
¡A follar todo el mundo! —permitió entonces el regente, harto y cansado.
Como contamos hace unos años a raíz del extraordinario ensayo de Elizabeth Roudinesco Nuestro lado oscuro (Anagrama. 2009), con la Revolución francesa la burguesía echó mano del higienismo para promover un tipo de sexualidad que sería eminentemente romántica. Atrás debían quedar todos los imaginativos excesos sexuales cometidos por la aristocracia en sus palacios impenetrables. Había llegado lo racional, que aplicado al sexo, un impulso ciertamente animal, abrió una nueva etapa de represión.
Si tomamos como ejemplo un pequeño extracto de Sade que citaba la filósofa francesa, podemos apreciar someramente el nivel al que había llegado la fiesta de la nobleza en el último par de siglos:
El libertino deberá disfrutar de ellas inventando hasta el infinito el gran espectáculo de las posturas más irrepresentables. Deberá encular al pavo y cortarle el cuello en el momento de la eyaculación, luego acariciar los dos sexos del hermafrodita, arreglándoselas para tener entre la nariz el culo de la vieja mientras esta defeca y en su propio culo al eunuco follándolo. Tendrá que pasar del culo de la cabra al culo de una mujer, luego al culo del niño mientras otra mujer le secciona el cuello al pequeño. Me follé al mono, de nuevo al dogo pero por el culo, al hermafrodita, al eunuco, a los dos italianos, al consolador de Olympe: todos los demás me masturbaron, me lamieron y salí de tan nuevas y singulares orgías tras diez horas de los más estimulantes goces.
No sé ustedes, pero yo leo estas cosas y me entran ganas de haber estado allí a ver si la creatividad de Sade tenía base en la sociedad que habitaba, la cual ha sido erotizada hasta la extenuación en la imaginación contemporánea. Para satisfacer algunas de estas dudas podemos consultar un libro que salió hace un par de años, Una historia erótica de Versalles, de Michel Vergé-Franceschi y Anna Moretti (Siruela, 2017).
El capítulo relativo a la época que nos interesa comienza recordando el estribillo de una canción popular de 1701 entonada a la muerte de Felipe, duque de Orleans. Decía así: «Felipe ha muerto con la botellla en la mano. / El proverbio que dice que el hombre muere como ha vivido / es muy poco cierto. / Él nos muestra todo lo contrario, / Porque si hubiera muerto como vivió, / habría muerto con un pene en el culo».
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Yo tengo la mala costumbre de seguir este sitio por rss, y cuando el artículo me parece interesante pues entro y lo leo. Antiguamente se podía leer el artículo entero desde el rss, pero desde hace algún tiempo solo se ve el comienzo, me parece muy bien que queráis que vengamos a la web y ganar visitas, pero… ¡¡¡cojones!!! estoy harto de encontrarme con un «la página no existe» una y otra y otra vez, es realmente frustrante. Si queréis que vengamos a la web que haya algo cuando lleguemos porfa, que lo que no se encuentra la página ya me lo he leído demasiadas veces.
Hola Víctor, no tenemos ninguna información al respecto de otros usuarios sobre lo que nos comentas.
Te escribo por email
Saludos
Pos se ha perdido el mail XDDDDD Ahora (23:30) me acaba de pasar lo mismo con «Roma» y el destino de los subalternos que según Feedly se publicó hace 2 horas, he hecho una captura de pantalla por si acaso
Idem que Victor, y es algo que sucede a menudo.
Hoy mismo he tenido aviso de un artículo titulado «Roma y el destino de los subalternos» que luego no está en la web. Uso Feedly.
