Cómo el 11-S acabó con el derecho internacional

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Las torres del World Trade Center en el ataque terrorista del 11-S. Foto Cordon Press
Las torres del World Trade Center en el ataque terrorista del 11-S. Foto: Cordon Press.

Ya se ha escrito mucho sobre los atentados de las Torres Gemelas el 11-S. Ha habido documentales que han narrado las incidencias, los muertos, las diversas teorías de la conspiración acerca de los atentados. Los ataques terroristas del 11-S se desarrollaron en un país que es la égida del capitalismo global y símbolo del poderío norteamericano. Las imágenes de los aviones chocando contra las torres del World Trade Center y su colapso fueron difundidas repetidamente. Estados Unidos se mostraba al mundo más vulnerable que nunca. Las imágenes de los aviones golpeando el World Trade Center, los edificios estallando en llamas, los individuos saltando por la ventana en un intento desesperado por sobrevivir al infierno, proporcionaron imágenes inolvidables que los espectadores no olvidarían pronto. Muchas personas que presenciaron el evento sufrieron pesadillas y traumas psicológicos. Durante varios días, la televisión estadounidense suspendió su programación para centrarse únicamente en estos acontecimientos. Los periodistas que trabajaron en la cobertura de los difundieron las imágenes, retransmitiendo los acontecimientos con un discurso marcadamente nihilista; discurso en el que ellos controlaban las imágenes, siguiendo las directrices de unos desconocidos que manejaban la coreografía y la cronología de los hechos. El país había enmudecido. El siglo XXI comenzó realmente en ese instante. 

El análisis de los medios de comunicación estadounidense echó más hierro al asunto y corroboró la versión oficial del gobierno: choque de civilizaciones y guerra entre el islam y Occidente. Osama Bin Laden y Al Qaeda reivindicaron el atentado. El choque de civilizaciones de Samuel Huntington se convirtió en uno de los libros de cabecera de los neoconservadores estadounidenses. Mientras Francis Fukuyama pregonaba el fin de la historia y el triunfo sin ambages del sistema liberal, Huntington dividía el mundo en una lucha entre civilizaciones, en el cual la afinidad cultural entre Estados sería clave en las próximas contiendas internacionales, con el auge de los nacionalismos y el retorno de la religión como punto de partida. En aquellos días de interminables y confusos análisis, la cadena Fox contó con la presencia de Jeane Kirkpatrick: exembajadora de Naciones Unidas y una de las mentes pensantes del gobierno de Reagan en política exterior. Jeane Kirkpatrick argumentó que Estados Unidos estaba en guerra con el islam y que Estados Unidos tenía el deber de defender a Occidente. Fue una de las principales referentes de Bush a la hora de elaborar su ya famosa e infausta Doctrina Bush. De la misma forma que la Guerra Fría se convirtió en el parteaguas de la propia historia del neoconservadurismo como doctrina y movimiento político, dando lugar a una importante reelaboración de sus postulados para afrontar los desafíos del nuevo orden globalizado, los atentados del 11 de septiembre de 2001 sirvieron, por otro lado, para pasar de la contención a la agresión positiva en sus relaciones internacionales. 

Bush presentó ante el Congreso una Estrategia de Seguridad Nacional que bebía de la Doctrina Kirkpatrick y de las élites reaganianas como el predominio del uso de la fuerza, la justificación de acciones preventivas contra Estados enemigos en cualquier lugar del globo. Estados Unidos, que basó su política exterior en la segunda mitad del siglo pasado en aras de la doctrina  de  la  disuasión, a su vez sostenida y ampliada sobre la base de la filosofía de la contención, acometió un cambio fundamental en este sentido. Bush, en un mensaje retórico de telepredicador de película estadounidense, combinando referencias del Destino Manifiesto con el wilsonianismo, quiso apelar a esa «América vigilante que lucha por la libertad». La ideología de Bush primaba el unilateralismo y el interés nacional sobre los compromisos multilaterales. En consecuencia, tuvo un profundo desdén por Naciones Unidas, especialmente por la Asamblea, que no está dotada de competencias ejecutivas, al igual que la Comisión de Derechos Humanos, sustituida por el Consejo de Derechos Humanos en 2006.

