
Hubo un tiempo en el que la cocina no era un espectáculo televisivo. Los programas culinarios eran simples recetarios que enseñaban a cocinar un plato nuevo cada día. Salía un señor/a y te explicaba cómo hacer un buen conejo al ajillo. Fin. Todo muy escueto y didáctico. Estos programas cumplían escrupulosamente con su función y ninguna cadena le hubiera dado el prime time a una persona cortando cebolla. Lo más loco que se hacía en aquellos tiempos era el programa de Karlos Arguiñano, de quien intuíamos que era mejor cocinando que contando chistes. Pero un día la cocina dejó de ser solo una necesidad vital y pasó a ser algo creativo. La irrupción de los cocineros vedettes como Ferran Adrià,Juan Mari Arzak, Carme Ruscalleda o los hermanos Roca supuso que la cocina se hiciera mediática. Todo el mundo quería impresionar con sus guisos. Fue así como empezó esa terrible plaga que hizo que los platos de los restaurantes se llenaran de líneas de vinagre de módena caramelizado y pimentón espolvoreado. Lo importante era que fueran bonitos, que nunca supieras si te estabas comiendo un primero o un centro de mesa. La cocina se convirtió en un espacio de innovación y competición. Y las cadenas hicieron Top Chef y MasterChef.
Pero antes de que todos supiéramos cocinar existió El gran sushi, un shonen culinario que contaba la historia de Yôichi Ajiyoshi, un preadolescente con un extraordinario don para la cocina que regentaba un restaurante familiar junto a su madre. Un buen día y por casualidad, uno de los críticos gastronómicos más prestigiosos de Japón (que os tentaba el humilde nombre de «el Rey del Gusto») le descubría e iniciaban una gira para demostrar que era el mejor cocinero del país.
Cualquier persona moderadamente escéptica pensará: «Uy, qué diversión, unos dibujos sobre cocina… ¡Seguro que a los niños les encanta! Todos los niños tienen un peluche con forma de brócoli». Pero, oh, giro, la serie funcionó muy bien.
¿Cómo consiguió captar al público infantil una serie sobre un chef? ¿Qué interés podía tener la cocina para un niño, un ser cuyo único logro gastronómico ha sido hacer un sandwich con Nutella y dos galletas María? En primer lugar, El gran sushi basó su narrativa en la competición. Si en Bola de dragón luchaban en el Torneo de las Artes Marciales y en Oliver y Benji competían por ganar la liga de fútbol, en El gran sushi dramatizaron la cocina convirtiéndola también en un torneo. En cada capítulo, Yôichi se enfrentaba en un duelo culinario contra otro gran chef: rivales, clasificaciones, eliminatorias, jurado… Un combate culinario. El público infantil estaba contento porque disfrutaba de otra serie deportiva y los empresarios del anime japonés estaban contentos porque nos habían vendido la misma serie tres veces.
Ahora bien: en la vida también se hacen competiciones de sudokus y visualmente es menos atractivo que el bostezo de un caracol. Si comparamos de nuevo El gran sushi con Bola de dragón, reconozcamos que es más potente el poder visual de un puñetazo que el de un sofrito hecho a fuego lento. Así pues, ¿cuál fue el segundo recurso de la serie para enganchar a los niños? Pues la psicodelia. Cuando los comensales probaban los platos la escena se convertía en un trip alucinante: temblaba el fondo, se llenaba de colores y líneas de velocidad, los personajes flotaban por el cosmos, los ingredientes cobraban vida y bailaban, aparecían volcanes y fuegos artificiales… Los creadores sabían que el hecho de cocinar no era visualmente atractivo y desplazaron todos los recursos de la animación al momento de la cata. Cualquier recurso era válido para ilustrar las sensaciones de placer del jurado.
Así, con estas escenas que humillan al bebé reptatechos de Trainspotting, los niños sentían que no hacía falta ningún kame-hame-ha para tener superpoderes, pues un buen plato de sopa puede hacer que la gente vuele, explote, viaje por el espacio… Y eso les hacía sentir bien: algún día ellos también podrían hacer cosas extraordinarias, porque los últimos estudios indican que es más probable que un chaval aprenda a cocinar antes que a hacer un kame-hame-ha.
¡Bravo por el El gran sushi! Quizá con la fiebre culinaria la vuelven a emitir. Pero yo espero que no: si pasara hoy en día, el restaurante de Yôichi se llenaría de instragramers fotografiando sus platos de sushi.








Raro que no se haya mencionado Iron chef, el espectáculo audivisual mas loco que ha salido de Japon en toda su historia.
Y para más descojone… los diálogos cuando los comensales (en verdad, miembros del jurado de la competiciñon gastronómica) probaban los platos:
(en la versión catalana eran desternillantes):
Oh que sabor !!
Oh que textura !!
(todo con unos lagrimones en los ojos dignos de Heidi!)
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