Cine y TV

Coitus interruptus

Larry Hanagman J. R. Dallas coitus interruptus
Larry Hagman como J. R. Ewing en Dallas. Imagen: CBS.

Una serie de televisión es un artefacto que mantiene una extraña relación con sus seguidores. Algunos de los espectadores de estas series —especialmente si la serie ha mantenido un nivel consistente de calidad— se implican de tal manera que si, por un motivo u otro, el final de una serie no les resulta satisfactorio, no piensan en las muchas horas de divertimento que han obtenido, no. Se indignan, patalean, y maldicen en voz alta a los responsables del invento. «Me has hecho perder seis años de mi vida», le espetó un espectador a uno de los creadores de Perdidos. Hablaremos un poco sobre estos coitus interruptus, y no se preocupen, al hacerlo no desvelaremos los desenlaces… es mucho mejor que los sufran ustedes en directo. 

El lunes 11 de junio de 2007, horas después de la emisión del esperadísimo último episodio de The Sopranos en Estados Unidos, el sitio web de la cadena HBO quedó completamente inutilizado. Sus servidores fueron sobrecargados por una avalancha de mensajes de protesta de los televidentes, enfurecidos por el plano que daba cierre a su serie favorita. La última secuencia del capítulo, la que concluía una de las sagas dramáticas más importantes en la historia de la televisión, había dejado perplejos a los casi doce millones de espectadores que se sentaron a contemplar el episodio en directo.

Casi nadie supo entonces qué significaba aquel extraño final. Los menos, tuvieron que reflexionar varias veces para alcanzar una conclusión concreta. Otros, la mayoría, se quedaron en tierra de nadie, preguntándose qué demonios había pretendido David Chase —el creador de la saga— con aquella estrafalaria ocurrencia. Muchos se empeñaron en sospechar que pudiera tratarse de una broma de mal gusto, como si la HBO hubiese tenido algún interés en soliviantar por las buenas a los espectadores de la más legendaria, elogiada, premiada y exitosa de sus series.

Aquel mismo lunes, la prensa y las webs de crítica y análisis televisivo aparecieron repletas de artículos de opinión que iban desde el más completo estupor hasta la abierta indignación. Y mientras, David Chase había desaparecido: no respondía al teléfono ni a los mensajes de correo. Estaba ilocalizable. Con premeditación y alevosía se había quitado de en medio antes de que aquel último episodio saliera a las ondas, señal de que muy probablemente vaticinaba un terremoto mediático. 

Una serie tan importante merecía un final sonado, y lo cierto es que Chase lo proporcionó, aunque sabía que el efecto sería retardado. Solo con el paso de los días y las semanas la gente empezó a caer en la cuenta —aunque solo fuese porque se lo decían unos a otros— de que aquel final, que en un principio había parecido una chapuza o una tomadura de pelo, tenía un verdadero significado. El estupor inicial se mantuvo, pero cambió de signo: cuando lo pensaban mejor, los espectadores se daban cuenta de que The Sopranos había cerrado su andadura con una secuencia genial cuyo sentido, para colmo, estaba implícito en la propia secuencia (e indirectamente anticipado en diversos momentos de las temporadas anteriores), pero no abiertamente expresado en el guion.

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10 comentarios

  1. Cao Wen Toh

    La tercera temporada de Twin Peaks no sólo resuelve y pone punto final de manera gloriosa a la serie que elevó el listón de las series en los años 90. Es que ella misma es otro salto olímpico de calidad.

  2. Maestro Ciruela

    Me imagino a David Chase conversando con sus colaboradores entre risas:
    «Pero David, esto no va a resultar, pensemos en otra cosa…»
    David Chase: «Dejadme a mí que conozco el percal, muchachos… La gente reaccionará indignada al principio como es natural, pero bastará con aguantar el tipo, echarle morro hasta el final de los tiempos y de manera sutil, hacerles llegar la idea de que han sido «gilipollas» por no haber sabido interpretar ese increíble final solo apto para mentes privilegiadas. Para conseguir nuestros fines, contaremos con la inestimable ayuda de comentaristas gilipollas, esta vez de verdad, y si no lo son, se les unta y estamos al cabo de la calle. Después de todo, es lo que se ha hecho toda la vida. Pensadlo, este final «abierto» y tan guay es el único modo de retomar cuando queramos la serie en un futuro, cuando todos estemos apretados por las deudas y la manera de resolver nuestra economía, sea volver a la gallina de los huevos de oro».
    Después de la lamentable muerte de James Gandolfini:
    David Chase: «La de veces que advertí a ese jodido gordo que se atracara menos de linguini y cannoli siciliano, por no hablar de los galones de alcohol y puros habanos que se metía entre pecho y espalda. ¡Ahora, a tomar todos pol culo!»

