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Eva Orúe: «Acabamos de renovar este año el convenio de celebración de la Feria en el Parque de El Retiro durante los próximos cuatro años»

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Eva Orúe (Zaragoza en 1962) es periodista, gestora cultural y escritora. Ha sido corresponsal en Moscú, Reino Unido y París. Como escritora es autora de La segunda oportunidad y coautora junto a Sara Gutiérrez de títulos como Rusia en la encrucijada, Locas por el fútbol o En el Transiberiano, quizá su libro más célebre. Ha desarrollado también una larga trayectoria como comunicadora al frente de Ingenio de Divertinajes, agencia desde la que colaboró con televisiones, editoriales y librerías. En 2022 se convirtió en la primera mujer en dirigir la Feria del Libro de Madrid en más de ochenta años, tras imponerse en un proceso selectivo con dieciséis candidaturas. Desde entonces ha defendido la Feria como un “pueblo efímero”, una fiesta colectiva de editores, libreros, autores y lectores, enfrentándose a desafíos como el impacto del calor con imaginación y diálogo. 

Nos reunimos con Eva en la sede de la Asociación de Empresarias y Empresarios del Comercio del Libro de Madrid (Gremio de Librerías de Madrid), tras varias conversaciones en las que nos ha trasladado su completa disposición a hablar con franqueza de las críticas vertidas en Jot Down sobre su gestión, con las que no está de acuerdo. La entrevista nace como un ejercicio de transparencia y de reconciliación, un espacio en el que la directora de la Feria del Libro de Madrid responde a las objeciones planteadas en aquel artículo y matiza con calma los puntos de fricción. El objetivo no es reabrir una herida, sino mostrar las razones, las convicciones y la mirada de alguien que lleva sobre los hombros la gestión de una de las citas culturales más importantes del país.

¿Cómo llegaste a la dirección de la Feria del Libro de Madrid?

El Gremio de Librerías de Madrid, que es el titular de la Feria del Libro de Madrid, abrió en 2022 un proceso al que invitó a presentarse a quien se considerara capacitado para dirigir la Feria. Creo que nos presentamos dieciséis y, al cabo de una selección, me eligieron a mí.

¿Qué recuerdas del primer día en el cargo, cuándo tomaste conciencia del tamaño y la responsabilidad del proyecto?

Me notificaron que iba a ser la directora un 15 de diciembre y el primer día que estuve en esta oficina fue el 3 de enero. Obviamente, antes vine un par de veces para mantener conversaciones con quienes estaban aquí y ese 3 de enero me recibieron, entre otras, las dos personas que más tiempo llevan en esta feria. Y lo cuento siempre porque es verdad y porque es sintomático. A una de ellas la conocía más o menos, y me dijo: «cuando se baje usted de la nube, hablaremos de casetas, electricidad y aguas fecales». Y eso ya me dio una pista, la Feria del Libro de Madrid son libros y autores, pero hay mucho más y no necesariamente más agradable.

¿Qué era para ti la Feria del Libro de Madrid como visitante y como profesional? Tú estabas en los medios de comunicación: ¿qué visión tenías de la Feria?

Yo venía como lectora que soy. Vine también muchas veces como periodista, había firmado alguna vez ya en la Feria y tenía una visión parcial, como todo el mundo. Poseía mis propias opiniones respecto a lo que estaba bien y lo que estaba mal, desinformadas todas con prácticamente total seguridad. Pero tenía la idea clara de que la Feria del Libro de Madrid es más que una feria y es más que del libro. Es una cita para los madrileños, algo que está grabado en la agenda cultural y emocional de la ciudad, un patrimonio de la ciudad que tiene una importancia que supera con mucho su condición de escaparate de la industria editorial.

¿Cómo fue el proceso de selección y qué crees que valoraron de tu perfil? Porque hubo bastante competencia, ¿no?

Sí, no conozco el detalle. Hubo dos fases. En la primera el comité de selección descabalgó a once candidaturas; llegamos cinco a la segunda fase, si no recuerdo mal, y esa segunda fase era una entrevista que en mi caso duró algo más de una hora. No sé si en todos los casos fue igual. Entiendo que valoraron el hecho de que estaba conectada del mundo del libro, que tenía conocimiento del sector —aunque no lo profundo que quizá en ese momento ellos pudieran pensar—, el hecho de que fuera periodista y, por lo tanto, tuviera ciertas habilidades de comunicación y contacto con los medios. No descarto que contara también el hecho de que soy mujer —no puedo evitarlo— y que tengo una experiencia profesional singular marcada por la edad y por otros factores que han hecho de mí lo que soy. Espero que valoraran el conjunto.