Los medios de comunicación explotaron el miedo: la vida pública estadounidense se había convertido en un cruce entre El show de Truman, La guerra de los mundos y Apocalpyse Now. La narración de los hechos evocaba un futuro apocalíptico; un espectáculo como el de la escena final de El club de la lucha. En ese estado de histeria, el Congreso aprobó la Patriot Act, que confería poderes prácticamente ilimitados a los poderes públicos para actuar en materia de terrorismo, suspendiendo el secreto de las comunicaciones en casos de amenazas a la seguridad nacional. Ante esta situación, el Partido Demócrata guardó silencio. Se adhirió a las políticas de Bush sin oponer resistencia. Debilitados como estaban tras el mandato de Clinton, fueron barridos del campo de batalla. La de Afganistán fue una guerra anunciada: el Pentágono informó de que en septiembre del año 2000 el ejército estadounidense ya surcaba los cielos de Afganistán y Pakistán con sus drones de combate modelo Predator en busca de asentamientos  terroristas. El periodista Bob Woodward relató, en su libro Bush en guerra, que comandos especiales de la CIA aparecían con maletines llenos de dinero por esas zonas tratando de comprar aliados entre los varios señores de la guerra y tribus que llevaban décadas combatiendo allí.

La Doctrina Bush dejó de lado el multilateralismo de la Guerra Fría, acabando con el consenso para las operaciones militares en el exterior, mandando el mensaje de que la lucha la llevarían a cabo aun con la oposición de la comunidad internacional, sirviendo como instrumento ilegal para resolver conflictos y modificar mapas políticos regionales de acuerdo con los deseos de Estados Unidos y Europa. Europa, reducida a comparsa de su todopoderoso vecino del otro lado del Atlántico. El viejo continente supeditó su política exterior a los designios de Washington y de la OTAN, que invocó la cláusula de defensa común ante los atentados. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1368, la cual reconoció el derecho a la autodefensa colectiva consignado en la Carta de las Naciones Unidas, dando carta blanca al inicio de nuevas hostilidades. Con la actuación de Estados Unidos, se deslegitimó al Tribunal Penal Internacional, cuya jurisdicción no fue aceptada ni por Rusia, India, China, aparte de por la Administración Bush. Estados Unidos inventó un enemigo imaginario para el derecho internacional como el «combatiente ilegal enemigo», el cual fue denominado por el gobierno de Bush «como todo aquel individuo no autorizado a tomar parte directa en las hostilidades pero que es sorprendido haciéndolo». 

A raíz de esta definición, Donald Rumsfeld declaró que «si los terroristas van por ahí matando civiles sin cumplir las leyes de la guerra, el ejército de los Estados Unidos no está obligado a respetar los Convenios de Ginebra». La Administración Bush  declaró a todos los talibanes y a los prisioneros en Guantánamo combatientes ilegales enemigos. Poco después, el término se ampliaría para incluir a posibles miembros de Al Qaeda. Estados Unidos pasó de promocionar los derechos humanos y las libertades individuales a aplicar la figura del Homo Sacer de Giorgio Agamben, el cual hace referencia a la impunidad con la que los Estados pueden matar a sujetos indeseables. Los campos de concentración fueron sustituidos por Guantánamo, Baghram y Abu Ghraib. Del mismo modo, el gobierno de Bush también aprovechó la coyuntura para instaurar cárceles flotantes en sus embarcaderos del Pacífico, aprovechando el enorme vacío legal en aguas internacionales. El  11-S  le  otorgó  luz  verde a los neoconservadores para llevar a cabo sus negocios sin control alguno. Trataron al resto de países como su centro de operaciones, dejando de lado el principio de reciprocidad entre los Estados. Como escribió Naomi Klein en La doctrina del shock: Estados Unidos ya podía imponer sus valores a través de la conmoción.

 ¿Qué hemos aprendido del 11-S?

