Ya nadie tira de gancho (Roland Barthes, la NBA y Luka Doncic)

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Kareem Abdul Jabbar ejecutando su skyhook. Imagen: NBA.

Pocas acciones de baloncesto reúnen tanta belleza y complejidad como un tiro de gancho bien ejecutado, en el que el jugador acomoda el cuerpo sobre una pierna mientras se gira buscando la canasta, sopesa el arco que tomará el balón, protege la jugada con el otro brazo, y efectúa el lanzamiento mediante un sutil golpe de muñeca, un tiro a una sola mano que deja al contrario sin defensa posible y que se cuela triunfante en la cesta. 

Pero ya nadie tira de gancho. Es un hecho. Una estadística si son de los que necesitan números para disfrutar este deporte. O una nostalgia si son de los que han vivido los años 80. Se argumentará que el baloncesto ha cambiado mucho desde entonces, que se ha alejado de la pintura para favorecer el juego exterior y el tiro de tres, y que los grandes pívots ya no trabajan tanto los viejos movimientos de poste bajo. Y todo eso es cierto, pero cualquiera que haya jugado al baloncesto también sabe que es mucho más difícil encestar un tiro de gancho a una pierna que presente cierta elegancia —o incluso sin ella— que cualquiera de los muchos mates y triples que vemos a diario en cada partido. Y lo peor de todo es que si algún jugador, en un arranque de nostalgia, lanzara uno de esos hermosos ganchos, pocos espectadores se levantarían de su asiento para aplaudir esa jugada del mismo modo que aplauden otras mucho más sencillas.

¿Y para qué habríamos de querer ganchos cuando tenemos un sinfín de triples, mates y alley oops que, sin apenas oposición, se suceden en cualquier partido de la temporada regular? ¿Para qué querríamos sumar de dos en dos cuando podemos hacerlo de tres en tres? Un tiro de gancho no sería hoy una jugada que entraría en los highlights de la jornada. Un simple vistazo a las consideradas mejores jugadas del día o de la semana —los famosos Top 10— y nos damos cuenta de cómo se maleduca y se pervierte el baloncesto señalando aquello que apenas tiene valor y que solo sirve para engordar la posterización de la NBA. A esto ha quedado reducida la temporada regular de la mejor liga del mundo: seis meses de un espectáculo que se asemeja cada vez más al catch, como después veremos.

Y sin embargo, hubo un tiempo en el que el tiro de gancho decidía partidos e incluso campeonatos. El gancho era entonces una jugada noble, elegante, bien apreciada por el público.

***

La historia del gancho conecta Lituania con California, dos lugares antitéticos, opuestos en casi todo menos en ofrecernos algunos de los mejores equipos de baloncesto de la historia. Dicen que el gancho lo inventó el lituano Pranas Talzünas durante el Eurobasket de 1937. Y dicen que fue Goose Tatum —pionero de los Harlem Globetrotters y hall of famer— el primero en usarlo en Estados Unidos durante sus circenses actuaciones a principios de los años 40. Lo cierto es que el gancho en el baloncesto profesional americano nació en los brazos de aquel gigante miope llamado George Mikan —2.08, cinco anillos, club de los 50— que jugó en los Lakers a finales de los 40 cuando la franquicia aún estaba en Minneapolis. George Mikan era hijo de una emigrante lituana afincada en Illinois, y su figura imponente fue tan dominante que se convirtió en la primera superestrella de la NBA, y el primer jugador en entrar en el Hall of Fame. Su famoso tiro de gancho está esculpido en bronce en la entrada del Target Center de Minneapolis.

Durante los años 50 quien más lo utilizó fue Cliff Hagan —alero de los Hawks y hall of famer—, y lo popularizó de tal forma que llegó a rodar un anuncio de televisión en el que lanzaba su famoso gancho. Otras leyendas de los 50 y los 60 como Bob Pettit, Jerry Lucas, Ed Macauley o Clyde Lovelette siguieron la escuela que había creado Mikan y Hagan e hicieron del gancho uno de sus movimientos principales. Pero fue en las calles de Los Ángeles donde el gancho se reinventó. Billy McGill era un muchacho de quince años que se pasaba los días jugando al rey de la pista en las canchas de Denker. Todo el mundo lo conocía y no había nadie en Los Ángeles capaz de echarle de esas pistas. Hasta que una mañana de 1955 se presentaron en el parque tres jóvenes de la liga universitaria que años más tarde sumarían trece anillos de la NBA: Wilt Chamberlain, Bill Russell y Guy Rodgers. Cuando entraron en las canchas de Denker el tiempo pareció detenerse.