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¿Qué dificultades encontraste al principio que no te esperabas? Me imagino que hay tantas cosas nuevas…

Para mí lo más difícil fue incorporarme un 3 de enero, cuando la siguiente Feria estaba ya muy en marcha. Entré después de la primera edición pospandémica, es decir, después de un año, el 20, en el que no hubo feria —solamente una edición virtual—, y un año, el 21, en el que la Feria fue todo lo que la Feria no es: una feria pequeña, cerrada. Y por lo tanto llegaba en un momento en el que había muchas ganas de Feria y prácticamente parecía que, hicieras lo que hicieras, eso iba a funcionar. Pero me incorporé muy tarde a un proceso en marcha. Yo digo a veces, medio en serio medio en broma, que el primer año era la becaria; habían colocado a la becaria de directora, porque la Feria hay que aprenderla, y yo en esos cinco meses tuve un aprendizaje acelerado, pero sin duda incompleto. Me hacía falta un ciclo completo: hay que vivir un ciclo entero de la Feria para entender lo que esto es, lo que supone y lo que exige.

¿De quién es la Feria del Libro de Madrid?

El titular de la Feria desde 1982 es el Gremio de Librerías de Madrid, cuyo nombre exacto es Asociación de Empresarias y Empresarios del Comercio del Libro de Madrid. Antes la organizaba el Instituto Nacional del Libro, que en ese año dejó de hacerlo y asumió esa responsabilidad el Gremio. Y se celebra en el Parque de El Retiro desde 1967, por cierto. Entonces, el titular de la Feria es el Gremio, pero la Comisión Organizadora de la Feria la componen representantes del Gremio de Librerías de Madrid, de la Federación de Gremios de Editores de España, de los editores de Madrid y de los distribuidores. Son los gremios que tienen representación en las casetas y en la Feria del Libro de Madrid.

¿Has tenido resistencia interna a tus propuestas de cambio?

No diría resistencia interna, pero sí es verdad que las propuestas que uno hace no siempre satisfacen por igual a todo el mundo.

¿Hay intereses contrapuestos entre los diferentes participantes (libreros, editores, distribuidores)?

Claro, efectivamente. Para eso está la Comisión Organizadora y para eso está el trabajo que hacemos todos los días con la gente interesada en la Feria. Es evidente que las propuestas no interesan igual, o no afectan igual, o no son de igual agrado para los tres gremios; pero es evidente también que, sin el acuerdo de los tres, las propuestas y los cambios no saldrían, porque esta feria necesita de esa combinación.

¿Trabajáis entonces buscando la unanimidad de la Comisión?

La unanimidad es lo ideal y, cuando no se produce esperamos que quien renuncia no se considere traicionado. De lo que se trata es de que la Feria sea un espacio para todos, a sabiendas de que cada uno tiene intereses diferentes, sin olvidar nunca que los libreros de Madrid, haciendo un tremendo esfuerzo, por cierto, mantienen la Feria. No es fácil que un gremio de librerías sea el sostén básico de una feria y, mucho menos, de una de este tamaño y características.

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¿Cómo es la relación que tenéis con el Ayuntamiento, con el gremio de editores y con la Comunidad?

Bueno, son tres cosas bien distintas. Con el Ayuntamiento tenemos una relación fluida porque de verdad apoya la celebración de la Feria. De hecho, acabamos de renovar este año el convenio de celebración de la Feria en el Parque de El Retiro durante los próximos cuatro años. El Ayuntamiento nos cede el parque, nos da una subvención nominativa y nos cede algunos espacios, como la Biblioteca Municipal Eugenio Trías, que podemos utilizar durante la Feria.

Con la Comunidad el apoyo es distinto: nos apoyan también y, de hecho, nos acaban de declarar Bien de Interés Cultural. Es una noticia que recibimos el día antes del comienzo de la Feria de 2025: importantísimo, Bien de Interés Cultural, la Feria del Libro en el Parque de El Retiro. La Comunidad de Madrid da una subvención al Gremio de Librerías, de la cual una parte es para la Feria; además, la Comunidad monta siempre un pabellón propio y organiza actividades en la Feria.

Con el gremio de editores la tarea es diferente: se trata de trabajar tanto con el Gremio de Librerías de Madrid como con la Federación para, en la medida de lo posible, dar satisfacción a sus asociados y conseguir entre todos una feria que sea atractiva para el público, que de eso se trata. Somos una feria comercial: sin el público no somos nada.

¿Se descarta que la Feria del Libro de Madrid se traslade a IFEMA?

Ahora mismo no está sobre la mesa, ni de lejos. Al contrario. Yo diría, además, que en algún momento pudo haber alguna reticencia, pero nuestra manera de trabajar ha convencido a la gente no solo de que es importante que la Feria esté en El Retiro, sino de que, además, estamos haciendo todo lo posible para que nuestra presencia —que es una invasión— sea no ya lo menos dañina, sino que no afecte a la vida del parque, o que la afecte lo menos posible.