¿Qué falló en Afganistán? Estados Unidos aplicó una lógica colonialista, comportándose como un ejército de ocupación. Aunque Estados como la China de la dinastía Qin, del Imperio otomano o la Turquía de Mustafá Kemal Ataturk se construyeron de arriba hacia abajo, la mayoría de los Estados se han edificado a través de la cooperación. Las instituciones estatales construyen su legitimidad asegurándose el apoyo popular. Esto no significa que Estados Unidos tuviera que haber trabajado con los talibanes, pero sí debería haber cooperado con diferentes grupos locales, en lugar de invertir recursos en el régimen corrupto de Hamid Karzai. Desde el principio, la población afgana percibió la presencia estadounidense como una fuerza extranjera destinada a debilitar su sociedad. Estados Unidos no se implicó en la vida diaria de los ciudadanos. No se molestó en granjearse simpatías entre los ciudadanos, aspecto esencial cuando se interviene otro país.

Cuando un Estado no construye desde la base, procurando la participación de los ciudadanos y de sus representantes en la vida pública, el rechazo hacia el forastero es cada vez mayor. Los errores que cometió Estados Unidos en Afganistán los reprodujeron en Irak con idéntico resultado. Durante la segunda mitad del siglo XX, el liberalismo ha sido la versión evolucionada del imperio. A lo largo de la historia, hemos asociado el imperialismo exclusivamente con el colonialismo europeo moderno, cuando en la actualidad, China, con la iniciativa Belt and Road, pretende instaurar su dominio económico por el todo el mundo, contrapesando el dominio de Occidente. La propia concepción de lo que es un imperio desde el punto de vista occidental, configura las relaciones sociales y políticas en el Tercer Mundo y en los países en vías de desarrollo, debido el papel proveedor de recursos de estas naciones para Occidente. Conforme los países en vías de desarrollo intentan acceder al estilo de vida de los países occidentales, el imperio se encuentra con que las naciones del Tercer Mundo no quieren ejercer de vasallos. Es en ese momento cuando llegan las crisis migratorias, se agravan el cambio climático y las crisis políticas.

Esa decadencia del imperio en política exterior ha exacerbado la pugna entre Irán y Turquía por liderar al mundo musulmán, y el auge de la India como contrapeso de China en Asia. También Rusia busca restaurar sus áreas de influencia. A lo largo del siglo XX, Occidente ha intervenido países para promocionar los derechos humanos y la paz en todo el globo. El ascenso de China, en cambio, supone una forma de hacer política exterior distinta, basada solamente en el puro pragmatismo. Pekín solo busca hacer negocios en todo el mundo. No es una potencia revolucionaria como lo era la China de Mao o la Unión Soviética. Por ello, las élites del Pentágono han sugerido a Joe Biden que potencie la Asociación Transpacífica y renueve la cooperación con Europa para contrarrestar el poder de China en el viejo continente. Estados Unidos, después de su retirada en Afganistán, se queda casi sin presencia en Asia Central y Afganistán, dejando que Pekín pueda maniobrar con más facilidad en la región. Tanto China, Rusia y Pakistán parecen dispuestos a prestar la legitimidad diplomática necesaria a los talibanes, a cambio de que contribuyan a la estabilidad política en la zona, sin que sea necesario que se respeten los derechos humanos. En ese aspecto, también los valores occidentales están declinando. 

La experiencia de Occidente en Oriente Medio demuestra una realidad incómoda: pensar que la democracia tal como la conocemos triunfará en otras regiones es en sí mismo una forma de determinismo impulsada por nuestro propio etnocentrismo. De hecho, aquellos que citan a Alexis de Tocqueville en apoyo de la «inevitabilidad de la democracia» deberían prestar atención a su observación de que los estadounidenses, debido a su igualdad, exageran el alcance de la perfección humana. El despotismo —continuó Tocqueville—, «es más de temer en tiempos democráticos, porque prospera en la obsesión con uno mismo y la propia seguridad que la igualdad fomenta». Al hacer de la democracia un imperativo moral, Europa y Estados Unidos analizaron las realidades del resto de países y de regiones, homogeneizando culturas diversas, y olvidando que las democracias son consecuencias orgánicas del desarrollo. La democracia occidental fue el proceso de una conjunción de fuerzas distintas a las de África, Asia o América Latina. No se puede coger una pizarra en blanco y pensar que lo que ha funcionado en un país puede funcionar en otro, porque las coacciones del pasado y la historia, tal y como demuestra la experiencia afgana y su fracaso, son importantes para entender la política y la cultura de los pueblos.

