
Se acerca el verano y Anna Montañana nos recibe en Valencia, en plena Marina. Un grupo de chavales juegan a ser C. Tangana y Rosalía en medio de la ostentación de los yates colosales. Hace sol y todo el mundo lo celebra. Hace apenas dos días, estaban achicando agua de los sótanos. Como jugadora del Ros Casares, el Perfumerías Avenida y la selección española, Anna lo consiguió todo. Como entrenadora, está en el camino. Un camino complicado, lleno de prejuicios y barreras, pero que no le da miedo. Cuando la puerta del Fuenlabrada, donde fue entrenadora asistente, se cerró, ella misma se creó su propia aventura en Colombia y Argentina. Nadie dijo que fuera a ser fácil. De hecho, en algún momento, es posible que a ella misma le parezca imposible. Eso no quiere decir, en absoluto, que vaya a rendirse.
Vienes de hacer las Américas. ¿Cómo te ha ido?
Pues la verdad es que vengo de doce meses un poco locos, porque primero estuve en Colombia, entrenando en el Sabios, luego me fui al Mundial U19 y de ahí, a Buenos Aires. Ha sido un aprendizaje potente, porque irse tan lejos durante tantos meses en medio de la pandemia, de situaciones complicadas… cuesta un poquito más que antes a nivel personal. Pero la experiencia es buena porque conoces otras ligas, otras maneras de entrenar y le pones nombre a lo que hacen en Argentina, que es un país destacado a nivel mundial.
¿Cómo surgió lo de Obras Sanitarias, un equipo histórico de allí, como ya nos contó el Lagarto de la Cruz?
Bueno, estas cosas suelen venir a través de agentes. Hubo esa propuesta, me pareció muy interesante porque, a priori, confiaban en mí, querían que me desarrollara, incluso con la idea de llegar más alto. Es un equipo con mucho nombre dentro de una liga que, junto a la brasileña, es la más potente de Latinoamérica. Eso también hace que tú puedas conocer jugadores del mercado latinoamericano que luego te pueden venir bien aquí y, a nivel de entrenadora, te abre mucho la mente, tanto para lo que quieres incorporar… como para lo que no.
Creo que lo de la pandemia fue particularmente duro en Argentina.
Sí, cuando llegué, tuve que estar una semana en casa. Es complicado, además, porque Argentina lleva años de crisis económica y esto les ha machacado aún más. Había veces que nos íbamos a jugar a otras ciudades y los hoteles seguían cerrados, después de un año de pandemia. Se notaba que había hecho estragos en la economía de un país que llevaba sufriendo tiempo.
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Estoy hasta los OoO de las referencias al techo de cristal.
Señoras, viven en Europa, en el siglo 21, tienen las mismas oportunidades que los hombres, la que es buena o bueno se impone, dejen de ir de víctimas.