¿Y con el Ministerio de Cultura qué relación hay? Porque tenéis la sede en el mismo edificio que la Subdirección General del Libro

Sí, en esta subdirección, en este edificio, estamos varias asociaciones y organizaciones relacionadas con el mundo del libro, privadas, no solamente nosotros: está, por ejemplo, la Asociación Colegial de Escritores (ACE), está CEGAL… Todos tenemos aquí nuestras oficinas. Nuestra relación con ellos es diferente: efectivamente estamos aquí todo el año, pero luego su implicación en la Feria depende de proyectos concretos. No tenemos una subvención nominativa de entrada, sino que, en función de lo que hacemos, podemos pedir ayudas de concurrencia.

¿Qué papel juegan los editores y los libreros en la percepción pública de tu trabajo? ¿Te apoyan?

En general, sí. Digamos que la dirección de la Feria, en contra de lo que muchos creen, tiene una autonomía relativa. Es verdad que, siendo algo así como una directora ejecutiva, hay cosas que dependen solamente de lo que aquí se decida, en esta dirección; pero el 90% del trabajo que realizamos tiene que ver con el hecho de que libreros, editores y distribuidores han trabajado antes juntos para alcanzar un acuerdo que se plasma en el Reglamento o en indicaciones que se dan en cada momento y que nosotros tenemos que hacer cumplir. Tengo una compañera que siempre dice: el Reglamento nos guste o no, tenemos que defenderlo; o, al revés, explicarlo y defenderlo. Pues eso pasa en todos los ámbitos de la vida. Por lo tanto, si hay alguna discrepancia, me la manifiestan y, si hay que corregir, se corrige. Pero, en general, sí que me siento apoyada.

En un artículo que publiqué recientemente sobre tu gestión, te señalaba con mucha dureza. ¿Cómo recibiste ese texto a nivel personal?

Como una patada injusta. Y diré por qué. Soy periodista —creo que en una conversación que mantuvimos te lo dije— y sé que los datos son sagrados y la opinión es libre. Pero los datos son sagrados. Y ese artículo, aparte de una innecesaria dureza en el titular, arrancaba de algo que no era verdad y que cuando escribiste el artículo —además de que me dijiste que estabas muy enfadado— no sabías. A partir de ahí, la actuación de la directora de la Feria te puede parecer correcta o no; o el hecho de que no se permita la venta de revistas que no tengan ISBN te puede parecer adecuado o no. Pero arrancar con tanta dureza, en un artículo que, además, como sois una revista respetada, tuvo un eco tremendo y del que se han aprovechado algunas personas que desde hace tiempo tienen cuentas pendientes con la Feria, pues me pareció injusto. Me pareció injusto para mí —supongo que una está en determinados puestos públicos para que le partan la cara— y me pareció injusto para el trabajo que se realiza en la Feria, si te digo la verdad.

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¿Hubo alguna frase o valoración que te doliera especialmente?

Hombre, empezaste titulando la mediocridad de la gestión de Eva Orúe. Luego recurriste a polémicas pasadas en las que también creo que no se decían cosas adecuadas por correctas —no por opinables, sino por correctas—. Y luego sí que me llamó mucho la atención algunos de los comentarios que aparecieron tras el texto. Te digo la verdad: una vez más, si tú no estás de acuerdo con la gestión de la Feria, puedes criticarla. Pero se vertieron unas opiniones que no dejan de pasmarme. No soy un caso único —lo mío es una minoría en comparación con lo que ocurre en otros sitios—, pero determinada gente a la que no conozco se permitió comentarios personales que no acabo de entender. Ahora, allá ellos con su conciencia.

¿Qué parte de las críticas que te hice consideras injusta o errónea, ya específicamente?

Lo primero que me pasa, Ángel, es que nosotros nos habíamos visto previamente en el II Encuentro de editores de Andalucía al que me invitasteis. Y, si no recuerdo mal, habíamos hablado sobre la participación de la revista Jot Down en la Feria. Yo te di mi tarjeta y tenías mi teléfono. Entonces, antes de poner la revista, creo que deberías haberme llamado, como mínimo, como editor de Jot Down y como vicepresidente del Gremio de Editores de Andalucía. Y luego: yo no fui a tu estand para quitar la revista, y eso tú lo sabes ahora. Por lo tanto, ese primer párrafo es falso. Partes de una afirmación falsa.

