcables en la órbita del pop. «Quiero que esperes despierto / y que me recojas del concierto / menos flores, menos tierno / pa’ esa puta mierda ya no tengo tiempo», canta mansamente Rosalía en el segundo. Por entonces la artista era relativamente poco conocida y las uñas de gel no eran tendencia. Ese mismo año, 2016, mucha gente empezó a flipar cuando estrenó «Catalina», una interpretación emotiva y desgarradora de una vieja canción flamenca. Fue la primera pista de que Rosalía iba a transitar un camino que conduce a una estrella, un sendero intrincado y hondo de tradición en el que hay sentimientos complejos y universales, fuentes que manan, luces rutilantes y poemas centenarios. Lo que no se intuía es que iba a hacerlo con botas de Prada o Loewe y pisando así de fuerte, provocando sacudidas y temblores.

A Rosalía hay que agradecerle, además, que suscitase un debate sobre legitimidad a la hora de emplear símbolos y heterodoxia (en el flamenco, pero en el arte en general). Preguntas sugerentes que luego, con otras hechuras y otra intensidad, se han hecho para Tangana. Pero regresemos a 2016. Antón Álvarez y Rosalía Vila salieron juntos un tiempo, parece ser que fueron felices y después la relación se rompió. Desde entonces los fans buscan referencias al otro en las canciones de cada uno. Es justo decir que Tangana, a veces, ha alimentado esas indagaciones a través de algunas decisiones artísticas. Podemos darle las vueltas que queramos, pero la historia es esa. L’amour tojours, que dice Gigi D’Agostino. Si usted venía con la intención de conocer los suculentos entresijos de un culebrón, abandone toda esperanza. Y les fuera como les fuera en lo personal, la ruptura no fue taxativa en el plano artístico, puesto que a finales de 2018 Álvarez coescribió algunas letras de El Malquerer, el segundo disco de Rosalía. 

S) Sherman (Cindy). Nacida en New Jersey en 1954. Esta artista norteamericana es la tercera persona seguida que citamos y la primera que no tiene ninguna relación directa con Tangana. No, no nos estamos desviando. Atienda. Referenciar a esta fotógrafa es una manera útil de abordar el tema de la carga biográfica en las canciones de Antón Álvarez. A estas alturas, después de que hayamos hablado de performance y máscara, de verdad y estereotipo, estará usted cavilando cuánto hay realmente de persona y cuanto de personaje en C. Tangana. Bien, pues el caso de Sherman es fascinante porque ha explorado durante décadas el montaje de la identidad. Decimos montaje porque esta artista ha sido a la vez sujeto y objeto de su obra, modelo y autora. Dese una vuelta por la web del MoMA y coteje. A finales de los setenta produjo una serie de fotografías en las que ella misma aparece actuando, interpretando un rol, dotándolas así de un sentido complejo y cuestionando los conceptos de autoría y verosimilitud. En ocasiones, Sherman reproduce los lugares comunes que el cine y la publicidad habían reservado para las mujeres. Aquellas imágenes en las que desvela el artificio resultan especialmente cautivadoras. En otras, opta por reformular convenciones de la historia del arte, por ejemplo disfrazándose del Baco de Caravaggio. A su manera, C. Tangana también actúa y adopta una pose, destapando, en contadas ocasiones, su vacuidad insoslayable. Con todo, sus vivencias y sus sensaciones son la base de sus textos. «No necesito hablar gilipolleces que no me han pasado», decía en Protocolo (2013). Hemos visto todos los lados del prisma: desde que empezó con la música se ha mostrado alegre, triste, humilde, altivo, enojado, valiente y fugitivo. Y razonablemente sincero. También ha mencionado su relación con las drogas. En «Bien:(» , que ya hemos mencionado, hizo ver a su público que estaba bien jodido, como todos durante la cuarentena. «Y tú me vas a perdonar / Y voy a dejar de esnifar / voy a volver a entrenar / no tienes por qué llorar», aseguraba sin convencimiento. 

T) Trascender. Etimológicamente, trascender viene del latín trascendere, que significa superar algo, ascender atravesando, rebasar cierto límite siendo mejor. Tangana ya no quiere el aplauso inmediato y efímero, sino dejar huella. Desde el inicio de su carrera lleva puestas las largas para ver un poco más allá, y ahora ya ha recogido las rosas y ha pintado su vanitas. Sabe detectar a tiempo una tendencia y aprovecharla, pero no quiere lo líquido sino la solidez de lo que permanece. Si de aquí a unas décadas Occidente entero no escucha los himnos que dicta el Partido Comunista Chino ni la crisis climática arrasa con todo lo que conocemos, quizá sus hijos le digan a sus nietos «esto ya lo hacía Tangana en mi época».