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19 Comentarios

  1. A ver, que los talibanes sobornaron a los generales afganos para entrar en Afganistán prácticamente sin pegar un solo tiro lo sabe hasta mi tía Blasa… La corrupción en el ejército y la policía era endémica: desde soldados que vendían armas y vehículos por piezas en el mercado negro hasta mandos exigiendo el pago de mordidas a sus oficiales para poder escoger los mejores destinos. La guinda del pastel es que la mayor parte del ejército afgano post-11/S estaba compuesto por soldados “fantasma” que sólo existían sobre el papel para que los generales se embolsaran sus salarios. Nunca ha habido un país llamado Afganistán desde los tiempos de Alejandro Magno, sólo un puñado de reinos de taifas dirigidos con mano de hierro por diferentes señores de la guerra a lo largo de los siglos. El chiste más oído entre los marines destinados allí era referirse al ex-presidente Hamid Karzai como “el alcalde de Kabul”, porque su autoridad sólo se extendía hasta los límites de la capital. Y porque contaba con el respaldo de miles de soldados americanos, que si no… Normal que los militares afganos (campesinos analfabetos o enchufados del caudillo local en su mayoría) huyeran como conejos al oír la que se les venía encima. Puede que esta sea la primera guerra de la historia en la que un grupo terrorista literalmente compra el país que quiere ocupar. Y la CIA contando amapolas, por lo que parece…

  2. La utilización de un atentado terrorista (como en Sarajevo con el archiduque) para invadir ese no-país llamado Afganistán, y de paso hacer la segunda guerra de Irak y convertirlo en otro no-país, para que luego les salga un ISIS.

    La manipulación de la opinión pública con mensajes de “es que las mujeres llevan burka” para sangrar el erario de EEUU con armas, contratos y demás e involucrar aliados en la kermess.

    La política burbuja de Greenspan que originó la crisis de 2008.

    Bin Laden creyó ser David frente a Goliath. USA pretendió ser la Cruzada que liberaría Jerusalén.

    El mundo se repite como un tripi.

    • Lo que hacía ISIS ya ocurría antes, en el caso de Irak a mano del estado iraquí, cuyos gerifaltes no tuvieron problemas en arrasar pueblos enteros, emplear armas químicas contra civiles, realizar matanzas masivas o todo tipo de violaciones de derechos humanos. La diferencia es que ISIS tenía cámaras de video y acceso a internet. ISIS no fue más que una transformación de algo que ya existía bastantes años antes de la segunda guerra de Irak.

  3. “No se puede coger una pizarra en blanco y pensar que lo que ha funcionado en un país puede funcionar en otro”.
    Seguro? Alemania era una dictadura durante la WW2, y cambió a la fuerza hacia la democracia, dando buenos resultados. Podría aducirse que tenían cierto nivel de educación, e incluso que ya habían vivido en democracia en el pasado…. pero, ¿y Japón? Ellos también fueron invadidos, y cambiaron…

    Creo que la diferencia estriba mas bien en las intenciones de la invasión… cuando realmente se quiso imponer la democracia en ambos países se lo hizo de manera mas bien blanda: imponiendo leyes y velando por que se cumplan. Eso no sucede por ejemplo en América Latina.

    Diego

    • El manejo de EE.UU tras la II GM y Afganistán e Irak, no tienen ni punto de comparación.
      Por un lado, hicieron un trabajo enomr por comprender la mentalidad del pueblo japonés, y por el otro no proscribieron de la vida pública a la mayoría de los nazis. Cosa que si paso con los Baazistas o los Talibanes. De hecho estos últimos, podían terminar en Guantanamo si regresaban a sus hogares.

      • Los pueblos japonés o alemán estaban dominados por determinadas ideologías que habían sido implantadas por políticos o personas varias con poder, la mayor parte de ellos fanáticos. En Afghanistán no hay sólo eso, sino una religión extremista que lleva implantada siglos y cuyo único objetivo a medio o largo plazo es eliminar a quien no es musulmán. Por eso, la única posible solución tras el 11-S para Afghanistan no era acabar con los talibanes y democratizar el país, sino destruirlo por completo y hacerlo literalmente inhabitable.

