
Existe una división entre lo objetivo y lo subjetivo y esa frontera es subjetiva.
Gregory Bateson.
El origen del mundo
La creación del mundo, según ciertos relatos místicos, comenzó con un acto de retraimiento de Dios. La divinidad se contrajo dejando así el espacio necesario para que el mundo pudiera existir. Antes de esa retirada Dios lo ocupaba todo (1).
Para el viejo panteísmo Dios estaba en todas partes. Todo ser vivo y todo objeto que fuera creado a la luz de la conciencia era una manifestación de la divinidad.
El relato nos introduce en el advenimiento del monoteísmo. Operación que consistió en sacar a Dios de cada uno, un proceso de externalización que despojó a las personas de sí mismas, su ámbito más fuerte. De este modo, se pasó de los múltiples puntos de vista a la unificación de la perspectiva. La dimensión política que se derivó de esto fue de una gran magnitud, ya que redujo las infinitas versiones de la realidad a una sola y con ello se aumentó la gobernabilidad y dominio de las poblaciones.
La tarea posterior y aún no zanjada consistió en dilucidar cuál es el dios verdadero. Antiguamente, la divinidad estaba en el campo de la sensibilidad subjetiva, posteriormente, en la lucha por implantar la objetividad de cada uno.
Esta es la dialéctica entre objetividad (exterior) y subjetividad (interior). Mientras lo subjetivo es cambiante e impredecible, lo objetivo tiende a la rigidez normativa. Cuando el individuo cede su conciencia interna al exterior, pierde su centro y los discursos homologados cobran fuerza. Históricamente, esto ha dado paso a los grandes procesos de normalización (2). Esto es, abandonar lo instintivo para satisfacer a lo normativo. En consecuencia, los conflictos más cruentos suelen producirse en nombre de Dios, dada la tendencia del ámbito sistémico a parametrar las múltiples subjetividades. Un ejemplo de ello fueron las cruzadas contra la sexualidad libre, que coincidieron con la exigencia de homologar las costumbres de la población para que acudieran a trabajar en el horario de producción seriada de las fábricas. El objetivo era que madrugaran y acudieran a los puestos de trabajo en horarios regulares y adecuados para las necesidades del maquinismo, en lugar de permitirles que se dedicasen a una vida diletante y gozosa centrada en los placeres. Esto es especialmente notable en la prohibición de la masturbación como exponente extremo de la autogestión del hedonismo (3).
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Interesante . Aunque hay que tener en cuenta que no funciona igual para todas las civilizaciones . Por ejemplo la vergüenza, asociada a perder la templanza y el autocontrol es algo típicamente occidental y que sólo funciona en civilizaciones que interiorizan eso como un valor. En otras civilizaciones reaccionar con furia y brutalidad haciendo ver claramente que uno ha «perdido los papeles » es bien valorado lo contrario es sinónimo de pérdida de autoridad hombría o verse como «cornudo».
Lo mismo para la resolución de conflictos mediante el diálogo . Es un grave error creerse que es un valor de todas las civilizaciones a los niños occidentales se les machaca con la virtud del diálogo y no ponerse violento y son valores canónicos de nuestra civilización. El problema es perder de vista que aunque yo pretenda dialogar con alguien no hay ningún signo de que el otro quiera hacerlo . Si yo tengo los mejores argumentos y voluntad de diálogo y convivencia amén de templanza etc y el otro tiene un arma y lo usa de todos modos no hay nada que hacerle .
Es un error construir diálogos civilizatorios de sordo mudos cuando partimos de premisas diferentes. En otras civilizaciones ponerse violento y resolver conflictos con violencia No es algo repudiable o vergonzante si no lo normal o incluso deseable por natural.
Decía Zizek que hay un dicho que afirma que «un enemigo es alguien de quien no conocemos su historia» . Si tú eres judío escuchar la historia y motivos de las acciones de Hitler no lo va a convertir en menos enemigo.
Esta desinteresada y novedosa divulgación me ha creado reflexiones. La primera surge de las primeras líneas, con el retraimiento, la contracción del Dios místico, verbos con tendencia al cero que permiten la aparición del mundo. Es notable como coincide con la teoría de la Física que explica la posibilidad de la existencia de la nada (la bestia negra de las religiones) con una simple operación matemática: -1 + 1= Cero. Y hay que señalar cómo toma cuerpo cada vez más la teoría de que este universo, por ahora en expansión, un día impensable se retraerá, se contraerá casi hasta el infinito para manifestarse en otra parte, o talvez en el mismo lugar, en un proceso de eternidad, único atributo de la divinidad, sin inicio y sin fin. Con respecto a los horarios de las fábricas me parece dudoso que hayan sido concebidos para alejar a la masa de los placeres, que no sé cuáles serían aparte del sexo en aquellas épocas de miseria. Los turnos nocturnos podrían justificar esta teoría, pero es mucho fantasear. Era necesario hacer funcionar las máquinas a la luz del sol, para ahorrar energía. Y la prohibición de la masturbación no fue un invento capitalista. Ya lo condenaba la Biblia poniendo en la picota al pobre Onán. Muchas gracias por la información y lectura.