Ciencias

La banda que hablaba con los delfines

banda delfines lsd
El doctor Harry L. Williams deposita chorros LSD mediante una jeringa en la boca del doctor Carl Curt Pfeiffer. (DP) delfines

En la famosa persecución de Con la muerte en los talones, la de la avioneta fumigadora, Cary Grant tiene un brillo ácido en la mirada. La escena es en sí una especie de alucinación, un sueño que transcurre en silencio en el que una máquina amenazadora cae del cielo sin escapatoria posible. Por aquella época, el actor consumía una dosis diaria de LSD y se había convertido en el apóstol de la nueva droga en el mundillo de Hollywood. «Toda mi vida», comentaba Grant en aquel año 1959, «he estado vagando en la niebla. Eres un puñado de moléculas hasta que averiguas lo que eres realmente».

El sueño de la avioneta perseguidora pertenece a un tiempo en que la sociedad aceptaba con cierta normalidad las alucinaciones. Comenzaba la década de los sesenta y el mundo parecía tan ilusorio como una transparencia de Hitchcock. El Sputnik daba vueltas al planeta con su incansable pitido, la CIA buscaba una droga de la verdad en las selvas tropicales y las dos principales potencias decoraban los desiertos con hongos nucleares. En aquel ambiente se empezó a fraguar un sueño colectivo, el de cambiar la mente humana, que acabó convertido en un «mal viaje». 

Si tuviéramos que rodar la extraña película del LSD, arrancaría con un viaje en bicicleta. El 19 de abril de 1943, el doctor Albert Hofmann estaba retomando en su laboratorio de Suiza su investigación sobre una sustancia, la «dietilamida de ácido lisérgico», que bautizó como LSD-25 y de la que sospechaba que podía actuar como medicamento revitalizante. Después de ingerir una dosis de 0.25 miligramos, Hoffman notó que le costaba hablar de forma inteligible y le pidió a su ayudante que le acompañara a casa. «De camino», escribe Hofmann, «mi estado empezó a ser preocupante. Todo en mi campo de visión empezó a ondularse y estaba distorsionado como en un espejo curvado». Durante varias horas, Hofmann pensó que se había vuelto loco y permaneció encerrado en su habitación con sus propios demonios. Hasta que se despertó despejado y fresco. En los siguientes años siguió investigando las características del LSD desde los laboratorios Sandoz y el alucinógeno emprendió su propio camino por universidades y centros de investigación hasta convertirse en la droga fundacional de la contracultura y el movimiento hippie. 

La siguiente escena se desarrolla a principios de los años sesenta en la costa oeste de Estados Unidos. Allí, un joven fornido y amante del deporte se apunta a un programa de investigación de la Universidad de Stanford, patrocinado por el gobierno, donde ofrecen LSD y otros alucinógenos a voluntarios para estudiar sus efectos. Aquel joven, llamado Ken Kesey, usaría la experiencia para escribir su famoso libro Alguien voló sobre el nido del cuco y se convertiría en uno de los símbolos del movimiento lisérgico. En el año 2011, para su documental Magic Trip, el cineasta Alex Gibney recuperó las grabaciones originales de aquel primer «viaje» de Kesey en las que el escritor va describiendo sus sensaciones. «Esa luz en lo alto de la habitación», musita delante del micrófono, «es como un gran ojo. Y los nervios ópticos se están extendiendo por las paredes». Durante varios minutos describe «imágenes de un color salvaje», visiones de «testículos machacados» y la grabadora se convierte en un sapo agazapado listo para saltar. «Cuando salí de allí», contó Kesey, «fue como descubrir un agujero que llega al centro de la Tierra y está lleno de joyas. Y quieres que la gente baje y lo disfrute».

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2 comentarios

  1. A tope, siempre a tope.

  2. Imperialista

    Excelente artículo. Como no se mete en política ni en dimes y diretes nadie lo comenta. Enhorabuena señor Mtez.Ron

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