Lo he revisado y debe de ser un problema de Feedly. Tenemos 5.000 suscriptores en las RSS y todo el mundo entra bien en los artículos. Podéis verlo aquí:
https://us3.campaign-archive.com/?e=%5BUNIQID%5D&u=0259859dbf2c46fbc3cb379d0&id=4401a4e913
También podéis acceder a través del canal de Telegram que funciona perfectamente: https://t.me/jotdownmagazine
Si tenéis más dudas podéis escribir a [email protected]
claramente hacer el misionero a oscuras es de pobres, ignorantes… y ademas es una estupidez
La duquesa de Berry tenía veinte años al comienzo de la regencia. La muerte de Luis XIV y el acceso de su padre a la Regencia la convirtieron en primera dama del reino, liberándola de todo limite en su búsqueda del placer. Instalada en el Palacio del Luxemburgo en septiembre de 1715, lo convirtió en escenario de su libertinaje. Usurpando honores reales, se rodeó de una guardia privada con hombres vigorosos a quienes escogía personalmente para luego comprobar sus competencias sexuales. La princesa voluptuosa no habia conseguido darle un heredero a su esposo, a pesar de su fertilidad que no hace falta demostrar. Parece que no usaba ningún método contraceptivo en sus muchas aventuras amorosas porque la « fecunda Berry » no logró prevenir repetidos embarazos. Viuda desde mayo de 1714, la duquesa de Berry honró la memoria de su esposo cayendo embarazada a fines de abril de 1715. Luis XIV aùn vivia y la joven viuda tuvó que ocultar su estado deshonroso, ais que relanzó la moda del vestido volante cuyo amplitud le permitía disimular su vientre abultado. A principios de enero de 1716, participó activamente en los bailes de carnaval que su padre acababa de organizar en la ópera, luciendo su enorme barriga de 8 meses que su suntuoso vestido volante ya no lograba ocultar. Tres semanas mas tarde, la duquesa se encerró varios días en su habitación del Palacio de Luxemburgo, bajo el pretexto de un fuerte resfriado, Pero se rumoreaba en todo París que la bella princesa, llegada a termino, sufría los dolores del parto. La princesa fué entregadada de una niña que falleció a los tres días, Canciones satíricas difundieron en todo París noticias de este nacimiento ilegítimo. Algunos satíristas, burlandose de la promiscua joven subrayaban que por tener tantos amantes la « Mesalina de Berry » no era capaz de identificar al padre de su bastarda. Otros, incluso el joven Voltaire, atribuyerón la paternidad de esta niña a las obras del regente, acusando a la duquesa de Berry de fornicar con su propio padre. Desde los principios de la Regencia, la duquesa de Berry era la protagonista de las cenas licenciosas y fiestas orgíasticas organizadas a puertas cerradas por su padre en el Palais-Royal y en su propio palacio del Luxemburgo. Oficiante principal de los ritos báquicos y orgiásticos que a veces se escenificaban entonces ,la duquesa de Berry era sin rival en su fiebre lujuriosa e insaciable, copulando frenéticamente con los invitados de su padre, los « roués, » y también con sus criados y guardias..
En el otoño de 1718, por todo Paris se rumoreaba del nuevo embarazo de la duquesa de Berry. Según Saint-Simon el progenitor era su amante predilecto, el conde de Riom, teniente de su guardia personal. El »Edipo» de Voltaire se estrenó el 18 de noviembre 1718 en la Comédie-Française. El regente estuvo presente en el estreno y felicitó a Voltaire por su éxito. El público entendió que el personaje de Edipo aludía al regente y el de Yocasta a la duquesa de Berry. Esta princesa también estuvo presente en el estreno, entrando al teatro escoltada por las damas de su corte y su guardia personal. La joven viuda llamó mucho la atención por la redondez de su silueta. Sumandose a los rumores difundidos desde semanas por todo Paris, el engrosamiento notable de su cintura, que en vano intentaba tapar bajo los pliegues de su lujoso vestido volante, confirmó al público que estaba embarazada y esta gravidez visible inspiró comentarios picantes entre los espectadores sobre los supuestos amores incestuosos de la «Mesalina de Berry» con el regente y por lo tanto contribuyó al éxito público de la tragedia. El 7 de diciembre 1718, la duquesa de Berry vino a la Académie Royale de Musique (la Ópera de París) y vio una actuación de «Sémiramis», recién estrenada. Acompañada por unas treinta damas de su corte, se sentó en un silla real puesta sobre una plataforma en el anfiteatro, Una barrera colocada en el medio del anfiteatro les separaba del resto del público. Usurpando honores reales, mientras dejaba lucir su embarazo, la «fecunda Berry» escandalizó a los espectadores, asombrados por su descaro.
El 11 de febrero 1719, la duquesa de Berry asistió a otra representación de »Edipo», en honor a su sobrino Luis XV, en el palacio del Louvre. Estaba sentada al lado del niño rey. La sala estaba llenísima y, afectada por el calor, se sintió mal y se desmayó cuando alguna alusión teatral a la maternidad incestuosa de Yocasta fue muy aplaudida por el público. Malas lenguas rumorearon de repente que «la Berry-Yocasta» iba dar a luz a Eteocles en medio de la actuación, pero se abrió una ventana y la joven embarazada se recuperó de su desmayo. En febrero de 1719, la princesa participó en los bailes de carnaval hasta las cuatro de la mañana a pesar de su embarazo avanzado. El 20 de marzo, muy cerca de su alumbramiento, la duquesa presenció a «Sémiramis» por segunda vez, en compañia del regente y de una de sus hermanas, ambos sentados al lado de su silla real.