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Cerebros malcriados: cómo caemos en la infelicidad por intentar no caer en la infelicidad

cerebros infelicidad Donna Cymek
Foto: Donna Cymek.

Toda generación está marcada por la búsqueda de una vida mejor, de un trabajo más lucrativo, de un estándar de vida más alto, pero siempre con particularidades. Si ahora mismo están envejeciendo los que tuvieron el éxito como objetivo, en las nuevas generaciones la obsesión es encontrar la felicidad. Antes importaban los ascensos, el sueldo, una casa más grande, luego el reconocimiento, pero ahora parece que, en líneas generales, solo basta con estar feliz. 

No hay más que comprobar la saturación de libros de autoayuda que hay en los estantes de las librerías. Volúmenes repetitivos que hablan de tener la felicidad al alcance, recomiendan maneras para ser más feliz o elecciones que pueden hacerte más feliz. No se trata solo de libros. El gimnasio también tiene la fórmula para que seas más feliz, o un taller, o un curso… hasta los bancos venden felicidad en lugar de dinero. Cada vez son más abundantes las empresas que ofrecen entornos de trabajo con futbolines y mesas de ping-pong, encuentros de happy friday y todo tipo de prestaciones para que el trabajo nos haga más feliz que sus condiciones. 

Todos estos detalles demuestran que la búsqueda de la felicidad personal se ha convertido en una obligación, atrás quedó tener una buena vida. Incluso los actos de bondad hacia los demás hoy también se venden como estrategias para alcanzar la felicidad personal. Como una sociedad capitalista bien entrenada, se le ha puesto precio al altruismo. 

Como explica Anna Lemke, autora de Dopamine Nation (Dutton, 2021), además de huir del dolor, ahora mismo hemos llegado a un punto de no tolerar ni formas menores de incomodidad. El anhelo de felicidad ha llegado a un punto que estamos buscando constantemente distraernos del presente, eludirlo con un entretenimiento continuo: «Todos huimos del dolor, algunos tomamos pastillas, otros navegamos por internet en el sofá mientras vemos Netflix, sin embargo, todo este intento de aislarlos del dolor parece haber empeorado nuestro dolor». Buscar la felicidad nos hace infelices. 

En su ensayo, la autora analiza la necesidad contemporánea de placer continuo desde un punto de vista científico y encuentra que, si hay algo que para ella simboliza toda esta tendencia, ese es el smartphone: la aguja hipodérmica moderna que administra dopamina digital. Una herramienta que se ha integrado en nuestras vidas tan estrechamente que a mucha gente hasta le produce ansiedad separase unos metros del teléfono. 

La dopamina es un neurotransmisor que tiene un papel fundamental en la motivación, pero, como explica la autora, está más relacionado con «querer» que con «gustar». Estudiada en ratas, se encontró que el chocolate aumentaba un 55 % la dopamina en el cerebro, el sexo un 100 %, la nicotina 150 % y la cocaína, un 225 %. En estas circunstancias, el reto que se le plantea a la población actualmente es cómo vivir en una sociedad en la que la tecnología te proporciona nada menos que todo. Es fácil inundar el cerebro de dopamina, pero en cuanto esta se esfuma, lo que ocurre es que nos sentimos infelices. 

Según cita en su libro, el Informe Mundial de la Felicidad, que clasifica a 156 países según lo felices que son sus ciudadanos, las personas que viven en Estados Unidos contestaron a las encuestas de forma que quedó de manifiesto que eran menos felices en 2018 que en 2008. Otros países con una riqueza similar y mayor esperanza de vida, como Bélgica, Canadá, Dinamarca o Francia, también experimentaron un descenso similar. En otro estudio en el que se entrevistó a casi 150 000 personas de 26 países para monitorizar la prevalencia del trastorno de ansiedad generalizada, se descubrió que en los países ricos había más que en los pobres. En todo el mundo, el número de nuevos casos de depresión aumentó un 50 % entre 1990 y 2017. 

La pregunta que cabe hacerse es por qué en una época de riqueza, libertad, progreso tecnológico y avances médicos sin precedentes, parecemos más infelices y sentimos más dolor que nunca. La conclusión de este ensayo es que la razón por la que somos tan miserables no es otra que porque intentamos con todas nuestras fuerzas no ser miserables. Solo sabemos querer, porque solo queremos más. La autora, Anna Lemke, es una psiquiatra estadounidense que imparte clases en la Universidad de Stanford, su tesis es que el dolor y el placer están estrechamente relacionados y en la sociedad actual se están confundiendo con demasiada frecuencia, pero no es difícil que suceda porque ambos se procesan en regiones cerebrales superpuestas.

