Arte y Letras Literatura

Hombres que lloran

hombres que lloran
Anciano apenado (En la puerta de la eternidad), de Vincent van Gogh.

Era previsible, ¿no? Las rabietas siempre empiezan con una ira que, imposible de sostener en el tiempo, termina deshaciéndose en pena de sí. Posiblemente estemos metidos de lleno en esa etapa en la relación de algunos hombres con el feminismo y sus avances. Ojo, queremos dejar claro que hemos dicho algunos, no todos. Lo aclaramos, más que por defendernos preventivamente, por no incurrir en las mismas faltas de aquellos a quienes vamos a criticar. Y sí, hemos dicho criticar, la palabra prohibida entre esos grupos de personas que se gastan mucho dinero en terapias alternativas y coaching para transmutar en entes puros, seres de luz. Nosotros, sin embargo, la estamos evocando no como sinónimo de cuchicheo o vilipendio, porque eso es una derivación —digna de atención antropológica— de lo mal que llevamos los comentarios de quienes piensan distinto a nosotros. La crítica fue una cualidad de lo humano de la cual llegamos a sentirnos orgullosísimos, en tanto que nos permite (o permitía, es mejor ser cautos y evitar conclusiones precipitadas) juzgar más allá de lo dado por los sentidos, por las impresiones inmediatas, más allá de las creencias y las opiniones. El desarrollo de dicha facultad crítica, quizá, nos salvó de estar oliéndonos los ojetes, como canes, para dilucidar si es seguro tener cerca al vecino. Pero vayamos al grano.

Hemos venido a hablar de hombres que lloran, que lloran sin esconderse, sin vergüenza, como debe ser, porque nada hay de malo en «derramar lágrimas», en «manar de los ojos un líquido», o en «sentir vivamente algo», todas ellas definiciones extraídas del DRAE. Oh, pero esperen un momento, hay una quinta entrada: llorar, tr. «Encarecer lástimas, adversidades o necesidades, especialmente cuando se hace importuna o interesadamente». Esta, esta es la acepción adecuada para la acción llevada a cabo por esos hombres protagonistas de esta pieza. Dos hombres, periodistas y escritores, en concreto, en principio, porque si bien no escriben para representar a nadie más que a sí mismos con sus opiniones, sí ofrecen argumentos blandidos por aquellos predispuestos a coincidir con ellos. Hasta aquí, en realidad, todo bien, es la magia de las comunicaciones, los daños colaterales de escribir de cara al público, algo que escapa a la responsabilidad del autor, ¿no? No. No si esas opiniones son sesgadas, incurren en falsedades y facilitan la dispersión de ciertos prejuicios como si se tratasen de conocimiento. Somos conscientes de que, desgraciadamente, se trata de una estrategia habitual en nuestro panorama cultural y político, y que intentar ponerle freno a través de un artículo es igual que intentar tapar el sol con el dedo meñique del pie, pero por algo hay que empezar.

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14 comentarios

  1. «Lo primero es que no existe la «política de género», sino medidas dispuestas para fomentar la igualdad (también de género) dentro de un programa político más complejo que una de sus partes.»
    Eufemismo en toda regla, para empezar…
    20.319 MILLONES DE EUROS EN POLÍTICAS DE IGUALDAD (aka chiringuitos Hembristas).
    Compare esa cifra con el presupuesto en sanidad o educación; ya no le hablo de la investigación contra el cáncer o la ayuda a la dependencia o personas sin hogar.
    El «feminismo» de la actualidad en España es un Lobby más, con intereses millonarios detrás.
    Donde antes había interés por la «lucha de clases», ahora hay «lucha de géneros», es decir, más polarización de la sociedad al servicio del capital.
    Por último, la llorera y la queja constante (vía victimismo patológico) es componente esencial del feminismo posmoderno; le recuerdo a la autora que NO existe un 8M para varones, que el 78% de suicidios son masculinos, el 94% de accidentes laborales y el 95% de personas sin hogar son hombres.
    Por no hablar de la Ley (inconstitucional) de Violencia de Género, que se carga la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la presunción de inocencia; España es el único país en el mundo con juzgados únicamente para hombres; es como si hubiera juzgados solo para inmigrantes o solo para gitanos; y lo mismo, ni una queja por parte de asociaciones de hombres, ni una manifestación, ni una llorera…

    • El ojo húmedo de Jack

      «Por último, la llorera y la queja constante (vía victimismo patológico) es componente esencial del feminismo posmoderno», dijo Andy, llorando, en la sección de comentarios.

