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Joe Rogan contra Joe Rogan

Rogan
Joe Rogan. Imagen: Spotify,

The Joe Rogan Experience suena a película casera protagonizada por un joven universitario curioso por descubrirse a sí mismo y alojada en los rincones más viscosos de la deep web. Pero en realidad es el título de un podcast capitaneado por un norteamericano llamado Joe Rogan. Un programa tan influyente entre la marejada de propuestas en internet como para ser reconocible, gracias a los extractos del mismo que brotan por las redes sociales, por mucha gente que ni siquiera lo ha escuchado nunca. The Joe Rogan Experience es también ese podcast que firmó un contrato de exclusividad con Spotify a cambio de doscientos millones de dólares.

Por el pastizal y el renombre, The Joe Rogan Experience ha acumulado oyentes que, por alguna razón ignota, lo consideran un medio informativo libre y fiable. Y también ha propiciado la aparición de numerosos imitadores del formato con ganas de hacerse ricos imitando el patrón. Aquí, por ejemplo, tenemos el podcast de entrevistas The Wild Project comandado por Jordi Wild, ese youtuber que considera las mangas como ciencia ficción, la ciencia ficción como abono para la vergüenza ajena y la vergüenza ajena como material de videobook.

Pero antes de ser capitán de un podcast multimillonario, Joe Rogan tuvo un periplo vital curioso: ha ejercido de luchador y entrenador de artes marciales, de actor secundario tonto en telecomedias, de cómico de stand-up en garitos, de comentarista de combates en la Ultimate Fighting Championship y de presentador de un programa de televisión basado en acojonar a los participantes. Es decir, que Rogan es más americano que pegar tiros a las latas de cerveza en el patio trasero con una pistola a la que el dueño le ha puesto nombre.

En marzo de 2023, Rogan volvió a colocarse ante un micrófono en un club de comedia. Pero en esa ocasión su intervención resultó especialmente marciana. Para empezar, porque el show en el que participaba tenía lugar en un extraño garito de Austin, Texas, cuyo interior estaba engalanado con una decoración de temática alienígena ante la que ninguno de los asistentes parecía incómodo. Por otra parte, porque el caballero se presentó sobre las tablas de un modo especialmente elegante, berreando: «¡Estoy borracho y colocado de setas! ¡Esto es lo más puesto que he estado nunca en el escenario! ¡No puedes echarme de mi propio club, puta!». Minutos antes, en el exterior del recinto, un grupo de bros estadounidenses con gorras de béisbol y pintas garrulas aguardaban en la cola para entrar al lugar, junto a una mujer que portaba un cartel donde podía leerse «ESPERMA SIN VACUNAR». Aquel Joe Rogan, colocado hasta el culo con hongos alucinógenos y aferrado a un micrófono, estaba en el sitio correcto. Y le había costado mucho llegar hasta ahí.

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Rogan en su propio club de comedia con cara de llevar toda la noche a Trinas. Imagen: Instagram.

El mundo contra Joe Rogan

Rogan aterrizó en este planeta en el verano de 1967 en Newark, la urbe más poblada del estado de Nueva Jersey, luciendo una herencia genética que combinaba un cuarto de sangre irlandesa, por parte de su abuelo paterno, con tres cuartos de raíces italianas. Como hijo del idilio entre un policía y una überhippie que andaban siempre a la gresca, el pequeño Joe se crio en un entorno complicado, del que solo recuerda vagamente algunos episodios de violencia doméstica dentro del matrimonio. La pareja se divorciaría cuando Rogan sumaba tan solo cinco primaveras. Y el chico perdería de vista definitivamente a su progenitor dos años más tarde, cuando su madre decidió hacer maletas y mudarse junto a la criatura a las calles de San Francisco, «No odio a mi padre, pero no quiero hablar ni saber nada de él. Fue agradable conmigo y me quería, pero era superviolento y me hubiera convertido en un puto psicópata». En la urbe californiana, su madre inició una nueva vida «tocando los bongos desnuda junto a nuestros vecinos gais» y emparejándose con un hippie que «tenía el pelo hasta el culo», según recuerda, con lo que parece cierto resquemor, Rogan.

El nuevo padrastro en el fondo tenía pinta de ser un mentor de espíritu y valores elevados: gracias a él, el chaval probó la marihuana a los ocho añitos, algo que no volvería a hacer hasta dos décadas después. Pero Rogan no solo disfrutaría de una infancia tóxica, sino también bastante nómada e inestable, como consecuencia del culo inquieto de su madre. De San Francisco la familia se trasladaría hasta una ciudad de Florida para, poco después, mudarse a un pequeño pueblecito en Massachusetts.