Para explicarlo, recurre a casos extremos pero muy elocuentes. Cuenta la historia de un paciente suyo que estaba enganchado a la compra de productos on line. Decidir qué comprar, esperar la entrega y desenvolver el paquete constituía para él un proceso por el que alcanzaba verdadera euforia, pero no duraba mucho más allá del tiempo que tardaba en arrancar la etiqueta de Amazon y ver qué había dentro. Tenía habitaciones llenas de objetos inútiles y una deuda de miles de dólares. Como no podía mantener el ritmo de gasto, empezó a pedir productos cada vez más baratos, como llaveros y tazas. Al final, siguió pidiendo, pero en cuanto le llegaban los paquetes, los abría y los devolvía inmediatamente después. 

Más extremo era el caso de un tal Jacob. Había aprendido de joven a fabricarse máquinas para masturbarse. La primera, conectando a un tocadiscos una barra de metal envuelta en un suave pañuelo. Así lograba masturbarse en las tres velocidades que tenía el reproductor. Se obsesionó con este tipo de máquinas y en internet llegó a convertirse en una estrella de los foros dedicados a esta afición, donde publicaba sus manuales. Sin embargo, no quería hacer lo que más le gustaba hacer. Desesperado, tiraba las máquinas a la basura, pero a las pocas horas las rescataba del contenedor y las volvía a montar. Un círculo vicioso incompatible con la gente que vivía con él: su familia, cristiana creyente y practicante. 

Posiblemente, estas actuaciones sean excesivamente patológicas o excepcionales, pero otro caso arrojaba claves más aplicables al común de la población. Kevin, un chico de diecinueve años que acudió a su consulta obligado por sus padres. No quería ir al colegio, no quería hacer ningún tipo de trabajo y en casa se dedicaba a no hacer nada. La familia era aparentemente normal, no tenía ningún problema grave, pero sus padres estaban excesivamente preocupados con no «estresarle» ni «traumatizarle» pidiéndole que hiciera cosas que no quería hacer. 

Con menor intensidad, este fenómeno está bastante extendido, explica la autora: «Percibir a los niños como psicológicamente frágiles es un concepto esencialmente moderno. En la antigüedad, los niños eran considerados adultos en miniatura completamente formados desde que habían nacido. Para la mayor parte de la civilización occidental, los críos eran considerados malvados por naturaleza. El trabajo de los padres y cuidadores era imponer una disciplina extrema para socializarlos para vivir en el mundo. Era completamente aceptable usar castigos corporales y atemorizarlos para hacer que se comportaran. Ahora no es así (…) Hoy, a muchos padres que veo les aterroriza hacer o decir algo que le pueda dejar a su hijo una cicatriz emocional o les cause, según creen, un sufrimiento emocional que pueda derivar en una enfermedad mental en el futuro». 

A su juicio, esta es una creencia freudiana, pensar que el trauma en la primera infancia pueda influir en la psicopatología adulta. Es la convicción de que cualquier experiencia que constituya un desafío será carne de diván y psicoterapia. Hay infinidad de detalles que lo prueban en Estados Unidos, como cuando en la escuela se da el premio al mejor alumno de la semana, pero se hace por orden alfabético y no por ningún logro en particular. Una sobreprotección que se prolonga hasta la universidad, donde abundan los denominados espacios seguros, incluso se exige con antelación saber de qué se va a hablar en una conferencia por si algún matiz del tema pudiera herir la sensibilidad del alumno. 

No hay que engañarse, la autora obviamente está de acuerdo con que hay que impedir toda brutalidad física y emocional en los patios de colegio, pero a lo que se refiere es a que los espacios seguros deberían ser en realidad lugares donde se pueda pensar libremente, aprender y discutir. Las burbujas en las que sea imposible recibir cualquier tipo de molestia promueven una infancia sobrehigienizada y sobrepatologizada. 