Y luego se hacen menciones a algunas polémicas que efectivamente ha vivido esta Feria. De hecho, corregiste el artículo. A partir de una campaña que nos lanzó un editor hace tres años —me parece recordar—, y él también incurrió en falsedades notables. Y podría demostrarlo, porque toda la gente que en principio estaba con él al final estuvieron todos en la Feria. Insisto: si alguien está quejoso por el sistema de la Feria, por supuesto que tiene derecho a quejarse, solo faltaría, y a opinar en contra. Yo preferiría que esas opiniones fueran fundadas en hechos y datos reales y, a ser posible, sin insultar.

Una de las polémicas es con los editores pequeños. Suelen quejarse de la falta de espacio y visibilidad. ¿Cómo gestionas esa tensión con los grandes grupos?

No es exactamente una tensión con los grandes grupos. Voy a intentar explicarlo —y sin un plano no es fácil—. La Feria del Libro de Madrid puede ocupar un espacio determinado en el Parque de El Retiro, que son 1.875 metros. En un lado es ida desde el principio hasta el final, y en el otro vuelve hasta aproximadamente la mitad de la Feria. En ese espacio cabe la gente que cabe; no cabe mucha más. Entonces, efectivamente, los pequeños no se consideran siempre bien tratados. Esa es la crítica que puedo aceptar y podemos trabajar para mejorarlo. Lo que no es verdad es que no entren en la Feria. Me parece que el matiz es relevante.

Desde hace dos años hacemos un esfuerzo especial creando estructuras centrales —que hasta ahora no se contemplaban en la Feria— para que los editores más pequeños tengan como mínimo un metro. Lo del metro es relevante porque la caseta más grande que tenemos es de cuatro, entonces hay que ir jugando. Nosotros tenemos un espacio hacemos lo que podemos con él. Diría que el año en el que hubo la polémica con la editorial, la única editorial que quedó sin participar fue esa. Los demás… ¿estaban en el sitio y de la manera que les hubiera gustado estar? No, porque no podemos ofrecer a todo el mundo exactamente lo que pide. ¿Estuvieron en la Feria con un espacio propio, con un cartel que decía su nombre, con su nombre en el listado? Sí, estuvieron.

Y en eso venimos trabajando. Hace dos ferias, en la del 24, creamos una primera estructura central. Quienes ahí estuvieron nos trasladaron sus observaciones, sus quejas y algún elogio también. Este año hemos tenido dos estructuras centrales y hemos metido a 30 editores pequeños con menos de 80 títulos (14 + 16). La dificultad de la Feria, en la medida en que nos obliga a hacer muchos números, es que nuestro editor más pequeño este año tenía 26 o 27 títulos vivos en catálogo y nuestro editor más grande tiene treinta y tantos mil. Y todos ellos se encuentran acomodo en la Feria. ¿Es el que les gustaría a todos? No. Seguramente los grandes querrían tener más casetas y los pequeños querrían estar en caseta y no en un espacio central. Pero con el espacio del que disponemos hacemos lo que se puede. Dicho esto, cada año intentamos recoger las opiniones de quienes han estado en toda la Feria —y muy específicamente en los espacios nuevos que creamos— y cambiar, corregir, mejorar para el año siguiente.

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Existe la idea de que las revistas culturales no se consideran libros y que, para estar presentes en la Feria, deben pedir un permiso especial. ¿Por qué ocurre esto y qué opinas de esta distinción?

La Feria del Libro de Madrid es —ya a nadie le sorprenderá— una feria del libro. Es una boutade, pero es así. Por lo tanto, lo que acepta la Feria para vender son libros. A partir de ahí hay algunas cosas que podemos hablar. Hay revistas culturales que tienen ISBN. Una de las cosas que se decía en los comentarios es que había una revista que se estaba vendiendo y no lo tenía. Y no era verdad. Si se estaba vendiendo es porque lo tenía. Y si la quitamos —que es el caso de la revista que se citaba en ese comentario— es porque no lo tenía, y la retiraron sin ningún problema.

Hay una representación de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE), a la que se le da una caseta para que represente a todos los asociados. Y, a partir de ahí, quien quiera venir tiene que someterlo no a la voluntad de la directora, sino a la Comisión Organizadora, que es la que en última instancia decide sobre las excepciones que se pueden hacer. Pero, si tenemos problemas para colocar a los que venden libros —que es el objeto fundamental de la Feria—, imagínate los problemas que nos generaría aceptar de manera acrítica, y sin pensarlo mucho más, a todos aquellos que no venden libros.

¿No crees que esa exclusión contraviene la idea de la Feria como espacio amplio del ecosistema editorial? ¿Se puede reflexionar sobre ello o estás convencida de que una revista cultural no tiene el mismo valor que un libro de cara a la Feria del Libro de Madrid?