—¿Hay siguientes? —dijo Bill Russell con una sonrisa irónica.

—Juguemos un tres para tres a cincuenta puntos —propuso Wilt Chamberlain cogiendo una pelota.

—De acuerdo. Ese chico jugará en mi equipo —dijo Bill Russell señalando a un sorprendido McGill.

Con sus 2.16 de altura —y 2.34 de envergadura— Wilt Chamberlain resultaba imposible de franquear. Harto de recibir tapones, y para poder superar a ese Apolo olímpico, McGill decidió avanzar en perpendicular hacia la canasta, hizo una parada en un tiempo, saltó con las dos piernas y lanzó un tiro de gancho desde el poste bajo que sobrepasó el muro de Chamberlain para anotar dos puntos. Bill Russell no podía creerlo y se burló de su compañero, Chamberlain miró para otro lado y el jump hook, o gancho a dos piernas —más equilibrado y sencillo de ejecutar—, acababa de inventarse en una de las pachangas de barrio más memorables de siempre.

Doce años más tarde, en 1967, ocurrió algo que cambiaría para siempre la historia del gancho y de paso la de toda la NBA. El organismo que regula la liga universitaria —la NCAA— prohibió anotar machacando la canasta. No se dijo abiertamente, pero la razón era que un chico de diecinueve años estaba destrozando todos los registros. Ese chico se llamaba Lew Alcindor, y con sus doscientos dieciocho centímetros intimidaba el aro y la competición. Lew Alcindor había aprendido a tirar de gancho en el instituto porque, según confesó, ese era el único tiro con el que podía evitar que le partieran la cara cada vez que entraba a canasta. Cansado de bracear y recibir golpes, el tímido Lew prefería tirar de gancho para mantener a los defensas a cierta distancia. Así que cuando prohibieron los mates, Lew Alcindor volvió a utilizar su viejo gancho y lo perfeccionó durante años de tal forma que se convirtió en el tiro más hermoso, efectivo e imparable de todos los tiempos. Para entonces ya jugaba en la NBA, se había convertido al islam y se hacía llamar Kareem Abdul Jabbar. En 1974 Eddie Doucette, comentarista radiofónico de los Milwaukee Bucks, observó que aquel gancho parecía venir del cielo —como si cayera desde el Olimpo— y el skyhook nacía para la historia.

Pero la gloria de nuestro lanzamiento llegó en los años 80, década en la que el tiro de gancho —y el baloncesto mismo— alcanzaría su cima. Durante estos años, los Lakers ganaron cinco anillos y el skyhook se convirtió no solo en el tiro más elegante y reconocible de este deporte, sino en el más difícil de ejecutar y casi imposible de bloquear. Taponar un skyhook de Jabbar era tan complicado que las pocas veces que sucedió —solo Wilt Chamberlain, Hakeem Olajuwon, Ralph Sampson y Robert Parish lo lograron— fue tan hermoso como el propio lanzamiento. En una entrevista, Abdul Jabbar dijo sobre su skyhook: «No era un tiro de machos. Sabía que pronto pasaría de moda». 

En esta época dorada del gancho muchos de los grandes jugadores lo utilizaban a diario: Kevin McHale, con su particular dinámica, lanzaba ganchos tanto a una como a dos piernas. Hakeem Olajuwon, maestro de maestros en el poste bajo, tenía uno de los mejores jump hook de siempre. Y Ralph Sampson poseía un estilizado skyhook, tal vez el único que podía acercarse ligeramente a la estética de Jabbar.

Un párrafo aparte merece el tiro de gancho a una pierna y en carrera de George Gervin, tan fabuloso como todo lo que hacía el que tal vez fue el más fino estilista —junto con Julius Erving— que haya dado este deporte.

