Política y Economía

La Italia que pudo ser

Foto: DP.
Foto: DP.

La tienda de lámparas más bonita que he visto en mi vida está en Roma. Via degli Artisti es un pasaje relativamente poco transitado, cercano a la mítica Via Vittorio Veneto. La calle del Excelsior, del Palace, del Ambasciatori y de todos los hoteles que vale la pena visitar antes de morir. O valía la pena, allá por 1972. La calle del gigantesco cartel de Martini, que corona la lujosa decadencia en la que se trenza el neoclásico con el racionalismo fascista. Pues es a tres pasos de todo ello que uno se encuentra con un pequeño local de iluminación que desprende un lujo austero. Tersas pantallas en burdeos, crema, verde veronés o aguamanil; pies de bronce, acero o maderas nobles. Cada una de sus lámparas, desperdigadas por el mundo y colocadas por separado de las demás, no evocará más que una belleza pasada de moda, de esa que se encuentra en un despacho de abogados prestigiosos sin ordenadores ni mujeres, o en la sala de espera de un eminente médico que está retrasando demasiado la jubilación. Pero juntas, e iluminadas de manera simultánea, conforman un mosaico de luz matizada que parece viajar desde su origen estético en el tiempo hasta hoy para decirle a quien lo vea: «Aún tenemos sentido». El escaparate es casi una expresión de lo que Italia fue, de lo que pudo ser.

Es casi una norma. Del centro de la península para arriba, en Roma, en Florencia, en Trieste o en Torino (no tanto en Milán), una gran proporción de todo lo bello y caro que uno se encuentra en su camino pertenece a los años sesenta, setenta u ochenta. Y todo ello sugiere nostalgia por un tiempo pasado. La sensación no es casual. Entre la posguerra y 1980, la economía del país crecía por encima del 5% anual. Por mucho que cueste imaginar ahora (y esta mera dificultad ya nos debe dar una pista de lo que ha sucedido con el país), Italia era considerada por el resto de Europa como su hija más dinámica, revolucionaria incluso, en aspectos como el diseño industrial (¡lámparas!) o la organización de la producción en fábricas de tamaño medio. Los distritos industriales de ciertas regiones del norte y centro del país eran considerados ejemplos casi perfectos de especialización coordinada de la producción: varias compañías que competían al mismo tiempo que colaboraban entre ellas, intercambiando conocimiento y generando otro nuevo, reinventándose a sí mismas, siendo capaces de llegar a los mercados mundiales desde un rincón del Veneto. Pero hacia la segunda mitad de los noventa la situación era muy distinta. El crecimiento de la productividad se frenó en seco. Y la renta per cápita sufrió con ello. Italia había dejado de ser Italia para pasar a ser… Italia.

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12 comentarios

  1. Buen análisis de Jorge Galindo. De todas maneras, aprovecho este comentario para reivindicar las Crónicas de la Mafia de Íñigo Domínguez, ya que hace bastante tiempo que Jot Down no publica ninguna nueva. Se echan de menos en esta publicación…

    • Por desgracia, Íñigo Domínguez ya no está en Italia. Lo fichó El País el año pasado y ahora hace crónicas por España (ahora creo que está contando lo del incendio de Seseña).

      • Gracias, Javier, lo desconocía. Tal vez porque llevo años sin comprar El País, concretamente desde que se pasó al lado oscuro de Cebrián.

    • Pues para algunos entre los que me cuento, supone un descanso. Momentos hubo en los que parecía que aquí sólo se escribía sobre la mafia, con algunos intervalos sobre baloncesto…

  2. ¿Aguamanil? ¿No querrá decir aguamarina?

    • Aguamarinas son unas piedras, aguamaniles son unos recipientes para lavarse las manos.

      • Lo sé, pero en la frase parece que se está hablando de colores: «Tersas pantallas en burdeos, crema, verde veronés o aguamanil.» (?) Aguamarina encajaría más si se pretende describir un color.

  3. Un articulo muy interesante, aunque, al final, no es mas que la reinvidicación de los treinta gloriosos en Italia.
    Que la Europa que añoramos sea la del periodo de reconstrucción de postguerra y la fase inicial del montaje del estado del bienestar, cuando teniamos la demografia a favor, nos dice que el sistema que hemos montado, pese a su claro exito, tiene que reformarse en profundidad para superar los problemas que ahora tiene, en gran parte causados por su propio exito.

  4. el puente de sant angelo y su castillo.. espectaculares.

  5. Antonio López

    Muy interesante el artículo. Redactado impecablemente y con buen conocimiento de causa. Felicidades al autor de parte de un mezzo-italiano que ha sufrido desde 2008 los males de aquél país sin parar de amarlo ni un momento.

  6. Pingback: La posguerra y la reconciliación nacional como cimientos de la corrupción sistémica de Italia – Notas de Carolus

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