Crecer en entornos así, que impidan el dolor por completo, lo único que consiguen es no preparar a los niños para el mundo que les espera. Se pregunta si no se es consciente de que al proteger a un hijo de cualquier adversidad, lo que se logra es que adquiera miedos invencibles. Reforzar una autoestima con falsos elogios y hacer que se desenvuelvan por la vida sin asumir las consecuencias de sus actos en el mundo real, sirve para que exijan ser siempre privilegiados e ignorantes de los defectos de su carácter, sentencia. Ceder a todos sus deseos ha llevado el hedonismo a una nueva era, la necesidad incesante de placer cuando se es adulto. 

En realidad, el placer es vital. Es imprescindible en el ser humano para reproducirse o alimentarse. A la vez, sin dolor, no nos protegeríamos de posibles lesiones o de la propia muerte. El problema es que al elevar nuestro ajuste neuronal con la reiteración de placeres, nos convertimos en personas que nunca pueden estar satisfechas con lo que tienen, siempre buscan más. Hacen falta más recompensas que antes para sentir placer y bastan heridas muy leves para experimentar dolor insoportable. 

A escala global, hasta la medicina habla de eliminar el dolor. Un cambio de paradigma que se ha traducido en la prescripción masiva de analgésicos, con el episodio abominable de la epidemia de opiáceos desencadenada por empresas farmacéuticas en Estados Unidos. En 2012, se recetaron tantos como para que cada estadounidense tuviera un frasco de pastillas en el cajón. Las sobredosis de opioides llegaron a matar más que las armas o los accidentes automovilísticos. Sin embargo, el problema contemporáneo no se trata desgraciadamente de algo tan tosco como prescribir opiáceos contra el dolor de muelas. Uno de cada diez estadounidenses toma medicación psiquiátrica diaria. Eso es más grave, aunque sea menos visible. El consumo de Paxil, Prozac o Celexa está aumentando en todos los países del mundo. Detrás de EE.UU., siguen Islandia, Australia, Canadá, Dinamarca, Suecia y Portugal. En Alemania hubo un ascenso del 46 % en cuatro años y en España, del 20 % durante el mismo periodo. Incluso en China, donde no hay datos de prescripción disponibles, se estima que las tendencias van también en aumento por el crecimiento de la facturación. 

Cuando es la propia rutina o el día a día lo que nos conduce a la ansiedad, la solución que ofrece la sociedad actual es medicarnos. Por el contrario, Lemke propone una alternativa estudiada científicamente: ayunos de dopamina. Para restablecer un balance adecuado de dolor-placer haría falta uno de un mes. Esta psiquiatra, por la experiencia con sus pacientes, durante los periodos de abstinencia recomienda practicar mindfulness, dedicar atención plena y exclusiva a una sola cosa: «Muchos de nosotros usamos sustancias y tenemos comportamientos que implican altos contenidos de dopamina con el fin de distraernos de nuestros propios pensamientos. Cuando dejamos de usar dopamina para escapar, esos pensamientos, emociones y sensaciones dolorosas se derrumban sobre nosotros. El truco es dejar de huir de las emociones dolorosas y permitirnos tolerarlas». Consejos que antes eran típicos para drogodependientes, ahora son válidos para el grueso de la población. 

Hay que partir de la base de que el uso compulsivo que hacemos de esas fuentes de dopamina se han acabado convirtiendo en la principal razón de ser de nuestras vidas. El propio acto de consumir se ha convertido en una droga. Si los padres no enseñan a sus hijos a no convertirse en adictos a la dopamina les están privando de herramientas para que puedan lidiar con estas situaciones en el futuro. En lugar de protegidos, lo que estarán es indefensos ante cualquier conflicto o situación dolorosa. Si no se aprende a colocar las barreras cuando sea necesario, imponérselas a uno mismo para separarnos de eso que consumimos compulsivamente, se repetirá el círculo vicioso. Debemos crear nuestras propias leyes y depender de ellas más que de las externas.

De hecho, si de lo que se trata es de la búsqueda del placer, no hay mejor camino que el dolor. Biológicamente hablando, el placer es una respuesta natural fisiológica al dolor. Con una exposición intermitente al dolor, es más fácil sentir placer e incluso llegar a ser menos vulnerable al dolor. Se trata de la adaptación hedónica, un reflejo de los seres humanos que les lleva a regresar a un estado medio de felicidad sean cuales sean las adversidades que afronten. Tanto si se recibe una alegría como si se sufre un contratiempo, hay una respuesta adaptativa por la que, al cabo de un tiempo, se vuelve a encontrar un estado anímico medio. Gracias a ella se siguen teniendo alicientes y se pueden superar las desgracias. Todo varía según la persona y las circunstancias, pero es así como funciona, concluye. Por eso, no es ninguna novedad que todo placer se convierte en esclavitud si se vuelve rutinario. 

