Arte y Letras Literatura

Hablemos de ciencia ficción (IV): inteligencia artificial

oie 1NhVFMYig2A7
Detalle de la cubierta de Marciano, vete a casa, publicado dentro de la colección Super Ficción, de Ediciones Martínez Roca, en 1982.

(Viene de la tercera parte)

¿Qué clase de criatura será la que suceda al hombre en la supremacía de la Tierra? A menudo hemos oído debatir este asunto, pero parece que nosotros mismos estamos creando a nuestros sucesores. A diario, incrementamos la belleza y delicadeza de su organización física. A diario, les damos un mayor poder y la suplimos con toda clase de ingeniosos artefactos que se autoregulan, un poder autónomo que será para ellas lo que el intelecto ha sido para la raza humana. En el transcurso de las épocas nos encontraremos con que nosotros somos la raza inferior. (Darwin entre las máquinas, Samuel Butler, 1863)

CUARTO ROBOT: —¡Dinos el secreto de la vida! ¡Tu silencio puede ser castigado con la muerte! (R.U.R., obra teatral de Karel Capek, de donde procede el término «robot»)

Los mejores científicos del universo conocido, bajo la ansiosa mirada de los espectadores de todas las galaxias habitadas, ponen en marcha la computadora más potente jamás creada. Una vez encendida, procesará el conocimiento acumulado en las redes cibernéticas de noventa y seis mil millones de planetas. Su potencia intelectual será tan enorme que sus diseñadores confían en que pueda resolver los grandes misterios del cosmos. Misterios que, hasta ese preciso momento, parecían inalcanzables. En una solemne ceremonia, la computadora es encendida y uno de los científicos le formula la primera de las preguntas que la humanidad tiene para ella: «¿Existe Dios?».

La computadora responde: «Ahora sí».

El escritor estadounidense Fredric Brown es conocido por ser el maestro de la vertiente satírica de la ciencia ficción (si tienen ocasión, lean su agudísima novela Marciano, vete a casa, que describe uno de los escenarios apocalípticos más originales y sorprendentes del género). Su relato «La respuesta» es extremadamente breve, pues no llega a las trescientas palabras, pero ha resultado ser uno de los más influyentes sobre las sucesivas descripciones literarias y cinematográficas de la inteligencia artificial. Los lectores de Guía del autoestopista galáctico habrán reconocido una clara referencia al relato de Brown; en la novela de Douglas Adams, una supercomputadora reflexiona sobre «el sentido de la vida, el universo y todo lo demás» y ofrece una respuesta ininteligible: el sentido de todo es «cuarenta y dos». Una broma, por otra parte, muy en el estilo de Brown.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

5 comentarios

  1. He estado leyendo con mucho interés esperando que saliera Lem y…. «continuará». Me ha hecho gracia y gracias por el texto

  2. Apasionante tema que supongo nos mantendrá empeñados como lo fue la religión al principio de la Historia, con el misterio, que ahora se traslada a una conciencia no ya humana. Pero no creo que un tipo de estas máquinas (dicho sea de paso, esta definición que prevé válvulas, interruptores, conductores etc. etc. ya sería anticuada) pueda concretizarse fuera del mundo material, y no veo impedimentos para que no pueda manifestarse en cualquier realidad material. Con adecuados procedimientos que ya están a nuestro alcance podría existir dentro de una gota de agua, en un volumen diminuto de vapor, en un guijarro, en un grupo de átomos, de moléculas etc. etc. llegando a la conclusión de que, como nosotros, tendrá que defenderse del entorno que es siempre imprevisible. Y creo que su primera reflexión se centrará sobre nosotros, caóticos y en continua competición y sin ningún freno para seguir multiplicándonos y consumiendo en un planeta que no puede adaptarse a nuestras necesidades. O sea que, creando tal tipo de IA, los únicos a correr peligro seremos nosotros ya que es fácil predecir a quien elegirá salvar: el planeta o nosotros, la madre o los hijos. Tampoco creo posible que tal tipo de IA dure eternamente, más allá de la vida de este universo. Cuando llegue el momento con él entrará en letargo hasta que otro nuevo prenda su lugar. Y acá es fantástico pensar en esa metáfora que hace de este universo un fruto más de un viñedo inabarcable de universos, con sus frutos y sus semillas tan parecidas a los agujeros negros, pequeñas y densas, ya listas para crear otros. Y vuelta a empezar en este proceso eterno que excluye un creador, sin inicio y sin fin de vida y muerte. Buena lectura.

  3. juan valerdi

    Muy buen articulo, fascinante.
    abrazo

  4. Olga Paraíso

    Nueva por aquí, me ha gustado mucho este post.. espero la continuación. Gracias!!

  5. Pingback: Futuro Imperfecto #27: Los nuevos ordenadores con neuronas humanas - Jot Down Cultural Magazine

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*