U) Uber. No es lo que piensa. Álvarez no se ha posicionado en el conflicto Taxi-VTC (no se ha posicionado en casi nada, realmente), pero en su canción «Ontas?», surgida a raíz de un meme en México que después llegó a España, podemos escuchar cómo tienta con pagarle el Uber a una hipotética persona con la que, digamos, arde en deseos de encontrarse. Digamos también que lo de ‘ontas’ es una de las grandes gilipolleces que han pasado por las redes sociales en los últimos tiempos. Lo revelador es cómo Tangana detectó que algo nuevo se estaba generalizando en internet, vislumbró una oportunidad y la transformó rápidamente en una canción. 

V) Vigo. Antón Álvarez, el padre de nuestro Antón Álvarez, nació en esta ciudad gallega. Incluso trabajó unos meses en La Voz de Galicia antes de trasladarse a Madrid. Esas raíces están presentes en el videoclip de «Cambia!», donde aparece un niño —trasunto del propio Tangana— con la camiseta del Celta. Atención a la jugada: un tipo que se hace llamar El Madrileño no se identifica ni con el Atlético ni con el Real Madrid, los dos clubes más importantes de la capital. Ni Pablo Motos alcanza ese nivel de equidistancia. Volviendo al tema: una radio viguesa publicó en Twitter una encuesta para que los aficionados eligiesen qué cantante preferirían que compusiera el himno del centenario del Celta (que será en 2023) y Tangana pidió intentarlo. De momento, la cosa no ha cuajado, pero estaremos atentos. Imagíneselo en una comida institucional previa a actuar en Balaídos, con Abel Caballero dándole la chapa sobre las luces de Navidad. Qué show impagable. Saraut para Vigo.

W) Warhol (Andy). El editor francés Raphael Sörin le definió como «el hijo bastardo de Duchamp y Lumière». Por cuestiones que le resultarán evidentes, Warhol ha sido otra de las agarraderas teóricas de Tangana. Por lo de la provocación, por lo de los quince minutos de fama, por el lado sombrío latente en las imágenes de los iconos, por lo de obsesionarse con el dinero y las calaveras, por lo del individualismo y, en palabras de palabras del teórico Marchán Fiz, por lo de la «estetización de lo no artístico». Ya sabe, el bote de tomate Campbell y el detergente Brillo. Tangana no ha comisariado ninguna exposición ni ha vampirizado Don Simón (de momento) pero en «El baile de la lluvia», un tema de Avida Dollars, insertó este credo materialista que pronunció el artista estadounidense: «Durante los años hippies la gente despreció la idea de los negocios, decían “el dinero es malo”, “trabajar es malo”…Pero hacer dinero es un arte. Trabajar es un arte. Los buenos negocios son la mejor de las artes». Ahí queda eso. Deberíamos cerrar la W con esa patochada, pero no podemos dejar pasar la referencia a Warhol sin recordar cómo su visita a Madrid en 1983 es interpretada por determinados autores como un clímax de la movida madrileña, como una especie de clave de bóveda de todo aquel espectáculo de modernidad ansiada y artificiosa. ¿Sabe por dónde voy, no? Manténgase espabilao

X) Xanax. En «Spanish Jigga Freestyle», Tangana nos hizo imaginarle «desayunando xanax dentro de un Duty Free». No sabemos si con café previo. Esta sustancia, según el portal drugs.com, se usa «para el tratamiento de trastornos de la ansiedad, trastornos de pánico, y la ansiedad causada por la depresión.»

Y) Yung Beef. Fernando Gálvez (1990) es Yung Beef, un artista granadino que formó parte de Pxxr Gvng, la gente que introdujo el trap en España. También es el fundador del sello La Vendición. Autor de temas como «Lil Romeo», «Me perdí en Madrid», «27» o «INTRO A.D.R.O.M.I.C.F.M.S», es un artista libérrimo de orígenes humildes que va a su puta bola. Hace trap, reguetón y toda clase de derivados con el autotune como santo y seña. Un tío transgresor e inclasificable. En junio de 2018, en una charla inaugural en el festival Primavera Sound, mantuvo un debate con C. Tangana y Bad Gyal en el que expuso su visión de la música y la industria. Las ideas de Yung Beef (que se considera a sí mismo la quintaesencia del underground) eran contrapuestas a las de Tangana, en tanto el madrileño era (es), a priori, más materialista y proclive a zambullirse en el océano del mercado y nadar con los tiburones en aras de explotar su marca. Yung Beef, en cambio, opinaba que firmar con una gran discográfica erosionaría su independencia. Así las cosas, la lectura fácil consistió pintar a uno como la némesis del otro. El debate en el Primavera, respetuoso y enriquecedor, fue el germen de un beef. El granadino atacó primero y Álvarez contestó en «Forfri», que no sacó bajo el nombre de Tangana, sino de Crema. En la portada aparece, sobre fondo rojo, la cara de Yung Beef imitando la icónica imagen del Che Guevara, presente en tantas y tantas camisetas y convertida en un símbolo de la fuerza «fagocitadora» del capitalismo. «El sistema se nutre como gente como tú: los que se creen que están fuera pero solo están abajo», le suelta para cerrar el tema. 

