Entrevistas Ciencias

Garik Israelian: «El cielo es el mayor laboratorio que tenemos, gratis, sin pagar nada para mantenerlo»

Garik Israelian para Jot Down

Garik Israelian (Ereván, 1963) quería ser estrella del rock, y se veía imitando a Black Sabbath o a Led Zeppelin, aunque en la Armenia soviética de su juventud no fuera el mejor lugar para empezar. El único modo de tener una guitarra eléctrica era construirla por ti mismo, y la policía perseguía la venta de vinilos. Su carrera en el hard rock no cuajó, pero su capacidad autodidacta para aprender música o construirse sus instrumentos iba a ayudarle extraordinariamente cuando, fascinado por la ciencia ficción, decidiera que quería profundizar en las explicaciones sobre lo que aparecía en las películas y novelas de su género favorito.

Hoy es investigador en el Instituto Astrofísico de Canarias y uno de los astrofísicos cuyos descubrimientos han sido comentados más veces en diarios de todo el mundo y citados en revistas científicas y de divulgación. Es, además, organizador de un festival al que se pelean por ir astronautas, premios nobel, músicos y artistas, pero del que en nuestro país casi nadie ha oído hablar. Garik es una persona muy modesta, que comenta con la mayor naturalidad sus relaciones con figuras históricas de la música, la ciencia o la carrera espacial. Sonríe siempre, ríe a menudo, explica sus descubrimientos en términos accesibles para todo el mundo y cita una y otra vez como ejemplo una película reciente en la que, como científico, se ha visto totalmente reconocido: No mires arriba

Astrofísico, doctor en ciencias físico-matemáticas, más de doscientos cincuenta artículos científicos publicados…, y abandonaste la escuela a los dieciséis años porque eras un pésimo estudiante. 

A mí lo que me gustaba era escuchar a The Residents, leer historias sobre indígenas de Estados Unidos, sobre todo a James Fenimore Cooper, y luego a los trece o catorce años me desvié hacia la música rock, me dio muy heavy. Formamos un grupo, pasaba día y noche tocando, construí mi primera guitarra eléctrica, sudando, porque en esa época conseguir transistores para hacer efectos de fuzz era supercomplicado. Había una revista en la Unión Soviética, Radio, que traía esquemas de circuitos electrónicos en sus diez páginas finales, y ahí, de forma autodidacta, aprendí cómo aplicarlos y así pude hacerme mi guitarra.

¿Qué tipo de música tocabas?

Pues eran los años setenta, así que rock duro a tope, por la época salieron Black Sabbath y Led Zeppelin, de los que éramos hiperfanes. Yo coleccionaba vinilos, otra cosa muy difícil conseguir en la URSS, había que comprarlos en el mercado negro y salían a setenta rublos, el equivalente a un salario. A base de ahorrar, pedir dinero a mis padres y comprar de segunda mano conseguí una colección sólida, unos treinta, que entonces ya era algo. También conocí a todos los vendedores, lugares donde reunirnos, y a tapar muy bien los vinilos con papel de periódico para que no nos descubriera la policía. Aunque cuando veíamos a alguien con un periódico doblado en cuadrado, todos sabíamos lo que llevaba. 

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