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19 Comentarios

  1. Fernando

    Hola, solo comentar que las empresas no ponen futbolines y pingpongs para que los empleados sean más felices, a la empresa le da igual la felicidad del empleado, pero si ese futbolín hace que vaya más contento al trabajo y tenga mejor relación con sus compañeros, será más productivo, y ese es el único fin, la productividad, que busca la empresa. La felicidad ahí no tiene nada que ver. Un saludo.

    • Sí, hombre… La felicidad tiene mucho que ver ya que es el paso previo y parece que imprescindible para la posterior productividad.

    • Hace años trabajé en una empresa con mesa de pingpong. Creo recordar haber dado dos o tres golpetazos a la pelota con algún compañero y poco más; nadie la utilizaba en realidad. La mesa estaba allí para hacerte sentir parte de un nuevo mundo prometedor y, sobre todo, impresionar a las visitas.

  2. El articulista no está al día de la reforma educativa realizada recientemente por el PSOE-Podemos, centrada únicamente en lo psico-social, en no crear traumas o daños sentimentales a los alumnos (que saldrán del instituto atrofiados, sin entender la Realidad).
    Ya no se estudiará filosofía (pensamiento crítico), las matemáticas serán «psico-afectivas», habrá ideología de género en TODAS las asignaturas (incluidas literatura o Geografía) y ya no importarán los suspensos a la hora de pasar curso…
    Todo esto entre otras lindezas.
    Súmenle los 21.417 MILLONES de euros para «políticas de igualdad» (aka Chiringuitos Hembristas) y la cantidad de pedagogos, psicólogas y trabajadoras sociales dispuestas a «psico-afectar» a los niños-adolescentes.
    Tenemos lo que nos merecemos. Disfruten lo votado.

    • Vaya mama-chorrada «no hembrista» (aka «machista») te has marcado. Andand-y que te den muchas morcillas

    • ¿Y este troll que ha aparecido en JD?
      Jaja, esta no la vi venir, menuda cantidad de tontás y falsedades

    • Luis Pires

      Que digo yo, que en qué momento Andy, que ha dado su opinión de una forma totalmente respetuosa, os ha faltado el respeto. Lo digo porque le habéis puesto de machista y de troll. Y creo que, independientemente de la orientación política de cada uno, no podemos negar lo obvio. Y siendo de izquierdas como soy, creo que los planes educativos son un desastre desde la Logse y hasta hoy. Soy maestro, y supongo que tengo algún criterio en este tema. Y las leyes educativas en España sobreprotegen a los alumnos y han bajado el nivel hasta límites insospechados. Y que las ideologías han entrado en las aulas es también un hecho.
      Y fijaos: he escrito mi opinión, que es distinta a la vuestra, y no os he faltado el respeto. Seguro que podemos comunicarnos sin problema. Saludos!

      • Usted no ha sido faltón, el comentarista Andy sí lo ha sido.
        Esa frasecita «disfruten lo votado» sólo la oigo decir a reaccionarios recalcitrantes, usted, en cambio, no lo parece.
        Entrando en la miga del asunto, algunas de las cosas son ciertas y otras no, o al menos no son novedades.
        Lo de que no se estudiará Filosofía es falso de toda falsedad.
        Ahora mismo hay Filosofía como optativa en 4 de eso. Es decir, hay muchos alumnos, la mayoría, que no la ven.
        Hay Filosofía común (3 horas) en 1 de bachillerato. Todos la ven.
        Hay Historia de la Filosofía en 2 de bachillerato (2 horas) en la mitad de las CCAA, porque existe como optativa autonómica.
        ¿Cómo queda a partir de ahora?
        No va a estar Filosofía de 4 de eso (aquí está el detalle, prometieron en sede parlamentaria que la mantendrían y no lo han cumplido), pero ya hay varias CCAA que avisan que la van a mantener.
        Filosofía de 1 de bachillerato sigue tal cual.
        E HIstoria de la Filosofía (con 3 horas) vuelve a ser común en 2 de bachillerato en todo el país.
        Para bien o para mal (dudo de que sirva de mucho) nuestros jóvenes van a seguir con la Filosofía en la educación secundaria postobligatoria, el Bachillerato. Donde se cae es en la educación secundaria obligatoria, la ESO. Pero no era una asignatura que vieran todos los alumnos, ni mucho menos.

