
Imaginen ser presentados en un restaurante a un hombre con acento alemán que les asegura ser capaz de encontrar una ciudad legendaria, conocida solo por un viejo libro escrito en griego clásico. Un lugar que todos los especialistas están de acuerdo en considerar pura fábula. Su interlocutor es presa de una inquebrantable convicción, porque desde los siete años cree que hallará tesoros de la Antigüedad con solo buscarlos. Habla una docena de idiomas aprendidos de forma autodidacta y es inmensamente rico. Así que quizá no sea más que otro elegante hombre de negocios pasando una terrible crisis de los cuarenta. Pero vamos a darle una oportunidad. Sustituyamos su traje por una cazadora de cuero Wested Leather y un sombrero Fedora. Añadamos un látigo de cuero al conjunto y tendremos al mismísimo Indiana Jones a punto de emprender una de sus aventuras. Eso sí, ciento diez años antes de que se estrene su primera película.
El hombre que les ha sido presentado existió, se llamaba Heinrich Schliemann, y a sus cuarenta y cuatro años había decidido que su fortuna era más de lo que iba a poder gastarse. Abandonando todos sus negocios, decidió dedicar el resto de su vida y de su dinero a las expediciones arqueológicas. Que era en realidad lo que le había apasionado desde un principio, cuando forzado por la necesidad entró de aprendiz con un tendero. A diferencia de su alter ego Indiana Jones, no fue tan ambicioso como para creer que encontraría el arca de la alianza mencionada en la Biblia. Se conformaba con la Troya de Homero, esa ciudad citada en la Ilíada, famosa además por ser el lugar del que Ulises regresa. Y poco le importaba provocar con semejante pretensión las carcajadas de todos los especialistas del mundo. Profesores universitarios de Historia, los cuales sabían bien que tal lugar no existió más que en la imaginación de los poetas griegos.
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Primero, establecer un paralelismo entre Schiemann e Indiana Jones es absurdo. La inspiración para Indiana la tuvieron en figuras como Roy Chapman Andrews, Perry Fawcett, Hiram Bingham y Vendyl Jones.
Segundo, Schliemann no va a Hisarlik y decide que esa es Troya por sus cojones. Frank Calvert, que era arqueólogo aficinado y cónsul británico en la zona, fue el que aseguró a Schliemann que allí se encontraban los restos de Troya. Y antes que Calvert, Charles Maclaren, en 1822, ya había dejado dicho que Hisarlik podía ser la Troya homérica.
1- «Lo que Schliemann había descubierto repetidamente, una y otra vez, eran los restos de la civilización minoica»
No. Schliemann encontró restos de la civilización micénica, no de la minoica. Aunque de hecho estuvo a punto de lograr también esto último porque movido por su instinto sin igual llegó a tener sus ojos puestos en los terrenos cretenses donde luego Arthur Evans encontró el palacio de Cnossos.
2- Convendría recordar de todas formas que cuando Schliemann saltó a la fama otros variados personajes hoy menos conocidos, fundamentalmente ingleses y franceses, ya habían tenido el placer de encontrar unas cuantas ciudades, civilizaciones y tesoros perdidos sobre todo en la zona de Mesopotamia, pero también en Mesoamérica.
3- Al margen de lo anterior si buscamos paralelismos para ese rancio personaje que es Indiana Jones desde luego Schliemann no es ni de lejos un candidato bien situado. Dicen que tal personaje estaría basado en una mezcla entre los estadounidenses Hiram Bingham y Roy Chapman Andrews (el cual no era arqueólogo, pero tanto da). No es algo que importe demasiado.
El termino civilización minoica corresponde a la civilización desarrollada en Creta, no tiene que ver con Micenas ni con Troya. La civilización monoica fue excavada por arthur evans.
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Cagonsós, esto está lleno listos!