El valor de las revistas culturales no seré yo quien lo ponga en duda. La Feria tiene un reglamento que excluye a mucha gente. La autoedición no está en la Feria. Los facsímiles no están en la Feria, porque trabajamos en una cosa que se llama la cadena del libro. Los libreros, los distribuidores y los editores forman parte de un sistema que tiene unas normas propias de funcionamiento. Pueden gustar o no gustar. Este es el modelo de esta feria. Y, a partir de ahí, en el entendimiento de que hay cosas que merecen la pena o que se pueden incorporar sin dañar a los que legítimamente pueden estar, podemos estudiarlo todo. Cualquier propuesta que llegue se estudia. Pero no creo, sinceramente, que se nos pueda reprochar el hecho de que, como evento privado, tengamos un reglamento con unas normas que intentamos hacer cumplir. Hay otra gente que durante un tiempo estuvo en la Feria y ahora ya no está. El Reglamento ha cambiado. Nos reprochan el cambio. Tenemos derecho; son las normas por las que nos regimos. Ahora bien, si nos llega una petición, la garantía es que se va a estudiar seguro.

¿Hay algún punto de lo criticado en el artículo que creas que haya que reflexionar?

Probablemente la necesidad de que haya revistas culturales en la Feria, de que haya más de las que ya hay. No es que no haya ninguna. Si se considera que encaja dentro del espíritu, que hay posibilidad y que eso no daña a quienes tienen legítimo derecho a participar en la Feria, podemos verlo.

Esa es una decisión que toma la comisión, entiendo, ¿no? No tú como directora, sino que se eleva a comisión.

Claro. El papel de la directora y de la dirección —que es básicamente lo que ves aquí— es aplicar el Reglamento e intentar explicarlo lo mejor posible, cosa que no siempre es fácil.

¿Qué opinas de que desde fuera pueda percibirse la Feria como una estructura excesivamente burocrática?

Tenemos que ser estrictos con las normas porque estamos en un parque que la ciudad nos cede y estamos sometidos no solamente a la voluntad de Cultura, por decirlo así, sino a las normas de Medio Ambiente. Tenemos que fijar límites. Tenemos que tener unos criterios que nos permitan decidir quién y cómo entra en la Feria. Tenemos casetas de tres y cuatro metros. ¿Por qué a cuatro y a tres o compartiendo una de cuatro o una de tres? Ya sé, ojalá pudiéramos trabajar sin un reglamento, pero necesitamos uno que a nosotros nos marque cómo tenemos que trabajar y que a quienes quieren venir a la Feria les explique lo que deben hacer para participar. Hay muchas ferias del libro —grandes, pequeñas, medianas, de barrio, organizadas por una librería—, no solamente en Madrid sino fuera. Todas tienen un reglamento. Y la nuestra, que es la más grande y la más compleja, quizá es la que tiene el reglamento más difícil, que afecta tanto a quienes participan como a la manera de meter los libros en El Retiro.

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También se os percibe como complacientes

Si por complaciente quiere decir que estamos muy contentos con lo que hemos conseguido, ya te digo yo que no. Y la prueba es que cada año introducimos cambios. Ahora —soy muy cansina con esto, lo reconozco— tenemos un espacio limitado. Tenemos enormes limitaciones a la hora de poner casetas; no podemos poner casetas donde queramos, no podemos poner pabellones del tamaño que nos dé la gana. Necesitamos regular todo eso para que nosotros lo sepamos y para que la gente lo sepa. Y además necesitamos, si me permites que te lo diga, pedir ayuda. ¿Y cómo lo hacemos? Pues pedimos ayuda a los expositores a través de varias encuestas que hacemos para saber qué es lo que no ha funcionado al final de la Feria. Que nos lo digan, y luego intentamos siempre cambiar las cosas que hemos hecho mal —que, por supuesto, son muchas en cada edición—. También hay algunas que hacemos bien.

¿Sois una feria en evolución?

Constante y necesariamente. Pero como todas.

Una de las quejas —ya no en mi artículo, en general— es el modelo de asignación de casetas, porque no se puede contentar a todo el mundo. Por ejemplo, al año pasado o al anterior, si no recuerdo mal, se enfadaron los que les tocaron en el pasillo central; vendían mucho menos. ¿Cómo trabajáis eso?

No sé si toda mi respuesta va a interesar en general, pero te la voy a dar. En 2021, el año de la feria cerrada, para que cupiera más gente en mucho menos espacio del de siempre, se pusieron casetas en el centro. Y efectivamente hubo quejas. Yo ahí no estaba en la Feria todavía, pero cuando lo vi como público pensé: qué cosa más rara. En realidad, cuando lo analizabas, no había otra opción. La alternativa hubiera sido poner solamente casetas a los lados y dejar fuera a muchísima más gente —ya quedó fuera mucha gente—.