Pero el segundo gancho más icónico de la NBA es el baby hook de Magic Johnson. No había una sola cosa que Magic no pudiera hacer en una cancha —podía jugar en las cinco posiciones— y adaptó el skyhook a sus propias posibilidades para dominar, junto a Abdul Jabbar, los años 80.

Y tal y como había anticipado el propio Jabbar, el skyhook pasó de moda en los años 90. Pronto se convirtió en un tiro anacrónico que nadie quería utilizar. Shaquille O’Neal lo confesaba en una entrevista: «Mi padre siempre me decía que practicara el skyhook. Que sería imparable con ese lanzamiento. Pero nosotros éramos chicos de hip-hop y no íbamos a tirar de esa forma. Queríamos ser diferentes, más cool». 

Sin embargo, el gancho a dos piernas continuó siendo un movimiento fundamental tanto en los 90 —Sabonis, Karl Malone, Olajuwon, Divac o el propio Shaquille— como en la primera década del siglo XXI, donde se convirtió en una de las mejores armas para pívots como Dwight Howard, Andrew Bynum, Shaquille O’Neal, Yao Ming o Tim Duncan. Kobe Bryant, otro de los grandes estilistas de este deporte, se permitía el lujo de demostrarnos de vez en cuando que el gancho a una pierna era un arte perdido.

En la historia del gancho hay tres que destacan por su belleza e importancia. Dos de ellos decidieron un partido; el otro, un campeonato. El primero sucedió en las finales del 74 y cayó del cielo en los últimos segundos para que el público pudiera pronunciar las que, según Bill Russell, son las palabras más hermosas de este deporte: séptimo partido. Su autor solo podía ser Kareem Abdul Jabbar. Y aunque a la postre no sirvió para ganar el campeonato, es ya una de las canastas más icónicas de las finales.

El segundo gancho —mismo autor, idéntica belleza— también cayó del cielo en el último segundo para ganar a los Clippers al inicio de la temporada regular de 1979. Pero no se trataba de un partido cualquiera, sino del partido en el que Magic Johnson debutaba en la NBA. Es de suponer que fue ahí donde Magic decidió que tenía que incorporar ese tiro a su infinito repertorio. Es simbólico el largo abrazo final que Magic le da a Jabbar porque inaugura la dinastía de los Lakers y la sonrisa eterna de Magic. 

Y nuestro tercer gancho vuelve a ser un tiro ganador para los Lakers, que parecen tener un idilio con este lanzamiento. Sucedió en unas finales y allanó el camino hacia el campeonato frente a los Celtics de Larry Bird. Creo que en esa jugada están resumidos los años 80 y todo lo que significaron para el baloncesto. Que un tiro de gancho propicie un campeonato dice mucho acerca de la importancia que tenía este lanzamiento. Al terminar aquel partido, Larry Bird dijo con su sorna habitual: «Cuando juegas contra los Lakers sabes que vas a perder el partido por un skyhook. Pero lo que no esperas es que ese tiro venga de Magic». Y es que el gancho más importante de todos los tiempos fue un baby hook que puso la serie 3-1 para encarrilar el campeonato de 1987.

***

Y así, a través de este viaje por la historia del gancho, llegamos a la actualidad en la que la obsesión por el triple y el mate han convertido la NBA en un espectáculo muy cercano al catch.

Roland Barthes, en sus célebres Mitologías, reflexionó sobre algunos mitos de la vida cotidiana francesa. Desde un simple entrecot al Citröen Tiburón o el Tour de Francia, Barthes destapó el discurso que opera en la construcción de estos mitos contemporáneos. En uno de sus artículos describió el mundo del catch de esta forma:

La virtud del catch consiste en ser un espectáculo excesivo. En él encontramos un énfasis semejante al que tenían seguramente los teatros antiguos. […] El catch no es un deporte, es un espectáculo. […] En el catch el público se pone de acuerdo con la naturaleza espectacular del combate, como el público de un cine de barrio. […] Al público no le importa para nada saber si el combate es falseado o no, y tiene razón: lo que importa no es lo que se cree sino lo que se ve. […] El espectador no se interesa por el ascenso hacia el triunfo; espera la imagen momentánea de determinadas pasiones. […] Dicho de otra manera, el catch es una suma de espectáculos, ninguno de los cuales está en función del otro. […] El catch propone gestos excesivos, explotados hasta el paroxismo de su significación.