  3. El problema con las series es que, al contrario que las películas, tienen vocación de permanencia.
    Me dirán que una película puede dar lugar a una franquicia. De acuerdo. Pero como decía Charlton Heston respecto a «El planeta de los Simios» siempre queda el «ya hice esa peli, no tengo por qué repetirla. Me matan en cuanto puedan y sigan ustedes a lo suyo sin mí». No ocurre igual con las series de TV. Cuando el productor quiere más dinero hay que dárselo y cuando ya no gana, ahí se las compongan.
    No es fácil guardarse en la manga un final como el de «Magnum P.I»; un final abierto que funciona. O conseguir que el público vea que «el final de esta historia sólo lo sabes tú», cosa que logró al fin «Los Soprano». Demasiadas veces el guionista se ve obligado a improvisar.
    No siempre cabe echar la culpa al productor, sin embargo. «Lost» había perdido toda lógica desde hacía mucho y no podía acabar bien.
    Este comentario viene a cuento porque el artículo echa toda la culpa a uno de los lados, olvidando que la televisión, aún más que el cine, es una obra coral.

  4. El principal problema es que se alarganlas series sin ton ni son, estirando el chicle de forma caótica hasta que no hay guionista capaz de cerrar las historias con sentido. Pero la pela es la pela, claro, y los finales bien resueltos se cuentan con los dedos de una mano aunque son más que decentes en la mayoría de los casos.

    No voy a comentar mucho sobre el de Los Soprano aunque a mí me gustó. Eso sí (ALERTA SPOILER), reconozco que inicialmente pensé que se había ido la luz o se me había estropeado la tele. Cuando vi que no y se me quitó la cara de tonto (tardé un rato largo), me pareció una genialidad.

    Después está que el final debe ser congruente con el resto de la serie y el argumento; debe cerrar el arco argumental de los protagonistas. A mí los finales de A dos metros bajo tierra o The Leftovers también me gustaron, y no era fácil cerrar historias tan profundas con tanta carga existencial. En ambos casos me pareció un final coherente.

    Por último, no se ha hablado de uno de los finales más geniales de la historia de las series: Mad Men. Véanla!

  5. Se pueden hacer todas las matizaciones del mundo, me parece muy bien el artículo, me parecen muy bien los comentarios, me parece muy bien la búsqueda de la ecuanimidad, el tratar de comprender las razones. Pero una vez dicho todo eso, quiero dejar constancia de que el final de Lost merece figurar en la historia universal de la infamia.

  6. El problema radica en que los guionistas y productores no tienen en mente algo muy sencillo de cumplir: darle al espectador el final esperado.

    Los giros de guión, las sorpresas en los personajes, los tirabuzones en la evolución de la trama, las sorpresas y los Deus ex Machina… todo eso es estupendo DURANTE el transcurrir de la serie. Si falla se puede corregir en futuros episodios, y si es un éxito todos contentos.

    Pero en el final… sí, la gente quiere sorpresas, PERO la cosa ha avanzado tanto que el espectador ya tienen más o menos en mente una idea de cómo debe acabar la serie. Las tramas principales están ya cerradas o casi, casi cerradas, y sólo deberian haber uno o dos finales posibles… y relativamente parecidos.

    La considerada por muchos como la mejor serie de todos los tiempos, Breaking Bad, tiene un final alucinante, pero se basa en una premisa que todos sabíamos casi desde la primera temporada. No hubo sorpresas estúpidas, y aún así es un final memorable. Si a loa guionistas les hubiera dado por ser «creativos» y hacer otro tipo de final, se hubieran cargado la serie.

    El más claro ejemplo es Juego de Tronos, y todos sabemos por qué.

  7. Y sí, un final es un 50% de la serie. Igual quenpasa en los libros o en las pelis.

    Parque Jurásico rompió moldes visuales y sonoros en el cine cuando salió, y es una peli que a todo el mundo le agrada en mayor o menor medida. ¿Se imaginan las críticas y opiniones si el final de la peli hubiera sido que vienen unos marcianos y salvan el día?

  8. Yo no echaría la culpa a los guionistas… más bien a los mandamases de los estudios con su tendencia a estirar las series como un chicle cuando estan tienen éxito. Por ejemplo: The Walking Dead podría reducirse a la mitad y mantener el canon de Robert Kirkman del cómic pero venga 11 temporadas mas spin-off y otras. En Expediente X, entre Monster-of-the week y los del Mytharc pues… 10 años laaaargos. Cuando llegan los ratings más bajos que Torrebruno, los mandamases ordenan pirueta final y claro… despues de que las tramas se lien más que un plato de espaguettis con melaza pues.. a sacarse el conejo de la chistera y salga el sol por Antequera
    Y más ejemplos en anime: los combates en Dragon Ball o los partidos de futbol de Campeones (una semana para tirar un penalty)

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