Ciencias

La ciencia proveerá… si no lo impedimos (Sobre el futuro de la alimentación)

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Un árbol en un campo de cultivo de Estados Unidos, 2016. Fotografía: George Rose / Getty.

Somos muchos y lo seguiremos siendo. De hecho, nuestra especie, desplegada fastuosamente a lo largo del periodo Holoceno, siempre ha sido más cada día. Los siete mil seiscientos millones de almas que alberga hoy el planeta aumentarán en mil millones dentro de una docena de años, y rozarán los diez mil millones en 2050, según los últimos datos de la ONU, publicados el año pasado.

Dar de comer a todos ellos es una de las grandes preocupaciones de la comunidad científica y los organismos internacionales. Lo llaman «seguridad alimentaria», pero está resumido de manera más clara en el objetivo número dos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas: «hambre cero».

Antes de seguir: hemos ido por buen camino. Según la mencionada Agenda 2030, hay ochocientos quince millones de hambrientos en el mundo, sí, pero son menos que nunca —si ahora son casi el diez por ciento de la población, hace treinta años eran más del veinte por ciento—y serán cada vez menos. Dos libros recientes recogen cifras sobre el tema difíciles de apelar: En defensa de la Ilustración, del canadiense Steven Pinker (Paidós, 2018), y Progreso. Diez razones para mirar al futuro con optimismo, del sueco Johan Norberg (Instituto Juan de Mariana / Value School / Deusto, 2017).

Norberg dedica el primer capítulo de su libro precisamente a la alimentación, y recalca, con números de la FAO en la mano, que la desnutrición ha disminuido un cuarenta por ciento en los últimos sesenta años: en 1945 pasaba hambre el cincuenta por ciento de la población mundial y en 2015, el once por ciento. No solo ha decrecido la desnutrición, añade por su parte Pinker, sino también las hambrunas mortíferas y las enfermedades asociadas con la falta de nutrientes, como el kwashiorkor (que provoca el vientre hinchado, icono mundial del hambre desde Biafra). Hasta el momento, en fin, y a pesar de los rezagos del diez por ciento de la población, comemos más y mejor, y la ciencia tiene las herramientas para que la tendencia continúe.

La descripción del segundo objetivo de la Agenda 2030 —son diecisiete en total—, también es clara al respecto: «Gestionadas de forma adecuada, la agricultura, la silvicultura [la gestión de los bosques] y la acuicultura pueden suministrar comida nutritiva a todo el planeta, así como generar ingresos decentes, apoyar el desarrollo centrado en las personas del campo y proteger el medio ambiente». Entonces, ¿de qué se preocupan? ¿Cuáles son las amenazas? El párrafo continúa con un «pero»: «Ahora mismo, nuestros suelos, océanos, bosques y nuestra agua potable y biodiversidad están sufriendo un rápido proceso de degradación debido a procesos de sobreexplotación». Es decir, no es que no se pueda dar de comer a todo el mundo, sino que no podemos hacerlo en las condiciones actuales, porque los recursos se nos agotarán antes.

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2 comentarios

  1. Muy interesante este artículo y bien documentado. Y sobre todo valiente: necesitamos que haya periodistas capaces de mirar las cosas con datos, desde la evidencia científica, sin dejarse mecer por los tópicos facilones dominantes. Gracias, Yaiza, por este trabajo tan serio.

  2. El mismo artículo de siempre soslayando un debate tan necesario. Porque, claro, como dice el texto, hay que, «por supuesto», apoyar el uso de los transgénicos. Como si este tema se pudiese empezar a analizar con la profundidad necesaria en un artículo de esta longitud. No pasa nada, quienes están de antemano a favor, lo aplaudiran, y se sentiran parte de la comunidad científica del progreso y, quienes tenemos críticas, no nos moveremos ni un ápice de nuestra posición al apreciar, tan claramente, el sesgo del artículo. Al final, todas tan contentas y, a la vez, tan enfadadas.
    No voy a entrar al debate, me veo falto de energía y ganas. Pero si tengo que decir algo sobre esta frase, que tanto ha calado a base de propaganda (como la de este artículo):
    «La oposición ecologista a los transgénicos es elitista y conservadora. Las críticas vienen, como siempre, de los sectores más privilegiados: los que viven en la comodidad de las sociedades occidentales, los que no han conocido de cerca las hambrunas». Tremendo cinismo… por aportar algo, en esta línea, que es a lo que venía. ¿Quienes de ustedes conocen La Vía Campesina? Más aún, ¿cómo es posible que no haya sido nombrada ni una vez en este artículo ? Para quienes no: se trata de un movimiento internacional que se estima agrupa a más de 200 millones de pequeñas agricultores en todo el mundo. 200 millones. Sus propuestas no las esconden ni un instante y llevan décadas luchando por ellas. Y no son, desde luego, sectores privilegiados de las sociedades occidentales.
    Más aún (joder, al final me pongo pesado, el horror, os pido disculpas), en el último informe de la FAO (también realizado por un equipo muy amplio de científicos) que leí sobre seguridad alimentaria, aunque es de hace cuatro o cinco años, se indicaba muy claramente, aunque en letra pequeña y al final del informe, (y no creo que la FAO sea sospechosa de radicalismo para nadie), que sus recomendaciones para un futuro mejor pasaban por una economía de pequeña escala y ecológica.
    Por último, ¿de verdad escogen 1945 para comparar la situación de hambruna en nuestras sociedades con la actual? No parece, así de primeras, un año muy neutro.
    Me gustaría, sinceramente, das las gracias por el artículo, pero no puedo, me parece demasiado manipulador (para que no sea solo palabra, recomiendo echar un vistazo al párrafo 8). Aquí solo se da voz a unos pocos protagonistas de la historia, pero en defensa de la Ciencia, eso sí, que valentía. De hecho, en el citado párrafo 8 se plantea parte del importante debate para que la autora lo cierre, ella misma: » No les faltaba razón. Lo paradójico es que estos mismos críticos también se opongan con vehemencia a la única herramienta que, hoy por hoy, está permitiendo superar los problemas de sobreexplotación y contaminación que planteaba la «revolución verde»: la biotecnología y los transgénicos.». En fin, vaya tela.
    Un saludo atento
    pd: como dato curioso: La agricultura ha sido una labor mayoritariamente femenina (y lo sigue siendo) y, sin embargo, en el texto no aparece la opinión ni el nombre de una sola mujer (salvo la autora, por supuesto).

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