Sustituyamos ahora la palabra catch por NBA y tendremos qué es lo que significa la temporada regular de esta competición.

Barthes continúa su artículo hablando de la importancia que supone el físico en un combate de catch:

El cuerpo del luchador, pues, es la primera clave del combate. Los luchadores tienen un físico tan concluyente que pregonan de antemano el contenido futuro de su papel. […] El físico de los luchadores de catch, por tanto, instituye un signo de base que contiene en germen todo el combate. […] Por encima de la significación fundamental de su cuerpo, el luchador de catch dispone de explicaciones episódicas pero siempre oportunas, que ayudan permanentemente a la lectura del combate por medio de gestos, actitudes y mímicas. […] Se comprende que, a esta altura, no importa que la pasión sea auténtica o no. Lo que el público reclama es la imagen de la pasión, no la pasión misma. […] Hay un agotamiento del contenido por la forma.

Y aquí tenemos de nuevo algunas claves de lo que vemos a diario en la temporada regular de la NBA: un público reclamando no la pasión del baloncesto sino una serie de imágenes; no la pasión de un partido sino una serie de explicaciones episódicas —el mate, el triple, el alley oop— que sustituyen a esa pasión. El contenido del baloncesto, sus fundamentos, han quedado agotados por la forma, la pasión por el póster.

 ***

La llegada de Luka Doncic a la NBA ha roto algunos mitos sobre este espectáculo. El cuerpo atlético y los mates ya no parecen una premisa fundamental, y Doncic se deshace de los rivales con una finta, un reverso, un pivote, un tiro a tabla, un Eurostep o una sencilla bandeja. El cuerpo del luchador ya no es la primera clave del combate y sí lo son sus fundamentos. El físico ya no pregona de antemano el papel del jugador, sino que son los fundamentos en los que se basa y se funda este deporte los que hablan por sí mismos. Unos fundamentos que han sido progresivamente olvidados e intercambiados por otros.

La temporada pasada vimos una jugada de Doncic que podría resumir esta idea. Doncic roba un balón en su campo y se escapa en solitario hacia la canasta contraria. El público —jugaba en casa— se pone en pie y comienza a murmurar esperando el inminente mate. Pero Doncic entra en la zona, da dos pasos y encesta con una sencilla bandeja apoyándose en la tabla. El público de Dallas, incluidos sus propios compañeros de banquillo, levantaron los brazos en señal de protesta y mostraron su rechazo a esa acción con un largo abucheo. Se sintieron defraudados porque Doncic no hizo lo que todos esperaban: el mate, la mueca posterior enseñando músculo, la sobreactuación y la mímica dirigidos a un público que jalea a sus jugadores en una teatralización del baloncesto. La misma parodia la vemos a menudo en el catch cuando el público abuchea a un luchador que no hace lo que de él se espera. 

El mundo de la NBA es ya un mundo de apariencias. El mate y el triple lo reducen todo y se han convertido en un recurso fácil que banaliza el baloncesto. El mate resulta burdo por momentos, y el triple aburre por repetitivo. En la NBA actual todo ha de ser estridente como en una superproducción de Hollywood llena de carreras de coches y grandes explosiones. Su narrativa es tan previsible como cualquiera de esas películas. La NBA se ha vuelto un deporte de género donde sabemos de antemano lo que va a suceder. Un baloncesto que tiene prisa por ofrecer al espectador las imágenes estereotipadas que está esperando.

Lo más interesante que nos queda del gancho se lo debemos a Nikola Jokic o a Joel Embiid. Y Kyle Kuzma a veces se atreve con un exquisito lanzamiento en carrera, para recordarnos que el gancho a una pierna sigue siendo una pieza de museo.

En 1967 prohibieron el mate para salvaguardar la competición. Tal vez deberían hacerlo de nuevo. ¿Se imaginan la cantidad de movimientos viejos y nuevos que surgirían para sustituir al mate? A Lew Alcindor no se le permitió machacar, y de esa prohibición emergió el skyhook. Tampoco pudo tirar triples porque no se introdujeron en la NBA hasta 1979. Sin embargo, Kareem Abdul Jabbar convivió diez años con el tiro de tres, pero solo anotó uno en todo ese tiempo. El resto de sus 38 384 puntos los iba a tirar desde el poste bajo. De dos en dos. Con su gancho caído del cielo.

