
En Puerta de Atocha, al final de un largo pasillo desierto en contraposición a la aglomeración y el jaleo que se vive en la entrada a andenes o en el estanque de las tortugas, somos recibidos y acompañados por Javier Casado, director de Coordinación de la Producción en RENFE Viajeros, y José Espada, gerente de Tráfico y Operaciones de esa misma Dirección. La primera impresión al entrar en la sala donde se ubica el Centro de Gestión de Operaciones de RENFE es la que el imaginario colectivo espera de un centro de control de la NASA o de un gabinete de crisis con misiles nucleares: una pared repleta de pantallas gigantes con mapas, gráficos, tablas de datos, imágenes de cámaras exteriores… y, frente a ellas, mesas con varios técnicos que, a su vez, cuentan con otro puñado de monitores. En este caso, cada mesa de la hilera más cercana a las pantallas gigantes corresponde a uno de los corredores de Alta Velocidad y Larga Distancia (una se encarga de la zona Norte, otra de la zona de Barcelona, etc.), mientras que una segunda fila de puestos de trabajo se encarga de la coordinación entre los distintos corredores (cuando los trenes pasan de uno a otro).
El tiempo real
Sobre un mapa de la península brillan un gran número de puntos que se van moviendo conforme se actualiza la información. Se trata de los trenes en circulación, de los que se tiene en tiempo real todo tipo de datos: ubicación, número de viajeros, personal a bordo, marcha sobre el horario previsto… Algunos de los puntos tienen mayor tamaño y lucen un inquietante color rojo: el sistema (llamado Copérnico y propiedad de RENFE), programado para ello, indica que llevan en torno a diez minutos de retraso. «Está preparado para que nos avise de los que llevan ese retraso; en Larga Distancia hay algún colchón, sobre todo en el tramo final, donde recuperar tiempo perdido. Alta Velocidad, por contra, va mucho más ajustada». Con este control no sorprenden las cifras: «El 78% de los trenes llega a su hora o hasta diez minutos más tarde y un 11% lo hace con entre once y veinte minutos de retraso». Y no son pocas unidades: «A diario circulan unos cuatro mil trescientos trenes de viajeros, incluyendo Cercanías. La Alta Velocidad pura son unos doscientos cincuenta al día, contando los Avant llegaría a trescientos veinticinco, y con los Alvia, a cuatrocientos cincuenta. Y cien trenes cambian de ancho a diario» (1).
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Qué bien nos iría si gobernaran ingenieros en otros campos. Conste que no soy ingeniero ni nada parecido. Artículo interesante. Sois lo mejor
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