Música

Los Zigarros y la mea culpa de un amor que aún se equivoca

Los Zigarros. Imagen Universal Music Spain.
Los Zigarros. Imagen: Universal Music Spain.

Los Zigarros es ese grupo al que ya habías escuchado, aunque no lo hubieras hecho. Pero no me malinterpretéis. No es porque no sean creativos, especiales o innovadores. Porque lo son. Es porque escuchar a Los Zigarros es como ver a un amigo llevando un corte de pelo distinto por primera vez. Esas veces en que no puedes evitar preguntarle: ¿no lo has llevado así siempre? La energía de Los Zigarros es algo similar a eso. Resuena agradable, conocida, y cada acorde y cada verso están en el lugar y la forma que les corresponden. Y además, no vamos a engañarnos, seguramente sí que les hayas escuchado en algún bar. Bueno, yo al menos pensé todo esto cuando los descubrí, como se descubren los buenos grupos: por casualidad.

Aunque durante sus trece años juntos han logrado ganarse un excelente renombre, en su último disco, Acantilados (2023), han dado un paso más al girar su estilo romántico-retro hacia una forma más fresca de comprenderlo. Su música ha dado un paso más dentro del género e incluye ahora reflexiones sobre el amor mucho más maduras, con relatos de autosabotaje y explicaciones ricas en metáforas de parejas complicadas (o que pasan por fases complicadas). En su último álbum encontramos una poderosa declaración de intenciones que da voz a lo que muchos oyentes de rock llevaban algún tiempo pensando: ya era hora de que la visión del amor descrita comúnmente en el género se sentase en una sesión de terapia.

Si miramos a los clásicos del rock, desde las bandas más populares hasta otras que han sido flores de un día, encontraremos con cierta decepción —y cierta rapidez— bastantes letras que, digamos, han envejecido muy mal. El lenguaje sexista, romances con adolescentes o letras con discursos sencillamente manipuladores no son solo comunes, sino que fueron muy populares en su día. Por fin ha llegado el momento en el que podemos decir que nuestro entendimiento de las relaciones ha cambiado. Esta nueva forma de verlas se presenta en el último disco del grupo valenciano: una manera novedosa y realista que atraviesa la realidad desde los ángulos más crudos. Los que no tienen filtro, los a veces desagradables y feos, que siguen siendo amor, pero cuando todavía estamos aprendiendo a querer.

Su canción «Mis ojos» es una muestra excepcional de esto. En ella describen acertadamente cómo se ven las discusiones repetitivas en una pareja y cómo, a veces, la culpa es nuestra y solo nuestra, y no somos ni mucho menos los perjudicados en el asunto. Adoptar el rol de víctima no solo es fácil para nuestros cerebros, que odian equivocarse, sino que también tiene recompensa. Esto es lo que comúnmente se encuentra en la música y la literatura. ¿A quién no le cae bien una buena víctima? Los que lo son en su justa medida, sin culpa, sin regodearse demasiado. Sin embargo, responsabilizarse cuando caemos de forma repetitiva en un error que debilita nuestra relación es tan difícil que muchos no solo no pueden hacerlo abiertamente, mucho menos escribir sobre ello.

Reconocer nuestros errores sin intención de poner excusas o de romantizar patrones equivocados («pobre de mí, no sé hacerlo mejor») es la manera justa y correcta de afrontar el problema. Es el primer paso hacia un nuevo patrón de comportamiento. Justo como ellos describen.

Hoy te dije algo sin más

Que ojalá pudiera borrar

Desperté mi lado peor

Y al idiota en mi interior.

Escupiéndote al corazón

Que he sentenciado ya sin perdón

Mis ojos gritan guerra y tu boca dice paz.

Oigo ya a lo lejos la tormenta a punto de entrar

Rompiendo todo al pasar

Y arrastrándome con ella hasta el mar.

Cuando un problema en la pareja se vuelve repetitivo, entramos en bucles en los que tenemos las mismas conversaciones una y otra vez. Es en ese momento cuando tenemos que mirarnos a nosotros mismos primero y considerar que quizá la estemos causando nosotros. ¿Cómo participo en el desarrollo de esta pelea? ¿Por qué siempre empieza y acaba de la misma forma?

Probablemente, cuando somos nosotros los causantes del conflicto, tenga más que ver lo que la situación significa para nosotros que lo que realmente estamos diciendo o por lo que discutimos. Entender el significado que tiene el conflicto para nosotros es crucial a la hora de evitar entrar de nuevo en la vorágine de la discusión. Detectar, reconocer y negarnos a tomar el rol que normalmente adoptamos nos llevará por fin a un resultado distinto. Esto supone que tenemos que escoger activamente un camino diferente, evitar que ese sentimiento enemigo tome el control, saliendo así del bucle de discusiones que, aunque incómodo, se ha vuelto nuestra zona de confort. Como el cantante confiesa en la misma canción: «Sé que el enemigo soy yo, y la llave de mi prisión».

Cuando hemos identificado el problema pero aún no hemos conseguido escapar de ese papel tóxico que nos persigue y al que todavía damos voz, somos capaces de mirar lo que hemos dicho cuando la discusión ha acabado, ver los mismos pasos que estamos acostumbrados a recorrer y preguntarnos cómo hemos acabado de nuevo en el mismo lugar. ¿Es autosabotaje? Cuando se apaga el calor del momento, solo queda la culpa de haber terminado la conversación de la misma manera.

Se acabó el vaivén

y la culpa ya me devora.

Se parece tanto, tanto a la última vez.

El grupo no solo muestra un buen nivel de comprensión sobre los errores de las relaciones en esta canción de su último álbum, sino también en muchas otras en las que dan luz a situaciones que son reales, derivadas del amor, y que no son ni bonitas ni románticas, sino aún caóticas y complicadas, difíciles de mirar, con trabajo por hacer. La banda nos ofrece generosamente una lección que aprender: si en nuestras discusiones de pareja siempre tocamos los mismos acordes, siempre escucharemos la misma música.

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