      Invulnerable a la ironía, prosiguió plañendo por agravios reales y falsos y, satisfecho al fin, se retiró a su palacio del onanismo.

      • @El ojo húmedo de Jack
        Ya se que con hechos y datos objetivos NO se convence a un progre; pero, por lo menos intente disimular su austeridad argumental de manera menos barroca, lo ornamental de su lírica subraya lo artificial y contingente de su mensaje; el «Pensamiento Alicia» es lo suyo, por lo que se ve.
        Repito: si quiere ver llorera, acuda raudo a cualquier chiringuito feminista. Si tiene suerte, y es un «hombre deconstruido» (un «varón domado» que decía la magnífica escritora, NO victimista, Esther Vilar), quizá, le dejen arrimar cebolleta…
        Ya puede seguir a lo suyo.

    • Sucintamente expresado. Como era de esperar, han acudido raudos varios comentaristas a afearle tener opinión propia y, cosa inaudita, expresarla. Para qué vamos a dar argumentos, si podemos acusar de llorón y onanista al que se desvía de la corriente de la corrección política. Qué cosa tan maravillosa estar en posesión de las verdades absolutas.

      • Lo que se le afea no es tener opinión propia; sino que sea tan lamentable. A ver si nos vamos enterando que libertad de expresión no implica el derecho al respeto de la misma. Si es una mierda te lo vamos a decir.

        • Que usted (o quien sea) considere una mierda una opinión no convierte automáticamente esa opinión en mierda. A ver si nos vamos enterando de que la propia opinión no es la verdad universal. Y al calificar al autor del comentario de llorón, onanista, impúdico, etc. lo único que se consigue es que otros consideremos mierda esos comentarios. ¿Donde está lo lamentable en la opinión de esa persona? ¿Le ofende que tenga una consideración hacia el ministerio de Igualdad como «chiringuito hembrista»? ¿O tal vez la opinión que tiene acerca de la Ley de Violencia de Género como inconstitucional por romper la igualdad entre hombres y mujeres? Dígame, por favor, dónde está lo lamentable en ese comentario, porque yo no lo encuentro, y sí encuentro lamentable que se le insulte por expresarse, por más que usted y otros consideren «mierda» sus opiniones.

  2. Muy interesante. Enhorabuena por el artículo.

  3. Alberto Olmos y Soto Ivars son integrantes de la Guardia de Corps de El Confidencial. Mercenarios contratados para azuzar el avispero en busca de «clicks», al servicio de la carcundia. No hay artículo que perpetren que no tenga como objetivo ridiculizar condescendientemente a las mujeres el primero y atizar el progresismo el segundo. Dos eternos aspirantes a «cipotudos» a los que el talento les llega solo para sobrevivir juntando letras.

  4. El caso de Alberto Olmos llega a extremos tan sonrojantes es este y otros temas que yo he llegado a pensar que es imposible que se crea lo que escribe. Que, como dice Inad, son mercenarios al servicio del argumentario carcúndico y que se atreven con todo. Si mañana toca defender que hay que comerse a los pobres, lo harán gustosos sin asomo de la ironía del irlandés.

  5. Profe de lengua

    Me desagrada un artículo escrito en plural (llamado de cortesía o mayestático), y más siendo un texto de opinión, como invitando al lector a compartir una opinión.

  6. Dos de mis autores literarios favoritos son Erica Jong y Gloria Fuertes. Me gusta lo bien hecho y lo que me toca el alma y me da igual la ideología, el color de piel, la religión, el sexo, las manías y las debilidades de su autor. Pero no me siento a gusto en un Sistema que me pone bajo sospecha solo por ser hombre y anda todo el día buscándole 3 pies al gato y sacando problemas donde no existen, por ejemplo la campaña de las gordas en la playa (vas a la playa y te fijas en las gordas, precisamente). Una compañera de trabajo, con carrera universitaria, tía leída y con sentido común, me dijo a raíz de todo esto que ella creía que la Igualdad era que cada vez hubiera menos distinciones ni rangos y resulta que cada vez hay más tribus, sub-tribus, categorías y sub-categorías. O sea, el viejo clásico DIVIDE Y VENCERÁS.

  7. Pingback: Jot Down News #42 2023 - Jot Down Cultural Magazine

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