Z) Zen. No vamos a engañarle: no controlamos la filosofía budista, vamos a tirarnos el pisto, que es lo que hay que hacer al final. Cierre los ojos. Respire profundamente. Una y otra vez. Deje que este catálogo de conceptos se asiente en su cerebro. Concéntrese en identificar aquellos con los que está de acuerdo y aquellos con los que no. Rumie las imágenes y las ideas. Note cómo se vuelven sólidas. No permita que se desvanezcan en el aire. Trate de aventurar, con lo que sabe, cuál será el futuro inmediato de la música urbana en España. Imagine a Tangana subido a un escenario recibiendo un Grammy. Visualícese a sí mismo meditando, tratando de poner distancia sobre su propio yo. Visualícese sin volver a decirle a sus hijos que la música que escuchan es basura. Puede abrir los ojos. Está despierto.

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8 Comentarios

  1. Por lo que veo en estos artículos, se está generando un debate entre “carcas” y “modernos” de postín sobre este estilo de música que acapara la atención de la juventud actualmente. Bueno, podeis intelectualizar y haceros pajas mentales con el tema de la música urbana, como en su día se hizo con la música disco, la música de baile (techno/bakalao) o las boy-bands que tanto éxito masivo tuvieron en su día y tanta prensa generaron. ¿Y qué ha quedado de todo aquello?

    Yo nisquiera voy a utilizar argumentos propios teniendo a mano esta escena que resume toda una filosofía de vida:

    https://www.youtube.com/watch?v=leUUj8nY0cI

    El tiempo pondrá, como siempre ha hecho, cada cosa en su lugar.

    Cada uno que disfrute de lo que le gusta. A mi personalmente no me quita el sueño no estar en sintonía con el mainstream.

    • La música disco parió es en parte culpable de la aparición del hip-hop primitivo.

      El techno no tiene nada que ver con el bakalao. No todo lo electrónico es techno. El verdadero techno está donde siempre a estado: en el underground, con buena salud.

      Las boy-bands no tienen mayor trascendencia, pero son la carne de las radio retro-pop igual que todas las emisoras de los 80s que te comes con nostalgia.

      Sabes a quién a puesto el tiempo en su lugar? Al rock’n’roll. Hace unos 35 años mínimo. Vastagos como el metal reinan supremos, pero a la nadie le importa un carajo el rock, y esa “filosofia” es la cumbre de lo rancio.

      A dormir.

      • El rock no era mainstream antes ni lo es ahora. A lo mejor sí ha habido canciones que pegaron mucho en su momento y se siguen escuchando ahora, pero nunca fue un producto mayoritario.

        Al final solo hay dos tipos de canciones: las que te gustan y las que no. De Tangana solo me gusta “Los tontos”, y me parece que es por Kiko Veneno. El resto me da mucha pereza, también el personaje. Y ya está, por lo demás toda discusión es estéril.

      • Por alusiones, siento desiludionarle, no me gusta el calimocho ni kiss.fm.

        Dos puntos a aclarar, señor mío:

        – No me como emisoras de los 80s con nostalgia. Yo mismo selecciono lo que quiero escuchar, por eso no escucho la radio. Buceo directamente en la red.

        – Dentro del Rock englobo a TODO desde el Metal hasta el Rock & Roll, incluso si me apuras más meto el Blues. La filosofía y actitud me refería a la de la música hecha con entrañas que es y siempre ha sido under, aun con sus periodos cerca del mainstream, frente a las modas del tres al cuarto. No necesito explicar más.

        Y perdona que le diga, caballero, a dormir yo… con su Sra madre. ¿Estamos?

        Buenos días.

  2. Espero un artículo similar para otro gran artista: El gitano de Balaguer. Su obra tiene tantas o más virtudes que la de Tangana, con el añadido de que es mucho más alegre y divertido.

  3. Al parecer, la pelea de gallos da mucho de sí. Al artista se le otorga por considerarlo como tal, displicencia al menosprecio o indiferencia por habitar el campo que habita. Se le mitifica antes de lo debido, a mi modo de ver. Dejemos que crezca, sólo ha madurado. Reivindico, también, articulo para el gitano de Balaguer, sin atreverme a hacer comparaciones. Ahora bien, desconozco si el estudio, trabajo y dedicación que a éste se le haga va a resultar tan brillante y pormenorizado. En cualquiera de las editoriales en las que he desempeñado mi profesión, tendrían bastante interés en conocer al dueño de ambos artículos.

  4. Dos puntualizaciones:

    OG no es old gangster, si no original gangster.
    Andrés Calamaro nació en América también, aunque no lo parezca.

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