  4. El problema principal del 11-S es que los USA mostraron una respuesta muy suave y demasiado comedida, cuando tendrían que haber sido mucho más drásticos. Poco más y piden permiso para defenderse.
    Primero, reconociendo que esos cuentos de “musulmán moderado” y “musulmán radical” es una falacia, cuando el problema real es el islám. Si se hubiese partido de esa base, se habría podido razonar con más lógica.
    Segundo, atacar Afghanistán para después reconstruirlo es una absurdez: si hay que atacar al enemigo, se le destruye, se le humilla y se expolian sus recursos naturales en la medida de lo posible. La guerra es así y debe ser así. No sirve para nada intentar reconstruir y democratizar un país que es necesario destruir. ¿Para qué? Eso es un derroche de dinero absurdo. Si Afghanistán hubiese sido destruído hasta sus cimientos (empleando por ejemplo armas nucleares), expoliado y controlado sistemáticamente, ahora los talibanes no tendrían terreno sobre el cual contruir un estado: estarían criando malvas o escondidos en otros estado sin tanta libertad de acción. USA no necesita que Kabul exista para seguir adelante.
    Tercero: no sirve de nada imponer una democracia donde no se necesita. No hay que permitir que el enemigo decida nada. Lo lógico es, si parte de ese enemigo sobrevive, es someterlo (o eliminarlo si no se quiere someter).
    Si se hubiesen seguido estas tres ideas tras el 11-S, no sólo se habría evitado el derroche de dinero o el retorno de los talibanes sino que se habría puesto al enemigo en su sitio.

    • ¿Sabéis cómo llaman en la CIA a los líderes musulmanes moderados? Unicornios. Porque son animales mitológicos que todo el mundo afirma que existen, pero nadie ha visto jamás.

      • Es que claro que no existen, salvo en la imaginación de determinados buenistas.
        Los llamados “moderados” de encargan de señalar a los radicales hacia donde hay que disparar.
        USA no ha entendido que el problema es el islám. Si hubiese hecho eso y hubiesen ilegalizado esa religión en USA (con penas severas de cárcel), se habría dado un paso adelante para eliminar el problema. Si realmente hubiesen atacado Afghanistan o Iraq dejándolo completamente inhabitable, a lo mejor otros países que patrocinan el terrorismo musulmán se lo pensarían dos veces antes de atacar intereses estadounidenses o amenazar a dicho país. No se puede declarar una guerra a países enemigos y de paso ayudarles a lavar la colada.

    • claro claro, ataques nucleares ahí justo en Afganistán, entre Irán y Pakistán y al ladito de China. Macho eres un as de la geopolítica, la estrategia y la diplomacia…..

      • No es necesaria la diplomacia cuando se está en guerra. Lo que hace falta es atacar. Si se hubiesen empleado armas nucleares en Afghanistan a los dos días del 11-S, no habría habido problema alguno. Además, no todas las armas nucleares son iguales: las mejores son las bombas de neutrones, un prodigio tecnológico, que permiten acabar con todo rastro de vida pero conservando la mayor parte de la infrastructura intacta y la radiactividad que causan cesa en pocos días. Y si es por Pakistán, no es que me preocupe mucho ese país considerando su apoyo total a los talibanes y Alqaida. Sobre Irán tampoco hay mucho por lo que preocuparse. No los necesitamos, pues no son precisamente aliados, sino todo lo contrario.

        • Sabes que Estados Unidos no es el único país del mundo donde existen armas nucleares, ¿verdad? ¿Y sabes que el diccionario incluye términos como “extralimitarse”, “represalia” e “invierno nuclear”, por no hablar de “humanidad”, “daño colateral” y “sensatez”?

          Pues hala machote, ponlas una detrás de otra y vete a dormir. Algunos tenemos hijos y nos gustaría verlos crecer en un mundo mejor.

          O llegar a verlos crecer, al menos.

