
Victoria está en su habitación del hotel en el que para cada vez que viene a Londres. Se calza las medias y los zapatos, ajusta el vestido, toma un abrigo porque nunca hace buen tiempo en la ciudad, se queda mirando su imagen en el espejo y se siente a gusto con lo que ve. Ya no es joven, pero está todo en su lugar.
Sale de esa quietud cuando le anuncian desde recepción que ha llegado el señor Huxley. Aldous Huxley está en el lobby del hotel esperando a su amiga argentina que, arriba, termina de ajustar con los ganchos el sombrero comprado en París —los únicos que le gusta comprar— y baja por las escaleras o tal vez el ascensor para encontrarse con él. Es una tarde agradable y van a ir a una exposición de fotos del increíblemente famoso y ecléctico Man Ray. Si tienen suerte, si Victoria Ocampo tiene suerte, en la exposición estará Virgina Woolf y Aldous las presentará.
Virginia Woolf publica novelas, ensayos, también artículos y reseñas para la prensa y gestiona con su esposo una imprenta editorial. Es una autora consagrada a nivel internacional y una figura pública en Inglaterra. Victoria Ocampo, mientras tanto, se ha hecho por sí misma un lugar en el campo intelectual argentino, un espacio de hombres. Ha escrito un par de libros que no fueron bienvenidos, escribe artículos para la prensa pero hace unos años parió el más ambicioso y radical proyecto literario de Sudamérica. Creó y dirige la revista Sur, un proyecto cultural que inserta las letras latinoamericanas en el mundo. En Sur escriben Huxley, Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Pedro Enriquez Ureña, Waldo Frank. También lo harán James Joyce, André Malraux, Albert Camus, Simone de Beauvoir, María Zambrano, Paul Valéry y Rafael Alberti. Sur, a través de su directora, habla de igual a igual con la literatura europea y norteamericana.
Hace tiempo que Victoria ansía conocer a Virginia. Quiere traducir sus libros al español y publicarlos en Argentina y busca, de ser posible, estar cerca de la mujer que encarna en la intelectualidad europea lo que ella proyecta para sí.
Es el año 1934 y Man Ray ha estado fotografiando a todos: a Duchamp y a Picasso, a Joyce, a Erik Satie, a Dalí, a Stravinsky y a Le Corbusier. También a Aldous Huxley y a Virginia Woolf.
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Me pareció muy interesante !
Estos artículos, como «las tardecitas de Buenos Aires» te enfrentan con la finitud de una excelente lectura. Muy bueno, señor.
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