
(Viene de la primera parte)
Arnold Schwarzenegger no solo fue el molde cinematográfico para el cine acción de los ochenta y noventa. También ejerció de puente de unión entre las macarradas de la gran pantalla y las aventuras pixeladas en los pequeños televisores de salón. Porque en el campo de los videojuegos, la silueta de Schwarzenegger se convirtió en el prototipo de héroe total.
Existían los juegos protagonizados oficialmente por Arnie, de los cuales ya hemos dado un buen repaso en la primera parte de este artículo, y por otro lado también existían los juegos que deseaban estar protagonizados por el culturista austriaco a pesar de no tener vínculo alguno con sus pectorales.
Y repasar las argucias que utilizaban estos últimos, en una época donde mucha gente se fumaba alegremente el papeleo del copyright ajeno, es algo muy divertido y curioso. Por eso mismo, la presente juegografía del legendario Terminator es un estudio de los Arnies de marca blanca, los hijos de la picaresca, los clones de combate, los productos no oficiales y los plagios descarados.
Arnold Schwarzenegger: Juegografía extraoficial
La picaresca española y el Bronx
Los ochenta y los primeros noventa, la época conocida como «Edad de oro del software español». Unos años donde los ordenadores de 8 bits eran absurdamente populares como plataformas de ocio en España, las compañías patrias producían numerosos videojuegos que se convertían en pelotazos y las revistas del sector como MicroHobby vendían tantos ejemplares como para que el jefe de la editorial (José Ignacio Gómez-Centurión) pudiese costearse, entre otras excentricidades muy locas, una de las mayores colecciones de loros del mundo.
Aquella fue la era en la que empresas como Dinamic Software, Opera Soft, Zigurat o Topo Soft se convirtieron en las principales fábricas de aventuras al producir, y embutir en los chirridos de las cintas de casete, todo tipo de odiseas espaciales, grescas piratescas, junglas peligrosas y misiones explosivas.
Al margen de los grandes, existían también un puñado de estudios de videojuegos más pequeños como Animagic. Una compañía que fue creada cuando Javier Cano abandonó Topo Soft, descontento con las funciones a las que le habían relegado, y para montar su propia empresa. Animagic se dedicó a realizar, con poca fortuna, conversiones para ordenadores de juegos extranjeros (Double Sragon, Alien Syndrome, Xenon, Aaargh! o World Cup Italia 90, entre otros), pero también publicó tres títulos originales. Y uno de ellos, llamado Bronx, fue una extraordinaria pedorreta hacia los derechos de imagen.
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Me parece raro que no hagáis mención a la cinemática del Quake III donde Arnold encarna a Sarge (creo recordar), en este caso sí es el actor real y no un plagio como los que mencionais en el artículo.
Te faltó el Two Crude Dudes: dos clones de Swartzi por el precio de uno.
Echo en falta «Barbarian», claro que ahí uno se fija menos en Schwarzenegger y el parecido con Conan …
«La entregas de Barbarian optaron por una alternativa más legal: fichar para una sesión de fotos a un culturista musculoso, Michael Van Wijk, para que recordase a Schwarzenegger sin serlo. La jugada maestra fue acompañar al tío cachas de una señorita, la modelo Maria Whittaker, muy ligera de ropas cuya voluptuosidad provocó un tremendo escándalo en su época.»
Mira que no fijarte en el bueno de Michael… Siesque…
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