Rogan fue un adolescente relleno con unas inseguridades que decidió combatir a base de hostias, alistándose a clases de artes marciales. O lo que él consideraba el camino para no acabar siendo un perdedor y confiar más en sí mismo: «Yo estaba superaterrorizado de que la gente al verme la gente dijera “Oh, mira a ese puto loser”». A los catorce años comenzó a practicar kárate y con el tiempo se enredó en el taekwondo y los torneos de kickboxing, acumulando una cantidad importante de cinturones negros, títulos de campeón, trofeos y rivales noqueados. En general, cada vez que el chaval se tropezaba con una nueva manera de repartir estopa, dedicaba todos sus esfuerzos a dominarla. A los veintiún años, y tras una serie de lesiones, decidió retirarse de las competiciones oficiales de artes marciales, temiendo que de seguir participando en ellas se quedase tonto de manera irremediable.

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Rogan (derecha) a principios de los dos mil junto al tipo de persona que representa estéticamente todo lo malo de principios de los dos mil. Imagen: Jumancha. CC.

Tras las patadas, Rogan decidió probar suerte con las punchlines. Y así, a finales de los ochenta, comenzó a tantear el oficio de cómico stand-up en sus ratos libres, mientras encadenaba empleos de lo más variopinto para ganarse el pan: conductor de limusinas, ayudante de detective privado, entrenador de artes marciales o repartidor de periódicos. Sobre los escenarios cultivó una rutina cómica basada en la sal gruesa y los chistes machistorros, lo que le llevó a actuar habitualmente en lugares tan refinados como despedidas de soltero o clubs de striptease. Hasta que llamó la atención de un ojeador del humor, e intuyó que lo de soltar paridas ante un micrófono podría ser una verdadera meta profesional. A principios de los noventa, inspirado por el trabajo de peña tan maja como Bill Hicks o Lenny Bruce, Rogan se mudó a Nueva york para dedicarse por completo al stand-up.

Joe Rogan contra el mundo del entretenimiento

A Rogan el ecosistema neoyorquino de la comedia le resultó un entorno complicado donde poder destacar. Y, por eso mismo, a la altura de 1994, tras razonar que era más viable colarse en el show bussines a través de la costa oeste, se mudó a Los Ángeles. La estrategia le salió redonda, porque nada más llegar estrenó sus chistes en televisión en una pequeña intervención el programa Half Hour Comedy Hour de la MTV. Algo que sirvió para que desde la cadena de los ilustres Beavis and Butthead le ofrecieran un contrato de exclusividad a cambio de cuatro pavos. Pero el tío fue cuco, y no se lanzó a firmar a lo loco: «Mi mánager era un hijo de puta muy listo y tuvo una idea. Envió la grabación de la actuación a todas las cadenas y les comentó que estaba a punto de fichar en exclusiva con la MTV». La treta sirvió para que le llovieran ofertas y finalmente aceptara participar en una sitcom de Disney: «Ni siquiera tenían ni idea de si sabía actuar, ellos me dieron la pasta y la oportunidad. Y no me lo preguntaron hasta que estuve en la oficina de Dean Valentine [jefazo de Disney]. Fue muy raro. Me dijeron “¿Sabes actuar?” y les contesté “Creo que si sabes mentir, sabes actuar. Y si sabes mentir a novias taradas, sabes actuar bajo presión. Así que estoy bastante seguro de que puedo hacerlo”». La serie se llamaba Hardball, versaba sobre un equipo de jugadores de béisbol y fue tan insulsa como para no durar más de nueve capítulos.

Pero Rogan ya se había colado en el mundo televisivo y no tardaría en agarrar otro papel en la telecomedia NewsRadio, donde interpretó durante cinco temporadas a un electricista que era «una versión muy tonta y censurada de mí mismo». Entretanto, en su tiempo libre, continuó recitando monólogos en el mítico The Comedy Club y practicando el reparto de galletas gordas con el muay thai o el jiu jitsu. En lo primero seguía siendo igual de rancio, disparando chistes sobre exnovias feministas, y en lo segundo seguía siendo igual de cafre, disparando patadas tan potentes como para convertir a sus oponentes en satélites de Marte. A la larga, reconocería que su trabajo en NewsRadio se la traía bastante floja y tan solo lo hacía por dinero, porque lo de interpretar al mismo mermado cada semana se le antojaba tedioso. De manera paralela, lo que sí hizo por placer fue colaborar con la famosa productora de combates Ultimate Fighting Championship (UFC), pero desde la barrera y lejos del radio de acción de las hostias. Ejerció como entrevistador de luchadores en el backstage y, unos cuantos años después, como comentarista de combates. Labores que inicialmente había rechazado porque, aun siendo fan de la UFC, su verdadero interés no era tanto trabajar allí como emborracharse contemplando las tollinas.

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Reparto de NewsRadio. Imagen: NBC.

