
Hay visiones que viajan al futuro, como las de los augures romanos, que buscaban presagios en las tripas de los animales, las que arrebatan a los médiums, rígidos, con los ojos en blanco y las manos inmóviles sobre un tablero, o las inventadas por algunos escritores de ciencia ficción. Una de esas imágenes premonitorias es la Zona. Desconozco si se había usado ya en la ficción antes de la novela Picnic extraterrestre (1972) de los hermanos Strugatski; ahí, desde luego, tiene un uso muy original y profético. Lo que parecía solo una imagen elocuente para describir un lugar prohibido se convertiría con el tiempo en el más usado para aludir al inmenso territorio contaminado tras la catástrofe de Chernóbil. La Zona se volvería real. Dirán que es solo una palabra, que sirve para un roto y un descosido, que «zona» tiende a la hiperonimia. Sí, es verdad: lo extraño de todo este asunto es que la Zona descrita en Picnic extraterrestre se parece mucho a la zona prohibida de Chernóbil.
En el invierno de 1970 los hermanos Strugatski se encerraron en el pequeño pueblo de Komarovo, a unos cuarenta kilómetros de San Petesburgo, para escribir su novela Ciudad maldita. Mientras charlaban en uno de sus paseos vespertinos por el pueblo, tal como cuenta el propio Borís Strugatski en el epílogo de la edición de la novela, se les ocurrieron varios argumentos, entre ellos el de Picnic. Lo primero que bosquejaron es una breve nota, donde aún no se vislumbra la trama:
Un mono y un tarro de conserva. Treinta años después de la visita de unos extraterrestres, solo queda la basura que dejaron, que es objeto de caza y de búsqueda, de investigaciones y de calamidades. Crecen las supersticiones, hay un departamento que quiere poseer la basura para adquirir poder y una organización que quiere destruirla (el conocimiento caído del cielo es inútil y perjudicial; lo único que pueden conllevar los descubrimientos es el mal uso). Los buscadores de oro se consideran magos. La decadencia de la autoridad científica. Biosistemas abandonados (como si fueran pilas gastados), muertos resucitados de distintas épocas…
Aún no aparecía por ningún lado la palabra Stalker (que acuñaron a partir de un cuento de Kipling), pero tenían el título definitivo de Picnic exstraterrestre y la idea fundamental: un lugar de la Tierra había recibido una visita extraterrestre, que había dejado tras su paso, además de gran basura tecnológica, que los humanos no sabían cómo funcionaba, un lugar inservible para la vida, contaminado, lleno de extraños fenómenos contrarios a nuestras leyes de la termodinámica, y en el que si uno se aventuraba lo más probable que encontrara es la muerte. Las autoridades (en la novela, especialistas de la ONU) han acotado el territorio, que todo el mundo conoce como la Zona. Nadie puede entrar sin permiso, aunque hay ladrones especializados en robar restos de esa chatarra tecnológica, los llamados stalkers.
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Oportuno y excelente artículo.
Felicidades.
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Una maravilla de artículo, tan necesaria como escasa en el paradigma cultural actual.
Se me ocurre un tercer final alternativo que haga referencia al posible origen del cáncer que provocó la muerte de Tarkovsky (así como de la muerte de uno de los protagonistas y de la asistenta del rodaje de Stalker): la exposición a productos tóxicos durante el rodaje de la propia película en una antigua central hidroeléctrica…
Hacïa tiempo q no leía un artículo con tanto interés!
No podemos olvidar esta propuesta https://vimeo.com/20568566
Soy de los pocos que ha visto la película de Tarkovsky gracias precisamente al videojuego. La trilogía S.T.A.L.K.E.R. tiene una ambientación muy buena y acertada tanto a la hora de reproducir la central nuclear de Chernobyl o la ciudad fantasma de Pripyat (supera muy de largo lo poco que de ella se ve y se juega en COD2 MW).
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