
Me llamó la atención leer en un foro de aficionados al doom metal que cómo era posible que un grupo pionero como los ruso/soviéticos ВОЙ fuera posible en un lugar aislado de la escena occidental. En realidad, los países comunistas no estuvieron aislados del tape trading cuando se gestó el metal extremo en los ochenta, pero es que además el rock y el pop atravesaron el telón de acero en cuanto surgieron en Occidente y su llegada no estuvo exenta de convulsiones.
Sabrina P. Ramet en Kazaaam! Splat! Ploof!: The American Impact on European Popular Culture Since 1945 contó que solo Albania y Afganistán en todo el imperio socialista estuvieron a salvo de su influencia. Los talibanes y Hoxha lo prohibieron terminantemente. Sin embargo, en países como Yugoslavia, que cultivaba estrechas relaciones con Reino Unido y Estados Unidos, las giras de músicos anglosajones fueron frecuentes y el espíritu prendió fuerte.
Hubo entre 1972 y 78 un festival que metía quince mil personas en cada edición con carteles formados solo por grupos locales, el Boom Fest. A día de hoy, el yugo-rock es uno de los productos más queridos del país que ya no existe en cualquier rincón de ex-Yugoslavia; un lugar donde el punk y la nueva ola explotaron casi al mismo tiempo que en Occidente.
Según unas revelaciones hechas por Dusan Vesic, un periodista, citadas por Ramet, el propio Tito y su lugarteniente e ideólogo, Edvard Kardelj, tuvieron una reunión específica para tratar el tema del rock and roll. Discutieron qué hacer con ese nuevo y contagioso fenómeno y decidieron optar por una política de tolerancia. Tito entendió que siendo permisivo podría dominar la escena rockera. Lo cierto es que los grandes grupos tocaron para él en alguna ocasión y se podían encontrar baladas alabándole a él, a su programa de autogestión o a sus ejércitos, como aquí Oliver Dragojevic. Luego el punk ya no fue tan complaciente con el sistema, pero esa es otra historia. Yugoslavia fue la primera en encuernar los puños cerrados.
El resto fueron detrás. En Rock Around the Bloc Timothy W. Ryback escribió una historia detallada de la epidemia. Mientras las autoridades comunistas estaban persiguiendo el jazz, Bill Haley grabó «Rock Around the Clock» y «Shake, Rattle and Rock». En un principio, no distinguieron qué era jazz y qué era rock, a lo sumo entendían que el rock era una forma de jazz más aberrante. Pero fue curioso. Un sonido que en Occidente conquistó a las clases bajas, en el bloque soviético entró por las élites. En los cincuenta y primeros sesenta solo los que tenían el privilegio de salir del país podían volver con algún disco que dentro de sus fronteras costaban fortunas en el mercado negro. En los países socialistas, los obreros y la gente de provincias no se enteraron mucho de la llegada del rock.
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