Tras la última temporada de NewsRadio, el hombre continuó zascandileando por los platós. A principios de los dos mil se convirtió en el maestro de ceremonias de Fear Factor, un concurso muy refinado donde los participantes eran obligados a comer arañas vivas, colgarse de helicópteros o encerrarse en un ataúd de plástico relleno de serpientes, cucarachas y gusanos. Gracias a la exposición mediática, Rogan se convirtió en una jeta medianamente conocida y aprovechó el tirón para participar en películas (Venus y Vegas, Zooloco, Peso pesado), presentar más programas (The Man Show, Game Show in My Head) y encadenar bolos de stand-up mientras publicaba elepés con sus actuaciones. También se ganó el respeto de los comediantes al encabezar una cruzada contra el humorista Carlos Mencia, acusándolo de robar chistes, lo más deleznable que se puede hacer en el mundillo del monólogo, y encarándose personalmente con él sobre las tablas

Durante su periplo por el universo entretenimiento, Rogan adquirió un hábito muy propio del mundo del espectáculo: el de drogarse muchísimo. El cannabis, el LSD, la DMT y las setas alucinógenas conforman desde entonces su top de ingredientes para tener una tarde divertida. En general, el caballero defiende la droga como un vehículo con el que realizar excursiones introspectivas, conocerse mejor a sí mismo, adquirir nuevos estados de conciencia y experimentar todas esas cosas tan profundas que se dicen para evitar explicar que, a veces, uno disfruta bailando junto a gamusinos de colores. «La experiencia es abrumadora y alienígena», explicaba el comediante para justificar su defensa de la legalización de las drogas, «es tan difícil describirlo. De repente ¡boom! te has proyectado al centro de todo durante quince minutos. Patrones geométricos en movimiento cambiando constantemente, payasos con sombrero de bufón sacándome el dedo corazón. He tenido viajes psicodélicos donde mi propia cordura resultaba resbaladiza. Es tan titánico que todas las palabras que uso para describirlo no son más que ruido. Es como mil millones de montañas rusas, y sumándole aliens. Es lo que sea, no sé que es. ¿Una puerta de entrada química a otra dimensión? ¿Un portal de almas en el que puedes colarte? No le veo nada negativo. Y por eso es tan jodido que no nos dejen experimentar con ello legalmente, porque hay lecciones que deben ser aprendidas que no nos están enseñando». Ya sabéis, niños.

Joe Rogan contra internet

En 2009, Joe Rogan y su colega Brian Redban estrenaron un podcast en directo en una web de streaming llamada Justin.tv. A esas alturas, internet no era un mundo desconocido para el comediante, sino todo lo contrario. El hombre ya había comandado un blog personal, realizado documentales en formato web, publicado sus especiales de comedia exclusivamente online o realizado directos junto a Redban desde el green room de los clubs de comedia. De algún modo, Rogan intuía que aquel medio era el futuro del negocio del entretenimiento, pero, en principio, su podcast no tenía apenas ambiciones. Su único objetivo era sentarse con su amigo frente al ordenador y ponerse a «soltar mierdas» mientras fumaban porros.

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Joe Rogan. Imagen: The Joe Rogan Experience.

El primer episodio del podcast se estrenó en directo durante la nochebuena del 2009 de manera tremendamente amateur. La grabación tuvo lugar en la propia casa de Rogan y gran parte de aquella emisión estaba conformada por largos silencios y rebufos diversos como consecuencia de las dificultades que tenían los dos participantes para entender cómo coño funcionaba el equipo y las aplicaciones que estaban utilizando. Un par de semanas más tarde, aquel show casero recibió a su primer invitado, el cómico Ari Shaffir. Desde entonces, el programa se dedicó a acoger nuevos contertulios con los que hablar de manera casual. En agosto de 2010, el podcast fue bautizado oficialmente como The Joe Rogan Experience en honor a Jimi Hendrix. En 2013, el programa se mudó a YouTube emitiéndose varias veces por semana, acumulando cientos de miles de espectadores por capítulo, grabando sesiones maratonianas y saturando a un Redban, productor del asunto, que se vería obligado a ceder su puesto a Jamie Vernon.

