
A don Aquilino le gustan las castañas cocidas con una rama de laurel recién cortado y una pizca de sal. Cuenta Dorita, su mujer, que agradece acompañarlas con un trozo de pan de maíz, algo de unto cocido y un poco de vino tinto de la cosecha familiar, nada excesivo, servido en aquella taza tan vieja que le regaló un militar valenciano del que nadie recuerda ya el nombre, bien agradecido el hombre por haberlo rescatado nuestro vecino de una muerte segura durante un naufragio frente a la isla de Sálvora, a principios de los setenta. Para aposentar el estómago y templar el ánimo, don Aquilino remata la ingesta con media copa de aguardiente tostado que su mujer compra cada otoño a un vecino con fama de maestro alquimista del bagazo y el alambique. Que el antiguo patrón del Anduriña muriese allá por el año 83 no tiene la mayor importancia y, cada víspera del día de Todos los Santos, sin darse la menor importancia, la familia al completo se esfuerza para que cada cosa esté en el lugar correcto y a su completo gusto: «Siempre fue un cabrón de mucho carallo; mejor no enfadarlo», asegura uno de los hijos.
Galicia sigue siendo un país de profundas creencias pagano-cristianas pese a la evidente mejora de las carreteras, el tendido eléctrico, los tres aeropuertos, las nuevas tecnologías y la segunda temporada de True Detective, razones más que suficientes para socavar cualquier tipo de fe antigua en otros lugares del planeta. La presencia de lo sagrado se descubre todavía hoy en centenares de piedras, ríos, fuentes, puentes, plazas, caminos e incluso modernos jardines de casas particulares, que es donde han terminado un buen número de los cruceiros levantados por la iglesia, en esta tierra, desde los tiempos del Concilio de Trento. Resulta incontable el número de gallegos que siguen creyendo en la capacidad de vírgenes y santiños para intervenir en los asuntos más cotidianos del día a día, como una legión de especialistas terapéuticos a los que acudir, sin cita previa, según el tipo de mal que aqueje al interesado, también aquellos de índole más espiritual que física. ¡Y qué mejores aliados para luchar contra las malas artes y la legión de criaturas diabólicas que pueblan nuestra tierra! Aquí, aun por encima de Dios, se sigue creyendo en el demonio, una cultura popular asentada sobre una educación centenaria de «púlpitos y lareiras», que decía Vicente Risco, y que ha sobrevivido al paso del tiempo y las imposiciones de la modernidad gracias a la tradición oral, la escasa concentración urbana y una imaginación desbordante que ha impedido el suicidio en masa de sus gentes frente a la estúpida y concreta realidad que nos rodea.
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Como otro gallego mas por el mundo, leer un articulo como este me trae sensaciones contradictorias. Porque si, describe no sólo toda una serie de mitologia o leyenda popular del «rural» gallego, sino en el mismo estilo y encuadre del mismo, describe a esa Galicia de aldea que nos es tan familiar, tan nuestra.
Y ahi esta el problema
Uno se debate entre lo enxebre del asunto, que lo es y mucho, y trae muchos recuerdos, y una cierta rebelión interna, de preguntarse cando carallo chega a modernidade por aqui… no se, un poco como los repelentes besos de la tia Mercedes, no todas las sensaciones son tan agradables y algunas son de desear salir de ese marco «pintoresco».
Claro que luego llega la modernidad esa y a veces te quedas pensando que te han dado gato por liebre, asi que yo que se. Será que como dice el autor, como gallego, lo único seguro es no estar seguro de nada.
Sí, resulta cansino que cuando se hable de Galicia se recurra a la Galicia rural, también hay una Galicia moderna, aunque me gusta que se conserven las tradiciones y mitos, que no nos tachen de aldeanos fascinados por la muerte y devotos de tal o cual virgen.
A mi lo que me gusta de Galicia es el equilibrio que han conseguido entre tradicion y modernidad y espero que las primera nunca se pierda.
Gracias por recuperar estas historias. En unos cuantos años ya no será posible recoger testimonios como estos.
