Cine y TV

La manipulación ideológica de David el gnomo

David el gnomo. Imagen BRB Internacional.
David el gnomo. Imagen: BRB Internacional.

Bajo una apariencia ecologista e inofensiva llega a nuestras pantallas, en el año 1985, David el gnomo. Superada la transición y con la democracia ya instaurada, la serie pretende inocular los valores de la movida de forma sibilina y soterrada, ocultándolos tras mensajes conservadores. 

Todo empieza con un viaje, así es como nacen las mejores historias. En este caso nuestro protagonista es Claudio Biern Boyd, director de BRB. Volviendo de un viaje a Japón, aburrido durante la escala en Ámsterdam, descubre dos cuentos: Los gnomos y La llamada de los gnomos. El resto es lo que imaginan: traducción, guion y voilá! nace David el gnomo tal como lo conocemos. 

David el gnomo no quería ser La bola de cristal, quería llegar a todo el mundo, incluidos los flancos más conservadores, y por ello se presentó como una serie educativa, amable, aparentemente sencilla y repleta de mensajes morales. Pero no se confundan, señores, en la época actual BRB no hubiese tenido buzón suficiente para recoger denuncias. Analizaremos en primer lugar la vertiente más tradicionalista de la serie. A medida que avanzan los capítulos podemos ir conociendo en profundidad el mundo de los gnomos: su razón de ser es casarse y tener hijos y, en varias ocasiones, se nos presenta la soltería como el camino a la infelicidad, ya sea aplicado a gnomos o a animales. Existe un control de natalidad por el que cada pareja solo puede tener un par de mellizos. Los hombres y las mujeres desarrollan roles claramente diferenciados y los de las mujeres, por supuesto, son las tareas del hogar. Como no podía ser de otra manera, el sistema en el que viven es una monarquía absoluta. 

La otra cara de la moneda no se hace tan evidente. Son pequeños mensajes, a lo largo de toda la serie, que se instalaron en los cerebros de las generaciones más jóvenes. Los ejemplos más extremos de modernidad los encontramos en los títulos de crédito de inicio y fin. David nos introduce su mundo comentando cosas como «siempre estoy de buen humor», insiste mucho en este punto y curiosamente después nos informa de lo siguiente: «uso hierbas que yo sé», pero voy más allá, en el primer capítulo de la serie aparece fumando en una sospechosa pipa… 

Si nos centramos en los títulos de crédito finales, la cosa no mejora. David y Lisa se presentan con un comportamiento incoherente y visiblemente alterado: flotan en el aire, David se columpia en una rama, luego sopla vidrio, Lisa lava la ropa de forma compulsiva y cada vez que la saca del barreño aparece con un color distinto… era algo delirante. Todo esto acompañado por una canción en la que el intérprete, con la voz cargada de helio, cantaba cosas como «cada noche es una aventura», «ven y tócame la nariz»… Saquen sus propias conclusiones… Si pueden. 

A todo esto hay que sumar el hecho de que David el gnomo era una serie con una potente carga sexual. En el primer capítulo David nos recibe en su bañera… ¡DESNUDO! De hecho la serie fue censurada en Estados Unidos, donde se consideraba que unos pechos que llegaban a la cintura eran una obscenidad. Sí, señores, de nuevo hablamos de Lisa, la mujer de David, que no solo poseía una buena delantera, sino que la mostraba sin pudor alguno, (para dar de mamar a sus hijos, es cierto). La gnoma fue retocada en una hábil operación de reducción de pecho, y tuvo que llegar a las pantallas norteamericanas ignorando la lactancia materna. 

Pese a esta dicotomía, David el gnomo logró convertirse en serie de culto entre los niños de la época y esto es así por una razón: el último capítulo de la serie logró anular todo lo anterior. El mismísimo Goebbles hubiera soñado con una estrategia de estas características. Mensajes introducidos en el tierno subconsciente del público más joven, generaciones que por siempre recordarán gnomos, trols, al zorro Swift… y ese final del que no vamos a hablar, ese espectáculo de fuegos artificiales que eclipsa todo lo anterior. 

Comprenderán por tanto que David el gnomo merece una revisión, es algo más que recomendable. Eso sí, si quieren disfrutar de esta serie en su máximo esplendor, captar su esencia y su diversidad moral, omitan el último capítulo, sálvense del lavado de cerebro pero, sobre todo, eviten volver a ver el capítulo más triste de la historia de la televisión.

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4 Comentarios

  1. No sé lo que fumaba el Gnomo David, pero seguro que no es nada tan potente como lo que fuma el firmante de este artículo….Que manía con ver teorías conspiranóides en todas partes …en fin.

  2. Heriberto

    Pero bueno, si este artículo es de coña…
    Una cachonda mental, la autora, se ha tenido que mondar de risa.

  3. La última generación con valores, gracias David el Gnomo por todo lo que me enseñaste

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