Cuando asumimos la dirección, colocamos casetas en el tramo inicial en un solo lado —no enfrente; no por falta de voluntad, sino porque no es posible— y, en el tramo doble, donde se sitúan los pabellones centrales, en ambos lados. Hace un par de años, en 2023, se pidió a algunos grupos —digamos expositores— que se desplazaran al centro. Reubicamos a los gremios y a las universidades para liberar espacio en los laterales y, si no recuerdo mal, con esa operación se ganaron unas 25 casetas. A partir de ahí ya no es posible mover a mucha más gente. Por eso, la solución para algunos pasa por los espacios centrales compartidos, donde se sitúa a los editores más pequeños. La razón es sencilla: con un catálogo de 30 o 40 títulos, un metro lineal —que puede parecer escaso— ofrece en realidad un margen suficiente.

El primer año hicimos un espacio singular que llamamos el octógono; este año hemos tenido que hacer dos espacios bastante más grandes. Les hemos dado más visibilidad, en el sentido de que hemos recordado en los medios que están allí, hemos procurado —con el servicio de comunicación— que la gente sepa que el modelo de feria está cambiando (el modelo físico) y necesitamos que la gente a lo mejor recorra la Feria de otra manera. Lo estamos haciendo. Pero no podemos dar una caseta a alguien que tenga 25 títulos de entrada porque no la llena. ¿Qué haces con 25 títulos en una caseta de tres metros?

¿Hay novedades para la Feria del Libro de Madrid del año que viene o todavía es muy temprano?

Es pronto. Alguna habrá, pero es pronto, sí.

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La presencia de Publishers Weekly en la Feria, que levantó tanta polémica y que de hecho aprovecharon lo que decías de mi artículo para hacer otro. ¿Por qué se autorizó y qué lecciones sacas?

Con Publishers Weekly tuvimos una discrepancia en la Feria en la que participaron. Ellos habían pedido un estand —no caseta— como el que habían tenido en años anteriores, para hacer una actividad que no es exactamente una actividad abierta al público, pero hacen entrevistas, llevan autores, y era la única revista profesional del sector. Ellos nos reprochaban que no había entre ellos y el pabellón que había enfrente la distancia que les habíamos dicho. Y es verdad: era un poco más pequeña. Seguía siendo legal porque pasamos una inspección siempre.

Pero ellos, durante la Feria, en contra de la petición reiterada de la dirección y la comisión organizadora, mantuvieron un punto de venta de autoedición —que está prohibido en la Feria— y además ocuparon con unos taburetes un espacio que no les correspondía. Como resultas de esa discrepancia, Publishers Weekly no abonó su participación en la Feria del Libro de 2023, lo que nos llevó a un procedimiento judicial. La empresa ha sido condenada a pagar la deuda, los intereses y las costas, aunque ha recurrido la sentencia.

¿Qué lecciones sacas de esto? ¿Hay que tener mucho ojo con los estands o ha sido una cosa puntual?

Es una cosa puntual. Nosotros no tenemos impagos en general.

¿Volverán a participar?

De entrada, a un expositor que no pagara no se le permitiría al año siguiente. Ellos no han vuelto a pedir participar. Es una experiencia puntual y no es una experiencia agradable —porque no le agrada a nadie tener que enfrentarse—, pero bueno, tenemos un reglamento que prohíbe algunas cosas. Cuando tú vienes a la Feria, todos intentamos llegar hasta el límite. Vale, ese es el juego en el que estamos todos. Pero lo que no puedes hacer es ocupar un metro del pasillo, que es del público. En general, la gente se comporta en la Feria. Siempre tenemos algún pequeño problema: alguien que no ha entendido algo; alguien que de pronto saca a un autor a firmar fuera de la caseta —el Reglamento lo prohíbe—. Me dirás: burocrática, complaciente. Era una broma. Pero si todo el mundo sacara a un autor con una mesa y un taburete a firmar fuera, entorpeceríamos el tráfico.

Ahora, también nos pasa: oye, tenemos un autor que tiene un problema de espalda y no puede sentarse, tiene que estar de pie. Vale, que salga; ya lo habilitamos. Hay un reglamento que es estricto, pero hay una cierta inteligencia y flexibilidad para saber que, en ocasiones, hasta ese reglamento tiene que tener excepciones.

Quiero tu opinión no solo como directora de la feria, sino también como escritora y autora, respecto a la autoedición. No solo en Madrid, en Sevilla y otras ferias hay cierto rechazo a la autoedición. ¿Cómo explicas esa posición?