          • 1. También USA no es el único país en el que existen armas de guerra convenionales y no por eso se dejan de emplear. No emplear armas nucleares por el simple hecho de tener miedo que las empleen otros (que sí ya están dispuestos a emplearlas) sólo supone darle alas al enemigo.
            2. También en el diccionario existen términos como defensa, justicia, ataque, o estrategia.
            3. Un ataque con armas de neutrones no genera inviernos nucleares. Ni siquiera un ataque limitado con armas nuclares. Si tras el 11S se hubiese realizado una serie de ataques empleando bombas de neutrones contra las zonas más pobladas de Afghanistan y se hubiese informado convenientemente sobre la estrategia de eliminar todo rastro de vida de Afghanistan, los apoyos habrían sido claramente mayoritarios. Terreno que incluso los USA, China y hasta Rusia se podían haber repartido a su conveniencia.
            4. Es su problema si usted tiene hijos. No me haga cargar con ellos. No son míos. Pero si quiere que crezcan en un mundo mejor, que sean un mundo donde los terroristas musulmanes estén criando malvas en vez de campar a sus anchas. Esos terroristas musulmanes estás ahora preparando ataques terroristas contra todos los occidentales, incluyendo sus hijos.

              • Pues precisamente el comentario número 4 es el más brillante de todos, en mi opinión. Es cierto que los islamistas están diseñando y preparando atentados contra occidente, tanto personas como intereses occidentales. Yo me andaría con mucho cuidado dejando entrar a esa gente a Europa o a países no musulmanes.
                Otro tema es el de los hijos/as. Cada uno/a que cargue con su carga. Hoy en día hay suficientes métodos anticonceptivos.

        • Exacto. La reacción de Bush (o de EEUU) ante el 11-S fue bastante tímida. Si los islamistas hubiesen provocado el 11-S a otro país, por ejemplo a China, a Rusia, la reacción habría sido mucho más enérgica y desproporcionada. Lo que realmente demostró el 11-S es que EEUU ha sido muy blandito.

  5. Cómo los USA crearon al monstruo

    https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Cicl%C3%B3n

    “El 15 de enero de 1998, Le Nouvel Observateur le preguntó a Brzezinski si “no lamenta haber favorecido el integrismo islamista, haber dado armas, consejos a futuros terroristas”. Su respuesta: “¿Qué es más importante en la historia del mundo? ¿Los talibanes o la caída del imperio soviético? ¿Unos pocos islamistas exaltados o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?”.

    https://mondiplo.com/cuando-los-yihadistas-eran-nuestros-amigos

    Y por qué no, de Siria. Observen quiénes forman parte del Ejército Libre Sirio, la oposición apoyada por Occidente (los yanquis y nosotros, UE), Al Qaeda y Hamás. Hasta hace unos meses aparecían claramente los terceros países que apoyaban a cada bando. Ahora se señalan a Irán y a Rusia como apoyo de la República Árabe Siria, pero ya no aparecen (desinformación) EEUU y UE (RU, Francia, España…) como apoyos de la oposición, sólo Turquía e Israel.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_civil_siria

    En definitiva, que tenemos lo que nos hemos buscado. Y dársela de moralistas (el gran defecto occidental), “no sólo te invado, te robo, te torturo y te mato, es que además me debes dar las gracias porque es por tu bien” es la clave de la derrota.

    • No se trata de “sólo te invado, etc”. Se trata de que la religión musulmana es completamente incompatible con el mundo occidental, invadas países musulmanes o no. Agua y aceite. Hay una ecuación muy sencilla: si no nos libramos de ellos, lo harán ellos contra nosotros, porque no conciben otra cosa que su religión, basada en la opresión a la mujer, en la sumisión del poder político a la teología y el apartheid y exterminio (lento o rápido) del no-musulmán. Cualquier otra salida supondrá invasión lenta de islamistas, disminución de la seguridad personal y problemas sociales cada vez más serios. No se trata de exterminarlos, sino de poner fronteras durísimas contra ellos: físicas, políticas, comerciales y laborales. Que sea más fácil para un musulmán ir caminando a la Luna que a un país no musulmán. Se trata de cerrar todas las mezquitas, expulsar los musulmanes de países occidentales, y no tener interacción alguna con ellos: ni siquiera vuelos comerciales o comunicaciones online. Que ellos vivan su “vida” y nosotros la nuestra.

      • Completamente de acuerdo. Ignorar y aislar deliberadamente al “otro” en este caso es la mejor opción. Fronteras durísimas (ni transporte, ni vuelos, ni comunicación online) y cero relaciones comerciales… hasta su ideología religiosa cambie y se suavice drásticamente.

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