Arte y Letras Historia

Droysen, Verne, Luciano y la oralidad lunar (1)

Droysen, Verne, Luciano y la oralidad lunar 2

Por siete días y otras tantas noches viajamos por el aire, y al octavo divisamos un gran país en el aire, como una isla, luminoso, redondo y resplandeciente de luz en abundancia. Nos dirigimos a él y, tras anclar, desembarcamos, y observando descubrimos que la región se hallaba habitada y cultivada (…). Vimos también otro país abajo, con ciudades, ríos, mares, bosques y montañas, y dedujimos que era la Tierra.

Decidimos seguir avanzando, pero fuimos detenidos (…) y nos condujeron ante el rey. Este, después de observarnos y deducirlo de nuestros vestidos, dijo: «Vosotros sois griegos, ¿verdad, extranjeros?». Al confirmárselo nosotros, preguntó: «¿Y cómo habéis llegado hasta aquí, tras atravesar un gran trecho por el aire?». Nosotros le explicamos todo. Entonces comenzó él a contarnos su propia historia: era también un ser humano, llamado Endimión, que había sido raptado de nuestro país mientras dormía y, una vez allí, llegó a ser rey del territorio. Decía que aquel país era la Luna que vemos desde abajo (…).

«Si triunfo —añadió— en la guerra que ahora mantengo contra los habitantes del Sol, viviréis muy felices a mi lado». Nosotros le preguntamos quiénes eran los enemigos y la causa del conflicto. «Faetonte —contestó—, el rey de los habitantes del Sol (pues aquél también está habitado, como la Luna), desde mucho tiempo atrás nos hace la guerra. Comenzó por el siguiente motivo. En cierta ocasión reuní a los más pobres de mi reino, con el proyecto de establecer una colonia en la Estrella de la mañana, que se hallaba desierta e inhabitada. Celoso Faetonte impidió la colonización, saliendo al paso (…). Entonces fuimos vencidos, pues no estábamos a su altura en preparación, y nos retiramos; pero ahora deseo reanudar la guerra y fundar la colonia (…)».

(Luciano de Samosata, Historia verdadera, 150 d. C.)

I. Historiología

En el verano de 1878 la Estatua de la Libertad se expuso despiezada por el Campo de Marte parisién para celebrar la Exposición Universal de aquel año en la capital francesa. La cabeza de la escultura, la misma que hoy vigila el Atlántico en Nueva York, se ubicó junto al desaparecido palacio del Trocadero erguida sobre una base que permitía al visitante entrar en ella y asomarse por la corona. La antorcha, unos metros más allá, también era practicable y ofrecía al curioso la posibilidad de otear el XVI distrito de la ciudad y la ribera del Sena desde una altura de veinte metros, que en este París previo a la torre Eiffel no era algo espectacular, pero era algo. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*