He tenido un intercambio de correos con una editorial importantísima de autoedición y, en uno de los correos, me dicen: ya sé que nos mandaste tú a un autor, que les funcionó muy bien. Yo no tengo ningún problema con la autoedición. Me parece un sistema fenomenal, un negocio estupendo. Hay autores importantes —que ahora son importantes— que no han encontrado camino hacia las editoriales tradicionales y que se han servido de eso y les ha funcionado. Nada que objetar. La única cosa es que no es un negocio que encaje en el modelo que se defiende en la Feria del Libro de Madrid.

En la Feria del Libro de Madrid no hay libro de ocasión, no hay libro antiguo —ellos tienen su propia feria—, no hay facsímil. ¿Porque me caigan mal los facsímiles? No. ¿Porque me parezcan libros horrorosos? No. Pero ellos trabajan de otra manera. Nosotros trabajamos con fondo y con libro nuevo, con respeto a la ley de precio fijo. No hay saldo, no hay segunda mano. Podríamos hacer varias ferias con lo que en la Feria del Libro de Madrid no hay ni puede haber. Pero eso no implica ni que despreciemos ni que nos parezcan mal los negocios que impulsan esas otras formas de editar o esas otras formas de vender libros.

¿En los estands de las librerías se pueden vender libros con ISBN autoeditados?

En las librerías sí. En el Reglamento pone algo así como «todo aquel libro que haya sido pagado total o parcialmente por su autor…». Y aprovecho para decirte algo que igual no pensabas preguntarme, para que lo veas: sé que se nos cuela alguna editorial de autoedición. Y sé que hay editoriales que algunos de sus títulos los ha pagado el autor. ¿Qué hacemos? Aquellas que son de autoedición sin complejos —por decirlo así—, que se definen como empresas de servicios, gracias por interesarse, pero no. A aquellas que sabemos —y sus responsables no niegan— que hacen parte de autoedición, se les pide que prueben que no es un porcentaje muy elevado y, cuando tenemos más dudas todavía, pedimos una declaración responsable: «tengo libro de autoedición, pero no los voy a vender en la Feria». Y, a partir de ahí, si no cumples, probablemente en la Feria del año que viene no estarás.

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Más allá de la Feria: como gran viajera, ¿te ha supuesto una limitación viajar y escribir libros el hecho de ser directora?

Publiqué un libro siendo directora de la Feria del Libro de Madrid, y además un libro que nos llevó un montón de trabajo. De hecho, creo que viajo más que antes, pero probablemente con menos aprovechamiento personal. El trabajo de colaboración con ferias y festivales es muy grande. Hay algo de lo que sí debemos sentirnos orgullosos en la Feria —creo que son muchas cosas—: el eco internacional que tiene una feria que técnicamente es local, organizada por el Gremio de Librerías. Todos los que estamos aquí trabajamos para el Gremio, en colaboración con libreros, editores y distribuidores. He estado en la FILUNI hablando del modelo de la Feria del Libro de Madrid. Voy a Dominicana para hablar del modelo. Me acaban de llamar para hablar en Salón Internacional del Libro de Argel de nuestro modelo.

Somos una feria local. Si hay un editor de cualquiera de esos países que me dice «quiero ir», le voy a tener que decir que no, porque no puede venir un editor que no esté radicado en España, agremiado y con ISBN en España. Pero vienen de todas maneras para ver el modelo. Y eso debe enorgullecer a quienes la hacemos, a quienes son sus titulares y la llevan defendiendo desde 1982, y al sector en pleno. Todas las ferias en España son importantes. Tú eres de Sevilla, ¿no? La de Sevilla tiene un impacto indudable. Yo soy de Zaragoza y coincidimos con Valladolid. Todas tienen su ámbito y su impacto. Pero el impacto de la Feria del Libro de Madrid, primero, es nacional —es noticia en toda España; editores de toda España vienen y saben que repercute en sus ventas—, y después es internacional. Y creo que eso es importante para la Feria, para el sector editorial español y para la ciudad. Hay una obsesión aquí: hacer una feria a la altura de la ciudad. Y que esa feria a la altura de la ciudad la lleven los libreros me parece un motivo de orgullo y satisfacción.

¿Cómo dialogan tu experiencia viajera y tu manera de dirigir un proyecto cultural? ¿Hasta qué punto te ha servido?

No sé quién dijo que viajar te abre la mente. Ahora viajamos todos; tampoco me voy a arrogar la exclusividad del viaje. Pero tiende a hacerte ver las cosas desde más perspectivas. Diría que no solamente mi experiencia viajera, sino mi experiencia como corresponsal. El hecho de llegar a sitios donde las cosas se hacen distinto y esta manía que tenemos algunos —yo la primera— de decir: «¿pero por qué lo hacéis así?». Por ejemplo, cuando viví en Rusia era una cosa que me decían todo el rato: «¿por qué preguntas que por qué?». Pues porque aquí se hacen las cosas así.

En tu época en Rusia y en otros sitios donde has estado como corresponsal, ¿visitabas la feria del libro?

