Cine y TV

Phil Connors, el personaje que aprende

Phil Connors
Bill Murray como Phil Connors en Groundhog Day, 1993. Imagen: Columbia Pictures.

Cinco minutos después, una hora después, un día después, una semana después. A veces incluso años después se nos ocurren respuestas, cosas que tendríamos que haber dicho en ese momento crucial, en ese momento que no parecía crucial, pero resultó que lo era, claro que lo era. Lo no dicho, o lo dicho de otra forma —es decir, a fin de cuentas, lo no dicho, porque el qué es el cómo— a veces, demasiadas veces, nos persigue durante mucho tiempo. Hay gente para la cual la palabra es tan fundamental —o debería serlo, y en realidad debería serlo para todos— que recurren a asesores, a entrenadores del discurso, a sabios, a un gurú, al Patriarca de los Pájaros. También recurren a eso que ahora llaman coacheo —ay, la terminología actual para tantas cosas es tan oprobiosamente fea— para tratar de hablar mejor o «de comunicar» mejor. «Quien habla mal piensa mal y vive mal» era una frase hiperbólica —¿hiperbólica?— e inmortal de Michele Apicella, el personaje interpretado por Nanni Moretti en varias de sus películas, en este caso particular en la inmortal Palombella rossa. Moretti escribía y escribe sus propios diálogos para decirlos él mismo: la tentación autoral de decir y decirse, de decirle al mundo, de dialogar con otros personajes y con todo alrededor, pero con la seguridad de estar pertrechado, bien pertrechado de palabras que arman diálogos, de diálogos que arman modos de estar en el mundo. Los personajes cinematográficos siempre parecen saber qué decir, incluso y sobre todo cuando su misión es la de transmitir que no saben qué decir.

En la Argentina, en la década de los noventa, en la mitad, en el corazón —si es que las décadas tienen corazones— ocurrió la reelección del presidente Carlos Saúl Menem. Su principal contrincante fue José Octavio Bordón, quien a la hora de los votos no llegó ni a acercarse en términos numéricos y nunca llegó a ser una amenaza para el triunfo del riojano. Esa campaña de 1995 fue más bien televisada, todavía no «había vuelto la política» de los actos masivos, y tampoco hubo debate sino apenas unos cruces catódicos de aquellos dos candidatos en alguna salida al aire puesta en paralelo, o con pantalla partida, el «doble vivo» en el que un protagonista escucha al otro mediado —casi siempre banalizado— por el periodismo. En uno de esos cruces catódicos los candidatos hablaban de golf; Menem jugaba al golf y hacía de eso un signo de distinción o de estadista en la pomada, a tono con los tiempos, o al menos lo vendía como un signo de que podía compartir confidencias con otros presidentes que jugaran a ese deporte. Menem le preguntó a Bordón si en el caso de llegar a ser electo presidente iba a aprender a jugarlo. Bordón no supo bien cómo salir de esa situación, cómo responder con efecto y malicia esa pregunta ladina. O al menos eso nos contaba el encargado de la comunicación de Bordón en esa campaña, un periodista que era profesor de la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. El profesor asesor nos contaba que se había quedado pensando en esa respuesta clave que, según él, podría haber cambiado las cosas.

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3 comentarios

  1. Atrapado en el Tiempo es una obra maestra, que pasó desapercibida en el tiempo pero que hoy es recordada por la mayoría de los aficionados al cine. Además expresiones como «el día de la marmota» provienen de esa peli. Son infinidad las escenas gloriosas que podrían citarse de este film, que encerraba mensajes más profundo del que se veía a simple vista, la capacidad del ser humano para evolucionar y adaptarse entre otros muchos otros. Lo mejor en todo caso es que acaba sin explicación alguna del fenómeno bucle que sufre el protagonista. Se quiere pensar que es porque por fin se convierte en una buena persona y conquista a la chica, pero la realidad es que el tópico final donde se revela el misterio nunca llega.

  2. Bill Murray no es actor. Siempre hace de sí mismo, que puede gustar a mucha gente, pero actor, lo que se dice actor, no lo es. De hecho, es mal actor, pero el tipo, haciendo de el mismo como digo, pues hace gracia a todos esos que dicen que es buen actor. Es que es de coña que este tipo le dijera a Lucy Lui que era mala actriz, que vale que sí es mala actriz, pero hombre, que te lo diga un tipo que sólo sabe quedarse como un pasmarote o pasar a dar brincos sin ton ni son…. En fin…

  3. Borges ya dijo algo así como que cualquier hombre en un tiempo infinito, es todos los hombres. Y así, todos somos Phil. Cada día de nuestra vida es el mismo día. De nosotros depende qué hacer con él. Podemos, como Phil un día, meter la tostadora en el baño y electrocutarnos. Podemos, como Phil, salvarle la vida a un pobre viejo en este día interminable.
    Por cierto, Phil termina su aventura del día sin fin, sólo cuando vive ese día como si fuera el único.

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