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19 Comentarios

  1. Muy nostálgico y tal, pero Kareem medía 2,18 m. Añadiendo la longitud del brazo, 2,80m. Añade el salto. El skyhook estaba adaptado a sus condiciones físicas. No era taponable. Pero Barkley o Jordan, en la media de la altura de los jugadores, rondaban lo 2 m. Añadiendo la longitud del brazo, 2,50m. Completamente taponables. Esos 30 cms extra de Kareem le permitieron una estrategia única imparable. Los demás se la han compuesto como han podido. Pete Maravich, por ejemplo, solía lanzar al tablero para meter canasta. A ver si también hay que eliminar del juego las canastas limpias.

  2. Lo siento pero flojito, se puede ser nostálgico sin dar la sensación de anacrónico. También y desde hace años las estadísticas de los jugadores son de un acceso comodísimo, y como comentan arriba Jabbar metió 1 triple de 18 intentos en Regular Season, e intentó 4 más en Play Off donde no metió ninguno. Es decir, 1 de 22 en total en su carrera. También, a poco que uno conozca mínimamente al personaje lo de Alcinder en lugar de Alcindor es doloroso de ver, y cuando uno ve fallos así pierden credibilidad los detalles curiosos y más desconocidos que puede tener (y tiene) el artículo.

    • Creo que el fin del artículo, más allá de toda cifra o guarismo es evidenciar un detalle significativo y grave, la pérdida de la esencia de un deporte transfigurado en puro espectáculo, continente aplastando al contenido, que queda como ente vacío
      y despersonalizado, algo que va en equivalencia al mundo real. Lo mismo que menciona de manera magnífica a Barthes, podríamos mencionar a Baudrillard, y dedicarnos a interpelar sobre la sociedad espectacularizada que habitamos. Que menciones la estadística como punto referente y a destacar cuando es lo menos destacable, lo único no destacable, díce mucho también en detrimento de unos individuos del todo puntos alterados por la era del Big Data y el algoritmo, por otro lado.

      • Si el autor usa un dato erróneo para cerrar el artículo de una manera poética, creo que que es para destacarlo y, a ser posible, corregirlo.

        • Al fin lo han corregido, menos mal, y además el último párrafo ha quedado bien, aunque por supuesto esos 37.384 puntos restantes no los consiguió íntegramente desde el poste bajo, entre otras cosas porque hay miles de puntos ahí desde el tiro libre además de que Kareem no corría nada mal el campo. Pero ya me da más igual, no me parece algo chocante por falta de cuidado en el artículo.

          • Han corregido eso, pero podría quedar mejor diciendo “Tampoco pudo tirar triples hasta que se introdujeron en la NBA en 1979”. También podría mencionar el 72% de acierto en tiros libres (muy por encima de los otros pivots de su nivel histórico: Chamberlain, Russell y O’Neal) o al menos no seguir equivocándose diciendo que anotó todo de dos en dos. Equivocar nos equivocamos todos, pero no es tan difícil mirar las estadísticas antes de citarlas.

            • Sí, tienes razón. Tal y como lo ha escrito se presta a confusión cuando podría dejarlo muy claro, por ejemplo tal y como lo has escrito tú. Y la verdad es que no estoy de acuerdo con muchas cosas del artículo, demasiadas cosas, pero… hablando sólo de errores, si el artículo fuera originalmente como lo han dejado no habría comentado nada. Y me mataba más lo de Alcinder, puesto un montón de veces además, que lo de los triples. Un saludo Samuel.

  3. El apellido de Julius es Erving, no Erwing.

    Eché en falta una mención al gancho de Juan Antonio Orenga, con una ejecución que hacía que la cámara lenta pareciera veloz.

  4. Lew Alcindor. Al menos siempre lo he visto escrito así. Buen artículo y totalmente de acuerdo. El baloncesto sin un buen equilibrio entre juego interior y exterior no es baloncesto. Es estadística en pantalón corto.

  5. Me pareció un muy buen artículo que describe muy bien lo q es la NBA actual partiendo de la idea de una vieja jugada en extinción, muy interesante

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