
(Viene de la segunda parte)
El juicio contra Émile Zola fue, como los anteriores, un despropósito. El abogado del escritor, Fernand Labori, mantuvo tensos intercambios con un tribunal que saboteaba cada una de sus maniobras y ponía toda clase de problemas para la intervención de los numerosos testigos de la defensa. Apenas empezado el juicio, cualquier esperanza de que Zola fuese absuelto quedó rápidamente disipada. Ante esto y el creciente ambiente de agresividad que rodeaba el proceso, los amigos de Zola insistían en que saliera del país para evitar la cárcel en caso de ser condenado, o un atentado en caso de ser absuelto. Con el juicio todavía en marcha, el escritor terminó haciendo caso y embarcó hacia el Reino Unido.
«¡Yo acuso!» consiguió atraer la atención internacional y estaba destinado a influir decisivamente sobre el desarrollo del caso Dreyfus, pero tuvo también inesperados efectos negativos que deprimieron a Zola. Durante los dos meses siguientes a la publicación, setenta localidades francesas sufrieron disturbios, o más bien pogromos racistas en los que se agredía a ciudadanos judíos y se encendían hogueras usando ejemplares del periódico L’Aurore. Los disturbios estuvieron dirigidos, o cuanto menos instigados, por organizaciones nacionalistas que empapelaron las calles con carteles antisemitas. El lado negativo del poder de la prensa quedó también demostrado por la influencia que ciertos titulares falaces del extranjero tenían en la propia Francia. Cuando un periódico sensacionalista inglés publicó la noticia de que Alfred Dreyfus había intentado fugarse de la isla del Diablo, la historia llegó a Francia, cruzó el Atlántico hasta la Guayana y llegó a oídos de los carceleros de Dreyfus, quienes decidieron encadenarlo al camastro de su cabaña, pese a que Dreyfus nunca había intentado fugarse. De hecho, Dreyfus no solo estaba demasiado débil como para pensar en escapar, sino que desconocía todo lo que estaba sucediendo en la Francia continental. No había oído hablar del movimiento dreyfusista ni de que el mismísimo Zola había intervenido en su favor con tanta vehemencia, así que su encadenamiento fue una desagradable sorpresa más.
El papel de la prensa fue denostado no solo por Dreyfus, sino por algunos periodistas franceses que, aunque parezca chocante, denunciaban ellos abusos que los periódicos estaban haciendo de su recién descubierto poder. En octubre de 1899, el periodista francés de origen checo Henri Blowitz, que ahora residía en los Estados Unidos, publicó en la revista The North American Review un análisis titulado «La prensa francesa y el caso Dreyfus», y estas eran algunas de sus impresiones:
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Buen resumen. Excelentes artículos.
Muy buenos!! Ahora una saga igual del Watergate? :)
Me gustó.