Los profesores nos tomamos muy en serio el lema del gobierno de «Enseñanza cero», es decir, que un alumno salga del instituto tan ignorante como entró. No es nada fácil, pero después de años de arduo trabajo puedo decir que ya lo estamos consiguiendo. Por desgracia no se puede hacer mucho contra la inteligencia. Hay alumnos que tienen la desgracia de nacer inteligentes, y, pase lo que pase, serán inteligentes toda la vida. Pero si no podemos hacerlos tontos, al menos los haremos ignorantes. Y hasta donde sea posible, nos aseguraremos de que esa ignorancia se adhiera a ellos y los proteja, como tela impermeable, de los peligros de la inteligencia, que son muchos y terribles, como de todos es sabido. En caso contrario, ese defecto natural e inevitable les podría conducir a la soledad y la desesperación y así podrían caer en vicios tan horrendos como la lectura o cosas aún peores que mejor ni mencionar.
He dicho “los profesores”, en plural, pero a nadie se le escapa que aún hoy, pese a todos los esfuerzos del gobierno, queda un pequeño grupo de radicales antisistema, que siguiendo las doctrinas terroristas de gente perversa como Rousseau, Montesquieu o Voltaire (entre otros individuos de esa calaña) están empeñados en intentar que sus alumnos “aprendan cosas”, que “tengan una cultura”, que (tápense los ojos y los oídos, voy a tener que decir y escribir palabras muy feas) “puedan pensar por ellos mismos”, que “sean ciudadanos críticos y cívicos”… En fin, ideas muy peligrosas que no producen ningún bien a la sociedad y sí, en cambio, provocan un daño irreversible, profundo, incurable y muy doloroso, a quién las padece. Por tanto, por el bien de nuestro alumnos, estos profesores rebeldes deben ser apartados del sistema. Por suerte nuestros gobernantes, debo seguir diciendo, no son ajenos a este problema, y están tratando, me consta, de hacer lo que pueden para acabar con él. El primer paso es aumentar todavía más la burocracia. El siguiente paso, inevitable, es identificar a los sujetos nocivos, separarlos del resto y enviarlos a las “mejores” clases de los “mejores” institutos, para ver si allí abandonan esas tontas esperanzas de insumisión que pese a todo aún conservan. Si estos sujetos, ahogados por la burocracia y en manos de alumnos “especialmente activos” que los mantienen “ocupados” (luchando cada día por su integridad física con diversos deportes de riesgo), desisten de su actitud hostil y se vuelven tan disciplinados y eficientes como el resto de sus compañeros, este ansiado objetivo de “Enseñanza cero” se habrá cumplido finalmente.
Hay que tener en cuenta, afortunadamente, que el gobierno cuenta con un gran aliado: los padres de los alumnos, siempre dispuestos a velar por el futuro de sus hijos (el verdadero futuro de sus hijos, que se basa en la sumisión y la obediencia, como todo el mundo sabe, y no en esas absurdas y delirantes doctrinas de los profesores rebeldes), y esa ayuda siempre es muy importante y nunca hay que menospreciar. Tenemos el ejemplo de cómo, en situaciones muy adversas, el profesor rebelde ha podido ser finalmente desenmascarado y neutralizado gracias a la acción combinada de la administración educativa y los padres. Sin la acción conjunta de estas fuerzas de choque, el profesor rebelde podría hacer conseguido inocular su veneno filosófico a un indeterminado número de alumnos, totalmente desprotegidos ante el peligro que se cernía sobre ellos. Por suerte estos casos son la minoría, en la mayoría de las ocasiones el sistema funciona muy bien, abortando desde raíz todo tipo de actividad antisistema y antieducativa por parte posibles grupos de profesores terroristas y alborotadores. Por consiguiente, quiero acabar este pequeño discurso con palabras de optimismo. Por el bien de nuestros alumnos, el éxito de nuestra misión está casi asegurado. La ignorancia, junto con la sumisión y la obediencia, grandes virtudes sociales, les dará un puesto útil en el mundo, y eso les asegurará una vida tranquila y fructífera, cumpliendo con lo que la sociedad espera de ellos. En caso contrario, su vida, nunca viene mal recordarlo, estaría llena de dolor y frustración, y eso, por el bien de nuestros alumnos, repito, nunca debe suceder.
