Cine y TV

La culpa fue del sexofón

sexofón
Es una foto de un corto de Tex Avery, pero se escucha el saxo desde aquí. Imagen: MGM.

Es una de las artimañas más burdas del terreno del entretenimiento. Una tan sobada como para que el mero hecho de mentarla, o hacer algo tan estúpido como dedicarle un artículo, sea un gesto recibido entre rosarios de bufidos y jetas asqueadas con los ojos en blanco. La jugarreta audiovisual más tosca y evidente: el sexofón. Esa sensual melodía de saxo que anuncia, en series y películas, la inminente entrada en cámara de un personaje sexi, o la entrada de un personaje sexi en el interior de otro personaje sexi con el que anda encamado. Es una triquiñuela bufa y pasada de moda, un sonido nacido para subrayar con torpeza el folleteo inminente. Pero al mismo tiempo, es una tonadilla que nuestro cerebro interpreta de manera similar al coconut effect, porque estamos tan acostumbrados a escuchar los saxofones insinuándose en la pantalla que hemos acabado aceptándolos y asimilándolos como algo natural.  

Lo interesante es la propia existencia del sexofón como concepto. Un recurso de orígenes inciertos y efectividad cuestionable que, a pesar de ello, ha demostrado ser tan popular como para que miles de creadores lo consideren el método más efectivo con el que lubricar una escena. Y la culpa de todo esto a lo mejor la tiene el jazz que hace cien años alegraba el fornicio en los peores burdeles, George Michael cantando compungido mientras se frota la patata contra una soga, el rostro de palo del legendario músico Johnny Hodges, o un moldavo sacudiendo la pelvis de manera demasiado efusiva durante un guateque europeo.

Let’s talk about sax, baby

«La película comienza utilizando de manera muy generosa de algo que a mí me gusta llamar el «Fuck Sax». Si escuchas una buena, larga y orgásmica ráfaga de «Fuck Sax» ten por seguro que alguien está intentando que se lo follen, que alguien está follando, o que alguien está recordando en sueños cómo se lo follaron en el pasado. 

Nathan Rabin, crítico de cine en su reseña de ‘Una disparatada bruja en la universidad’.

Los títulos de crédito de esa gema cinematográfica que es Una disparatada bruja en la universidad probablemente supongan la concentración más pura de la esencia del sexofón conocida por la raza humana. Estamos hablando de cuatro minutos y medio muy intensos donde una zagala, vestida y cardada para anunciar colonias, se contonea azuzando un gigantesco fular de seda y desafiando las potentes embestidas de energía sexual que emanan de un Risky Business marca blanca. Un cortejo, donde ambos participantes disimulan con elegancia y poses de revista chusca el hecho de ir cachondos como perricos, que resulta lustroso por estar enmarcado con todo lo que era sexi en los ochenta: la noche, los neones, las miradas golosonas, el skyline de una ciudad norteamericana en la terraza, la camisa por dentro del pantalón, los zapatos de tacón rojo y el encanto que tiene el humo artificial de dudosa procedencia.

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6 comentarios

  1. Cide Hamete

    Maravilloso artículo. Muchas gracias.
    Para los que no solo no tenemos oído sino que somos unos incultos musicales de tomo y lomo ha sido un gran descubrimiento.
    ¡Que aprenda Paco Fox! Vicisitud y Sordidez está muy sobrevalorado.

    Un piojoso en el exilio sebiyano

  2. Diego, no puedo dejar de agregar esta pequeña contribución a tu magnífico artículo. Se trata de una porción de la soundtrack de «Snatcher», ese olvidado juego de Hideo Kojima. Esta es la pista específica: https://youtu.be/Ofr8qqdZ_f0

    y esta es la presentación del juego en sí, en la cual aparece dicha pieza (ver esto último, y cómo inserta Kojima como director la música en su obra, es todavía mejor):

    https://youtu.be/ZuyUShtcn94

  3. The Lady of Shalott

    Genial este artículo. Adoro la peli «Una disparatada bruja en la Universidad». Es uno de esos films quintaesenciales de los 80, y ya hubiera sido perfecta si, en vez de esa muchacha (que no tienen nada de malo), la prota hubiera sido aquella bomba pelirroja de Taweny Kitaen! Entonces ya sí que sí lo habría tenido TODO para morir de sobredosis ochentera.

  4. The Lady of Shalott

    Por aportar un detalle más de los 80: Estaba aquel anuncio de tabaco Fortuna que aunaba en solo 25 segundos el espíritu destilado del sexofón. Un solo inolvidable, los tacones, las piernas, la horterada, la gran ciudad como escenario salvaje en el que puedes realizar tus sueños, etc.
    https://www.youtube.com/watch?v=z_CdP2wcuII

  5. Qué buen artículo, prescindiendo de que jamás vi esa serie o película. Pero el saxo es un instrumento que embruja. Gracias por las lecturas.

  6. Pingback: El saxofón en el cine y la TV: jazz, erotismo, negritud y bajos fondos (y 2) - Jot Down Cultural Magazine

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