
Fue una tormenta perfecta. Robert Kardashian era famoso sin pretenderlo porque había sido el abogado de O. J. Simpson. El exdeportista afrontaba un juicio por doble homicidio que nunca hubiera sido tan mediático si un videoaficionado no hubiese grabado años antes la paliza que le dio la policía a un afroestadounidense, Rodney King. Las imágenes se hicieron virales en las televisiones del momento.
Cuando los ánimos no podían estar más caldeados entre la población afroestadounidense, una mujer coreana asesinó de un disparo en la espalda a una chica negra de quince años que había entrado en su tienda. En el juicio le cayó una pena mínima, fue la gota que colmó el vaso y se produjeron los famosos disturbios de Los Ángeles en 1992. Cuando llegó el juicio a O. J. Simpson, la defensa se planteó en términos raciales aprovechando la coyuntura. No solo Estados Unidos: todo el planeta estuvo pendiente de la sentencia.
Eso convirtió a Kim en la hija del Kardashian, pero eso no era más que un detalle curioso que se anotaba cuando se hablaba de Paris Hilton, que era conocida por ser la bisnieta de Conrad Hilton, fundador de la famosa cadena de hoteles. Ambas eran amigas y asesoraban a las celebrities sobre moda y belleza. Ni cantaban ni habían sido actrices, eran famous for being famous, un fenómeno que cobró fuerza a principios de siglo.
Sin embargo, hizo falta mucho más para que Kim levantara su imperio. En la década de los 2000 se produjo la fiebre por los realities de televisión y aparecieron las redes sociales, primero Facebook y después Twitter. También hubo un avance tecnológico fundamental, el desarrollo de la reproducción de vídeos por streaming.
No solo eso, todavía faltaba la coincidencia final. En febrero de 2007 se filtró en los medios un vídeo porno casero de Kim con el rapero Ray-J. Era totalmente explícito y ella estaba drogada con éxtasis, como confesó más tarde. La casualidad fue que esto ocurriera mientras se estaba grabando un reality sobre todas las hermanas, Keeping Up with the Kardashians. El estreno llegó unos pocos meses después, en septiembre, cuando el vídeo ya había circulado en las webs porno y se había comentado hasta la saciedad en los albores de las redes sociales. E! Entertainment les pidió que hablasen del affaire, del disgusto. El reality fue un éxito y catapultó a lo más alto de la fama a todas las hermanas. Kim empezó cobrando quince mil dólares por capítulo y, en las últimas temporadas, ya iba por quinientos mil. Una cifra que, además, ya no le merecía la pena para tanto esfuerzo. En esta época puede llevarse un millón solo por un tuit o un post en Instagram.
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