      • Es que el compañero Andy, a parte de mezclar churras con merinas (¿qué tendrá que ver la sobre protección del alumno con las políticas de igualdad?) no ha sido respetuoso. Llamar chiringuitos hembristas a las políticas de igualdad es lo contrario a ser respetuoso.

        • Vaya, pido disculpas a los ofendiditos (@Máximo, @Klamm).
          Por desgracia, a día de hoy hay que meter un poco de chicha en los comentarios («chicha dialéctica», pensamiento crítico contra el poder o pensamiento hegemónico; cosa que en Jotdown se ve muy poco…).
          En cuanto a la ideología y la educación, estoy totalmente de acuerdo con @Luis Pires, desde la Logse del PSOE todo ha ido en picado.
          En cuanto a los «argumentos» de @Máximo, solo refuerzan que la filosofía se estudiará menos que antes (a @Máximo no parece disgustarle, será que es de ciencias o del PSOE…).
          El resto de argumentos ni entra a debatirlos, me imagino que por no querer/poder hacerlo.
          Nunca ha habido una educación tan ideologizada en la historia democrática de España, eso es innegable; tampoco se ha instruido en «MATEMÁTICAS SOCIO-AFECTIVAS» (las matemáticas puras aplicadas son «fachas»…) o en «violencia de Género/Machista» (la Violencia NO tiene género); tampoco parece importar la Historia de España, que empezará a impartirse a partir de 1.812 (negando todo suceso histórico anterior); ya no se estudiarán los números romanos y sí el «número de géneros y orientaciones sexuales», que siguen en aumento.
          También se adoctrinará en «Memoria Democrática», el siguiente nivel de la «Memoria Histórica» (que ya era un oxímoron en sí misma).
          Lo importante dejará de ser el conocimiento de alumno, será su identidad psico-afectiva o sus sentimientos, esto será lo que importe a la hora de pasar de curso: se podrá pasar de curso con suspensos.
          A la larga será una lacra para unas cuantas generaciones de alumnos con conocimientos deficientes de matemáticas, geografía, historia o literatura y expertos en ideología de género, masculinidades deconstruidas y «memoria democrática».
          Hay muchísimos artículos y vídeos críticos entorno a este tema que no están siendo escuchados. Imaginen que pasaría si «la derecha» en España ideologizara la educación pública a estos niveles…
          Luego la izquierda se queja del polémico «Pin parental»…
          En definitiva, la educación es un desastre en España a todos los niveles (a nivel Universitario la Corrupción supera, incluso, a la mediocridad intelectual); solo los palmeros de la izquierda pueden defender un despropósito tan descarado e ideologizado; ellos sabrán…
          @Máximo, otro día nos explica que bien irían los 21.319 MILLONES DE EUROS invertidos en una buena educación pública…
          Un saludo.

          • Por alusiones, a mí no me ha ofendido tu comentario, solo me ha hecho reír. Porque tu «pensamiento crítico contra el poder establecido» se reduce en atacar a la izquierda y sus políticas (y de paso a las políticas de igualdad). Yo no voy a defender las leyes educativas del PSOE, no me cabe duda de que han sido mediocres. Pasa que por el camino también han habido reformas del PP igualmente desastrosas, como la ley Wert. Y la comunidad de Madrid, gobernada por el PP desde hace no sé cuánto, es la que más segrega al alumnado.

            Y lo de que jamás en democracia ha habido una educación tan ideologizada es un comentario, como poco, bastante sesgado. Murcia con su pin parental o la iniciativa de recuperar la bandera, el himno y la foto del rey es cero ideología, claro… Como la asignatura de religión, tan de izquierdas, cero ideología. No hay nada malo en que el 60% de los colegios concertados en España sean religiosos tampoco, en un país presuntamente laico, cero ideología ahí.

