
En 1989 las protestas de los estudiantes de la plaza de Tiananmén habían colapsado el tráfico de Pekín. Bill Porter tuvo que abandonar su taxi para recorrer a pie el último tramo que lo separaba de la estación central de la ciudad y alcanzar a tomar el tren que lo llevaría en un viaje de búsqueda imposible. El de los ermitaños budistas y taoístas chinos que, durante miles de años, se habían evadido del mundo en remotos refugios de montaña para meditar y alcanzar la sabiduría. Todos le advertían que eran cosa del pasado, y que seguramente habían desaparecido del todo después de la Revolución Cultural de Mao Zedong, y de una de sus máximas, que la religión es el opio del pueblo. Nada disuadió al entonces periodista y hoy uno de los traductores más reputados de la poesía budista china de su empeño.
Aquel fue el inicio de una travesía que acabaría en un viaje de descubrimiento interior y exterior, y que lo llevó a escribir uno de los libros que hoy vuelve a ser referente de la juventud china como guía de reencuentro con su pasado cultural milenario. Además de usarlo como manual de evasión, o búsqueda, para encontrar una salida a la inquietud e incertidumbre del tiempo presente. Camino al cielo, ahora editado por primera vez en nuestro idioma, es una guía de viaje que comienza en un tren, que nos adentra en una China que era desconocida incluso para su propia población y sus dirigentes, y que nos enseña que existe una forma diferente de entender y experimentar el mundo y a nosotros mismos.
Empecemos por tu juventud. Creciste como millonario y pasaste a ser pobre.
Crecí en una familia muy rica. Incluso de niño me avergonzaba ver el efecto que el dinero tiene en la gente. Así que, cuando mi padre perdió toda su fortuna, me sentí aliviado. Tenía una cadena de cincuenta y dos hoteles, era el vicepresidente de campaña para la zona oeste en la reelección del presidente J. F. Kennedy, así que se movía en un círculo de gente rica y poderosa. Desde niño vi lo terrible que era esa gente, porque, ¿sabes?, los niños tienen una mirada más clara sobre las cosas. Después, como adultos, nos acostumbramos a todo. Pero, cuando los niños ven las cosas por primera vez, se preguntan «¡guau!, ¿cómo pueden ser mis padres gente tan terrible?».
¿Eso fue lo que te inclinó al budismo?
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Hermoso artículo.
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Vaya vida ha llevado éste señor. Chapó.