
Insectos capaces de convertirse en espías, robots-soldados, hombres con armaduras del futuro y armas con rayos-láser… No podemos saber dónde y cuándo serán las contiendas que se librarán en el futuro, pero sí cómo se combatirá en ellas.
En Wanted, de 2008, la película del kazajo Timur Bekmambetov, James McAvoy interpreta a Wesley Gibson, un empleado saturado de rutinas y vida de oficina que descubre ser el hijo de un asesino profesional y decide dedicarse entonces al oficio familiar. Parte de su entrenamiento, lo que nos interesa aquí, consiste en aprender a darle efecto a una bala al disparar. Ciencia ficción. O no… Fuera de la pantalla no se trata de lograr el giro de muñeca imposible, sino, más sencillo, de poder tener balas teledirigidas. ¿Y es posible? Sí, de hecho, existen. Ya se han hecho los primeros experimentos con éxito del programa estadounidense Extreme Accuracy Tasked Ordnance (EXACTO), que han conseguido crear una bala de 50 milímetros de calibre para francotiradores capaz ya de cambiar su rumbo para compensar así cualquier factor inesperado que le impida alcanzar el blanco.
Hoy no podemos predecir cuáles serán las guerras del futuro. Es imposible saber dónde y cuándo se luchará. Basta ver la historia reciente de Estados Unidos, por ejemplo. Su Gobierno anunció en su momento que no se combatiría en Corea. Y se combatió. Años después, dijo que no se lucharía en Vietnam. Y se luchó. Y así continuó desde Irak a Afganistán. Pero sí se puede prever cómo serán algunas de las armas que se empleen en esas guerras de un futuro que es ya casi presente. Cómo es el nuevo armamento cuyo desarrollo ya se investiga.
En 2003, cuando Estados Unidos invadió Irak, su ejército apenas tenía un puñado de drones en su arsenal. Hoy, quince años después, dispone de más siete mil artefactos. En la guerra hay elementos que desestabilizan tanto que son capaces de cambiar su desarrollo, sus reglas del juego. En inglés se denominan game changer. Han existido a lo largo de la historia. Las armas de fuego, la pólvora que sustituyó al acero en su momento, por ejemplo. El ferrocarril o el telégrafo, desde el sector civil. O la bomba atómica. Los drones también lo son. Sin embargo, la investigación en el sector bélico va más allá. Esos drones son presente y ya cambian esas reglas de la guerra, porque alteran la forma de desplegarse, de prepararse tácticamente o incluso de atacar al enemigo. Pero hay proyectos en fases aún embrionarias o de desarrollo que formarán parte de las batallas del futuro y que de nuevo trastocarán el concepto que teníamos de ellas.
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La cosa cambia a un ritmo vertiginoso. Pero se ve algo común en todas las fotos. Artefactos modernísimos, revolucionarios y usándolos los mismos tipos de hace 4000 años que al final son los que ponen el pie en tierra y siguen muriendo como entonces.
Desolante.
Admirable. Gracias, USA. Gracias, Presidente Trump.