En el panorama literario de la España actual, Elvira Navarro (Huelva, 1978) es un nombre que participa de algunas preocupaciones colectivas, pero que ha hecho una carrera radicalmente personal. Tanto en lo que respecta a su género más frecuentado, el relato corto, como en su peculiar indagación en las costuras de la realidad, la escritora que se dio a conocer con La ciudad en invierno y fue creciendo como narradora con títulos como La trabajadora, Los últimos días de Adelaida García Morales, La isla de los conejos, Barcelona, Las voces de Adriana o el más reciente La sangre está cayendo al patio ha demostrado poseer una mirada propia y comprometida del mundo que la rodea. Durante la entrevista con Jot Down en un céntrico hotel sevillano, la serenidad de su discurso no oculta la incomodidad que le producen algunas cosas, desde las derivas de cierto feminismo a los obstinados encasillamientos del mercado, si bien el buen humor asoma a cada rato en la conversación.
Lleva ya veinte años de carrera literaria, publicando libros, obteniendo reconocimientos, haciendo su camino… Pero, ¿se parece esta trayectoria a la que soñaba en sus comienzos?
Pues no lo sé, yo creo que sí se parece, sí. Incluso es mejor de lo que podía imaginar entonces. Nunca he sido Antoñita la Fantástica. Cuando empezaba a escribir, leía todo lo que les había sucedido a Kafka, a Robert Walser, a esos grandes escritores que se murieron casi desconocidos, de modo que sabía que podía sucederme lo peor. Sé que hay gente que empieza a escribir y se cree que va a ser famosa y rica, pero yo estaba en todo lo contrario. Y bueno, como no me conté el cuento de la lechera, estoy muy contenta con lo que ha ido pasando y además con la editorial, porque me cuidan mucho…
Se ha mantenido fiel a Random, ¿no ha tenido tentaciones de moverse?
Random House ha respetado siempre lo que hago, la interlocución es excelente y hacen un buen trabajo de promoción de sus autores, que es un asunto esencial hoy para que el libro tenga visibilidad. No me dan ningún motivo para moverme a otro sitio.
Ha sido una andadura, la suya, coherente con sus ideas. ¿Tampoco le han venido ganas de dar algún volantazo?
Si algún día tengo que pegar un volantazo raro, lo haré. Yo creo que en la escritura y en cualquier arte en general, el asunto es hacer lo que tú quieres.
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Una desmitificadora, por fin! Así que hola, saludos, encantada de leer tus opiniones.
Me encantaria saber de escritores españoles como javier cercas y Elvira Navatto.
Fácil: Busque usted en Google,»Jot Down-Javier Cercas» y se encontrará con una ¿entrevista? ¿conversación? entre Cercas y Enric González de hace ahora diez años.
Pedí el libro de Cercas sobre el Papa Bergoglio y su viaje a Mongolia en la biblioteca pública y lo devolví en 48 horas (lo tuve un fin de semana). Pero no porque no pudiera parar de leer sino todo lo contrario. En resumen, mucha agua y poco chocolate. Mas bien parece un reportaje-si bien de primera mano- a las esferas vaticanas y un blanqueo (posiblemente involuntario) de la Iglesia Católica, ya que se centra en la labor de los misioneros en la periferia mundial. Y la anécdota de la madre de Cercas, que cree en la reencarnación y que por lo tanto volverá a ver a su difunto marido, se repite de manera machacona para incentivar la lectura hasta la respuesta papal que llega a unas doscientas páginas mas adelante.
Se lo advierto a los navegantes y a los lectores que son fans de Cercas. Yo lo soy de Vila Matas. Que a mi parecer merecería un Nobel.
¿Cada vez es «más malo» o cada vez es «peor»? Se supone que leer enseña. Mucha pretensión y pocas nueces.
Lo primero que pensé nada más leer el titular. No es propio de una escritora expresarse con errores
Dos cositas muy personales y de jubilado, categoría que no sale bien parada en la entrevista: una, por fin alguien dice que La amiga estupenda no fue la cumbre de la literatura en su momento; inicia bien para después perderse en interiores parcos en muebles y en reflexiones; la otra es que me parece una moda -que espero que pase- eso de andar al analista (y/o divorciar). En vez de andar al primero, escriban de todo como si aquel estuviera presente y se interrumpan cuando lo crean necesario (esto requiere fantasía, lo reconozco) sin temor de autoinfluirse como no lo hacen los “galenos de la modernidad”, más o menos igualito para no divorciar. Hay que tener un poco de paciencia y menos ego para las dos cosas. Es un poco “petardista” la señora, pero en algunas cosas tiene razón. Gracias por la amena lectura.
Nombra a Chéjov y a Borges como grandes autores de cuentos. Estoy de acuerdo, pero dice que en España no los ha habido así de buenos. Creo que Clarín no tiene nada que envidiarles, es un gran autor de cuentos.