Todo me resulta tan familiar.
En la otra punta del mundo, con un clima peor, hay un archipiélago con rías parecidas (esteros los llamamos) e historias más parecidas.
Por su color y aspecto, su gallego conquistador lo llamó Nueva Galicia, aunque no pegó. Por casualidad, dos apellidos comunes son Bahamonde (en el noreste) y Andrade (en el sureste).
Pero a los cuentos: en las noches vuelan los brujos y se reúnen en cuevas, la noche de San Juan «arden» los tesoros enterrados, el Trauco inspira sueños eróticos o embaraza a muchachas en el monte, pero no puede entrar a una casa si se dejan montones de arena en las esquinas, porque no puede resistirse a contarla, los muertos en el mar andan siguen navegando en un barco fantasma y de vez en cuando vuelven a visitar a su familia con algún regalo, la Serena (je) se peina en las peñas o los pozos y un toro con un solo cacho en la frente destruye todo a su paso cuando se abre camino hacia el mar, casi siempre en noches de invierno.
Hace pocos años, unos gallegos que supieron de la relación entre la antigua Galicia y la que no alcanzó a ser nueva donaron un cruceiro y ahora está a la entrada de la capital, que también casi por casualidad es (Santiago de) Castro.
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Bonitos relatos, muy reales todos, excepto el detalle del unto que come el protagonista del primero. ¿Unto? Suele ser solo un ingrediente para dar sabor al caldo o freir as troitas y suele dejarse a un lado, aunque pueda gustarle a alguien untar el pan en el. Pero fuera de estos servicios…no entiendo cómo se pueda comer. ¡Es rancio de carallo!
Esteban Olive Castro, gallego entre gallegos y gran profe del Cardenal Cisneros… ¡Que placer encontrarte por aquí!
Nosotros somos del valle del Deza, y además de la Santa Compaña teníamos una moura. Mi bisabuela contaba que un día se la encontró mientras cortaba hilos con unas tijeritas de plata y piedras preciosas, y se quedó ensimismada mirándola. La moura la vio y le dijo «Neniña, gústanche as miñas tesouras? achégate e heiche corta-la lingua!»
A la moura no la vimos más, pero aún seguimos invocando a Pedro Chosco, el trasno que pone arenas en los ojos de los niños para que se los froten y les entre sueño.
Precioso relato e investigación.
Me pareció estar leyendo al gran Cunqueiro, estilo fresco y rápido como un lustro, tómate tu tiempo y visita la casa natal de Colon que la tienes ahí bien cerca, Campelo, Lourido, Samieira, …. Están habitadas por infinidad de seres fabulosos que a veces van y vuelven de Irlanda en alguna noche tormentosa, done los trasnos se convierten en elfos… Saude
Leyendo esto recuerdo mis veraneos en Galicia de pequeño, recuerdo «os contos» que se contaban mis abuelos, pero a mi tio que es de Rodeiro cada vez que le preguntamos por la Santa Compaña nos dice que él no la vio. A mi me llevaron de pequeño a una meiga en Lalín para curarme las enfermedades, batallitas pa contar…
Mitología popular y sorprende que esto siga vivo, hay que celebrarlo.
¡Muchas gracias a todos, almiñas! Por cierto, querido Esteban, el unto sí se come… No sé cómo pueden, la verdad, pero en mi casa todavía se pelean por él, lo juro. #Apertas
Falamos de ‘unto’ ou de ‘touciño branco’?
Boas vesiño!! Bo artigo!! Miña avoa contaba sempre que na nosa finca tamén estaba enterrado un gran tesouro; o tesouro da mixiriqueira.
