
Aggrappato alle rive e alle barche e immersi nell’acqua fino alla bocca o sepolti nella terra fino al collo, attendevano che le autorità trovassero un qualche rimedio contro quel fuoco traditore. Poiché il fosforo è tale che si appiccica alla pelle come una viscida lebbra, e brucia solo al contatto dell’aria. Non appena quei disgraziati sporgevano un braccio fuor della terra o dell‘acqua, il braccio si accendeva come una torcia.
Curzio Malaparte, La pelle, 1949
El fascista Malaparte (Kurt Suckert, 1898-1957) contó con su humor tan profundamente oscuro todo lo que pensaba que nadie iba a contar una vez el árbitro levantó el brazo que daba por finalizada la Segunda Guerra Mundial: el trato a las mujeres de Nápoles por los soldados estadounidenses, el sufrimiento civil del bombardeo con fósforo de Hamburgo, la historia del perdedor. El mérito de dar a conocer al mundo los detalles de la Operación Gomorra se lo llevó el novelista alemán Hans Erich Nossack, pero tanto su éxito como el intento de Malaparte no hacen sino confirmar con la excepción la regla de que la historia la escriben los vencedores. Hay otra: las páginas más difuminadas de la historia las paga el dinero.
Los desembarcos triunfantes, la liberación del pueblo oprimido, la búsqueda de armas de destrucción masiva se esmeran en amortiguar para la inmensa mayoría el ruido de fondo de las calculadoras echando humo. Hay una lectura económica en todo conflicto. Debería ser central si al ser humano no se le hubiese secado el cerebro, «de claro en claro y de turbio en turbio», con libros de caballerías y superproducciones de Hollywood. ¿Pierden todos los que estaban en el bando perdedor? ¿Cuánto se ingresa destruyendo y cuánto reconstruyendo lo destruido? ¿Cuánto vale el dominio de la región «liberada»? ¿Es la guerra, al fin y al cabo, buena para la economía?
No tan perdedores
Olía a almendras amargas. Se colaba en la nariz, directo al cerebro. Primero un picor en el pecho seguido de un dolor extremo. Convulsiones. Paro cardíaco. Zyklon B, el pesticida pensado para insectos gigantes, fumigó seres humanos en las cámaras de los campos de exterminio nazis. Fue procesado, enlatado y etiquetado. Se almacenó, se transportó, se entregó, se facturó, se cobró. Oferta. Demanda.
El gas venenoso Zyklon B era ampliamente utilizado como insecticida mucho antes de la guerra. (…) No ha podido demostrarse que el consejo de administración o los acusados, como miembros del mismo, tuviesen conocimiento de los usos a los que se destinaba la producción. Ha quedado demostrado que grandes cantidades de Zyklon B fueron suministradas por Degesch a las SS y que fueron utilizadas en las exterminaciones en masa de los prisioneros de los campos de concentración, incluido Auschwitz, pero ni el volumen de producción, ni el hecho de que se suministrasen grandes cantidades a los campos fue en sí mismo suficiente como para implicar responsabilidades criminales, dado que lo que ha quedado probado es que hubo una gran demanda de insecticidas allí donde llegaba un alto número de personas desplazadas, confinadas en espacios abarrotados en los que faltaban las mínimas condiciones de higiene. (Informes legales de los juicios por crímenes de guerra. Comisión de crímenes de guerra de las Naciones Unidas, Volumen X. 1949).
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Brutal, muy buen artículo. Lo realmente triste es que haya «economistas» que se limiten a reconocer que la guerra es buena porque crea actividad económica, sin poner en duda un sistema u organización económica que llega a un punto en el que requiere del odio y la muerte para seguir funcionando, en el caso en el que aceptáramos la hipótesis. Los economistas dejaron de pensar cuando aceptaron que sólo los números podrían darles respuestas. Desde los 80, y de la mano de viles personas como Samuelson, la economía es humo en forma de número. Y mientras que en las facultades los maestros insignia sean los que se formaron y nutrieron del mayor boom neoliberal capitalista, difícil está la cosa para hacer pensar a los jóvenes que, sin entender nada, acaban entrando en el sacerdocio. Sin pensamiento ni ética ni moral en las Facultades de Economía y Empresariales, el futuro seguirá diezmado.
La verdad es que no sé mucho de economía (más allá de la de mi casa), pero me parece un tema interesante.
«sin poner en duda un sistema u organización económica que llega a un punto en el que requiere del odio y la muerte para seguir funcionando» -> así es. La trilogía de Matrix (sí, la 2 y la 3 también) proponían una metáfora preciosa de esto mismo, por cierto.
Pero frikismos aparte, ¿como civilización hemos llegado a descubrir alguna alternativa a ese sistema económico? ¿De preferencia, una que no pase por un sistema político que controle completamente los mercados, machacando así su libertad? ¿Es evitable que la codicia inherente al ser humano (y más cuando va en grupo, o cuando huele grandes ganancias) vaya corrompiendo el sistema hasta que, de cuando en cuando, sea necesaria una crisis así para reiniciar los valores?
Estaré atento la próxima vez que vea Matrix jajaja
Desde hace mucho tiempo hay otras formas de organización, pero el confiar en ellas implica trascender los fundamentos filosóficos y morales del sistema capitalista desarrollados por el pensamiento anglosajón del S. XVIII, y que dan por hecho que las relaciones económicas humanas se deben basar en el egoísmo (y no la «benevolencia», que llamaba Smith, como opuesto). Hoy en día sabemos que los países cuyos habitantes proceden de la cultura anglosajona son los más indiviudalistas (vs colectivistas) del mundo, y «su forma de organizar la economía» se ha impuesto a todos, cuando esa forma se basaba en la opinión de filósofos que vivían en su cultura, no en culturas colectivistas (todo se reduce a si el egoísmo gana a la generosidad y solidaridad, y cual debe liderar las relaciones socioeconómicas). Esto, junto con saber diferenciar entre necesidades y deseos, es lo fundamental. Le recomiendo el libro «Raíces económicas del deterioro social y ecológico», de J. M. Naredo. No es fácil de leer pero, junto con Sampedro, es en mi joven opinión de los mejores economistas habidos en España.
vamos a ver, me demuestras alguna economia colectivista desarrolada y que haya dejado alguna traza? intentemos ser serios, por favor. por ley de naturaleza los recursos son limitados y requieren esfuerzo, osea un capital para obtenerlo. tenemos suficientes pruebas de guerras intercomunitarias en Olvudai.