Existen palabras en español que se le atraviesan hasta a los hispanohablantes nativos. ¿Quién no ha estado a punto de cantar en algún momento el «ilari, ilarilé» de Xuxa al querer enunciar la solidaridad? Multidisciplinariedad y desideologización hay que decirlas o muy lento o de carrerilla. Criptoactivo o criptoestafadores también tienen su aquel. Y luego está el antiintelectualismo, que parece tanto o más complicado de analizar que de proferir.
Para empezar, no se encuentra registrada en el diccionario de la Real Academia Española (aunque sí lo hagan otras como antiimperialismo o antiinflacionario). Curioso cuanto menos, teniendo en consideración que nuestro país vivió casi cuarenta años a la sombra de aquel «¡Muera la inteligencia!» gritado por Millán Astray frente a Unamuno, Carmen Polo, el cardenal Enrique Pla y Deniel, y un auditorio hasta los topes de militares alzados.
Hay controversia con respecto a la veracidad de la frase, como sabrán y como corresponde a nuestra época de vago (por perezoso, no por falto de fin) revisionismo histórico. Se habla de malentendidos, de fabulación, de «una recreación literaria sin intención de descripción histórica», moralizante. Esto último lo afirmó el historiador Severiano Delgado tras publicar en 2018 sus treinta y cuatro páginas de investigación tituladas Arqueología de un mito, el acto del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, y los medios de comunicación digitales corrieron a hacerse eco sin contrastar nada, permitiéndose sentencias en firme sobre la historia. Por supuesto, no hubo rectificación por ninguna de las partes cuando en 2019 Jean-Claude y Colette Rabaté publicaron las cuartillas inéditas de los dos meses y medio que pasó Unamuno en encierro domiciliario antes de morir el 31 de diciembre de 1936, donde se lee de su puño y letra «»Muera la intelectualidad y viva la muerte», Millán Astray» (El resentimiento trágico de la vida, Pre-textos, 2019), junto a otras referencias y meditaciones sobre el asunto.
Un apunte más. En nota a la transcripción de esta cuartilla, el matrimonio Rabaté aporta el siguiente extracto del discurso de Millán Astray el 18 de octubre del mismo año, recogido al día siguiente en La Gaceta Regional: «Y, en fin, para acabar para siempre con los que llamándose intelectuales y con ello presentándose con título deslumbrador, glorifican las causas más perversas, más hediondas, más nefandas. No por fe, sino por odio, ambición o cobardía. Esos serán fulminados».
El caso: que antiintelectual/ismo no aparece en el DRAE, por lo que sea, a pesar de que estemos asistiendo en primera fila a la resurrección de ese discurso por redes sociales. Excepto porque ahora nadie se autodenomina «intelectual», y a quienes podrían ser tenidos por tales (de Mileto… *badabum, tss*) se les llama «wokes».
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Muy bueno el texto. Desconocía el libró de los Rabaté y es lamentable que no se desmintiesen en lo dicho los medios que lo publicaron.
Un saludo.
Pregunta
Álvaro Delgado-Gal, Felipe Fernández Armesto, Ignacio Vidal-Folch, Jesús Fernández Villaverde, Araceli Mangas, Luis Alberto de Cuenca…
¿Valen como intelectuales o se descartan?
Estoy de acuerdo en que hay como signo de los tiempos esa actitud de ignorancia disfrazada de certeza. Lo que más me preocupa, sin embargo, es el papel de los progres para haber llegado a esto: hay un club de ignorantes orgullosos y reaccionarios que los progres se han encargado de fomentar. Algo tendrá que ver el complejo de superioridad moral permanente que solo vende mercancía averiada. Falta de pensamiento sustancial (identitarismos y particularismos frente a racionalidad y universalismo) y actitud religiosa y moralista. Hasta que eso no cambie no va a volver la izquierda a tener algo real que decir, más allá de los sectarismos habituales. Mientras tanto la extrema derecha seguirá campando e impregnando ideas y políticas.
Political incorrectness
Sé buena, dime cosas incorrectas
desde el punto de vista político. Un ejemplo:
que eres rubia. Otro ejemplo: que Occidente no te parece un monstruo de barbarie
dedicado a la sórdida tarea
de cargarse el planeta.
Otro: que el multiculturalismo es un nuevo fascismo, sólo que más hortera, o que disfrutas
pegando a un pedagogo o a un psicólogo, o que el Mediterráneo te horroriza.
Dime cosas que lleven a la hoguera directamente, dime atrocidades que cuestionen verdades absolutas como: “No creo en la igualdad”.
O dime cosas terribles como que me quieres a pesar de que no soy de tu sexo, que me quieres del todo, con locura, para siempre, como querían antes las hembras de la Tierra.
Yo soy más de la teoría de que quien se hace “ignorante orgulloso y reaccionario” o de extrema derecha la responsabilidad es suya propia, y las ganas de serlo, las traía ya de casa. Una cosa es señalar los errores y contradicciones de la izquierda progre, pero lo de responsabilizar a la izquierda de que se multipliquen los fachas ya huele a naftalina y a excusa de mal pagador.
