
Daniel Clowes (Chicago, 1961) es una de las voces más icónicas e influyentes del cómic alternativo norteamericano. Con un estilo inconfundible y una visión crítica y sarcástica de la sociedad contemporánea, Clowes ha creado personajes inolvidables y ha retratado el desencanto y las complejidades de la vida urbana y suburbana a través de obras como Ghost World, David Boring y Como un guante de seda forjado en hierro. Su carrera alcanzó una dimensión internacional con la adaptación cinematográfica de Ghost World, que coescribió con el director Terry Zwigoff, y continúa evolucionando con proyectos como Mónica, su nueva novela gráfica. Ahora, gracias a la editorial Fulgencio Pimentel, Clowes presenta un integral de Bola 8, recopilando toda la serie que definió el cómic underground en los años noventa y marcó a una generación de lectores.
Nos reunimos con el autor en el Museo Reina Sofía, un entorno perfecto para explorar su obra, quien nos recibió con su habitual humildad y sentido del humor. En un ambiente distendido, se mostró cercano y reflexivo, compartiendo sus ideas y recuerdos con generosidad. Desde anécdotas sobre sus inicios en el cómic hasta su visión de la sociedad actual, la conversación fluyó como una extensión natural de su arte, y el trato fue cálido y profesional, digno de una figura de su talla. Fue una oportunidad única para ahondar en la mente de un autor que ha sabido capturar las sombras y la ironía de la condición humana como pocos.
Como Bola 8 ¿Crees que la vida se parece más a un golpe de suerte o a un accidente a punto de ocurrir?
Es, sí, una serie de accidentes. Todos podemos mirar hacia atrás en nuestras propias vidas e imaginar que, si hubiéramos tomado una pequeña decisión diferente en momentos críticos, estaríamos viviendo vidas completamente distintas. Y eso es, al final, de lo que tratan las historias: es casi como tomar todas esas cosas que son divertidas y definitorias, y explorar todas las posibilidades de una vida para encontrar la versión más interesante de eso.
Tu historia en los cómics comienza con Strange Adventures #161…
No fue la primera cosa que vi, pero era un cómic que mi hermano tenía y que descubrí cuando tenía tres o cuatro años. No estoy seguro de por qué me afectó tanto emocionalmente. La portada mostraba a una familia bajo un sol abrasador, había una fuente para beber, y todos decían: «Oh, estamos tan sedientos». Pero de alguna manera, el agua estaba congelada. Fue la primera paradoja a la que recuerdo haberme enfrentado, y me afectó tanto que me puse a llorar y golpeé mi cabeza contra la pared, buscando aliviar el dolor de ver esa imagen. Mi madre estaba muy preocupada. Pienso en eso y en cómo esa imagen me afectó de tal manera. Eso demuestra por qué me atrae tanto.
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Es curioso que leyendo los comics me imaginaba al autor como un misántropo nihilista, pero en las entrevistas se manifiesta como un tipo de lo más cabal.
Es uno de los grandes.
Muy curioso que mencione «Taxista». Esa obra es un locurón
Fotazas.
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Linda entrevista, no obstante me haya criado con otro tipo de historietas. Agradezco saber que por lo menos uno todavía ama agarrar birome y papel y sudar sentimientos, tratando de que estos no arruinen la escritura: temblor de frente a una palabra huidiza, una lágrima desconsiderada, o el abandono liso y llano por no ver salida pues el tiempo es anacrónico. Si es fantástico escribir a mano, lo es más cuando, por problemas de mudanza obligada te llega una carta que no era para vos y la abrís por descuidado. Es imposible subtraerse a las palabras que eran para otro pues la estás leyendo vos, y más cuando te piden que perdones a una interpósita persona desconocida. Son como nuevos parientes surgidos de la nada. Muchas gracias por la lectura.