            Y, repito, no voy a defender las políticas educativas del PSOE. Ni maldita gracia con lo que están haciendo a la asignatura de filosofía. Pero, en serio, el problema está muy lejos de tener algo que ver con las políticas igualitarias.

            Y PD: Sí que existe la violencia de género, es la que han sufrido específicamente 1 de cada 3 mujeres a nivel global, de la mano, en su mayoría de veces, de sus parejas o ex parejas.

          • De ofendidito, nada, puestos así podría haber gente faltoncita, ¿vale?
            La filosofía se va a estudiar más que antes. Parece que no lee en condiciones. Se gana mucho más recuperando 3 horas en 2 bachillerato en toda España que la pérdida por la opcional de 2 horas en 4 de eso. Está clarinete.
            Lo de que si soy de ciencias o del psoe… Por favor, da grima el autorretrato que usted se hace con esos comentarios. No soy del psoe ni de cerca y soy de ciencias y de letras.
            Yo no voy a defender la política de los gobiernos democráticos del psoe y el pp respecto a la educación pública, pero señor Andy eso no implica colocarme en discursetes rancios y voxeros, mitad ignorantes, mitad manipulados.

      • Fesoriazos

        El nivel es cero. Sólo interesan las estadísticas , que según sean se cuentan de una manera o de otra.
        No importa quien gobierne en diez años como mucho estamos hundidos.

    • Un comentario totalmente machista y fuera de lugar si te llamas Andy que lo dudo porque además suenas a cobarde y nada empatico con una sociedad cambiante y multicultural seguramente te hace falta leer un poco más o éso o tienes una mentalidad rancia y vieja en la vida debemos actualizarnos en todos los ámbitos para así poder entender el significado de «igualdad» lo único que nos llevará a vivir en paz con [email protected] demás lejos de prejuicios dañinos que a lo único que nos lleva es al odio y la división,la no aceptación del diferente típico de mentes cerradas y reaccionarias como la tuya!

  3. Interesante reseña. No conocía nada de la citada Anna Lemke. Se agradece mucho este magnífico artículo, que sintetiza de manera amena una obra de un especialista, en lugar de presentar su parecer y tratarlo de pasar por una verdad universal.
    Supongo que estoy un poco harto de la mentalidad «reddit» en que se han convertido las firmas de Jotdown: un montón de prima donnas histéricas tratando de mostrar lo mucho que saben y de hacer pasar su gusto por opiniones infalibles para la supervivencia cultural de Occidente.
    Muchas gracias por tu aportación, Jelena.

  4. Magnífico artículo. Por desgracia, la sobreprotección injustificada está cada vez más presente. Entre otras derivadas, añadir por ejemplo el incremento de personas alérgicas, pues no han podido desarrollar defensas adecuadas precisamente por no haberse enfrentado a lo que era antes tan habitual en la infancia

  5. Guacamole

    Me parece siempre increiblemente interesante que en estos artículos no se cuestione ni una sola vez el sistema económico y político que provoca todo este fenómeno. A parte de mencionar la artificialidad de la mejora en el ambiente laboral (que no es la realidad para la enorme mayoría de la población mundial y solo se reduce a unas cuantas start-ups cosmopolitas), la solución parece reducirse al mindfullness, a desintoxicarse un mes del exceso de dopamina, pero no se le ocurra opinar que igual, peut-etre, la solución está en ir cambiando el sistema que administra nuestras vidas (las naciones), dedicado a acumular riqueza en este sistema global y capitalista antes de que nos vayamos todos al carajo por el cambio climático. Un poco más de valor, muchachxs.

  6. Sergio Pereletegui

    Enhorabuena por el artículo. Me ha encantado, pero quizás le ha faltado hablar algo más acerca de las relaciones humanas y como influyen en la felicidad de las personas. Y es que la forma en cómo nos relacionamos con los demás es dónde radica, desde mi punto de vista, una de las claves para ser felíz. Somos seres sociales por naturaleza. Pero esa forma de relacionarnos y estar en el mundo viene muchas veces impregnada por el egoísmo. En multitud de ocasiones, pensamos que para ser felices tenemos el derecho de exigir renuncias a los demás, por eso es importante analizar bien la forma en que nos relacionamos para ir separando lo que son sentimientos expresados en forma de amor o amistad verdadera, de lo que son manifestaciones puramente egoístas.

  7. Scatergories

    Chute de dopamina leyendo el articulo. Gracias

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