Arte y Letras Historia

Los hombres que, en la trinchera, querían ser mujeres

en la trinchera
Fiesta en el Instituto de Investigaciones Sexuales de Berlín, años 20. DP

En el excelente documental de Pablo Azorín y Pedro de Echave, El hombre más peligroso de Europa, sobre el nazi Otto Skorzeny, había una imagen realmente interesante. El archivo personal de Skorzeny fue comprado por el historiador estadounidense y exmilitar Ralph P. Ganis. Eran dos mil documentos entre fotografías y películas rodadas en 8 mm. Entre todo ese material, había una foto de Skorzeny junto al prófugo Klaus Barbie, ambos travestidos, bailando de risas. Viajaba frecuentemente a Latinoamérica para encontrarse con sus excamaradas huidos en ese continente. Al juntarse, hicieron esa fiesta. 

Era una foto que llamaba la atención por fuerza mayor. Dos nazis insignes, con responsabilidades, travestidos en la intimidad para celebrar el reencuentro. Los totalitarismos explotaron la masculinidad como forma de dominación y extirpación del raciocinio. El hombre estaba llamado a ser el héroe nacional; ese hombre, heroico, no lo era porque vivía aplastado por las traiciones a la patria. No era más que una militarización de la vida, la sociedad y la cultura para imponer la disciplina. Tampoco era del todo novedosa, pero ver a destacados defensores de ese pensamiento saltárselo a la torera era un impacto. 

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Fotograma de ‘El hombre más peligroso de Europa’, de Pablo Azorín. trinchera

Sin embargo, mucho antes, los casos de travestismo entre los soldados durante la Primera Guerra Mundial fueron muy abundantes. Hubo muchas causas, las más importantes las relacionadas con el entretenimiento. La risa era un buen analgésico y las actuaciones de travestis hacían pasárselo muy bien a unos soldados agotados y hundidos. En eso hubo manga ancha y sobran ejemplos, pero buceando un poco más profundo, siguiendo las investigaciones sobre el tema del académico Jason Crouthamel en la publicación First World War Studies, había mucho más. Fantasear con abandonar, o hacerlo directamente, el género masculino, fue un alivio bajo la presión, el miedo y las mentiras patrióticas que se sufrían en las trincheras.

En Cross-dressing for the Fatherland este historiador analizó documentación alemana procedente del frente, como la correspondencia y la prensa. Había periódicos controlados políticamente para transmitir mensajes a los soldados y propaganda, pero también había otros realizados por la tropa, con menos control, en los que se permitía especialmente el humor. A través de los chistes y las anécdotas que se contaban los soldados unos a otros, se pueden analizar los fenómenos que tenían lugar en las primeras líneas. Uno de ellos, la llamada «homosexualidad temporal». 

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