Durante las primeras emisiones, Rogan tiró de agenda y convidó a amiguetes cómicos y luchadores de la UFC para parlotear un rato en su espacio. Pero, con el tiempo y el renombre adquirido, la tropa de invitados se fue ampliando para recibir a ex estrellas porno, egiptólogos, activistas de la marihuana, triatletas veganos, ex policías de Los Ángeles, biomédicos expertos en nutrición, coaches de la mente, una mujer que vivía aislada en Kavik a 317 kilómetros del Círculo polar ártico, neurocientíficos, creyentes en la santidad de los hongos alucinógenos y, en general, cualquier persona que tuviera ganas de cháchara. Con más de dos mil emisiones sobre las espaldas, por la silla de The Joe Rogan Experience han pasado famosos como el astrofísico Neil deGrasse Tyson, Quentin Tarantino, el payaso de Elon Musk, Lance Armstrong, Dan Aykroyd, el jackass Steve-O, Anthony Kiedis (Red Hot Chili Peppers), Mike Tyson, Russell Brand, Mark Zuckerberg, Kanye West, Miley Cyrus, Kevin Smith, el senador demócrata Bernie Sanders, Mike Judge, Bill Burr, el escritor y activista LGTB Dan Savage, Oliver Stone, David Mamet, el luchador de la WWF conocido como el Enterrador, Snoop Dog, Chuck Palahniuk, Leah Remini, Eddie Izzard, Billy Corgan (The Smashing Pumpkins), The Black Keys, Macaulay Culkin, Jay Leno, David Lee Roth, Suzanne Santo, Steven Tyler, el chef Anthony Bourdain, Kevin Hart, el astronauta canadiense Chris Hadfield, Ted Nugent, Mel Gibson, Brian Cox, o aquel exagente de la CIA llamado Edward Snowden que hizo públicos documentos secretos de la NSA. El lector sagaz habrá observado que no hay demasiados ovarios entre la ristra de celebridades mentadas en este párrafo. No es algo premeditado, la culpa es del dueño del podcast, quien, por la razón que sea, parece emperrado en hospedar la Fiesta de la Salchicha definitiva: en sus más de dos millares de capítulos el noventa por ciento de los invitados a The Joe Rogan Experience han sido maromos.

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Quentin Tarantino. Imagen: The Joe Rogan Experience.

Sobre el papel, la experiencia de Joe Rogan parece un (falocéntrico) programa de entrevistas prestigioso. En las redes, cada episodio acumula una media bastante demencial de once millones de oyentes. En el mundo de los negocios, la empresa constituye una de las iniciativas más portentosas y envidiadas desde que, a principios de 2020, Spotify se hizo con los derechos de exclusividad del show a cambio de la indecente cifra de doscientos millones de dólares. Pero en realidad, The Joe Rogan Experience es un artefacto cuestionable que tras su fachada de entrevistas distendidas acoge toneladas de discursos pseudocientíficos, ocurrencias de dudosa cordura y conspiranoias loquísimas. Porque el señor que orquesta todo el asunto es muy amigo de cubrirse la calva con gorritos de plata. 

El perfil ideológico de Joe Rogan viene a ser algo así: norteamericano agnóstico, a favor de los derechos de los homosexuales, fan de la Segunda Enmienda y defensor de la posesión de armas, entusiasta de las drogas y activista por la legalización de las mismas, apasionado de la caza, adalid de la libertad de expresión, enemigo de la cultura de la cancelación y un señor muy cabreado con lo que él que interpreta como una amenaza woke encabezada por los movimientos de izquierdas. A la hora de autodefinirse políticamente aboga por el socioliberalismo apuntando que comparte ideas con los dos bandos políticos gordos de USA pero que no soporta que lo etiqueten como miembro de alguno de ellos. En uno de sus programas, tras defender puntos de vista conservadores sobre la vacuna del covid, matizó el asunto con finura: «La gente vendrá y me dirá «Ah, bueno ya sabes, tú lo que eres es un conservador en secreto». Mira, podéis comerme la polla. No tenéis ni puta idea de qué estáis hablando. Estoy muy lejos de ser del Partido Republicano. Pero lo presuponen porque creo en la Segunda Enmienda, y porque estoy a favor de los militares y de la policía». El hombre ha apoyado a Ron Paul cuando aquel militaba con los republicanos, a Gary Johnson (Partido Libertario), a Bernie Sanders (Partido Demócrata) , a Jo Jorgensen (Partido Libertario), a Ron DeSantis (Partido Republicano), a Tulsi Gabbard (Partido Demócrata) y ha comentado que antes votaría a Donald Trump que a Joe Biden porque el segundo se comunicaba de un modo que «no es normal a menos que estés colocado». Eso sí, durante las elecciones estadounidenses no votó a ninguno de los dos, y ha rechazado en repetidas ocasiones invitar a Trump a su programa. También ha manifestado que ve a Justin Trudeau como un dictador y a Canadá como una potencia comunista, al mismo tiempo que aseguraba que no tenía ni idea de los tejemanejes políticos canadienses.

Pero la parte más divertida y potencialmente peligrosa de su ideología es que se considera un librepensador. O la forma que tienen de autodenominarse quienes defienden conspiraciones mundiales publicadas en webs de dudosa veracidad que solo Miguel Bosé añadiría a la pestaña de favoritos. Es cierto que su programa está repleto de celebridades y gente interesante, pero también que, con la excusa de cuestionarlo todo, Rogan cuela frecuentemente discursos de pseudocientíficos, visionarios, radicales, magufos pro y gente con ideas bastante disparatadas. Porque The Joe Rogan Experience es el lugar donde Tarantino habló sobre el retrato de Bruce Lee en Érase una vez en Hollywood, o donde Jakob Dylan divagó sobre la industria de la música. Pero también es el podcast donde se aseguró que el espacio exterior no existe, que la llegada a la Luna fue una troleada a los rusos, que los bigfoots andan de picnic por los bosques, que el gobierno norteamericano se mete drogas duras muy a tope para comunicarse con los aliens, que Lady Gaga en realidad es una niña modelo asesinada en 1996 llamada JonBenét Ramsey, que el Área 51 alberga una chatarrería de vehículos extraterrestres, que los aviones del 11-S eran hologramas muy currados, que Hitler se dio a la fuga tras la guerra para irse de vacaciones a Sudamérica o que George Soros se dedica a fabricar marihuana más potente para alelar al mundo.  