O carallo e q desde pequeno sempre que fixemos obras na finca (pra faser unha casa, pra faser unha piscina, pra faser un pozo, etc… Eu sempre tiña a espranza de topalo… jajaaa
E non moi lonxe de onde ti vives: en san salvador de poio (Viñas)
Saudos
Como hijo de gallegos con infancia en Galicia me resulta todo tan familiar que lo siento en la piel erizada, pero por una doble razón: Me he encontrado releyendo mitos y creencias de pueblo de una tierra que también me es mía, Euskadi. Aquí también tenemos las sorgiñak y se sigue creyendo en ellas, tenemos a los seres mitológicos relacionados con los «moros» y hasta al genio maligno que se sienta por las noches en tu tripa. Y todo eso sigue muy vivo en los pueblos; aunque sea un entorno más moderno que el gallego (que nadie se lo tome mal, pues conozco ambos), en Euskal Herria se sigue conservando a flor de piel esa «vivencia» de cosas irreales entre la gente vascohablante más mayor.
Maravilloso, vamos.
Me ha encantado leer este articulo como Gallego desde el extranjero. Me ha recordado a historias que me contaban de pequeno que espero que sigan vivas.
¡Qué placer de lectura! De un tirón, y eso que acabo de despertar… ¡Bravo, Rafa!
En la zona de Levante también existe la figura de la «morica» que se peina en las fuentes con peines de oro y guarda tesoros en cuevas ocultas.
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Regento una wiki pequeña de mitología (no pongo links ni nada, pero si se buscan con las palabras clave más obvias, sale en el primer resultado) y hace poco absorbimos el contenido de otra más pequeña que estaba abandonada. Esta era de mitos y dioses de la península ibérica, y en ella me encontré este tipo de leyendas: trasnos, anjonas, cuélebres, entre muchos otros.
El caso es que no estaba familiarizado con muchas de esas leyendas. Algunas coincidiendo con las aquí mencionadas (como el trasno y la santa campaña), a pesar de ser de mi propio país. Al leerlos allí y aquí, considero que, aunque sean mitos, no se deben olvidar porque cuentan más de lo que parece en una primera lectura. Por ejemplo, el problema del trasno para contar es común con los vampiros o criaturas vampíricas de todo el mundo. En vez de pan, lo típico era usar arroz. Además, las presencias que presionan el pecho recuerdan a las parálisis nocturnas. Hay incluso leyendas gallegas que son comunes al resto de Europa, pero debido a que el desarrollo industrial llegó más tarde, su presencia duró más tiempo.
Podrían escribirse muchísimos más artículos del tema, no solo situándose en Galicia, sino en toda la geografía española: María Cuchilla, ojáncanos, Musgoso, Diañu burlón, el escornau…hay cientos de ellos.
Siempre y seguira encantada, y encantadora, en todos los modos.
«miña terra, miña terra»
Me sentí totalmente identificado, como gallego y autor de obras de terror. Esas tradiciones las sigo oyendo en Coruña, ciudad puntera en Galicia y muy alejada de lo rural… y sin embargo… Tales leyendas representan el verdadero espíritu de Galicia, más allá de lo nuevo o lo viejo. Son formas de entender la vida y la muerte, la magia y la razón. Como dije una vez, «el más ferviente de los racionalistas temblaría como un cachorrillo si le dejasen solo una noche en el bosque».
Cosas similares las sigo escuchando en el corazón de la ciudad. ¿Por qué? Porque como decía Savigny, va en el Volksgeist, en el «espíritu de un pueblo».
Llevo años viviendo en Madrid y (pese haber nacido en Coruña ciudad, de padres y abuelos de Coruña ciudad), se me siguen poniendo los pelos como escarpias con estas historias.
Y sí, me las creo a pies juntillas.
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Al igual que las historias que recuperas en este artículo que te agradezco infinitamente por lo que rescato de mi memoria gracias a mis abuelos, ésta es una historia asimismo que engancha hasta el final por tu forma de contar. Muchas gracias y muchas veces!!
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Historias muy interesantes pero que al no narrarlas en gallego pierden mucho su transfondo
Agradezco de corazón que tomes tiempo para compartirnos historias que se han pasado por familias y generaciones de gallegos. Amada mi familia y orgulloso que por mis venas fluya sangre tan honrada. Mi familia vivió en Combarro, hasta el año 1949. Muchos quedaron y hace pocos años tuve la fortuna de volver a enlazar el contacto. Cariños a toda la comunidad.