Micropifánica. Clic para ampliar.Micropifánica. Clic para ampliar.Micropifánica. Clic para ampliar.Micropifánica. Clic para ampliar.Micropifánica. Clic para ampliar.
¡Vaya con esta interpretación “cientifoética” de nuestra existencia!, y en especial modo de nuestras emociones, chispas como las intuiciones. Muy bueno, cautivante, se agradece. ¿Y si el problema serían los límites que suponemos ciertos, límites que por definición no pueden ser abiertos, como si de una condena se tratara que sólo la religión asegura, espera y no condona, olvidándose que una vez fuimos pequeñísimos, diminutos, micrófagos, puntuales, puntualísimos, tanto que hasta podríamos haber sido de valor “negativo”.., ¿podríamos?, ¿no será que ahora no nos demos cuenta de nuestra inconciencia bendita por falta de un público “positivista” que no aplauda desde las gradas nuestro anhelo del premio debido por la apoteosis soñada? (¡Madre mía! Me meto en marañales mañaneros que al final me quedo sin palabras; con lo lindo que se pone este invierno, con un sol casi tibio. Pero qué importa. Mejor que le dé de comer a mi viejo y sordo gato, un felinonauta, sí, pues no sé de dónde, cuándo y cómo apareció y que me obliga con fastidio a la compasión).
¡Vaya con esta interpretación “cientifoética” de nuestra existencia!, y en especial modo de nuestras emociones, chispas como las intuiciones. Muy bueno, cautivante, se agradece. ¿Y si el problema serían los límites que suponemos ciertos, límites que por definición no pueden ser abiertos, como si de una condena se tratara que sólo la religión asegura, espera y no condona, olvidándose que una vez fuimos pequeñísimos, diminutos, micrófagos, puntuales, puntualísimos, tanto que hasta podríamos haber sido de valor “negativo”.., ¿podríamos?, ¿no será que ahora no nos demos cuenta de nuestra inconciencia bendita por falta de un público “positivista” que no aplauda desde las gradas nuestro anhelo del premio debido por la apoteosis soñada? (¡Madre mía! Me meto en marañales mañaneros que al final me quedo sin palabras; con lo lindo que se pone este invierno, con un sol casi tibio. Pero qué importa. Mejor que le dé de comer a mi viejo y sordo gato, un felinonauta, sí, pues no sé de dónde, cuándo y cómo apareció y que me obliga con fastidio a la compasión).