Joe Rogan contra el mundo

A su paso por The Joe Rogan Experience, el youtuber e (abre comillas) investigador (cierra comillas) Jimmy Corsetti tuvo a bien cuestionar la veracidad del cambio climático exponiendo la Teoría Adán y Eva. La hipótesis donde se sugiere que cada seis mil quinientos años la Tierra hace un regate guapo y gira noventa grados de golpe, provocando un cataclismo que manda a todos sus habitantes a tomar vientos. Un apocalipsis que se autocorrige a sí mismo en siete días y que habría provocado la marejadilla que vivió Noé en su época. Tras emitirse la entrevista, los extractos de las declaraciones de Corsetti se hicieron virales en TikTok, acumulando más de veinte millones de visualizaciones de librepensadores muy cuerdos y gente normal muy sorprendida. Lo más gracioso es que el youtuber había sacado toda aquella tontería de un libro de 1965 titulado The Adam and Eve Story. Un texto donde también se afirmaba que Jesucristo, tras su crucifixión, se había marcado un Elvis al dejarse abducir por los aliens.

Alex Jones es ese comunicador chalado famoso por respaldar cualquier conspiración imaginable desde Infowars, su web de bulos de extrema derecha. Alguien que ha sido capaz de proclamar con seriedad que la mayoría de ranas estadounidenses son gais porque el gobierno introduce compuestos químicos en el agua para convertir a la población en homosexuales. Aquel tipejo que se declaró en bancarrota cuando fue condenado a pagar más de mil millones de dólares por mentir durante meses asegurando que el tiroteo de Sandy Hook fue una farsa ideada para desacreditar el derecho a tener armas. 

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Alex Jones. Imagen: Jared Holt. CC.

Ocurre que Alex Jones también es amigo personal de Rogan. Y que ha visitado el podcast en tres ocasiones diferentes. Un número no muy elevado de intervenciones, en comparación con las decenas que acumulan otros invitados, pero que destacaban porque en ellas el hombre iba tan desatado como de costumbre: en The Joe Rogan Experience, Jones denunció que la pandemia del coronavirus fue planeada por la fundación Rockefeller; alertó sobre el transhumanismo, asegurando que las grandes compañías pretendían sacarnos de nuestros cuerpos para sustituirnos por silicona; reveló que Xi Jinping controlaba todo Hollywood desde las sombras; afirmó que Bill Gates había declarado que no le parecía mal que el ochenta por ciento de las personas murieran en los ensayos de la vacuna para el covid; confesó que Buzz Aldrin le había dicho en persona que los aliens construyeron las pirámides; y cuestionó el aterrizaje en la Luna. Lo interesante del asunto es que Rogan en ocasiones cuestionaba la veracidad de aquellas disparatadas afirmaciones de Jones, pero en muchas otras las dejaba pasar sin rebatirlas, o, más a menudo, las avivaba. Durante años, el propio Rogan creyó firmamente que la llegada a la Luna había sido un fake enorme, hasta que tiempo después se leyó algún libro y admitió que estaba bastante equivocado.

En ocasiones el circo del desmadre conspiranoico ha acabado cebándose con el propio presentador del podcast: en uno de los programas, Rogan bromeó junto a la comediante Whitney Cummings sobre utilizar sangre de bebé como crema facial para mantener la piel tersa y joven. En internet, los poco sagaces tarados de QAnon interpretaron las declaraciones de manera literal, y propagaron la idea de que Rogan era un asesino de bebés que utilizaba las pieles neonatas como cosméticos. Pero el podcaster no solo era hábil a la hora de criar cuervos, sino que también sabía torpedearse a sí mismo sin necesidad de ayuda. Porque como consecuencia de sus inocentes declaraciones en antena, Rogan ha sido acusado a menudo de misógino, racista y transfóbo. Algo que no pilla de sorpresa a quienes le han escuchado soltar perlas como «la idea de que a los judíos no les gusta el dinero es ridícula. Es como decir que a los italianos no les gusta la pizza. Es una puta estupidez», disculparse por utilizar gratuitamente la palabra nigger, o insinuar que el transtorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el autismo son dolencias ficticias que los médicos se han sacado de la manga. 