Nada más que decir. Viva la verdadera educación. En este día de la cultura, la verdadera y única cultura: la cultura de la docilidad y la ignorancia, quiero felicitar a todos los profesores que están cumpliendo con sus obligaciones naturales. El estado les agradece su trabajo.









“…tápense los ojos y los ODIOS, voy a tener que …” no está mal como consigna de frente a la promiscuidad de las redes. Sigo leyendo pensando que esta frase puede ser oportuna y deliberada, mas no lo creo.
Corregido. Gracias, Eduardo.
Interesante, me ha gustado. Añado algo que me inspira tu texto
Antes el profesor se interesaba en qué hacer por el alumno y ahora qué hacer con el alumno.
Yo diría que el mandato al ciudadano del siglo pasado a ahora ha sido:
.- El “tú obedece” (Principios s. XX – años 50s)
.- El “tú debes” (años 50s – 80s)
.- El “tú puedes” (años 80s – 2008)
.- El “tú puedes” cínico, o, el “tú ya no puedes” (2008 – COVID) El “tú puedes” sigue presente en la publicidad, en las redes, en el coaching… Se sigue repitiendo porque no hay sustituto.
.- El “tú obedece” (COVID – hoy) Este nuevo “obedece” respecto al de la primera mitad del siglo pasado, lleva añadido un plus de sadismo, que el ciudadano recibe con sumisión, es una actitud masoquista liberadora.
Muchas gracias, Ángel. No lo había visto así. Buen repaso…
Un saludo.
Me encantó leer esa descripción, que se aplica con mucho tesón y disciplina en cada ámbito educativo que conozco.
Muchas gracias, Marta.
Un saludo.
Ignorance is bliss.Buen artículo, gracias.
Enhorabuena por este gran artículo, le doy las gracias por señalar el gran problema de nuestra sociedad, la ignorancia consentida, es terrible lo que nos está haciendo a todos esta terrible plaga. La ignorancia nos va a matar.
Muchas gracias, Juan Carlos. Un saludo.
Está usted equivocado. Es que la abdicación de los contenidos y de nuestra profesión como referentes de civilidad es lo que nos ha precipitado al fracaso más ominoso.
Creo que se equivoca, máxime si nombra al impresentable de Rousseau, el autor del lenitivo manual del «Emilio» que tanto ha influido en el nuevo modelo educativo, el mismo autor pedagógico que abandonó a sus hijos en un orfanato. Es justamente el gobierno el que impulsa la ignorancia de los jóvenes con consignas de aprendizaje competencial basándose en los presupuestos que usted propugna aquí («aprender a aprender», «educación para la ciudadanía»…) Para enseñar a pensar, primero hay que enseñar contenido, contenido que ha sido erradicado por la LOE y la LOMLOE con ramplonerías acientíficas curriculares que inventan pseudotérminos pedagógicos inútiles. Toda la monserga del aprendizaje por proyectos aboca a la clase a convertirse en una suerte de trinchera indisciplinada donde se ha naturalizado la violencia. En nombre de la creatividad se ha abolido el auténtico aprendizaje.
Casi cada año he de lidiar con claustros que naturalizan el derrochar horas con doctrinas competenciales nórdicas que han provocado un marcado declive donde se han aplicado (le recomiendo leer a Heller-Salgren) y con los que, convencidos que esas teorías pedagógicas no se aplican correctamente, buscan una implementación aún más radical.
Si no se nos permite enseñar, ¿qué creatividad o pensamiento crítico pueden lograr los alumnos?
Ostras! Interesante giro. Qué pena que el «Objetivo Enseñanza Cero» parezca extenderse hasta la comprensión lectora. Un texto tan abiertamente sarcástico se confunde con literalidad… Parece que la era del uniformalismo no nos permite detectar la ironía. Pero… puede que el confundido sea yo.
Sí, la verdad, yo suponía que todo el mundo entendería que es un texto irónico, en el que he tratado de imaginar como sería, por ejemplo, un discurso de un representante educativo en una novela distópica tipo «orweliano». Pero siempre hay sorpresas… De todas maneras coincido con Oscar A en todas sus criticas. Por ejemplo, cada ley educativa es peor que la anterior, pero lo de la última va a ser muy difícil de superar…
En cualquiera caso, como digo siempre a todos mis lectores, gracias por leerme.