
I. Una pesadilla estética
Poeta, periodista, narrador, gastrónomo, hombre profundamente de izquierdas, catalanista heterodoxo (mestizo cultural, nacido en Barcelona pero hijo de emigrantes, padre gallego y madre barcelonesa de origen murciano, su catalanismo fue siempre en realidad mucho más sentimental que político, y se expresó principalmente en su amor incondicional al Fútbol Club Barcelona, al que calificó de «brazo épico de un país sin Estado y sin ejército» y «auténtico ejército de la resistencia cultural catalana»), estas son algunas de las claves del perfil de Manuel Vázquez Montalbán. Un escritor irrepetible y cuya obra oceánica está siendo aún catalogada y editada.
Si bien han pasado ya veinte años desde su repentina muerte en el 2003, víctima de un fallo cardíaco mientras se encontraba de viaje en Tailandia, se desconoce todavía la cifra exacta de sus colaboraciones en prensa, pero se estima que es superior a los nueve mil artículos. Una producción casi tan inabarcable y gigantesca como la borgesiana biblioteca de Babel. Mientras que las novelas del ciclo protagonizado por el escéptico detective privado Pepe Carvalho fueron las que le dieron mayor fama y le granjearon el favor del público (sus andanzas empezaron a llegar a miles y miles de lectores gracias a las páginas de la revista Interviú), y es en su poesía donde hay que buscar el corazón secreto de toda su obra, fueron, sin embargo, la capacidad de reflexión y el espíritu crítico desplegados en su articulismo y su ensayismo, los que cimentaron su prestigio intelectual y han hecho de él un referente indispensable para comprender la historia cultural española del último medio siglo.
En 1968, Vázquez Montalbán era conocido, sobre todo, como periodista y autor de un ensayo pionero en España acerca de los medios de comunicación, Informe sobre la información (también era notoria su clandestina militancia como miembro de base del Partido Comunista que ya le había costado una estancia en la cárcel, y donde acometió la escritura de su primer poemario). Aquel mismo año escribía un importante ensayo titulado «Experimentalismo, vanguardia y neocapitalismo» que aparecía en un volumen colectivo que él mismo coordinó, Reflexiones ante el neocapitalismo, y en el que, por cierto, participaba también un joven Francesc de Carreras. En ese texto, que marcaría, en más de un sentido, un punto de inflexión en el devenir de la literatura española contemporánea, afirmaba que el realismo se había convertido en una «pesadilla estética» de puro obligatorio y mecanizado, poniendo así en entredicho la asociación que venía haciéndose desde hacía más de una década entre progresismo ideológico (es decir, antifranquismo) y estética realista. Parafraseando a Antonio Machado, Vázquez Montalbán escribía que «cuando una “pesadilla estética” se hace insoportable es señal inequívoca de que se anuncia un cambio». La expresión la había acuñado el autor de Juan de Mairena en su fallido discurso de ingreso en la Academia de la Lengua. La elección de Vázquez Montalbán era todo menos inocente en cuanto a la fuente de autoridad, puesto que la figura de Machado había adquirido un halo legendario para los escritores llamados «sociales». Además del hito que significó para toda una generación el homenaje en Colliure de 1959, a los cuatro lustros de la muerte de Machado, donde se fraguaba la antología Veinte años de poesía española con la que José María Castellet (aparte de ningunear al «esteticista» Juan Ramón Jiménez) daba a conocer los nombres de Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente o Carlos Barral.
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Cómo se echa de menos a MVM…
Uno de los intelectuales orgánicos del oasis catalán, cuando de ética sólo podía hablar Pujol. Perfectamente olvidable.
Que, como el 90 por ciento de las izquierdas españolas, estuviera seducido sentimentalmente por la derecha separatista no le quita sus méritos como escritor. Había chicha en lo que escribía y era difícil no encontrar cargas de profundidad en cualquiera de sus obras. ¿Que no acertaba siempre y tenía el maldito sesgo (por ejemplo, su gran bullshit sobre Pujol)? Desde luego, pero ante tanto carca, tanto sistémico y tanto escritorzuelo vacuo y de oropeles, leer a MVM era tonificante. Lo dicho, algunos lo echamos de menos, aunque sólo sea por haberse autoproclamado como el último que apagaría la luz en la fidelidad al comunismo.
¡Chapó!
Muy buen recuerdo de sus artículos y, quizá, la lectura de algún libro suyo, aunque no lo recuerde con certeza. Fui a una conferencia suya, muy interesante, no recuerdo sobre qué, pero se que me había gustado mucho. Ya hace más de20-25 años. Hombre de léxico y no table cultura. Si que se le echa de menos. De la misma manera que a Maruja Torres ( estupendo reportaje-entrevista romana reciente), Eduardo Haro Tecglen, Javier Marías, Félix de Azua, Muñoz Molina, Iñigo Domínguez, Jacinto Anton y más que no recuerdo. Los de la época dorada del periodismo español, los de el País durante los 80 y 90 y Jot Down una década después. Lo actual, en radio, televisión y prensa escrita o digital, salvo excepciones es bastante lamentable : artículos con erratas, algunos repetitivos y exageradamente largos otros tan breves, que parece un titular.
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«TODO LO QUE SÉ SOBRE PEPE CARVALHO»
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