Pero aun así, sus opiniones más problemáticas afloraron con la pandemia del coronavirus. Rogan fue el tipo que se atrevió a decir a sus oyentes que si eran jóvenes, hacían deporte y estaban sanos, no les recomendaba vacunarse contra el covid, porque, en su opinión, no les iba a afectar el bicho. Tras contagiarse con el virus en 2021, la lio de nuevo al publicar un vídeo online en el que explicaba que estaba tomando ivermectina, un medicamento antiparasitario que no está reconocido como eficaz para combatir el covid. A principios de 2022, lanzó más leña a la hoguera al invitar al podcast a Robert W. Malone, un médico y bioquímico que comparaba las políticas pandémicas con el Holocausto y aseguraba que los líderes de las naciones habían hipnotizado al populacho con todo aquel tema. El revuelo ocasionado por todo lo anterior propició que Spotify recibiera la una carta firmada por doscientos setenta médicos, científicos y profesores demandando manejar con más cautela la desinformación en torno a la pandemia. Entretanto, artistas como Neil Young o Joni Mitchell optaron por retirar todo su catálogo musical de la plataforma de streaming porque no querían compartir techo con alguien tan irresponsable con el tema del covid como Joe Rogan. Hoy en día la cosa no anda más calmada con el tema de las vacunas: Rogan ha sido noticia recientemente por intentar invitar a Peter J. Hotez a debatir en su programa contra el antivacunas Robert F. Kennedy Jr., después de que el primero acusase al segundo de estar propagando mentiras sobre la pandemia en el podcast. 

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Ben Saphiro. Imagen: The Joe Rogan Experience.

The Joe Rogan Experience también ha dado voz a gente como Jordan Peterson, quien asegura que la energía solar causa más muertes que la nuclear y se niega a utilizar con sus alumnos los nuevos pronombres para quienes no se reconocen como género masculino o femenino, a Candace Owens, negacionista del cambio climático, a Gavin McInnes, orgulloso tránsfobo y fundador de la agrupación neofascista Proud Boys, a Roseanne Barr, esa actriz con ramalazos racistas que le han costado la carrera, al popular columnista Ben Saphiro, conservador antiabortista que considera la homosexualidad como un pecado y a los transexuales como personas mentalmente enfermas, o a Milo Yiannopoulos, un escritor y activista de derechas famoso por cagarse en el feminismo, el islam o la corrección política, por haber sido vetado de Twitter tras acosar a Leslie Jones (etiquetándola como analfabeta y «tío negro») y por asegurar que sería positivo para los niños de trece años tener relaciones sexuales con gente adulta.

Joe Rogan contra Joe Rogan

La influencia que ha logrado amasar el luchador-comediante-showman con sus emisiones es acojonante. Elon Musk se fumó un porro durante su intervención y las acciones de Tesla se desplomaron un nueve por ciento, presuntamente como consecuencia de la imagen de fumeta que proyectó esa attention whore que tienen por jefe los de los coches eléctricos. El conspiranoico Bob Lazar se asomó por el programa para hablar sobre extraterrestres y aquello inspiró un evento de broma en Facebook. Una quedada online para colarse en el Área 51, con el objetivo de ver marcianos, utilizando la treta de «correr a lo Naruto para que las balas militares no nos alcancen». A la hora de descubrir si la verdad estaba ahí fuera, un centenar de personas se presentaron en el Área 51, pero nadie saltó la valla. En un momento dado, el ultrapopular youtuber Rubius explicó en uno de sus streamings que no veía la tele ni las noticias, y que se informaba escuchando The Joe Rogan Experience. Así nos va.

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Elon Musk intentando molarle a alguien de una vez. Imagen: The Joe Rogan Experience.

El gran problema de The Joe Rogan Experience es justificar con el sobado librepensamiento su irresponsabilidad a la hora de laurear discursos dementes cuya base real parece acomodarse en las fuentes de sus Cojones Morenos. El propio Rogan la ha pifiado en más de una ocasión: en octubre de 2022, el presentador aseguró que cierta escuela estadounidense «se había visto obligada a instalar una caja de arena en el baño de las niñas porque hay una alumna que es furra, que se identifica como un animal». Una noticia fantasiosa que en realidad era un bulo de internet, una leyenda urbana que realmente nunca llegó a ocurrir, pero que Rogan se comió de canto porque había visitado en algún momento una convención de furries y ya suponía de lo que eran capaces los amigos de la felpa. Unos meses antes, el anfitrión del podcast despotricó en antena sobre una ley australiana que en realidad no existía, y al comprobar que aquello era una fake new como un piano su colaborador remató el asunto de la manera más rancia posible, sentenciando que «incluso aunque sea fake, el fake es normalmente un aviso». Porque en The Joe Rogan Experience los hechos son los que a The Joe Rogan Experience mejor le convengan.

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Fachada del Comedy Mothership. Imagen: CC.

