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Abelardo Linares: «Los libros son como un veneno. Un veneno raro que solo es perjudicial en pequeñas dosis»

Abelardo Linares para JD 0

Esta entrevista fue publicada originalmente en nuestra revista trimestral número 22

Aunque el mote no le haga mucha gracia, lo cierto es que a Abelardo Linares (Sevilla, 1952) se le conoce entre bastidores como «el hombre del millón de libros». Lo cual, por otro lado, no es ninguna exageración. La fama le cayó el día que se trajo de Nueva York, a lomos de un barco, los fondos de la librería de Eliseo Torres, adquiridos al completo a su viuda tras la muerte del reconocido librero, en una operación sin precedentes en España por su envergadura, sobre la que tantas leyendas en su día se escribieron.

Para entonces, Linares ya se había labrado toda una reputación de amante impenitente del libro viejo, también de implacable cazador. Tras recorrerse las Españas en los setenta, dio buena cuenta de las Américas en los ochenta, llegando así a convertirse en uno de nuestros últimos grandes bibliófilos.

Su biblioteca personal compite por ser una de las más completas que hay sobre literatura en castellano de principios del siglo xx. De ella se nutre buena parte del exquisito catálogo de su editorial Renacimiento, fundada a principios de la década de 1980, referente en el rescate literario de dicho periodo histórico.

Los inmensos fondos de Abelardo Linares descansan ahora en tres frías naves industriales a las afueras de Sevilla. Allí, entre pasillos y pasillos, cajas y más cajas, se llevó a cabo esta entrevista sobre lecturas, pasiones y emociones. Viendo luego los miles de joyas librescas que se albergaban en las estanterías se nos hizo de noche.

¿Te sientes a gusto con la etiqueta de bibliófilo?

La bibliofilia como tal, el mundo de los bibliófilos, es algo que no me interesa demasiado, por más que, como todo coleccionismo, me parezca muy respetable. G. K. Chesterton decía que en esta vida hay que estar loco por algo para no volverse completamente loco. Para eso el coleccionismo puede ser de bastante ayuda. Lo que ocurre es que hay gente que, por culpa de la bibliofilia, solo compra libros raros anteriores al siglo xviii, o libros diminutos en dieciseisavo, o se empeña en que todos los volúmenes de su biblioteca tengan bonitas encuadernaciones en marroquín. Todo eso, dentro de lo que cabe, está bien, salvo cuando uno, por ejemplo, se dedica a reunir facsímiles de códices medievales o renacentistas a varios miles de euros la pieza, en ediciones limitadas (es un decir) de dos o tres mil ejemplares, creyendo que tal cosa no es sino pura bibliofilia o que está haciendo una estupenda inversión financiera.

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9 comentarios

  1. Espidenforo

    Nadie compra a Plutarco con trece años.

    • Hable por usted

    • Cierto, a mí la pasta no me alcanzó para la edición de Cátedra hasta los diecisiete.

    • pedro ramos

      Pues entre Nadie y Abelardo Linares ya son dos. Yo conozco alguno más que podría comprarlo, o haberlo comprado, e incluso leído, con esa edad. El mundo, amigo mío, es un poco más grande de lo que su estrechez mental imagina.

  2. Pingback: Entrevista a Abelardo Linares: «Los libros son como un veneno. Un veneno raro que solo es perjudicial en pequeñas dosis». Fran G. Matute en Jot Down – Trama editorial

  3. ¿Por qué no ponen la fecha de las entrevistas?

  4. Pingback: Presentación de libro Ahora que recuerdo, de José Esteban – Redial & Ceisal

  5. Una vez fui a su caseta de la feria del libro antiguo de Sevilla. Me atendió su hijo, no él. Me trató con tanta soberbia y desprecio, que decidí no comprar allí nunca más.

  6. Pingback: Antonio Rivero Taravillo: «¿Para qué quieres una librería de mil metros cuadrados si tienes menos títulos y encanto que una de doscientos?» - Revista Mercurio

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