Arte y Letras Lengua

María Moliner, nuestra señora de las palabras

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Este artículo ha sido ganador del XXVII Premio de divulgación feminista Carmen de Burgos, concedido por la Universidad de Málaga.

La palabra no es una etimología, sino un puro milagro. (Ramón Gómez de la Serna).

Madrid, 1952. En el principio fue una mujer sola. 

Una mujer menuda que trabajaba en la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, una señora de aspecto inofensivo que, sentada un día en su casa a sus cincuenta años, decidió escribir un diccionario. Su tarea, que escogió como solo se escoge un amor o un apostolado, duró quince años desde el momento de la decisión y la primera ficha de la primera palabra hasta la publicación del primer tomo del Diccionario de uso del español en 1966. 

Nunca hay que fiarse de las señoras de aspecto inocente y respetable, son capaces de sentarse tranquilamente en la mesa de su cocina durante quince años y preparar una jugada maestra que ponga en jaque a la Real Academia Española. 

No fue un capricho hacer el diccionario, aunque sonase como una locura. De hecho, antes de decidirse, valoró la posibilidad de escribir algún tipo de material pedagógico o un ensayo. Sin embargo, era obvio que la censura caería sobre ella y sería imposible de publicar. María Moliner había sido represaliada al final de la guerra civil por formar parte, junto con su marido, del movimiento republicano. Aunque en su historial no constaba actividad puramente política, su labor intelectual fue más que suficiente para llevar hasta el final su expediente de depuración.

Había formado parte de la delegación valenciana de las Misiones Pedagógicas, encargándose del proyecto de creación de bibliotecas rurales y populares. Durante el primer bienio republicano compatibilizaba este trabajo con sus clases de historia en el Instituto Cervantes de Madrid, donde coincidió con Antonio Machado, que también era profesor en el centro. Más tarde, fue destinada a Valencia para dirigir la Biblioteca Universitaria. Desde el balcón de su casa, en el número 22 de la Gran Vía del Marqués del Turia, vio junto a su marido y sus hijos entrar a las tropas nacionales. Había tocado perder y empezaba la derrota.

Como es lógico, los expedientes de depuración escenificaron un fuego cruzado entre funcionarios para dirimir disputas y celos profesionales. Hay que aproximarse a ellos con prudencia, nunca con ingenuidad.(Inmaculada de la Fuente1).

La revancha de los vencedores le hizo perder dieciséis puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, donde entró en 1922 siendo la mujer más joven de la historia de la institución y la sexta que conseguía aprobar las pruebas de ingreso. Que se había licenciado en Filosofía y Letras en Zaragoza por la rama de Historia con premio extraordinario casi no vale la pena ni mencionarlo, para la época era impensable que una señorita estudiase y no fuese excepcional.

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8 comentarios

  1. Sin prisa y sin pausa, como a ellas les conviene, cada tanto dan a la luz hijos, al masculino, como este diccionario desprovisto de testosterona. Nunca está de más recordarla. Gracias.

  2. En el colegio debería estudiarse a esta mujer. Es increíble la poca información que da el diccionario de la RAE en comparación.

  3. SU PADRE SALIO POR TABACOS Y NO REGRESO SE HIZO CARGO D SU FAMILIA TRABAJANDO,ESTUDIANDO Y COLABORANDO CON EL DICCIONARIO D ARAGONES LA BIBLIOTECA DEL ANTIGUO BARRIO UNIVERSITARIO LLEVA SU NOMBRE OTRA SIMILAR EN SU ALMA MATER 1900 NACE IGUAL Q SU PAISANO LUIS BUÑUEL LAS ACADEMIAS D LAS LENGUAS NO SOLO ESTUDIAN LAS LETRAS SINO TAMBIEN PALABRAS POR PERSONAS POR ENDE LOS SILLONES Q OCUPAN ESOS ACADEMICOS DEBEN LLEVAR NOMBRE D ILUSTRES Q HAN PULIDO EL IDIOMA D MAS D 500 MILLONES POR LO Q EL PRIMER NOMBRE D UN SILLON DEBERA SER DOÑA MARIA MOLINER DEJANDO D SER SOLO LETRA CONSTANCIA DE SER LIC, EN FILOSOFIA Y LETRAS CUANDO POCAS MUJERES INGRESABAN A LA UNIVERSIDAD .

  4. Bravo por esta gran mujer, que con su tesón y talento logró romper prejuicios.
    Bravo por Dámaso Alonso, un hombre en un mundo de hombres que la vio y creyó en ella y se atrevió a enfrentarse y a presionar para que se la valorara.
    Bravo por María Ángeles de la Rosa, que tanto la ayudó a finalizar esa gran obra.
    Bravo por Carmen Conde, Laín Entralgo, Miguel Delibes, García Márquez y todos los que vieron lo que ella valía, por encima de su condición de mujer.
    Y, finalmente, bravo por Bibiana Candia, que ha sabido reflejar tan bien la increíble historia de María Moliner y su trayectoria vital y profesional que dio lugar, entre otras muchas cosas, a esa gran obra, el Diccionario de uso del español.

    Como bien comentas, Isabel M., debería estudiarse a esta mujer en la enseñanza.

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