En 2023, Rogan inauguró en Austin, Texas, su propio club de comedia stand-up. Un local bautizado Comedy Mothership, decorado con temática alienígena y creado para ofrecer un lugar seguro (je) a aquellos cómicos que quieren escupir material políticamente incorrecto sin censura alguna, y sin ser cancelados por la opinión pública. Un club anti cultura de la cancelación al que el público accede a través de un detector de metales, escaneándose la jeta en la entrada y empaquetando sus teléfonos móviles en una bolsa sellada porque cualquier grabación está estrictamente prohibida. En la primera función del Comedy Mothership, Rogan subió al escenario para gritar que estaba colocadísimo, y poco después una conga de cómicos con pasados polémicos desfilaron sobre las tablas: gente como Roseanne Barr, David Lucas, Ron White, Tony Hinchcliffe o Tim Dillion que no tardaron demasiado en disparar chistes sobre «maricones» y «travelos». En los shows posteriores, otros cancelados como Dave Chapelle o Rich Vos se convirtieron en habituales del lugar. Bajo el techo de Comedy Mothership, donde las cámaras están prohibidas, se da voz a todas aquellas opiniones cuestionables que «son silenciadas hoy en día y no tienen donde expresarse libremente». Como bien asegura el director de un podcast que está repleto de ideas demenciales, irresponsables e intolerantes y que, casualmente, es el programa online más escuchado del mundo. 

Rogan
Una cosa que hay que reconocerle al Comedy Mothership es que han ido muy a tope y se la han jugado muy fuerte con los carteles promocionales.

¿Lo mejor que nos ha dado el podcast más popular de internet? Un buen montón de charlas con gente que va a contar cosas interesantes en lugar de magufadas o discursos de odio. Eso y también este maravilloso montaje de una conversación ficticia entre Rogan y Ben Saphiro, donde el primero le explica al segundo que ha envejecido de golpe tras visitar la playa de la película Tiempo de M. Night Shyamalan. Un gag descojonante elaborado por un caballero llamado Zach Silverberg:

En febrero de 2023, el cómico y guionista Dave Anthony explicó en Twitter la anécdota sobre cómo (casi) trabajó con Rogan en el rodaje de la telecomedia Maron: «Joe Rogan accedió a ser la estrella invitada en un episodio de Maron […] El equipo del show quería tener cuidado, así que imprimieron y revisaron sus entrevistas, agarrando de ellas cosas que él mismo había dicho para utilizarlas en el guion. De este modo, sus diálogos estaban llenos de afirmaciones en las que creía, de sus propias palabras. Cuando lo leyó, se cabreó y preguntó por qué estábamos tratando de «hacerlo parecer un idiota». Tuvimos que buscar a un actor diferente para su papel». A la hora de la verdad, el comediante ni siquiera era capaz de creerse a sí mismo. A lo mejor, el mayor enemigo de Joe Rogan siempre ha sido Joe Rogan.

Rogan
Rogan en el club del que no puedes echarle, puta. Imagen: Instagram.

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17 Comentarios

  1. Markus Telgemeier

    EL problema es diferenciar que es verdad y que no, solo porque diga estupideces no significa que todo lo sea, con el tema covid yo estoy de acuerdo que gente joven y sana no tiene porqué meterse una vacuna experimental, contraviniendo el Código de Nuremberg.
    PEro en este tema no ha habido lugar a un debate cientifico, se ha impuesto un pensamiento único y eso ha generado mucha resistencia en bastante gente.
    En lo personal, cada vez que los medios los intentan poner como idiotas me refuerza mas mi postura

    • Dios mio. Como alguien «joven y sano» y que sufrió COVID no puedo dejar de decir que no vacunarse es imbécil.

  2. Antonia Maxín

    Y mi pregunta ahora es la que sigue: ¿A qué se debe que Jot Down haya creído pertinente dedicar este extenso artículo a esta alhaja de hombre?

  3. «Aquí, por ejemplo, tenemos el podcast de entrevistas The Wild Project comandado por Jordi Wild, ese youtuber que considera las mangas como ciencia ficción, la ciencia ficción como abono para la vergüenza ajena y la vergüenza ajena como material de videobook.»

    Qué manera tan gratuita de despreciar el éxito ajeno. Jordi Wild podrá gustar más o menos en sus opiniones -a mí no demasiado-, pero no es eso lo importante de su programa. El hecho esencial es que trae invitados de primer nivel, de muy diferentes ámbitos, y conversa con ellos durante horas. ¿Qué televisión dedicaría más de cuatro horas a conversar con un periodista de la talla de Gervasio Sánchez, por ejemplo?

    • «Jordi Wild»… ¡¡Te cagas!! Trae invitados de primer nivel… Sí, un día de estos creo que va a debatir con Ramsey Ferrero, la de los bombones…

      • No me refiero a todos los invitados (hay muchos que no me interesan un ápice y no lo veo). Pero, como decía, he tenido oportunidad de ver a invitados bien interesantes, con mucho que contar, como por ejemplo:
        * Perez Reverte.
        * Gervasio Sanchez dos veces.
        * Antoni Daimiel.
        * Jano Garcia.
        * Pablo Barrecheguren.
        * Jabiertzo.
        * VisualPolitik.
        * Javier Santaolalla.
        * DotCSV.
        * Pedro Baños.
        * David Jimenez.