Lo que ocurre es que se pretende que la izquierda no toque nada, no moleste, no remueva, ni trate de replantear nada que no sea, si acaso, la situación laboral del tornero-fresador. Ya que, en caso contrario, la derecha se radicaliza, pobrecita ella, por culpa de la izquierda; que ellos no querían. Lo peor: que esta postura la adoptan también muchos de aquellos que, sin ser de derechas o conservadores en principio, les da una pereza de la muerte dedicar medio minuto a escuchar y tratar de entender temas que van más allá del tornero-fresador con el que estaban muy cómodos pontificando desde hace décadas. Quizá también por la sospecha de que a lo mejor, les salpica algo o, como mínimo, tienen que aprender cosas nuevas cuando daban por hecho que ya lo sabían todo y que lo de enseñar a los demás era su monopolio.
Vamos, que lo que se pretende es que sea la derecha la que marque cuales son los discursos y temas aceptables que debe manejar la izquierda. Hay que tener dureza facial.
Lo has clavado.
Así es.
Decía «Lo que ocurre es que se pretende que la izquierda no toque nada»
Precisamente ese es el problema. Que la izquierda no toca nada. Con independencia de lo que pretendan las derechas, que ellas irán a lo suyo, como es natural.
Así que sí, la izquierda tiene mucha responsabilidad en lo que (le) pasa; algo, por cierto, que está más allá de nuestras fronteras, está por doquier.
Por tanto, las excusas de mal pagador, la dureza facial, etc, más bien se la vamos a dejar a esa izquierda progre y posmo, volcada en minorías e identidades, que ocultan, en realidad, falta de proyecto y pérdida de rumbo. A ver si espabilamos.
¿Qué es dureza facial? Para mí, es minimizar colectivos a los que no se pertenece y despreciar como fruslerías las reivindicaciones de todo lo que no es uno mismo.
Dureza facial es explicar a otros, desde fuera, cuáles deberían ser sus prioridades, las vías correctas para plantearlas, y las soluciones a problemas que no experimento o, directamente, negar que existan.
Es decir que “no es para tanto” y que aparquen lo suyo para dejar paso a las cuestiones importantes que, por pura coincidencia, son las que sí me afectan a mí; que ya si eso, lo tuyo, pasado mañana.
Es querer ser de izquierdas y ciego a los propios privilegios. Es ser progresista con lo mío y conservador con lo de los demás. Querer decir “histéricas” sin decirlo. Pretender ser políticamente incorrecto sin nombrar de que minorías, exactamente, estamos hablando.
También, hablar de minorías mezclando temas que involucran al 50% de la población (o viceversa).
Dureza facial es considerar que todo esto de lo que estamos hablando es un juego de suma cero.
¿Qué es dureza facial? Dices mientras…
Además, pedante. Lo tienes todo. Podemoide y pedante. Ve a terapia, enseguida. De nada.
Redio, la internet te queda grande y te has perdido. Hay un sitio que se llamaba Twitter y es lo que estabas buscando. Pro tip: si dices allí que antes votabas a IU pero ahora solo queda Vox, lo petas. de nada.
fantástico texto
j
Me encanta
«pensar cuesta; es mucho más fácil temer y culpar» Ahí está la clave. Y los que de verdad manejan el cotarro lo saben a la perfección.
Ayer léi un artículo en la sección de ciencia del diario el País. Se referían a la correlacíon entre la emisión de particulas finas que, desprenden, por ejemplo, los tubos de escape de los coches diesel y su relacíon con el aumento de la segunda demencia mas habitual en el mundo: La demencia por cuerpos de Lewyy. El estudio era tan complejo y aterrador, que daban ganas de dejar de leerlo. Yo no suelo informarme solo a través de los Mass media, y, cuando lo hago, suelo poner en tela de juicio, sobre todo, los artículos de opinión. ¿Porque? Porque me suelen vender unas certezas que, salvo en extrañas excepciones, no existen. Se estan abriendo muchas brechas; sobre todo en el campo de la ciencia, que ponen en cuestión el capitalismo desde sus cimientos. (No digamos el neoliberalismo; que, frente a estas revoluciones incipientes: Celulas madre, Xenotrasplantes, relación de la contaminación ambiental con las enfermedades neurodegenerativas o raras; con prevalencia en aumento progresivo desde hace unos años; demuestran que hay muy escasas certezas sobre las amenazas del mundo que habitamos en la actualidad. Que, si, parece estar lleno de aspectos interconectados. Frente a ello la politica parece incapaz. Y los gurús de las criptomonedas, unos ilusos que venden humo a otros ilusos, bajo la premisa: Tu vida depende de ti. Frente a lo que la buena ciencia responde: Y una mierda. y añade, que, si nos colaboramos entre todos para hacer frente, a, por ejemplo, los peligros del cambio climático, nos vamos a tomar por culo. Disculpen este lenguaje grosero, que no suelo usar, pero lo escribo así para que todos nos entendamos.
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