No, no especialmente. En Rusia no; en Moscú no creo ni que hubiera una feria del libro. En París y en Londres sí, porque son lugares donde había y hay una vida libresca y librera tremenda, que se ha perdido mucho, porque las librerías estaban en un sitio muy goloso para las grandes marcas. Pero había una tradición ahí tremenda, y una tradición que entroncaba muy bien con nuestra historia española.

Si tuvieras que recomendar al lector de Jot Down visitar la Feria del Libro de Madrid ¿Qué le dirías? ¿Por qué es un sitio al que hay que ir?

La razón primera y obvia es porque sacamos miles de libros a la calle. Aquello que en la librería de tu ciudad es una experiencia reducida, en la Feria es una especie de explosión, porque tienes acceso a los libreros y a los fondos editoriales. La segunda es porque nos hemos convertido en un gran festival cultural. Ninguna feria es ya una feria entendida en el sentido meramente comercial del término; nos hemos convertido en algo distinto. Y cuando este año hemos visto según qué personajes, según qué autores en la Feria, te da un poquito de escalofrío pensar que Vivian Gornick cruzaba el Atlántico y se ha puesto ahí a firmar.

Pero sobre todo porque es algo más que todo eso. Es verdad que hay mucha gente, muchos libros, mucho lío, pero no deja de ser una experiencia singular en un parque en el que plantamos 500 estructuras que dos semanas antes no estaban —baños incluidos—.

¿500?

Quinientas. Este año había 365 casetas, más todas las del centro, más los pabellones, más los baños, más los bares. Creamos un pueblo efímero dedicado única y exclusivamente al libro. Y que, además —y esto también es común con otras ferias españolas—, permite un pequeño encuentro mágico. Ya sé que se produce a lo largo de todo el año en las presentaciones, pero esta cosa de «me paro aquí a que me firme este, me paro aquí a que me firme este, me paro aquí a que me firme este»… A mí me parece una experiencia. Y el hecho de que venga gente de fuera de Madrid: hay gente que viene todos los años, pasan a saludar y vienen con maletas para comprar libros; viven en Canarias. Cientos de miles no —porque también hay ferias en Canarias—, pero vienen. ¿Por qué? Porque esta es una feria ciertamente singular.

Y te diré —antes me decías qué me sorprendió al llegar—: el año que fuimos País Invitado en Frankfurt vino un grupo de quince o dieciséis periodistas alemanes especializados en literatura y edición. En ese momento, el único punto un poquito alto que teníamos a la entrada de El Retiro era cerca del Florida Park, porque hay unas escaleras que te permiten ver la Feria desde arriba. Ahora tenemos unas oficinas en dos plantas que nos dan una perspectiva inmejorable, pero entonces no. Por eso, los hicimos entrar. Según quién viene, los haces entrar por ahí y los paras un segundo y les dices: esto es la Feria del Libro de Madrid. No se ve entera, pero se ve casi todo. Yo, cuando vi a aquella gente que se asombraba, pensé:  «pues a lo mejor resulta que es verdad que la Feria es algo diferente». Porque tenían el culo pelado —si me permites la expresión— de ir a ferias, y las hay impresionantes en todas partes. Pero la combinación de parque público y libreros y editores y distribuidores es infalible y funciona fenomenal.

¿Cuál es el próximo libro que vas a publicar?

No lo sé. No estoy escribiendo ninguno. Vengo de hacer la Ruta 66 por Estados Unidos, y a lo mejor sale algo de ahí, pero libro no creo, porque ya llegamos tarde.

 

 

 

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3 comentarios

  1. Pues está muy bien, pero me hubiera gustado más que hubiera sido una entrevista pura, y aparte un coloquio acerca del incidente en el que ambos se expresaran y se aclarara -o no- lo sucedido. Aquí a veces parece más un derecho de réplica en el que cada uno sigue en su posición.

  2. Jose Andres

    El eterno e irresoluble problema de todo periodista: Su inagotable egocentrismo. Con la de cosas interesantes que hubiera podido aportar Eva, tanto de su posición actual como de sus vivencias en el periodismo, los de la entrevistilla, se dedican el 90 % de la misma a quejarse por algo absolutamente particular, que sólo les interesa a ellos (o a él únicamente).

  3. Conformismo, excusas y mirar por el mayor beneficio económico (del stand de Netflix no dice nada). En lo personal, un personaje detestable y prepotente. Si llega a escribir bien no sé entonces quién la aguantaría. Ah, y la feria cada año con mayores trabas (no permitido cerrar cinco minutos antes o después, ni para limpiar, no permitido pegar posters con lo que pega fuera de la caseta, sino dentro… y así un sinfín de desvaríos)

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