        Es un programa que tiene importantes dosis de cuñadismo, y que también es entretenimiento, no es sólo cultural. Pero, con sus fallas, me parece mejor que la mayoría de programas de hoy (tanto en la TV normal como en youtube). Y valoro mucho que pueda dedicar horas a quien tiene algo que decir.

        • Impresionante fiesta de la salchicha la que aquí nos glosas, lo mismo es indicativo de lo que consideráis interesante y lo que no.

        • Jano García

          Solo darle voz a esa basura corrupta lo dice todo

      • Doctor Azo

        Ramsey Ferrero, ¡menuda pájara! Mira como ahora con lo de Lois Rubiales no sabe abrir la boca para decir ni múú…

        • Jeff Costello

          ¿Ramsey Ferrero es esa que va de sabelotodo con mofletes a lo Fernando Rey y enseñando lorzas y tripa? Creo que antes cantaba pero como no se comía una rosca, pues ahora se dedica a impartir doctrina a diestro y siniestro. Puro narcisismo.

  4. Diego__JT

    Tremendo articulazo, la verdad, jajajajaja

  5. La verdad, también ha tenido invitados interesantes.

  6. Pingback: Jot Down News #31 2023 - Jot Down Cultural Magazine

  7. No tengo prácticamente nada en común con Joe Rogan, pero leyendo artículos como este, es inevitable entender su cabreo con lo woke y lo políticamente correcto.

    Dos cosas que me sorprenden especialmente:

    – «La fiesta de la salchicha» – estamos hablando del podcast más escuchado del mundo. Supongo que le escuchan principalmente hombres y lleva invitados que le gustan a ese público. Sinceramente, no creo que sea una mala decisión de negocio. De verdad hay que recriminarle eso? Tenemos que poner cuotas en los podcasts?
    (Me temo que sí alguien afirmara que el podcast de una señora es la fiesta del mejillón, a todos nós parecería un chiste de pésimo gusto)

    – «El cómico cancelado Dave Chappelle» – cualquier lugar donde permitan a Chappelle actuar merece mi respeto. Sólo por eso, ya se justifica la existencia de ese club, que sin duda tiene noches mucho menos brillantes (por suerte nadie nos obliga a ir)

  8. Ahh la envidia….

  9. La información debe competir en el libre mercado, sin subvenciones estatales ni órganos estatales o subcontratados de control y verificación.
    Medios como El País, La Sexta, A3, Libertaddigital y en general todos los subvencionados son muchísimo menos fiables (en realidad en absoluto porque sólo distribuyen el relato gubernamental) que cualquier youtuber o podcaster que consigue dinero en el mercado.

  10. Con mucho respeto quiero dar mi opinión, no sobre el artículo en particular sino este subgénero de publicaciones anti-Rogan que es tan aplaudido y no entiendo por qué.

    A quienes escuchamos sus episodios enteros nos parece evidente que críticas como esta vienen prefabricadas y se puntualizan con las mismas 10 frases célebres que alguien más ya recopiló y empaquetó como munición. Lo que hace interesante a Rogan es que dice justo lo que piensa, sin filtros ni miedo a la cancelación. Trae invitados de todo tipo y les deja hablar lo que quieran, en lugar de ceñirse al estándar moral de la semana. No es periodista, es alguien teniendo una conversación con otra persona. Le he escuchado cambiar de opinión incontables veces cuando le dan un argumento convincente, otras veces tiene la cabeza dura como una persona normal. Es un tipo que se autoproclama un semi-tonto, más de la mitad de «afirmaciones» polémicas que se le atribuyen son chistes, bastante obvios si se escuchan las cosas en contexto, pero algunos pretenden elevarlo a los estándares de un intelectual para luego lanzarlo al suelo y escupirle. Y la guinda del pastel, llamar tránsfobo a alguien por opinar que debería haber regulaciones sobre quién compite contra quién en los deportes donde podría haber una ventaja injusta (y se ha comprobado que es así). A veces las ganas de darse baños de pureza sobrepasan las ganas de estar informado sobre lo que dice alguien más.

    Yo le escucho a pesar de estar en contra de varias de sus creencias/costumbres, elijo los episodios con invitados interesantes y me salto los que no me llaman la atención. Incluso he escuchado episodios con gente particularmente desagradable porque es importante saber por qué alguien es desagradable directo de su propia boca. El 99% de lo que he escuchado no es polémico ni controversial, son anécdotas interesantes contadas por personas interesantes y ocasionalmente un chiste. No le idolizo ni pretendo decirle cómo usar su plataforma, es entretenimiento y hay que tomarlo así. Como todo en esta vida.

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