
Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) es una escritora y periodista argentina. Es autora de las novelas Bajar es lo peor, Cómo desaparecer completamente, Este es el mar o Nuestra parte de noche y de numerosos cuentos cortos recopilados en los volúmenes Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego. Su bibliografía también acumula varios libros de no ficción, entre los que se encuentra un libro de viajes tan exótico como Alguien camina sobre tu tumba, centrado en las visitas de la escritora a varios cementerios del globo.
Sus mundos, herederos de otros universos clásicos y contemporáneos, están repletos de seres humanos subterráneos, criaturas fantásticas que caminan entre la gente, focos iluminando escenarios de rock y tinieblas oscureciendo horrores. Nos encontramos con ella aprovechando su paso por la undécima edición del festival Celsius 232 en Avilés para hablar de lo divino, lo humano, la música, Stephen King, Nick Cave y todo tipo de horrores imaginables.
Bajar es lo peor fue tu primer libro, pero no tenías intención de ser escritora.
Para nada, lo escribí para mis amigos. Lo escribí de noche, a máquina, sin ningún tipo de disciplina ni nada, cuando quería. Y lo mostraba como si fuese un folletín. No conocía a escritores, leía muchísimo, pero no conocía el ambiente literario. Tampoco leía necesariamente a autores vivos, leía a muchos poetas, lo que estaba en la biblioteca de mi casa, sin orden. Era totalmente silvestre.
Era un escribir por necesidad, no en busca de público.
Sí. En general yo diferencio: cuando tengo ideas es un cuento, y cuando tengo personajes es casi siempre una novela. Me obsesiono con personajes que invento y llega un momento en el que, como me estoy contando la historia todo el tiempo en la cabeza, la tengo que escribir. Sigue siendo así, soy más consciente del público porque sé que está, pero en el momento de hacerlo sigue siendo para mí.
Bajar es lo peor fue un éxito en Argentina.
Allá sí. Creo que sobre todo llamó la atención por el contenido: una historia de amor gay, muchas drogas, las noches. Cuando lo publiqué tenía diecinueve años y llamaba la atención yo como autora, al periodismo no le importaba nada el contenido. A los lectores sí, muchísimo, eran fans, y eso era superinteresante, porque era el año 95, estamos hablando de antes de las redes, antes de Google. Me iban a buscar al diario, me escribían cartas, todo muy analógico. Se identificaban, en el sentido de que para mí era normal lo que había escrito. Era mi vida, la gente que me rodeaba, los libros que leía. Yo leía a Bret Easton Ellis, William Burroughs, Rimbaud, lord Byron, todos rockstars. Yo venía del mundo del rock, de tener un novio cantante, y después me di cuenta de que, en Argentina, todo eso era bastante under. Y sobre todo para el mundo literario, que es muy…
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Nuestra parte de noche es magnífica.
Digo yo que categorías de «baja y alta literatura» son y siempre han sido irrelevantes para la gran mayoría de los lectores, y para las universidades (americanas), que si que les ha importado en su momento, ya desde hace mucho en estos términos, no…aquello es un debate de los 60 y 70…
La batalla hoy en día es otra. He leído hace poco de un fan/famoso que reniega de Dylan porque ha hablado bien de recurrir a una prostituta en cierto momento dado, otro que Bowie que había hecho no se que….y como que si es una pena por su gran talento, pero que no pasa nada,no va a escucharle mas, pues hay mucha gente con talento etc…Dylan y Bowie fuera, toma!!!
Es ese el tema de nuestros tiempos, no alto y bajo, sino dentro o fuera. Yo creo que que es muy posible que se vuelva a configurar todos los canones basados en los conceptos de la diversidad, inclusividad, y corrección politica … o sea en 50 años, no queda ni un nombre que conocemos…
A mi me da igual la verdad, pero lo de promover al fascista de Lovecraft no va a tener mucho futuro bajo esa esquema tampoco,una moda francesa-Lepenista además, un bulo literario lanzado por un frances que escribe tan mal que promueve al Nazi de Lovecraft para que haya color…
PD: Difícil de imaginar que en el mundo de la cultura pos-franquista de España, se va a hacer hueco por las sensibilidades «woke» que corre por el mundo anglosajón, lo podemos descartar creo yo. Woke, por cierto, es argot americano por awake o despierto o lo que diríamos en castellano, consciente o sensible a los injusticias históricas sufridas por colectivos como la gente de color, la comunidad LGTB o las mujeres, y la necesidad de hacer lo posible para que sus voces se oigan en los artes….
Pero Alberto del Olmo el otro día se hace el picho un lio porque «Jeanne Dalmen» de Chantal Akerman se ha votado N1 en la encuesta de Sight and Sound de los 100 mejores películas de todos los tiempos, Antonio Muñoz Molina – quien si no? – ya ha montado una defensa acerrima del hombre blanco y sus virtudes en un espacio de lujo donde jamas habrá escrito una persona de color y muy pocas mujeres, eso es, la pagina principal de opinion de El Pais…y en la foto de familia de los Goya hace un par de semanas, no había una sola persona de color, como no hay casi nunca….
Tenemos estos sesgos, estos prejuicios inconscientes mas veces que no, y es preciso que el Estado intervenga para fomentar una mayor diversidad en los artes y el mundo de la cultura, como ha hecho hace poco en pro de mujeres directoras en el cine, con tan espectacular resultados como es una nomina que incluye a Carla Simon Elena Lopez Riera, Pilar Palomero, y Alauda Ruiz de Azua…
y es preciso que el Estado intervenga para fomentar una mayor diversidad en los artes y el mundo de la cultura, como ha hecho hace poco en pro de mujeres directoras en el cine, con tan espectacular resultados como es una nomina que incluye a Carla Simon Elena Lopez Riera, Pilar Palomero, y Alauda Ruiz de Azua…(…)
Claro: la gente es tonta y el Estado debe indicarles qué productos culturales debe consumir basándose en criterios tan serios como la mayor diversidad de… ¡Patata!
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